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Tarde y muy mal

No por esperada duele menos la derrota de ayer. Cuando se realizó el sorteo de grupos de esta Europa League y se vio que Werder y Athletic eran los equipos más fuertes del mismo, ya se daba por supuesto en la aplicación de las matemáticas al fútbol que en la excursión a Bremen lo lógico sería perder. Cierto es que, además, las cuentas siguen saliendo, y bien, merced al empate entre Nacional y Austria de Viena. Sin embargo, tras el desenlace del supuesto espectáculo que se entiende debe ser un partido de fútbol, la sensación es que este equipo se empeña siempre en despeñar su crédito.

Al igual que la temporada pasada con la racha de final de primera vuelta, y tras el titubeante arranque de la siu generis pretemporada, el entorno zurigorri se nos emocionó tras cuatro victorias consecutivas. Incluso hubo caparrosistas que intentaron, apresurados e impetuosos ellos, pasar factura a quienes se han mostrado más críticos con el entrenador de Utrera. El equipo, en tres partidos, ha dilapidado todo lo positivo que pudo demostrar (no encajar tantos, facilidad goleadora, orden en el centro del campo y dósis de buen juego), mostrando esa peor cara que tanto lleva preocupando y de la que parece complicado escapar.

La primera parte en la ciudad de los animalitos del cuento de los hermanos Grimm fue un compendio de lo que no se puede consentir. Un planteamiento curioso con Gurpegui en tierra de nadie, con jugadores desaparecidos -me juran y perjuran que Gabilondo jugó de titular-, sin banda derecha, con un lateral izquierdo desastroso, sin contundencia defensiva y con escasas ocasiones creadas y alguna clamorosa marrada.

No pareció, para más inri, que el nivel de la competición sea para tener miedo. Si el Werder es el actual subcampeón, deben existir un conjunto de equipos bastante mediocres en este nuevo invento de la UEFA. Por ahí deberemos albergar nuestras esperanzas.

Aún así, lo deparado en el primer tiempo por el Athletic es intolerable. Quienes pensábamos que los errores en cadena contra el Sevilla eran un accidente de los que pueden sacarse conclusiones, nuevamente nos equivocamos. Este equipo, como el tonto de la clase, no aprende. Tampoco a palos. Y hay, además, jugadores concretos a los que se debe dar un correctivo. El penalti que hace Amorebieta al final del partido es el colmo. El colmo de un jugador que estuvo todo el partido desenganchado de sus compañeros, trazando una línea en defensa tan recta como la carretera de Lekeitio. Alguien debiera instalarle a este chaval, como a los motores marinos, una reductora para ver si es posible que las piernas -o quizá el cerebro- le giren a revoluciones más bajas.

Y he de darle la razón al Tigre. Hoy por hoy, y con todas las limitaciones del mundo, Koikili Lertxundi es más útil para el lateral izquierdo que Castillo. No cuaja el enésimo proyecto para el lateral zurdo. Mientras el de Otxandio, siempre sabedor de sus limitaciones, disputa los partidos al 100% intentando maximizar sus virtudes frente a todas las carencias de las que es consciente, Castillo no termina de convencer. No remonta la banda con la velocidad que nos prometían, no centra en condiciones y pierde la posición con frecuencia, sin cerrar su banda como es debido. Además, si su contundencia en el despeje es la que demostró ayer en la jugada del primer gol alemás, resulta un desastre. Siendo positivos y generosos, que es viernes, quedémonos con que el margen de mejora es total.

Me gustó Yeste de medio centro, aunque parezca una aberración que con Gurpe y Javi Martínez -del que tengo dudas de que esté físicamente al 100% después de los últimos sustos- el de Basauri esté más cerca del área propia que de la ajena.

Se podría hablar del arbitraje, pero alguien que haya visto competiciones europeas sabrá que es el pan nuestro de cada día. Perjudicó al Athletic, cierto, pudo pecar de hogareño -que diría el butano- en la falta que precede al segundo gol y en consentir mcuhas faltas a los locales, pero sería rastrero hablar del trencilla cuando un equipo es incapaz de sacar provecho al dominio que dispuso en la segunda mitad contra un rival con diez jugadores.

En cuanto a Caparrós, al margen de compartir la política de rotaciones -con ciertas salvedades-, no entiendo el planteamiento de ayer. Condenar al equipo a jugar sin esa banda derecha desde la que se crea el mayor porcentaje de juego ofensivo no parece acertado. Menos aún si en la izquierda se alinea a Gabilondo, en una de sus noches de ausencia. Se podría, también, hablar del fallo de Toquero, del que otra vez tocará escuchar que es un tronco para volver a proponerlo para lehendakari en tres días, o de Muniain, esa arma de destrucción masiva que desaparecerá de las convocatorias por tener que disputar el Mundial Sub 17. Lo notará el juego del Athletic, porque se ha convertido en un revulsivo muy eficaz. De poco valen ahora las protestas de Macua. Él, directivo de la Federación, parece no ser capaz de anticiparse a los problemas y se apunta a las infructuosas gestiones posteriores a las decisiones, como ya hiciera con el cambio de sede de la final de Copa.

El domingo, en Valladolid, campo en el que no recuerdo un partido bueno del Athletic y donde casi siempre se producen resultados negativos, volveremos a la realidad de la Liga y a los rivales ante los que se debe puntuar. La necesidad de hacerlo es imperiosa. No por urgencias clasificatorias, sino por poner un punto de inflexión en la catástrofe defensiva.
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3 comentarios

  1. A mí me decepcionó comprobar que seguimos con los mismos defectos de hace diez o quince años, los jugadores del Athletic salen a los campos de Europa apabullados, como corderos que van al matadero, y solamente cuando está ya todo perdido espabilan, hacen un juego decente y logran así una derrota con cierta dignidad, aunque esta vez ni eso. Es lamentable, ayer salvo Yeste y quizás Llorente y Muniain, el resto una falta de carácter absoluta, y esto no solo se ve en defensa sino también en ataque, de hecho en dos o tres jugadas en las que conseguimos llegar a línea de fondo y centrar el balón se paseo por enfrente de la portería sin rematador, lo cual denota falta de confianza, porque en el futbol hay que tener decisión y subir a rematar y más cuando vas perdiendo, de nada vale quedarse parado en el sitio de uno cubriendo su metro.

    La posición de Gurpegui también me pareció inútil, a lo Gattuso en el Milan, con la diferencia de que el lateral en este caso no es Cafu sino Iraola, que por cierto tanto él como Castillo dan la impresión de no saber cómo se juega al futbol en el puesto de lateral, no hacen una subida buena sin balón ni a la de tres y atrás son un auténtico coladero. Para eso prefiero a Koi de largo, que por lo menos atrás está atento y bien plantado y su banda la defiende perfectamente.

    Y Amorebieta es el peor defensa que conozco a la hora de hacer el tackling, siempre que se lanza abajo a por el balón llega o tarde o muy tarde. Todavía me acuerdo una entrada que le hizo a un pobre diablo del Tromso, llegó más que tarde al día siguiente. Como no espabile esta temporada le van a sacar como unas 200 tarjetas. Encima tampoco es Usain Bolt en cuanto a tiempo de reacción y si está empanao ya es el acabose.

    En fin, saludos del Tigre.

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  2. Hola,

    La flor de Caparros continua, ya que los lusos y los austriacos empataron.
    Ayer Gaizka estuvo mal, ya vendran mejores días.
    Creo que Etxeita un jugador que ya he dicho varias veces aquí que me gusta futbolisticamente por su saber estar, su fortaleza aérea y su inteligencia imprescindible para ser un buen jugador ya va siendo hora que le den su oportunidad.
    No me gusta el trato que Caparros le esta dispensando como ocurrio contra el Sevilla que saco antes al meritorio Bóveda que a Etxeita jugador que ya demostro el año anterior de lo que es capaz.

    Somo "El Brujo de Letziaga".

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  3. Toquero no estuvo mal, estuvo nefasto.

    Todavía no me explico como un jugador de primera división puede fallar una ocasión tan clara de esa manera, disparando al aire, fuimos el hazmereir de Bremen con esa jugada. Hay que buscar otras alternativas para el acompañante de Llorente.

    Imanol GAR

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