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Sobre de la Morena (y II)

Y es que, según parece, la antipatía repentina hacia el presidente del Athletic nace de una entrevista en la que tras aprobarse en el Parlamento Vasco la solicitud para que la Selección Española y la Vuelta a España viniesen a Euskadi, Macua no llegó a aplaudir con las orejas como el de la SER pretendía y esperaba. Los programas de deportes de esa cadena, que en materia relacionada con los asuntos de selecciones nacionales no se diferencian en nada de los medios de derechas, siempre han sido garantes de las esencias patrias, también del rey, el primero de los españoles le llaman aunque algunos no sepamos en qué.

En esta línea, no dudó recientemente en arremeter contra los vizcaínos que acudieron al BEC para presenciar la Copa del Rey de Basket.

Como es ya sabido, al llegar Juan Carlos de Borbón y sonar el himno, se produjeron silbidos por gran parte de las personas que acudieron al pabellón. Esa noche, el periodista de la SER arremetió en su filípica dominical contra los vizcainos que ocupaban el pabellón. Lejos de conformarse, y en frío, terminado el programa nocturno, grabó la cuña matinal que diariamente se emite en Hoy por Hoy, en los mismos términos. Y cometió la tropelía de decir que a Franco se le aplaudía cuando entregaba las copas, entonces del generalísimo, al Athletic.

Viniendo del Grupo PRISA, toda referencia al régimen merece consideración y detenerse un rato para recordar ciertas cosas. Al fin y al cabo, el fundador y accionista mayoritario hasta su muerte, Jesús Polanco, hizo fortuna como propietario de una sencilla empresa, Editorial Santillana, gracias a una filtración sobre una reforma del Ministerio de Educación del Gobierno del generalísimo, que le permitió ser la única empresa que editara los libros con el temario adecuado al inicio del curso escolar. Huelga decir que no lo logró, precisamente, porque defendiera posturas que molestasen a quienes regían los destinos de la unagrandeylibre.

También se debe hacer memoria sobre su actual consejero delegado, Juan Luis Cebrián, primer director de El País, adalid del progresismo ahora y que ocupara cargos de responsabilidad en medios de comunicación que abrazaban al gallego de voz aflautada, RTVE inclusive, hasta 1975.

De la Morena, que nunca se ha caracterizado por una gran cultura, desconocerá las razones por las cuales Gipuzkoa y Bizkaia fueron consideradas provincias traidoras y le interesará poco informarse sobre los movimientos que en este país, Euskal Herria, se dieron para luchar contra el régimen dictatorial de cuarenta años. A él, que viviría plácidamente en esa localidad de la zona oeste de Madrid, Brunete, que dio nombre a la división acorazada orgullo de las fuerzas armadas españolas y en la que en democracia siempre ha gobernado el PP, tampoco parecen conocérsele grandes azañas en la lucha contra el régimen. Quizá fuese un Usain Bolt delante de los grises. Quizá.

Pedía el periodista respeto a los símbolos de los demás y calificó el comportamiento de los que silbaron de “estupidez cerril e irrespetuosa, de ser como los niños, de querer las cosas pero no sus consecuencias”. Argumento de ida y vuelta, Joserra, puesto que lo mismo se puede decir en sentido contrario. Si se quiere uniformar el pensamiento de muchos vascos, imponérseles contra su voluntad un himno, una bandera, un rey e, incluso, un lehendakari, habrá que aceptar las consecuencias. Y es que los silbidos, que se sepa, son tan democráticos como los aplausos.

Sin embargo, este adalid de la libertad y de la corrección tampoco parece un ciudadano ejemplar. Merced al dinero que el ejercicio del periodismo le ha permitido atesorar -algo en lo que es un privilegiado siendo esa profesión una de las peores pagadas y con mayor número de becarios, contratos basura y puestos eventuales-, se ha construido una finca en Brunete, sobre terreno rústico, que le ha costado numerosas denuncias vecinales, parada de obras inclusive. Para legalizar su mansión, no ha dudado en vestirla de vivienda agrícola y comprar un par de tractores. Cierto es que a él, con ese lenguaje agro-cheli que le caracteriza, como medio de transporte le pega hasta para desplazarse a la radio. También es comprensible que para librarse del stress del trabajo en el campo se construya una piscina o que quiera practicar el pádel. Y qué mejor manera que disponer de cenadores donde compartir con sus amistades los productos de la tierra.

Él es así, y para conseguir las cosas asume las consecuencias y acaba con ellas. Al que lo intente evitar, insultos. Sean vizcainos o de Brunete.
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1 comentario

  1. En cuanto al tema de los himnos me pareció ejemplar, por su educación, el respeto mostrado por el público francés cuando sonó el himno de España, un respeto del que se carece en España cada vez que en un partido de fútbol suena el himno del rivál de la selección española, o cuando ha sonado en Valencia en la final de la Copa del Rey o el otro día en el BEC. Todavía recuerdo la indignación de los turcos cuando sucedió en el Bernabeu.

    A mi me la traen floja los himnos, hay algunos que me gustan porque son emocionantes, pero nada más. De todas formas, sé lo que representan para mucha gente y soy absolutamente respetuoso con ellos.

    Fuí testigo de la que se montó en el BEC. La pitada fue muy numerosa entre los aficionados del Barça, Bilbao Basket y Caja Laboral, que eran gran mayoría. El himno yo ni lo oí, sólo intuí que sonaba por el gran escándalo. Tengo la imagen de ver al Rey y la Reina hacer el gesto de saludo con la mano, algunos de al lado del palco les aplaudían y la pitada era ensordecedora, con gritos de "fuera fuera".

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