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DEDICADO A HYPNOS

SOBRE EL ANÁLISIS TÉCNICO
El análisis técnico pasa de ser una ciencia exacta desde el pasado lejano hasta el día de hoy, a convertirse en una ciencia cabalística en cuanto tratamos de adentrarnos en el mañana. Lo que hasta hoy era la realidad palpable escrita sobre papel o en fosforescentes pixeles iluminados en la pantalla de nuestros ordenadores, se sumerge en las tinieblas del continuo espacio-tiempo y en la incertidumbre de lo posible. Así la realidad contrastada da paso sin apenas solución de continuidad a la cábala más enigmática e impredecible y pasamos sin apenas darnos cuenta, del mundo tangible y real, al mundo imaginario de las suposiciones y conjeturas.

Antiguamente los cabalistas, astrólogos, quiromantes, leedores de vísceras y demás adivinadores, rodeaban sus predicciones de un halo de misterio y ocultismo, que no tenía otro propósito que el de la propia preservación. Resulta evidente que el astrólogo real pronosticaba al monarca de turno que una bola de fuego arrasaría el palacio el día del solsticio de verano y tal suceso, como estadísticamente es de prever no sucedía, el tal astrólogo duraba en el puesto lo que en santiguarse tarda un cura loco y podía darse con un canto en los dientes si conservaba la cabeza sobre la que poner ese gracioso sombrero picudo estrellado. Por lo tanto, los adivinos, que aunque acertasen poco, tontos no eran, desarrollaron una serie de retruécanos verbales para decir mucho sin decir nada, de forma que tuvieran salida sus pronósticos se cumpliesen o no. Cuentan que un famosos y despiadado rey persa llamó a consultas al más famosos de los astrólogos de la corte, con objeto de desenmascarar a toda esa sarta de farsantes y perdularios y que una vez presente el sabio, el rey le preguntó una sola cuestión, cual sería la fecha de la muerte del vidente. El vidente, que no era el más famoso del reino por ser imbécil sino todo lo contrario, sopesó con cuidado su respuesta, pues sabía que el rey respondiera lo que respondiera podía disponer de su vida al minuto y mandar asesinarle allí mismo, así que medito, con calma y esta es la respuesta que dio al monarca: “Majestad, moriré exactamente tres meses antes que vos”. El rey, que tampoco era tonto, le sonrió y le despidió de su presencia, se había dado cuenta de que el astrólogo se había percatado de sus intenciones y la respuesta era muy buena; si mandaba matarlo, ponía una fecha a su propia muerte y aunque él no creía en esas cosas ni en brujas –debía ser rey con antepasados gallegos– haberlas ahílas. Los analistas modernos, junto a los hombres del tiempo y un resto insignificante de videntes y brujas lolas, son los herederos de aquellos charlatanes de la edad antigua y como herederos han tomado de ellos el lenguaje críptico y el saber cubrirse las espaldas en caso de que la previsión no coincida con la realidad venidera, que pasados unos días viene y tiene la mala idea de no hacer coincidir las previsiones anteriores con la presente realidad.
Mariano Rubio, el antiguo hombre del tiempo de Televisión Española, cuando era la única Televisión de las Españas, se jugó el bigote en una predicción y su fallido pronóstico, se saldó con la perdida pilosa supralabial, sin mayores consecuencias que la chanza, sorna y chirigota, con que fue tratado por la prensa y demás medios durante un tiempo. Las brujas lolas y aramises fusteres varias, pronostican de igual modo y fallan de la misma manera, pero estas no pierden el bigote –no es que no lo tengan, es sólo que no lo apuestan–, solo te sacan la pasta y si pretendes reclamar, te asustan con la amenaza de un par de velas negras, que digo yo, debe ser algo muy asustante y peligroso por el pavor que se lee en sus ojos cuando vierten la citada amenaza...
Y llegamos al objetivo central de nuestro escrito, los analistas técnicos, que son un híbrido entre la bruja lola y el hombre del tiempo, mezclan lo científico, lo matemático y lo empírico con la más absoluta desvergüenza de la pitonisa más cutre. Lo mismo pronostican una subida en el valor a estudio del treinta por ciento atendiendo a Fibonacci, que a renglón seguido, el mes siguiente fundamentan su error en la oscilación de los precios petrolíferos por la alarmante situación de inestabilidad que ha provocado la guerra del golfo... y tú te quedas con cara de bobo, pensando que el único golfo, es el analista que te ha cobrado una pasta gansa por un análisis que solo te ha hecho perder dinero a raudales y que ahora te esta sobrando otra millonada por explicarte por qué la vez anterior no ganaste ese dinero. Eso sí, todo expresado en un lenguaje impreciso y abierto a interpretaciones; pues cuando el analista técnico se ve pillado en sus errores, lejos de caer en el insano error de aceptarlos e intentar aprender de ellos se envuelve su capa estrellada y comienza la retahíla de sus múltiples aciertos –nunca bien comprobados– obviando eso sí sus tan bien numerosos errores. El análisis técnico, en tanto en cuanto herramienta ha de se considerado como tal, no como la panacea y el “sancta sanctorum” de la inversión bursatil. Y los analistas nunca han de tener la consideración de gurús, pues si fiamos demasiado en ellos nuestras esperanzas pecuniarias, lo más normal es que tarde o temprano el tintinear de nuestras monedas en la bolsa haga cada vez menos ruido.
Dicen que el rey persa Darío, en una reunión pacífica con su eternos enemigos atenienses, les solicitó la presencia de algún astrólogo o adivinador griego que fuera fiable, a lo que los griegos contestaron que de todos era conocido que era en la corte del gran Darío donde se encontraban los mejores adivinadores. Darío asintió pesaroso y dijo crípticamente “cierto, no es problema de que no tenga adivinadores; el problema es que ninguno acierta” ;-)

(Comentario del forero CRALOS en Invertia)
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2 comentarios

  1. Buena pluma, pardiez! Es largo pero muy ameno, y salvo algún fallo puntual (que haberlo haylo)está escrito con auténtica maestría, amén de que tiene más razón que un santo.
    Gracias por la dedicatoria, tal vez me anime a escribir. Y es que estos días estoy un poco vago con KKPNN, más sabiendo los escasos lectores que en esta época estival frecuentan estos pagos.

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  2. Bilbo lo de ahílos está hecho a propósito, tiene hasta la tilde en la "i". Es como decir "ahí están"

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