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Paradas constantes

Hablábamos antes de entrar ayer en San Mamés sobre las dichosas estadísticas, esas que decían que Mané nunca había arrancado nada positivo de La Catedral, y de cómo siempre suelen romperse. De lo malo malo, la genialidad de Iraola permitió salvar la racha positiva y aguardar con ganas al partido de Copa, ese que parece que ya tenemos ganado a tenor de la euforia que con la Copa se ha desatado no sé en base a qué en Bizkaia.

Empezó el Athletic bien, enchufado, moviendo el balón y creando algunas ocasiones. Y finalizó el partido de la misma manera. Quizá el jugador que mejor lo representa sea Susaeta, pues su buen juego coincidió con los mejores minutos del Athletic. En medio, un valle, un bajón incomprensible. O no. Las dos semanas que tuvo para preparar el encuentro el zorro Mané le dieron para adiestrar a lo suyos: aguantar el chaparrón inicial, luchar a destajo después en el centro del campo para anular a los Orbaiz y Javi Martínez (Yeste decidió autoanularse) y esperar a las jugadas a balón parado para sacar los colores a la defensa y portero rojiblancos. Hasta en tres ocasiones se repitió la jugada por parte del Espanyol, y eso que acertaron a la primera. Toca pasar la ITV a esa defensa en zona de Caparrós, porque parece que cuando el rival saca al primer palo hay fallo mecánico.

Cierto es que el Espanyol pudo irse con algún tanto más a su favor al descanso, pero también lo es que el Athletic tuvo las suyas y que el 0-1 no hacía demasiada justicia a lo visto en el campo, sobre todo el trayazo que se le fué a Martínez al palo o la ocasión que marró Yeste en el primer minuto, quién sabe si por consecuencia de esa extraña alergia que le impidió entrenarse entre semana, por la alergía que le da jugar de interior izquierda o por esa otra que tradicionalmente ha tenido a quedarse en casa los días en que el populacho sale de fiesta.

En la segunda mitad, Mané tenía claro a lo que tenía que jugar su equipo y bien que se lo explicó. Había que romper el ritmo al Athletic como fuese, que ayer estaba por empujar. Bien que lo hizo. Al punto de ser felicitado, incluso, por el catedrático Caparrós en rueda de prensa. Por otra parte, supo anular bien tanto a Vélez como -sobre todo- a Llorente, demostrando la excesiva carga de responsabilidad que le hemos endosado al jugador de Rincón de Soto.

El resto lo pusieron el Athletic por una parte y el árbitro por otra. Los rojiblancos con un juego a base de pelotazos que no consiguieron en términos generales descolocar al Espanyol. Los cambios, además, poco efecto surtieron. Ni Etxebe aportó nada más que Yeste ni a Toquero le dejaron los pericos hacer nada diferente de lo que se le consintió a Vélez. Por cierto, veremos si este último refuerzo cuenta con continuidad. De no hacerlo, resultará incomprensible haberlo repescado. Sinceramente, creo que no va a aportar demasiado al equipo.

Sobre el trencilla, creo que ayer pudimos ver a uno de los peores de primera. De momento, ya lo introduzco como líder en mi particular top five. Romero por mamá y Paradas por papá demostró que el apellido marca. Podía con semejante nombre ser un fenomenal conductor de autobús de línea, pero aplicado al fútbol se convierte en un infierno. Constantes interrupciones por el más mínimo contacto aderezado con tarjetas en función de los decibelios del griterio del público, criterio inexistente, faltas constantes señaladas a Fernando Llorente y condescendencia absoluta con el sucio juego reiterado del Espanyol, cuando no brusco, como en la entrada sufrida por Orbaiz. Para colmo, el penalty de libro no señalado a Llorente al colgársele cual vulgares bolas de navidad dos defensas terminando el partido. Y lo del descuento de cuatro minutos, una broma. Creo que fué un arbitraje calamitoso y de los que marcan mucho un encuentro.

Veremos qué da de sí la Copa en Iruña ante un Osasuna que parece que mejora algo y el partido del Calderón. Son partidos en los que el equipo debe dar la cara y demostrar que la mejoría que hemos visto en las últimas jornadas no se ha debido exclusivamente a la debilidad de los rivales.
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