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José Luis de Vilallonga

Recordé la semana pasada cuando anunciaron la muerte de este personaje el artículo que escribió hace cinco años en La Vanguardia. Ahora que tras su muerte, como siempre, se llenan los periódicos, las radios y televisiones que glosan las virtudes de este señor, os dejo el artículo completo como resumen de su forma de pensar.

Querida Charmion: ayer recordaba yo por teléfono con un amigo de mi edad, compañero durante el ataque al "cinturón de hierro" que defendía Bilbao, que nuestro coronel, don Joaquín Gual de Torella -un mallorquín de buena cuna amigo de mi familia de toda la vida-, había dado la orden de no capturar vivo a ningún cura vasco cogido con las armas en la mano.

En la película "Fiesta", de Pierre Bourdon, inspirada en mi novela del mismo título, Jean-Louis Trintignant interpretaba el personaje del coronel y el maravilloso Laurent Terzieff el de un cura vasco que por haber disparado desde lo alto de su campanario contra nuestras tropas fue fusilado, vistiendo sotana, tras haber oficiado una misa para toda la oficialidad presente en Mondragón, donde tuvieron lugar los sucesos. La orden de cargarse sin más a los curas vascos que cayeran en nuestras manos la dio el coronel al salir del opíparo desayuno que nos ofrecía todos los domingos después de la misa. A algunos de los jóvenes oficiales que estábamos bajo el mando de Gual de Torella aquella orden nos pareció exagerada porque dejaba claro que bastaba ser vasco, cura y combatiente para merecer la muerte. La orden del coronel se cumplió a rajatabla aunque algunos de nosotros, más cristianos que católicos, dejamos escapar a algunos curas aún a sabiendas de que nos jugábamos nuestras propias vidas. Yo recuerdo -lo recordaré siempre- los temblorosos rostros y los lívidos labios de los tres curas que dejé escapar, todos ellos de una edad superior a la mía. La verdad es que no cogimos a muchos porque corrían como gamos comparado con los "gudaris" y otros hombres armados que rindieron Bilbao con más facilidad de la que esperábamos. Los pocos que cogimos me produjeron vergüenza ajena porque, como ocurre hoy con los etarras que caen en manos de la policía, se lo hacían todo encima hipando de miedo.

Estuve durante mucho tiempo orgulloso de haber salvado aquellas tres vidas. Hoy ya no lo estoy tanto. Es más, me corroe la idea que uno de aquellos tres curas que dejé escapar podría ser el que con el tiempo se convirtió en monseñor Setién, ese gran reptil venenoso que, por el hecho de ser el más inteligente de todos, agrava aún más el daño inmenso que siempre ha causado, pues aunque ahora sea el que menos dé la cara, no deja de ser el gran manipulador de esa Iglesia vasca que acoge, arropa y defiende a los asesinos de todo aquel que no comulgue con las estupideces de Sabino Arana. No sé si alguno de aquellos curas a los que salvé ha llegado nunca a ser obispo, pero si así fuera no me lo perdonaré en lo que me queda de vida.

Como muchos españoles, estoy hasta el moño de los vascos. Tengo múltiples razones para que los vascos me caigan gordos. Siempre nos los han representado como seres un poco primarios, pero noblotes, honrados y buena gente. En realidad no lo son. ¿Noblotes el esperpéntico Arzalluz y el escurridizo Atutxa? ¿Noblote el Jon Imaz ese que lleva pintado en el rostro su parentesco genético con las ratas de alcantarilla? ¿Noblotes y buena gente Josu Ternera y Otegi, asesino el uno, instigador de crímenes el otro? El Rhesus negativo del que tanto presumen los vascos es verdaderamente negativo. No hay ninguna hombría, ni en sus palabras ni en sus actos. Son además gente cobarde. Cobardes los verdugos porque matan sin dar la cara y sin que les duela la muerte de mujeres y niños. Cobardes los que desvían la mirada y luego, sin haber visto nada, aseguran que en Euskadi se vive como en ningún otro lugar del mundo.

Cobarde también esa gran mayoría no nacionalista que, conociendo el nombre y el lugar donde viven sus asesinos, ni siquiera han intentado una sola vez ir por ellos. ¿Es que ningún joven vasco no nacionalista es capaz de bajar a la calle para plantar cara a los vándalos? Cobardes, mil veces cobardes, sin guardaespaldas, con las manos en los bolsillos y la frente alta sin que le importe que sus paisanos sepan a qué y a quién le deben la salvaguarda de su integridad física. A Anasagasti le indigna que haya sido un arzobispo castrense el primero en levantar la voz contra los tres infames que han firmado la vergonzosa pastoral. "¡Esa clase de obispo -rebuzna- es la que le gusta al señor Aznar! Un cura militarizado que añora la España una, grande y libre!" Sin pelo y sin ideas nuevas, Anasagasti rezuma el odio que sienten sus congéneres por el hombre que como yo y como muchos millones de españoles ha calificado la pastoral vasca de "perversión moral". Yo me pregunto si no está ya cercano el día en que a los españoles nos entren ganas de independizarnos de los vascos. De unos por criminales, de otros por preferir el silencio de los corderos a la protesta abierta y de la gran mayoría por pelmazos que, aunque mejor, también es un crimen contra los derechos humanos. Por cierto ¿a alguien le ha llamado la atención que el Vaticano se haya negado a censurar la pastoral de los obispos vascos? ¿Qué le ha parecido a nuestro ministro de Asuntos Exteriores que los vaticanistas sólo hayan encontrado indicios de inoportunidad en la pastoral de los tres infames? A mí desde luego que no.

Inicialmente tenía la intención este lunes de dedicar mi crónica a un asunto que como escritor que también publica en Francia me atañe muy de cerca. Me refiero al terrorismo que practican en el país vecino los críticos literarios. Hasta hace poco un escritor sin pasado marxista no era nadie. Ahora un terrorismo de signo contrario se está abriendo camino a codazos. Hoy el hombre de derechas francés -no hablo de los cabezas rapadas de Le Pen- juega a comprender los utópicos ideales socialistas, así como los irrealizables programas del Partido Comunista. Al contrario que Rousseau, el hombre de la derecha moderna francesa cree que "el ser humano nace malo y que sólo una civilización de orden puede obligarle a comportarse honorablemente". Un asunto demasiado serio para que me atreva a tratarlo en tres plumazos.
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1 comentario

  1. Gracias

    *** Actores y actrices aristócratas, de la nobleza ***

    Estos actores (los tres españoles, de Madrid y fallecidos) pertenecían a la aristocracia:
    Luis Escobar Kirkpatrick
    José Luis de Vilallonga
    Jaime de Mora y Aragón

    ¿Alguien sabe de algún actor o actriz noble más?
    ----------------------
    http://www.adslzone.net/postt370665.html

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