Las matemáticas fuerzan la salida a escena de Urrutia
Una vez más tras un mal encuentro, pero puntuando de tres en
tres, alejando fantasmas, y ante un rival necesitado que se pasó de frenada en
su intento de marcarle un ritmo asfixiante al partido. El Athletic volvió a ser
víctima de sí mismo, de su lacerante forma de defender y de sus imprecisiones,
de sus fallos en la entrega, de los errores no forzados. Marcó Llorente, para alimentar
el morbo, de los que le defiende a capa y espada, pero también para quienes aún
justifican la decisión de Urrutia de que cumpliese contrato y aportase en la
faceta deportiva.
Una salvación al nivel de la temporada
El Athletic cerró la temporada de manera significativa, en
lo que fue un compendio, un reflejo en un solo partido, del despropósito iniciado en
Bucarest y que salvo hecatombe, salvo broma macabra del destino, finalizó ayer
de manera angustiosa como no podía ser de otra forma.
Nada nuevo bajo el sol de mayo
No ha sido, desde luego, el mejor fin de semana para el Athletic
en su conjunto, aunque a lo del primer equipo hace tiempo que nos hayamos acostumbrado. Siguiendo con la inercia de dar la peor de las despedidas
posibles a la vetusta Catedral, el traslado de los encuentros del filial y del
femenino siguió con la misma tónica, disgusto tras disgusto, como si alguien se
hubiese conjurado para mancillar la historia del centenario campo antes de su
definitiva demolición.
Punto a punto
Por mucho que el regusto tras el partido fuese dulce, de
casi victoria, de salvar un punto, un premio difícilmente celebrable frente a
cualquier otro rival, lo cierto es que la sensación fue de que era el día para
haber podido ganar al Barça. El Athetic lo hizo bien, muy bien por momentos, en
la primera mitad, pero volvió, como acostumbra, a fallar en los últimos metros,
a perdonar a quien no lo hace.
Resultado excesivo, buena actitud y reacción
Pues no, no pudo ser, tal y como todos temíamos, pero el
Athletic aguantó el tipo en un partido que tenía todos los condicionantes para
haber acabado en una goleada sonrojante. Si bien no se le pueden poner peros a
la victoria del Madrid, sí resulta exagerada la diferencia de goles que no hace
sino resumir la diferencia de pegada entre un equipo con una tasa de
efectividad salvaje, que no perdona, y otro que naufraga en prácticamente todas
sus acometidas ofensivas y defensivas.


