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Mal encuentro, pase copero y necesarias vacaciones

El objetivo era pasar de ronda, y así se hizo, por lo que el Athletic llega a las merecidas (y necesarias) vacaciones invernales con los deberes más que hechos. Primero de su grupo en la Europa League, garantizada su presencia en el bombo copero del sorteo del viernes y con una posición desahogada en Liga, sin bien demasiado alejada de los puestos de honor pese a los méritos deportivos. Con todo, quedan más de dos semanas para hacer balance.

Con respecto a la ronda copera, el partido de vuelta volvió a poner de manifiesto lo poco que hay que ganar en estas eliminatorias y lo mucho que perder. Sólo basta mirar los resultados para comprobar que año tras año el torneo del KO sigue deparando sorpresas que cuestan el puesto a entrenadores. La jornada de ayer no fue, tampoco, excepción.

Por ello, Bielsa apostó por dar continuidad a sus ideas ordenando que jugase el once habitual, mermado por la baja de Oscar de Marcos que cedió su sitio a un Iñigo Pérez al que el Oviedo no dejó desplegar su juego. No comenzó el Athletic mal, mandón en el campo y con velocidad, y cuando todo apuntaba a que la eliminatoria podría resolverse rápido, Pacheta supo reposicionar a sus hombres para eliminar la teórica diferencia.

Adelantado el Oviedo, presionando incansablemente en el centro del campo, anuló la línea de creación de los rojiblancos y dificultó la circulación de balón. Iturraspe se vio obligado a iniciar el juego incrustado en la línea de centrales pero sólo consiguió que el encuentro se trabase, con continuas pérdidas de balón en la zona ancha y sin circulación hacia unas bandas en las que el agotado Susaeta y el desaparecido Muniain no aportaban la salida necesaria.

El Oviedo apretaba, intentaba sorprender en velocidad, pero tampoco encontraba la portería de Iraizoz por la agilidad de Javi Martínez y un cada vez más asentado Amorebieta, aunque demostraba la ambición, valentía y dignidad que fueron incapaces Granada, Racing o Zaragoza. La tediosa primera parte dio paso a una segunda en la que Bielsa volvió a evidenciar con un cambio que lo que veía en el campo no le satisfacía.

Dado que la defensa era la línea de creación por la presión ovetense optó por situar en la zaga a San José, el central con mejor salida de balón según su parecer, y resituar a Iturraspe más adelantado en sustitución de Pérez, manteniendo la línea de tres centrales. El esquema, invariable, tampoco surtió demasiado efecto. La entrada de Ibai por el apagado Susaeta tampoco dio demasiada profundidad, aunque el pase de los minutos y la constatación de la diferencia de fondo físico entre el fútbol de élite y el de bronce hicieron mella en los asturianos.

Poco a poco el Oviedo cedió en su presión, aminoró su marcha y el Athletic se sintió más cómodo. Un buen servicio de Ibai fue rematado por Toquero al larguero y de una contra bien llevada por Muniain, en lo poco positivo que aportó al equipo, llegó el gol de un Herrera que sigue acumulando méritos para convertirse en el líder del grupo, por fútbol y personalidad.

Ahí murió el encuentro. Debió hacerlo antes, seguramente en Oviedo, pero lo importante era el pase. El entrenador reconoció que la victoria era justa pero hizo autocrítica sobre el juego, algo reconfortante. Nadie se escudó en la clasificación para dar por bueno un juego que no conduce a nada. Quienes contra todo impedimento se desplazaron a San Mamés, los que bajamos al bar, esperábamos más del partido. Porque por una cosa u otra, las buenas intenciones del banquillo no acaban de dar una alegría completa. Con todo, la hoja de ruta debe mantenerse invariable.

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Victoria agónica contra los elementos

Sirvió la victoria agónica del Athletic para que el equipo siga sumando enteros, aunque cada partido tenga su particular cúmulo de despropósitos, unos por deméritos propios, tanto en área propia como ajena, y otros, demasiados ya, causados por los trencillas de turno.

El caso es que no hay forma de ver un partido redondo, tranquilo, que refleje en el marcador el mérito al que por juego se hace acreedor el once de Bielsa. Cierto que los debes empiezan en la eficacia, se pudo observar en Susaeta, que necesitó de tres ocasiones cantadas para transformar un único gol, en unos niveles de transformación demasiado bajos para primera.

El desahogo de los incondicionales de San Mamés fue mayúsculo, porque según avanzaba el reloj del luminoso hacia el minuto noventa se veía escapar un partido que apuntaba a goleada en el primer cuarto de hora. El tiempo que necesitó el paupérrimo Zaragoza del pasivo Javier Aguirre para pisar el área de Iraizoz y que Pérez Montero, debutante cuyo nombre nunca olvidará la parroquia zurigorri, y sus acompañantes redondearan lo que desde el inicio prometía ser una tropelía arbitral en toda regla.

En una jugada en la que Lafita se durmió y Javi Martínez metió su zanco para arrebatarle con limpieza el balón, el nefasto trencilla vio falta y decretó penalti. Acertó en mostrar la roja, puesto que así lo manda el reglamento, pero su invención tuvo un alto coste para el Athletic. Tras el empate a uno, con Iturraspe de central interino, al Zaragoza le subió levemente la autoestima y los rojiblancos anduvieron a su merced hasta que San José calentó en banda y reemplazó a un Iñigo Pérez que hasta su sustitución parecía exultante e hipermotivado. Fue el segundo damnificado por la decisión arbitral.

Aplicado el lógico parche, el Athletic volvió por sus fueros y a pesar de la inferioridad, enrabietado y empujado por un San Mamés que sabe cómo actuar en esas situaciones, se hizo dueño del balón y gestionó los minutos con inteligencia ante un Zaragoza que se limitó a perder tiempo y coser a faltas a los locales ante la pasividad arbitral, que mostró la mitad de las tarjetas que debía.

Según pasaron los minutos, la brillante labor de Herrera, sobrado de fútbol y personalidad, dirigiendo al grupo dio sus frutos, aliado con la mejor versión de De Marcos y un ambicioso Amorebieta. Era cuestión de paciencia, pues eran dueños de la posesión, tanto contra once como cuando el arbitro compensó de la forma más lamentable, mostrando a Lanzaro la segunda tarjeta. Oportunidades mejores tuvo, más ajustadas a reglamento, por ejemplo con Ponzio, pero lo del colegiado andaluz fue de traca.

El desastre continuó cuando se anuló un gol legal a de Marcos. Y es que los jueces de líneas tampoco daban una a derechas. En el gol de Susaeta ya se comprobó  que no estaban a lo que había que estar, cuando el juez de tribuna principal levantó la bandera por fuera de juego de Susaeta cuando todo el campo vio que el balón procedía de un jugador maño.

La agonía iba in crescendo, pero el Athletic lo intentaba. La entrada de Ibai, que parece que va ganando enteros para el mister, aportó profunidad y frescura. Suya fue la entrega a de Marcos para que el de Biasteri centrase brillantemente para un Toquero que remató con todo.

Quedaban cinco minutos que debían servir para desterrar dudas y así fue. El equipo se adueñó del balón, anchó el campo y decidió gestionar el final del partido con inteligencia, sin dar opciones a un rival cuya pasividad le condenará irremisiblemente al descenso.

Fue un partido importante para el equipo. Empezó bien, principalmente por las variantes tácticas decretadas por Bielsa, con la permuta constante de posiciones entre Toquero y de Marcos, y que desarboló a un Zaragoza que venía con la lección aprendida. También por la entrega de los futbolistas, donde sobresalió el centro del campo y la banda derecha, a pesar de que faltasen en el once los internacionales, los Llorente, Javi e Iraola. Y a pesar de que se siguió viendo la versión más pobre de un Muniain al que vendrá bien el descanso navideño.

Y tuvo el final que mereció, no por suerte, sino por trabajo y merecimientos futbolísticos. Llega a las vacaciones invernales con menos puntos de los merecidos en Liga, con brillante clasificación europea y, esperemos, con el pase de ronda copera. Más importante es, además, la sensación de que a nada que se mejoren ciertos aspectos el equipo debe anclarse en los puestos nobles de la tabla, aunque para ello deba superar un examen exigente en enero. Hasta entonces, tiempo habrá de análisis, estadísticas y debates sobre preferencias en la alineación. Pero de momento, hay que centrarse en la Copa.

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La cara B sonó igual. Para bien y para mal.

No solía ser fácil que la cara B de los discos tuviese el nivel de la A, siempre se dejaban las peores canciones, las de relleno, acaso alguna buena como reclamo, por aquello  de que el comprador, al menos, se molestase en dar la vuelta al disco.

Así pues, Bielsa salteó la Cara B de su disco con canciones conocidas. Iraola, el para él imprescindible Iturraspe y Aurtenetxe, rellenando el resto con propuestas alternativas, novedosas. Incluso inéditas. Decidió apostar por Iñigo Pérez -el mejor a pesar del inmerecido error del gol en propia meta- para acompañar a Iturraspe, dio movilidad a David López para que hiciese de Herrera, y dispuso por bandas a Gabilondo e Ibai Gómez, aunque alternando este último con un Toquero que sólo resulta trascendente cuando bascula a posición de extremo.

La propuesta resultó atractiva desde el punto de vista del espectador, de manejo de balón, del concepto de juego, de movilidad, velocidad, generación de ocasiones… pudo verse, también, que Raúl es un portero que merece minutos, rápido de reflejos, ágil, y con buen manejo de la pelota, algo crucial con el actual concepto de juego. Los meritorios salieron a reivindicarse, y no se lo pusieron fácil a Bielsa. Algunos piden minutos y ayer demostraron que son dignos acreedores de alguna oportunidad. Al menos los Pérez, Gómez y López.

Para recuperar presencia en el once, para reivindicar minutos, David López aprovechó la jornada para demostrar que es el mejor centrador del equipo sacando un córner como nadie que posibilitó el cero a uno, y marcando un golazo desde fuera del área, que posibilitó en empate a dos. Ibai Gómez, también, puso en aprietos a Bielsa, demostrando a Susaeta que para la banda derecha hay alternativas que además de ofrecer dinamismo pueden aportar precisión.

Y hasta ahí lo bueno, que lo hubo. Como también sirvió el encuentro para aumentar la confusión y generar más dudas. Porque si bien es cierto que el equipo juega bien, que entretiene, los peros se mantienen, demasiado consolidados, sin observarse tan siquiera una leve mejoría. El balón parado se ha convertido en un filón para los equipos rivales, sean del nivel del PSG, que marcó dos por esta vía, sean rivales mediocres como Granada o Racing. Y es que el Athletic ha encajado en tres días, en dos partidos oficiales, tres goles de falta y córner.

Por otra parte, la endeblez defensiva, motivada casi siempre por encontrarse la retaguardia zurigorri en inferioridad numérica, fruto de contras que arrancan en pérdidas de balón en campo rival, que en muchos casos -los más- arrancan por una mala gestión (errores en los pases en la medular o por malas finalizaciones en jugadas de ataque), no parece que se corrija.

Hay una constante esta temporada, algo común a todos los encuentros. Y es el de la sensación de que en todos ellos se ha merecido el equipo algo más, que cuando ha ganado el resultado ha sido corto, que cuando ha perdido no lo ha merecido y que en la mayoría de empates mereció ganar. Pero no se puede apelar a la mala suerte, o sólo a eso. Falla la defensa y la candidez ofensiva debe tener límites. De no remediarlo, el Athletic se condenará a una posición clasificatoria que nada tendrá que ver con su fútbol.

Llegan ya los dos últimos encuentros antes del parón, en los que no hay ya margen para el tropiezo. Contra el Zaragoza, con Llorente recuperado, sólo valdrá ganar o ganar, y contra el Oviedo, con un campo que se presupone medio vacío por el día de Santo Tomás y la huelga de Metro Bilbao, habrá que certificar el pase clasificatorio.

Las dos semanas de parón navideño seguro que servirán a Bielsa para repasar lo ocurrido, estudiar y analizar vídeos, y tomar alguna medida. Diseñar una alternativa para cuando no esté Llorente, buscar solución a la sangría defensiva e idear cómo hacer que sus hombres desarrollen el instinto matador que permite en el fútbol profesional escalar posiciones en la tabla.

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Final acorde a una campaña de libro




Un axioma futbolero muy antiguo dice que “Los campeones no se discuten”
Y hay otro que asegura que “El campeón, siempre es el mejor”.
Naturalmente, todo es discutible y opinable… y aunque haya ejemplos de equipos que no han sido campeones y han quedado en el recuerdo de los aficionados con más fuerza que el ganador (Holanda ´74 … Brasil ´82) en general, coincido con estas definiciones, aunque añore épocas donde el fútbol era –desde el punto de vista estético- más atractivo que el actual … aunque menos competitivo (la verdad sea dicha)
Mucho se ha hablado de que este equipo de Boca Juniors (¿puedo escribir: “de mi amado Boca Juniors”?) no ha lucido… no ha convencido.
Los aficionados de otras latitudes deben saber que “o se es de Boca… o se es anti-Boca”… no hay otra opción. No hay términos medios. Imposible ser indiferente. ¿Porqué? … pues no lo sé, a pesar de que me lo he preguntado muchísimas veces. Ya no lo hago.
Supongo que debe ser la consecuencia de ser el club con mayor popularidad y afición. Supongo que no tendrá que ver con envidias e inferioridades del resto. Supongo nomás… pero no alcanzo a comprender que tan mal debe hacer las cosas una institución durante 100 años, para estar condenada al odio eterno de los demás?
Curioso y para analistas sociales. (aunque creo que es el resto quien debería hacerse estas preguntas que yo ya no me hago desde hace décadas, cuando vi como “funcionaba” la cosa)

El punto es que puede ser campeón argentino cualquiera de los otros participantes –
CUALQUIERA- y excepto el clásico rival de ese equipo, el resto de los aficionados dará su opinión aséptica, desapasionada, laxa … pero basta ser el Club Atlético Boca Juniors el que grite campeón, para que el resto de los aficionados de todos los clubes, saquen a relucir su inacabable y poco original por remanido, repertorio de excusas, llantos y maldiciones .
La realidad indica que el “xeneize” ha finalizado ayer una campaña que quedará en la mejor historia del club y que ha derribado algún que otro record en el futbol nacional.
Ha sido Campeón Invicto. Solo habían conseguido ese logro: San Lorenzo (en el Metro 68), San Lorenzo (en el Nacional 72), Ferro (en el Nacional 84), River (en el Apertura 94) y Boca (en el Apertura 98).
Es el campeón con menos goles en contra (6) desde que rige el sistema de torneos Clausura y Apertura, superando la marca de Vélez Sarsfield en el Clausura 93, con solamente 7 goles en su arco.
De no ganar Racing Club esta noche en su encuentro frente a Vélez Sarsfield, será el campeón que le sacó más diferencia al sub-campeón (12 puntos, al día de hoy)
Si Racing gana, Boca Juniors habrá igualado el record pero no lo tendrá en solitario.
Además de superar a sus rivales por un campo de ventaja, superó las adversidades que le fueron planteando las lesiones. Al retiro de Palermo, su goleador histórico, le sobrevino la rotura de ligamentos de su reemplazante natural: Lucas Viatri. Su reemplazo fue un chico de la cantera, casi debutante absoluto: Nicolás Blandi… que también se lesiono y se perdió el final del campeonato. Todo esto sumado a la principal ausencia en la segunda mitad del torneo: la de Juan Román Riquelme. Su factótum. Su conductor. Su figura. Su ídolo máximo (quizá de todas las épocas)… que demasiado, ¿no?
Por eso se disfruta por todo lo alto este logro. Por la forma. Por el modo. Por la manera y por la diferencia.
Seguirá el resto del mundo futbol diciendo la misma y reiterada retahíla de excusas graciosas por poco originales, carentes de contenido y llenas de rencor… que los árbitros, que la mediocridad del resto … que Cristina Kirchner … que la AFA … que, que, que
A los hinchas ¿la verdad? nos importa un pimiento y SEPANLO … NOS HACE QUE SE DISFRUTE AUN MAS.
Por eso, para próximos logros auriazules –cuando Dios quiera que lleguen- acepten este consejo: llámense a un respetuoso silencio.

FELICES FIESTAS PARA TODOS!

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Los errores en las áreas lastran la clasificación

A pesar de los calificativos que poblaban las redes sociales a la finalización del partido, escritos desde la comprensible visceralidad que provoca ver al equipo ceder un nuevo empate en el descuento, el partido del Athletic de ayer poco tuvo que ver con el del Granada. Ante un Racing inane, flojo en todas sus líneas y sin delanteros específicos, el Athletic hizo merecimientos más que suficientes para atesorar los tres puntos.

Que la ventaja no llegase hasta el minuto ochenta y que ésta sólo se conservase durante una docena escasa de minutos es el quid de la cuestión. Si hace diez días, tras el encuentro contra el Slovan, dejábamos escrito aquí que aún se deben producir ajustes que conduzcan a una mayor efectividad en ambas áreas y de solidez en el centro del campo la frase, después de otros cuatro partidos oficiales más, sigue teniendo valor.

Un equipo que necesita en torno a la decena de ocasiones meridianas para transformar un tanto, que requiere de un constante ataque, de decenas de llegadas para ello, de asumir riesgos excesivos para obtener tan exigua renta, tiene un serio problema. Un asunto, además, que no se resuelve por el hecho de citar la importantísima baja de Llorente, incuestionable en este y cualquier equipo, pero con cuya presencia también se ha producido la sequía transformadora.

Aun así, la presencia clasificatoria en zona de nadie no se debe, únicamente, a los problemas goleadores. Porque lo de la endeblez defensiva es para hacérselo mirar. El grupo defiende mal, fatal. Y aunque no es novedad, puesto que lleva tres años lastrado por ese otro hándicap, el balón parado se ha convertido en una pesadilla. Que Racing y Granada hayan llevado a sus casas botines inmerecidos con una tasa de efectividad que ronda el ciento por ciento termina de explicar el porqué de que el Athletic de Bielsa no arranque en la tabla.

Atrás quedan ya las euforias de hace cuatro semanas, cuando se hablaba en Bizkaia de Champions, término siempre gafe por esta tierra, y de renovación del entrenador. Ni entonces había razones para tanta euforia ni ahora existen para rasgarse las vestiduras. El proyecto debe seguir afianzándose, debe consolidar el juego de ataque y apostar por una retaguardia contundente.

En el debate de la calle predominan los nombres. Sobre Susaeta, poco a poco, se llega a la unanimidad por una tasa de desacierto que hace necesario tomar decisiones. La apuesta por Iturraspe se desinfla, más allá de la apuesta ciega del rosarino pocos defensores quedan para un centro del campo en el que la presencia de Javi Martínez parece incuestionable. Lo del de Aiegi en defensa no se sostiene ante el déficit de fuerza del medio centro. La probatura de ayer, con el de Abadiño más retrasado, casi incrustado a ratos entre los centrales para sacar el balón jugado, tampoco resultó. Cierto que dio algo más de protagonismo a Herrera, pero el centro del campo acabó desdibujado según pasaban los minutos. Todo San Mamés veía necesario el cambio e intuyó que Bielsa así lo había decidido cuando Ekiza se situó en la banda para entrar. Ekiza de central, Javi al centro del campo e Iturraspe a la caseta. La extrañeza cundió cuando el reemplazado fue Amorebieta.

Debates que se repiten sobre el siempre recordado Aduriz, particular Santa Bárbara rojiblanca que tenemos presente cada vez que truena tras los atascos ofensivos. Decía Juan Carlos Latxaga la pasada semana que él cada vez lo tiene menos claro. Es cierto, puede que no sea el nombre, que no sea la solución. 

Por coste, por edad. Pero ahora que lo de los planes ‘B’ centra toda conversación, alguien se necesita para reemplazar al de Rincón de Soto puesto que Toquero, al que nada se puede reprochar, sigue evidenciando que lo suyo es más caer hacia los costados para poner balones. Que se lo digan a Aurtenetxe.

Y en el otro debate de moda, en el de la falta de rotación, poco novedoso que aportar. Cierto es que extraña que un reducido grupo de futbolistas pueda acumular todos los minutos de tres competiciones. Pero quienes entran en su lugar tampoco parecen dispuestos a opositar con ganas por un sitio en el once. Salvo Iñigo Pérez, que ha conseguido ganarse en entrenamientos y algunos minutos de competición una oportunidad, las actuaciones de Gabilondo, David López o Ekiza, entre otros, no contribuyen a afianzar la sensación de que existan dieciocho jugadores con opciones de ser titulares.

Y por último, el que siempre deja algún resquicio para la duda se sitúa bajo palos. Incapaz de redondear dos actuaciones completas en Liga. Está costando puntos, lo peor que se puede decir de un portero.

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La Copa, encarrilada por la izquierda

Efectivamente, Bielsa se tomó la Copa en serio al punto de volver a repetir once y dibujo táctico pese a lo anunciado, por lo que Iñigo Pérez, a última hora, cedió el testigo a Aurtenetxe para que el zornotzarra volviera a incrustarse en el eje de la zaga junto a Martínez y Amorebieta, la guardia pretoriana del rosarino, con lo que tras cuatro meses ya se empieza a conocer por dónde van, definitivamente, las preferencias del entrenador, en la disposición y en lo nominal.

Así pues, ante dos delanteros rivales, sean de categoría champions o del fútbol de bronce, el esquema se empieza a trazar con tres centrales y dos carrileros, ante lo que el Athletic no deja de tener profundidad ni de generar peligro. El ejemplo pudo verse en el verde del Tartiere -que los fines de semana es un campo de fútbol y entre semana parece que se destina para la cría de topos- donde de Marcos, el mejor de largo, plasmó con claridad lo que su entrenador pretende: movilidad máxima de los laterales, arrancando en posición adelantada, desde casi el centro del campo, para que den profundidad al equipo. Tanta hondura  le dio el de Biasteri (o sea, Laguardia) al carril zurdo, que acabó por perforar, para el minuto diez de partido, la red ovetense en una brillante finalización tras una no menos mala apertura a banda de Muniain.

Y fue una pena que esa jugada no alumbrase al grupo, porque oportunidades similares para aumentar la ventaja hubo, por lo menos hasta la media docena, pero ni Susaeta –lo suyo es digno de tesis doctoral en escuela de entrenadores-, ni Muniain, Toquero, Herrera o el mismo Oscar, que tiró al palo, fueron capaces de trasformar ocasiones más que meridianas. Y parece que es el principal problema de este grupo, aquejado de una importante hipermetropía, incapaz de transformar ocasiones y de dar con calidad y claridad los pases en corto.

Por lo demás, poco se le puede achacar al Athletic de Bielsa. No era un encuentro de esos en los que se puede esperar mucho, en los que suele haber más que perder que ganar y, sin embargo, salió fortalecido. Ni rehuyó el combate, ni se relajó, ni sufrió en demasía frente a un rival que no hizo un mal encuentro. Pero los rojiblancos fueron mejores y eso es lo que se les debía pedir. Que no hubo brillo en el juego es cierto, tanto como que nunca suele existir contra equipos de segunda B en eliminatorias del KO, donde las fuerzas siempre suelen estar más igualadas de lo que parece. Que se lo pregunten a Heynckes, a Valverde o al mismo Caparrós, puesto que ejemplos de eliminaciones ante rivales menores se coleccionan ya unas cuantas.

Los peros, o mejor dicho, los temores, ya se verá si fundados o no, estriban en si no se está sobrecargando de partidos a un reducido grupo de jugadores ante el calendario que se avecina. Parece que Muniain, por ejemplo, lleva unos encuentros en los que está rindiendo a un nivel inferior, que Herrera no tiene la claridad de ideas que de él se espera, o que Iturraspe sufre una intermitencia impropia del papel que se le ha dado en el once.

La resolución de dudas, para bien o para mal, llegará en breves fechas, ahora que al calendario parece que lo han pillado los del anuncio de compresas, mitad de espesor, igual absorción. El Racing, un equipo en estado de derribo, debe ser una víctima clara el próximo domingo. Las victorias en casa son el principal debe de este proyecto junto a la escasa materialización de ocasiones y al mejor aprovechamiento de la posesión del balón. Y aunque París bien valga una misa, conquistar los próximos seis puntos en Liga debe ser el broche a un más que esperanzador trimestre.

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Empate caparrosiano


Como si tuviese el don de la ubicuidad, dio la sensación en Mallorca de que Joaquín Jesús ocupó ambos banquillos, porque el Athletic disputó, seguramente, el encuentro más alejado del libreto de su actual técnico en lo que va de temporada. Impreciso con el balón en corto, con problemas para sacarlo jugado desde atrás y con una inmovilidad impropia de los futbolistas alineados, los rojiblancos se perdieron ante el planteamiento defensivo del Mallorca, llegando a abusar del pelotazo como hace no demasiados meses, y con el agravante de que Llorente y su cartílago se habían quedado en Bizkaia.

En el encuentro del morbo, ese que muchos aguardaban con ganas de presenciar un repaso de uno de los entrenadores a otro, el Athletic salió dormido y para cuando se estiró y se retiró las legañas iba por detrás en el marcador. Fueron sólo dos minutos, pero suficientes para presenciar una mayor agresividad y presión del Mallorca que permitió a Amorebieta perder un balón en un sencillo pase a banda y fallar en un despeje dentro del área en la jugada que sucedió a su mala entrega a Aurtenetxe.

A partir de ahí el Athletic se nubló. Ni le salía lo que intentaba, ni sus individualidades, léase Muniain o Herrera, carburaban. Los bulliciosos, de Marcos y Susaeta, tuvieron un día más silencioso que los de Harpo Marx de resaca y Toquero, jugador que nunca se esconde, evidenció una vez más que si bien es delantero sus cualidades no son las propias de un nueve, sea titular o suplente.

Con el partido trabado, con un Mallorca que sólo buscaba el error de los rojiblancos para montar la contra, el encuentro discurrió en la intrascendencia futbolística más absoluta, en la nada deportiva, en un espectáculo indigno por el que pagar. Sin ocasiones ni jugadas reseñables, la receta del Mallorca se impuso y maniató a un Athletic mal dirigido por Iturraspe que tuvo en Amorebieta al jugador más activo en el intento de jugar el balón.

Las cautelas que llevaron a Bielsa a plantear un dibujo táctico calcado al de Sevilla fue excesivo para enfrentarse a la inexistente ambición ofensiva del moroso equipo balear, por lo que a pesar de haber conseguido el empate en un buen remate de delantero centro de un Amorebieta que se reconciliaba consigo mismo tras su fallo, el rosarino volvió a sacar rápido el bisturí para intentar aplicar un baipás.

Gabilondo reemplazó a un desacertado Aurtenetxe e Iturraspe recibió un toque de atención con su relevo por Iñigo Pérez. No es que los cambios aportasen excesiva movilidad, pero la segunda parte fue más cómoda para un Athletic que, aún así, siguió con los mismos problemas: falta de ideas y fallos constantes en los pases, largos y cortos.

Todo olía a empate hasta que a eso del minuto ochenta el partido se rompió. Un par de intervenciones de Iraizoz pusieron algo de pimienta y en la réplica a punto estuvo el Athletic, por medio de un nuevo remate de Amorebieta sacado bajo palos, de llevarse el encuentro. Hubiese sido injusto, seguramente, que ninguno de los dos equipos hubiese atesorado algo más que el mísero empate al que su juego les condenaba. Y excesivo, también, que Amorebieta, inédito en la tabla de transformadores tras más de cienta sesenta partidos en primera, hubiese transformado dos goles.

Sigue el Athletic en una buena línea de resultados, todavía, pero en los últimos partidos disputados está mostrando un nivel de juego inferior, menos atractivo, fluido, agresivo, y con llegadas y posesión que no se traducen en ocasiones de gol. En lo cuantitativo, además, urge empezar a sumar de tres en tres puntos antes de que se produzca allá por navidad el clásico corte en la clasificación. El calendario pinta propicio con dos enfrentamientos en casa ante un Racing y un Zaragoza que parecen material de desguace.

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Ahora toca definir el Plan C

No extraería excesivos aspectos positivos del partido de ayer Marcelo Bielsa. Si tras el cerrojazo granadino del pasado domingo se habló, largo y tendido, de la necesidad de que el equipo debía aprender a abrir la lata, ante un nuevo equipo ultradefensivo, consciente éste de sus limitaciones técnicas y sabedor de la inmensidad que separa la liga eslovaca de la que ahora, de forma más que hortera, se denomina bebeuveá, el Athletic, tras un comienzo que fue de más a menos, consiguió adelantarse en el marcador para el cuarto de hora.

No resultó sencillo. Un incómodo viento Sur que pobló el campo de papeles y bolsas de plástico no facilitaba, precisamente, la exactitud necesaria en los pases aunque no parece justo que se puedan utilizar como salvoconducto los caprichos de Eolo. La primera parte, tanto antes como después del gol, se convirtió en un cúmulo de fallos, de pases errados, más curiosamente en corto que en largo, y el control del partido le vino al Athletic más por los fallos de los visitantes, incapaces de sacar la pelota jugada más allá de su medio campo. Esa zona, el centro del campo, plagado de futbolistas rojiblancos llamados a dar buen trato al esférico, a hacerlo circular raseado y con criterio, fue incapaz de hacer aquello para lo que el entrenador les alineó.

Ni Iñigo Pérez al timón, ni Iturraspe de enganche conectaron con Ander Herrera. En las bandas, sobre todo en la derecha, Susaeta y de Marcos ofrecían la poca movilidad que pudo observarse, a costa, eso sí, de una falta de precisión preocupante. Aun y con todo, su insistencia tuvo el tanto como premio. Para de Marcos en la primera, tras aprovechar un rechace después de una nefasta finalización de una entrada por banda de Susaeta, y para el eibartarra en la segunda, curiosamente de cabeza y entrando por el carril zurdo que ocupó en la segunda mitad.

Es difícil catalogar la actuación del bueno de Markel. Si bien hay que reconocerle que no cejó en el empeño, que estuvo muy activo, lo cierto es que de no mediar el gol su partido hubiese resultado una auto caricatura: era difícil registrar mayor nivel de desacierto. Hizo muchas cosas bien en jugada y, sin embargo, finalizó todo mal salvo el remate de cabeza que subió al marcador como segundo gol.

La ineficiente gestión de la ventaja en el marcador permitió que el partido se trabase y que se enfriase hasta límites preocupantes. Tanto que el descanso obligó a Bielsa a alterar sus planes iniciales. Motivados, lógicamente, por la pobre respuesta de un grupo que vio como el Slovan empataba el partido sin excesivo esfuerzo. Un tiro de falta que se fue al larguero debiera haber alertado a Iraizoz, pero decidió seguir sesteando. Fruto de la somnolencia, el navarro protagonizó poco después una salida estrambótica que supuso el empate.

Tras el bocadillo, nuevamente lo mejor, Iraola y Toquero entraron para intentar poner en práctica las enseñanzas de Isaac Newton, es decir, un poco de dinamismo, de movimiento. Los sacrificados fueron Iñigo Pérez, que cedió timón y cuaderno de bitácora a Iturraspe, y Llorente cuya condropatía, molestia latosa –que me lo digan a mi- no termina de desaparecer. El esquema se mantuvo invariable, con permuta de bandas entre Susaeta y Muniain, y de Marcos abandonando el lateral derecho para arraigar entre Iturraspe y Ander Herrera.

Si bien el encuentro no varió de forma sustancial, al menos comenzó a animarse algo. Igual que el público, que no se hizo notar hasta el cuarto de hora de la reanudación. Lo intentaba el Athletic, con más intención que velocidad y acierto, trabado ante la defensa de cinco eslovaca. La cada vez mayor presencia en campo rival, las aperturas en largo de izquierda a derecha por parte de Amorebieta y la desacertada insistencia de Susaeta, de Marcos y Toquero acabó en gol. Evidentemente merecido por los méritos de unos y otros, pero debió llegar antes. A partir de ahí pudo redondearse la faena, y así fue, pero el juez de línea número uno, el de la banda de banquillos, decidió retratarse como invidente con bandera.

No conocen los de Bielsa la derrota en competición continental, son primeros de grupo y libran a los repescados del fracaso escolar de Champions. El encuentro de ayer sirve y mucho. Para seguir con la racha positiva a pesar del reciente lunar, para extraer las debidas conclusiones por parte del entrenador y para evitar hablar más de lo debido del partido del domingo, donde algunos pretenderán hacer de la anécdota, es decir, de la presencia de Caparrós en banquillo bermellón, el centro de la actualidad.

Pero no se debe todavía retirar el cartel de equipo en construcción. La tensión defensiva preocupa, la presencia de Javi Martínez en la zaga se antoja un lujo con Ekiza sentado en el banquillo, y al centro del campo le falta músculo y tensión con los de Marcos, Herrera, Iñigo e Iturraspe. En definitiva, aún se deben producir ajustes que conduzcan a una mayor efectividad en ambas áreas y de solidez en el centro del campo. Porque lo del gol pasa por la recuperación física de Llorente y por mejorar los centros, tanto en jugada como a balón parado. Y en esto último no parece que Susaeta sea la opción ni concediéndole dos décadas de margen para el aprendizaje. O sea que, como el Equipo A, necesitamos un plan que salga bien. Otro. Por orden alfabético será el C. El Plan C.

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La crónica del día siguiente

Alguna señal de alarma debió percibir Bielsa cuando en vísperas de la visita del Granada a San Mamés lanzó su aviso a navegantes. No es la primera vez que al Athletic se le atragantan esta clase de partidos. Por otra parte, nunca le han sentado bien las campañas laudatorias. El circo mediático ha dado un giro notable, no solo en el ámbito local, que va de suyo, sino en las sucursales de la Villa y Corte, donde vienen mostrando en sus escaparate las figuras emergentes del hasta hace bien poco menospreciado equipo bilbaino.

Me han preguntado esta mañana el porqué de mis malas sensaciones de ayer domingo y he dicho que ante tanta euforia me vino a la memoria el nombre de José Luis Garay, entrenador al que todavía no se ha hecho justicia a pesar de haber conquistado cinco Campeonatos nacionales consecutivos, en Categoría Juvenil, forjador de grandísimos jugadores. Al término de algunos partidos disputados en el campo de Echévarri, aunque el equipo contrario se hubiera llevado la goleada de costumbre, más de un gallito rojiblanco salió del vestuario con las orejas coloradas porque el míster, en lugar de elogiarle por “lo hecho” le había recriminado “por lo que había dejado de hacer”. De entonces me quedó la frase con la que frenaba mi entusiasmo respecto al futuro de algún futbolista: “Sí, pero cuando se pone la corona”.

El partido de ayer se volvió feo por momentos debido a la astucia que utilizó el Granada para socavar el buen fútbol del Athletic. Los andaluces habían visto un buen número de tarjetas en la primera parte. En el último minuto Aurtenetxe se vio obligado a hacer una falta para cortar un contraataque que parecía mortal de necesidad. Muniain se metió en el ajo y se llevó la tarjeta que el árbitro le había perdonado en una destemplada acción anterior. A este chico no solo hay que quitarle pronto la corona, sino bajarle del trono.

Esta Liga esconde mucho veneno y a veces se nos olvida que está pendiente la primera jornada. Va a llegar de sopetón. La teoría de los partidos fáciles no sirve. En cambio, creo que nos va a venir bien el inciso europeo del próximo jueves para no vivir con la obsesión de la visita a Mallorca donde habrá que echar el resto.

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Hay que aprender a abrir la lata

Y volvió el Athletic a tropezar en la misma piedra, esa que hace que el entorno aterrice de bruces en cuanto la euforia se dispara. Lo avisó Bielsa, consciente de que tras dos partidos en los que los halagos habían sido quizás desmedidos, algunos miembros de la plantilla se estaban confundiendo en sus declaraciones.

El caso es que las sospechas, las precauciones, no eran baldías. El Granada se plantó en San Mamés con la única ambición de contener, nadar y guardar la ropa. Confió su suerte a su ultradefensivo planteamiento y esperó a que sonara la campana. Tuvo fortuna, el partido se le puso de cara en una jugada aislada, en un córner bien sacado y mejor rematado.

Al Athletic, que suele ser como los melones, sólo hubo que tocársele la popa nada más iniciarse el partido para comprobar que estaba duro. Y frío. Una vez más de esos partidos en que la moneda cae de cruz. Claro que tras once consecutivos en que llevaba cayendo de cara era más probable que pudiera torcerse la tendencia. Cuestión de probabilidad, vaya.

Le costó entrar en juego. No hubo velocidad y el balón circuló de forma intrascendente. No existieron ni las bandas ni eso que los que inventan términos llaman ahora asociaciones por dentro, es decir, lo que en otras ocasiones bordan Herrera y Muniain. También le quedó grande la batuta a Iturraspe, que fue de más a menos, desapareciendo según la exigencia aumentaba por el paso de los minutos y el Granada se encontraba más cómodo acumulando hombres por detrás del balón, siempre un mínimo de entre seis y ocho.

El grupo no volvió mejorado del descanso y el bisturí de Bielsa no estuvo, tampoco, acertado en los cambios, que poco aportaron. Tanto David López como Gabilondo siguen sin aprovechar los minutos para reivindicarse; más allá de buenos pero puntuales golpeos de balón, casi siempre en parado, ni el de Añorga por la izquierda, ni el riojano por dentro y en sustitución de un Herrera al que la telaraña de los de Fabri maniató en exceso.

Cuatro derrotas lleva ya el Athletic en liga, distintas todas, pero con el denominador común de ser contra equipos que le plantean un cierre de filas. Ante ello, los rojiblancos acusan una preocupante falta de paciencia, eligen casi siempre mal las opciones y acaban siendo víctimas de su precipitación. Ejemplos claros han sido las derrotas frente a Betis y Granada o el empate contra el Rayo. Y no acaba de dar Bielsa con la tecla. Ni en el planteamiento de inicio ni alterándolo en el trascurso de los encuentros.

Ayer, a medida que iban pasando los minutos, el Athletic, al que poco se le puede reprochar en cuanto a entrega, se fue precipitando y yendo del partido. Herrera desactivándose y Muniain fue aumentando su desacierto hasta llegar en la segunda mitad a niveles de fallo propios de Susaeta. Lo de este último empieza ya, incluso, a aburrir. Urge buscar alternativas en esa posición puesto que el eibartarra, que si bien siempre se ofrece, naufraga cada jornada.

El Granada, que según el reloj avanzaba hacia el minuto noventa veía como aumentaban sus opciones, planteó un encuentro al que algunos de los resultadistas no podrán poner excesivos peros, puesto que recordó, y mucho, a algunos de los que el Athletic planteaba hasta hace bien poco a domicilio. El manual, basado en el repliegue y cierre de filas, aderezado con una desvergonzada pérdida de tiempo en la que Undiano Mallenco, quién sino él, consintió de manera paternalista y cariñosa. Fabri, ya en rueda de prensa y con los tres puntos en el zurrón, se disculpó por su actitud en el banquillo, cuando reprochó con gestos maleducados la decisión del Athletic de no devolver el balón tras cada actuación teatral de los granadinos.

Poco margen queda para especular. El jueves, en partido de Europa League, puede que sea el momento para dar entrada a algunos de los que reivindican minutos antes de enfrentarse al Mallorca el próximo domingo, en el encuentro del morbo, el que enfrentará el posibilismo que defiende Caparrós y el idealismo de Bielsa. Para aderezar comparativas, los mallorquinistas, de quien el Athletic se ha convertido en principal acreedor por la deuda del traspaso de Aduriz, llegan tras la primera victoria del utrerano.

Sólo cabe confiar, pero quienes aguardaban silentes en las cunetas vuelven a asomar la cabeza. El proyecto sigue teniendo futuro y buen aspecto, los tropiezos frente a los de abajo se han dado tradicionalmente en el Club y aún quedan detalles que seguir puliendo. Las únicas dudas estriban en el rendimiento de un Llorente preocupantemente tocado y en las alternativas en ciertas posiciones. La de delantero centro es obvia, pero las bandas, que tienen en este sistema una importancia capital, no acaban de tener continuidad. Y eso precisamente, la constancia, buscar el rendimiento lineal es lo que busca Bielsa. Un Athletic que dé de si lo mismo frente al Barcelona que al Granada. Así que toca aprender por la vía de urgencia a abrir las latas.

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"Lo posible está hecho..."



Lo primero me gustaría destacar que Bielsa ha jugado con tres centrales contra Málaga, Villarreal y Sevilla, equipos que juegan con dos delanteros, contra aquellos equipos con un solo delantero ha sacado solo dos centrales. Esto es bastante lógico, ya que si vas a marcar en individual es necesario tener un hombre libre atrás, de cierre. Y si hay dudas acerca de si el segundo delantero del rival es delantero o media punta tampoco hay ningún problema, se saca a Javi Martinez a cubrirle y asunto arreglado, si el jugador es delantero Javi será central y si es media punta Javi será mediocampista.

Hasta ahora esa es la regla que ha seguido Bielsa, amén de que desde algunos medios se hayan esgrimido otras razones más rocambolescas para justificar la presencia de tres centrales, o que se hayan roto la cabeza varias veces pensando por qué Javi no juega de líbero, en lugar de hacerlo de marcador. Esta regla es bastante simple y si bien es inusual tampoco es nada nuevo, Luis Fernandez ya la utilizó en su época con el Athletic. El hecho de jugar con dos o tres centrales en este caso apenas altera el sistema, es una simple disposición para cubrir en individual al rival y el resto del equipo se coloca prácticamente igual. La colocación del Athletic sobre el campo es desordenada y caótica, el equipo no juega con líneas sobre el campo, es futbol total puro y duro, todos atacan y todos defienden, un caso excepcional en el futbol actual.

Iñako Diaz Guerra, el cronista del Atletico de Madrid, en su crónica del partido Getafe 3- Atletico 2 de hace dos semanas resaltaba la poca fe en el campo del conjunto colchonero con un ejemplo muy gráfico: “Si la actitud de un equipo refleja la fe en la labor de su entrenador, los jugadores del Athletic con Bielsa son ultracreyentes y los del Atleti con Manzano, ateos. Entre medias, los demás”. Ahí va el enlace: http://www.as.com/futbol/articulo/atleti-basta/20111107dasdaiftb_26/Tes

El bueno de Iñako tiene razón en eso que dice, a los jugadores del Athletic se les ve un punto más de fe en que al resto de los equipos, una ilusión adicional por salir al campo. La figura de Bielsa impone y está trasladando una exigencia y un entusiasmo especial a los jugadores. Al final del partido pasado los medios sevillanos se centraron más en preguntarle acerca de su rechazo al banquillo sevillista que del propio partido.

Hablando ya de los jugadores rojiblancos me gustaría destacar a De Marcos y a Muniain. Estos dos jugadores tienen una gran capacidad para acompañar la jugada, por encima de otros como Herrera o Susaeta. Casi siempre están donde deben, tanto arriba como abajo, lo mismo que Iraola que casi siempre sube cuando debe. Esta cualidad es la más importante del futbol, es lo que hace grandes a los jugadores del Barcelona, eso que parece tan sencillo pero luego resulta tan difícil. A ambos les hace falta mejorar el remate a puerta, y en el caso concreto de De Marcos da la impresión de que le falta algo de confianza cuando remata. No obstante para ambos casos el margen de progresión es importante y si mejoran el remate pueden meter una buena cantidad de goles, porque tienen mucha facilidad para llegar adelante.

Herrera no llega tanto arriba pero cuando llega crea bastante peligro, mucho más que De Marcos. El punto débil de este jugador siempre ha sido la intermitencia en sus actuaciones. Personalmente no me convence ni sacando a balón parado ni distribuyendo el balón, creo que le falta precisión en el pase. Desde luego Iñigo Perez el otro día me pareció bastante mejor que él en este sentido, ojo con Íñigo que puede ser un jugador interesante. Herrera creo que tiene centrarse en llegar más posiciones de remate y ser más constante en su juego.

Iturraspe en mi opinión es el centrocampista al que más le cuesta acompañar la jugada. Tiene una gran técnica, una conducción de balón espectacular y un buen disparo, pero en los partidos de alto ritmo suele estar un poco perdido y a menudo pasa inadvertido.

Y para terminar Susaeta, que tiene unas condiciones buenísimas para el futbol pero no termina de aprovecharlas. Su rol en el equipo cada vez está menos claro: Parece que ya no es extremo, que ya no tiene que caer a la banda para centrar, ni intentar el uno contra uno. No se sabe si tiene que llegar a rematar desde atrás, si tiene que ayudar al centro del campo a crear juego y mantener la posesión, si tiene que botar las jugadas a balón parado, lanzar faltas a gol…. Me da la impresión de que el pobre Markel está empezando a tener un pequeño cacao mental, estaría bien que se definieran un poco más sus funciones.

En cualquier caso la cosa tiene muy buena pinta y el margen de mejora es alto. Los tres próximos partidos son contra los que en mi opinión son los tres peores equipos de la categoría: Granada, Mallorca y Racing. Estos a un equipo decente no le hacen un gol ni aunque se tiren tres días jugando.

Como decía Marcelo Bielsa en una tremenda frase cuando era el DT de la Selección Nacional de Chile: “LO POSIBLE ESTÁ HECHO Y LO IMPOSIBLE LO ESTAMOS HACIENDO, PARA LOS MILAGROS VAMOS A NECESITAR ALGO MÁS DE TIEMPO…”

Desde Madrid saludos del Tigre.

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Mayoría de edad

Dieciocho años de maleficio en tierras sevillanas eran excesivas como para confiar en una victoria rojiblanca hasta para el más optimista de los rojiblancos. Dieciocho años, los que tiene Muniain, llamado a ser un jugador que marque época, el límite que marca la mayoría de edad, y que en lo futbolístico se está más cerca de alcanzar cada semana.

Salió el Athletic con un equipo de circunstancias por aquello de las bajas. Sin Amorebieta y Ekiza, los centrales que todo el mundo cita como titulares, y sin Iturraspe, el futbolista al que Bielsa confía últimamente la batuta del centro del campo. Con la discreción que se ha puesto de moda en el Athletic por bandera, tanto en Ibaigane como en Lezama, el cuerpo técnico movió las pocas fichas que tenía para completar un Meccano que hiciese frente a un Sevilla siempre peligroso. Tras trabajar toda la semana, el once inicial fue el anunciado: con Iñigo Pérez dirigiendo a sus compañeros desde la sala de máquinas y con tres centrales de circunstancias: San José, Aurtenetxe y Javi Martínez.

Era una prueba de fuego. Se trataba de ver cómo hacía frente el Athletic a un rival directo en la lucha europea y de contrastar si lo desplegado frente al Barcelona fue flor de un día o la constatación de que el recetario de Bielsa se va asimilando.

Y ver para creer. Si el partido contra los de Guardiola, a pesar de la pérdida de dos puntos en los minutos finales, sirvió para que la cotización futbolística del equipo se disparase, lo de ayer en el Pizjuán fue hasta excesivo. Control absoluto del encuentro, de principio a fin, concediendo mínimas opciones a un rival en el que Kanoute, Navas o Negredo resultaron anecdóticos.

Sólo se le puede poner un pero a este grupo, y es de importancia. Perdona demasiado, en exceso. Le cuesta hacer gol. El partido debió finalizar con mayor ventaja para el Athletic y, sin embargo, la falta de acierto en los metros finales dio lugar a una innecesaria tensión final por aquello de la incertidumbre en el marcador.

Los aspectos positivos son tantos que cualquier enumeración será injusta, por insuficiente. También el reparto de méritos. Brilló Iñigo Pérez, el otrora descartado, en el manejo del equipo, al punto de poner al entrenador en un brete. Trabajó a destajo Llorente, al que las molestias de su pierna izquierda están maniatando y destacaron, como no, Muniain, el espíritu de este proyecto, y Herrera, motor además de cerebro dentro y fuera del terreno de juego.

La trasformación es tal que invita a soñar y cuesta mantener la cabeza fría. Observar al equipo administrar la ventaja en el marcador mediante rondos en campo rival demuestra hasta qué punto el concepto de fútbol de Bielsa ha calado en un grupo con unos niveles de autoestima hasta ahora inéditos. Reflejo de ello fueron los abrazos colectivos a la finalización del encuentro. El entrenador vio posibilidades en los futbolistas, capacidad para hacer cosas de las que ni tan siquiera ellos eran conscientes. Ahora empiezan a entenderlo, a darse cuenta de qué pueden ser capaces. De ganar disfrutando con el juego.

Porque la primera parte, y salvo el error en la jugada que da origen al gol del Sevilla, fue toda una declaración de intenciones. Al descanso las dudas pasaban por la esperable reacción sevillista en la reanudación, que tan solo duró unos ocho minutos, momento a partir del cual el Athletic borró del campo a los locales, marcándose un segundo tiempo de enmarcar.

Se suele decir que el número de defensas no tiene por qué indicar que un equipo sea más o menos defensivo. Hasta ayer no lo tenía claro. Ahora sí resulta verosímil la afirmación. Con tres centrales y dos carrileros, un sistema que, por cierto, favorece y mucho a Iraola, el Athletic fue tan ofensivo como el que más y maniató al Sevilla a base de solidaridad colectiva y trabajo constante. Porque el futbol combinativo de los zurigorris está sustentado en una presión salvaje que va dando sus frutos. Y ejemplos demostrativos hay ya, afortunadamente, muchos: el gol de Valencia, el segundo de ayer de De Marcos…

Hoy ya todo son loas para los leones. Hacer dos partidazos frente a equipos con repercusión mediática como Barça o Sevilla ha servido para que algunos empiecen a contemplar a los rojiblancos con otros ojos. No quiere decir, sin embargo, que se le vaya a tratar al Athletic con el respeto que merece, ayer mismo en TVE le volvían a llamar el Bilbao, pero sí al menos valdrá para que se valore en su justa medida a la única institución que mantiene la cordura en un mundo, el del fútbol, que hace muchos años que perdió la cordura.

La anécdota que, desgraciadamente, ocupará más espacio del que merece es el debut de Jonas Ramalho. Para todos aquellos maledicentes que acusaron al Athletic de tener una política xeonofoba y racista nada cambiará y tampoco importa. Para los que defendemos la particular tradición de la institución no es más que un paso más en la lógica de la historia. A medida que los hijos de quienes han venido a Euskal Herria a buscar una vida nacen y crecen -en lo biológico y en lo futbolístico- en esta tierra que debuten con nuestro equipo es un síntoma de normalidad. Existen voces, mínimas, a las que esto parece chirriarles. Es mejor ignorarles, que rumien en soledad su locura y su intolerancia. Su enfermedad.

Igual pasa con los irredentos anti-Bielsa que siguen existiendo y que soportan con infantiles pataletas cada paso adelante de este grupo. Su argumento principal, ahora, es que el rosarino no ha inventado el fútbol. La evidencia no merece respuesta. Pero sí hay que dejar claro que el concepto futbolístico de este hombre contribuye de manera notable a convertirlo en el mejor de los espectáculos. Y para eso pagamos.

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La hora de Negredo



Me gustan los comentarios de Santi Cañizares, es uno de los pocos comentaristas de los que se puede aprender cosas nuevas, más allá de que cuando jugara pudiera dar la imagen de jugador descerebrado y con sexualidad poco definida.

Hace mucho tiempo recuerdo que le preguntaron acerca de las rachas de los delanteros, a lo cual contestó que fundamentalmente a la gran mayoría de los goleadores lo que les hace falta es sentirse realmente importantes en sus equipos, es entonces cuando surgen las rachas increíbles y los pichichis sorprendentes.

Ejemplos históricos hay muchos: Pizzi con el Tenerife, Mista con el Valencia, Guiza con el Mallorca etc, y por poner uno más reciente Felipe Caicedo, que hizo milagros con el Levante el año pasado. Y de los delanteros de primera actuales que pueden sacar provecho a esta circunstancia destacaría a dos: Soldado y Negredo. Soldado en mi opinión tiene el mejor desmarque al primer palo de la liga, es el primero en llegar a los rechaces del portero y con su rapidez consigue anticiparse, llegar a todos los sitios y rematar en posiciones francas, lo cual se traduce en goles. No obstante para mi Negredo es mejor, aunque meta menos goles, no tiene nada que ver el Valencia con el Sevilla.

Negredo es el perfecto ejemplo de lo que comentamos: cuando era el tercer o cuarto delantero del Real Madrid daba un rendimiento mediocre, y el año pasado a la sombra de Luis Fabiano y Kanoute no terminó de destacar, pero este año da la impresión de que va a ser diferente. Como friki futbolero y jugador de ese gran juego llamado Comunio estuve siguiendo a este jugador en los primeros partidos de la liga, y su rendimiento fue espectacular, hasta que se lesionó.

Negredo es por fin el delantero referencia del Sevilla y se juega ir con España a la Eurocopa, con el agravante de que no ha sido campeón de Europa ni del mundo, a diferencia de otros. Es un jugador que sale con la portería contraria entre ceja y ceja, a reventarla, y posee una gran cantidad de recursos técnicos: Puede disparar tanto desde dentro como desde fuera del área, va bien de cabeza, juega de espaldas y tiene una velocidad interesante a la hora de darse la vuelta.

Por comentar algo más acerca del Sevilla diría que últimamente destaca por su mediocridad. Diego Perotti ha resultado ser un fraude y Jesus Navas va por el mismo camino, cada vez interviene menos en los partidos y apenas liga un partido bueno de cada cuatro. A Rakitic le pasa justo lo contrario que a Negredo, ya no se siente importante, y Trochowsky no termina de resultar. El equipo juega a impulsos en función de lo que inventa el vetusto Kanoute y la cosa no funciona, no es capaz de hilvanar futbol en el medio campo y su mejor jugador es un inmenso Javi Varas que ha explotado a sus 29 años. Ante la duda de por qué no ha salido este portero antes yo lo tengo muy claro, tuvo sus oportunidades, si bien es cierto que no demasiadas, y no dio para nada el nivel actual. El bueno de Javi Varas simplemente ha explotado este año.

Cuando sales al campo a estar bien posicionado, a ver lo que pasa y no tienes buena delantera lo que suele ocurrir es que no pasa nada, y lideras la tabla de los empates a cero, con 4 en tan solo 11 jornadas. Puestos a pegar palos al entrenador diría que me parece incomprensible que saque al torpe de Martín Cáceres en el lateral derecho en lugar de a Coke, uno de esas benditas excepciones que es capaz de crear juego desde el lateral y meter 5-6 goles al año.

En resumen, el Sevilla no juega a nada, es incapaz de hilvanar juego y solamente es capaz de dominar su área, pero todo esto puede cambiar de arriba abajo con el retorno de Álvaro Negredo. El “Tiburón de Vallecas” está afilando el colmillo y me da la impresión de que va a tener por fin su año y va a marcar diferencias. Esperemos que no nos dé el primero bocado a nosotros.


Sin más, saludos del Tigre.

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Instrucciones para disfrutar viendo a Lionel Messi




Con este sencillo instructivo y siguiendo al pie de la letra cada uno de los pasos, usted podrá solucionar el problema que hoy divide a la patria futbolera de los argentinos y abierto el arcón finalmente, disfrutar del mejor jugador del mundo (posiblemente el mejor que ha dado este país… y hasta posiblemente, el mejor de todos los tiempos)
“Gustos son gustos” dijo una mujer y estaba sentada arriba de un hormiguero.



A - Deje de lado todo sentimiento chauvinista y no se preocupe tanto si no canta el himno cuando lo tocan. A mí me interesa que los jugadores primeramente jueguen bien. Luego si cantan con unción, mejor y si se les derrama alguna lágrima… tanto mejor, pero primero y principal… QUE DEN EL PELO Y JUEGUEN. (a propósito del himno …¿porque en cada estadio se oye una versión diferente?… ¿no tendría la utilería de la A.F.A. –o quien corresponda- que proporcionar a la intendencia de los estadios donde juegue la absoluta, un DVD con la banda sonora oficial?)
B - Olvide el resentimiento y deje de tener en cuenta que siendo un niño se fue a otro país. A un club que si pudo pagarle un tratamiento de crecimiento que aquí no le han podido o no han querido pagarle. No olvide nunca que tenía todas la fichas para jugar por ese país –donde le adoran- y sin embargo no lo ha hecho.
C - No entre en el juego macabro que proponen los charlatas de las radios y la TV.
D - NO LO COMPARE. Recuerde siempre que “las comparaciones son odiosas”. A usted le gustan las milanesas con papa fritas, a mi el pulpo a la gallega y al fulano de enfrente el asado de tira… y contra gustos no hay disputas. Recuerde… NO LO COMPARE. (este último paso es fundamental)
Si ha logrado cumplimentar estos primeros cuatro pasos, vamos bien y las posibilidades de disfrutar de este pibe que asombra al mundo son posibles ¿o usted cree por ventura que son todos idiotas?… ¿que están todos magnetizados con él porque es un carilindo marketinero más? No, es más bien del tipo “fulero”, mire usted.
Ahora, olvídese del personaje –del nombre del personaje quiero decir- y vea como cada vez que toma la pelota, usted tiene la sensación de que algo puede pasar. Va a ver que esto no lo genera ninguno de los otros 21 protagonistas.
Disfrute de esa “sexta marcha” y con una mano en el corazón, dígame a quien otro se la ve. Observe los pases entre líneas cuando cumple el rol de asistidor. El control inverosímil de la pelota, nunca a más de 10 centímetros de su botín, aún cuando va lanzado en esa “sexta marcha” de la que le hablé.
Deténgase en la lealtad de no buscar nunca una falta simulada o un penal inventado. El tipo mientras pueda mantener la vertical –aún dentro del área- intentará seguir la maniobra. Siempre.
Por último, aunque aún no haya entregado ni el 10% de lo que entrega semanalmente en su club… ¿no siente un poquito de orgullo de saber que es de acá? … ¿No cree que quizá pueda sufragar esa deuda en celeste y blanco en el lugar y el evento donde más se disfrutaría?
Si con todo esto, aún le provocara más fastidio que placer la presencia de Messi en el equipo, yo me declaro incompetente y no insisto más con el asunto. Bajamos la persiana y nos ponemos a jugar a las cartas…. Pero no me diga que no le avisé.

Finalizó otra fecha de eliminatorias sudamericanas buscando un lugar en Brasil 2014.
Muy parejo todo y parecería que el signo de estas eliminatorias será la irregularidad y el que todos se ganen entre sí. Excepto Uruguay, que ha logrado encontrar un equipo que funcione como tal (no en vano, su entrenador Washington Tabares lleva años al frente de estos jugadores) el resto de las selecciones aún no se consolida.
Venezuela es la grata sorpresa y yo creo que íntimamente todos los futboleros del continente esperamos que consiga el pasaje a la cita mundial. Yo al menos lo deseo. Hace años que vienen haciendo bien las cosas y sería más que justo que la “vino tinto” participe en su primer mundial.
En esta doble jornada logró juntar 4 puntos, luego de empatar con Colombia de visitante y ganarle a Bolivia en casa. El resto ha tenido suerte dispar y aún es prematuro aventurar los cupos. Uruguay estará, Argentina casi seguramente y espero que Venezuela –ya lo he dicho- también. El resto tendrá que pelear y como se decía antiguamente: “que gane el más mejor”

Por último, lo verdaderamente importante. Más que la Eurocopa 2012 o Brasil 2014.
Este domingo Boca Juniors enfrenta a Racing Club en el santuario de Brandsen 805.
Primero y segundo en la clasificación. Los Xeneizes y la Academia… de lo más rico del fútbol argento (los une entre otras cosas, la indolencia y la estupidez de sus dirigentes que dejaron prosperar el absurdo de contar torneos a partir del ´31, ignorando 6 campeonatos de los unos y 9 de los otros, lo que los convierte en los más ganadores de una etapa que va desde 1893 hasta 1930, y en donde los partidos de futbol convocaban 50000 espectadores por juego)
Afortunadamente esa ridiculez de amputar casi 40 años de historia ya no es tenida en cuenta por ningún medio o estadígrafo que se precie de tener un mínimo de credibilidad.
Bueno, este domingo se enfrentaran y de ganar Boca Juniors (ya he llenado el refrigerador de cervezas y cava) le sacará 11 puntos de ventaja a los de Avellaneda.
Si en cambio, la “suerte que es grela, fallando y fallando te largue parao” y perdemos, los racinguistas se pondrán a 5 puntos, con 12 por jugar y con el envión anímico que esto supone.
Dicen que el campeonato así se pondría muy lindo… ¿pero quién coñas quiere que el campeonato se ponga lindo?
¡Un abrazo!

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Bielsa rompe cánones con su defensa al hombre


Por cuestiones laborales vivo a caballo entre Madrid y Canarias, apenas tengo tiempo de escribir y mis artículos llegan retrasados, no obstante sí que me gustaría dar mi opinión tras lo acaecido en el partido contra el Barça.

Principalmente me llama la atención la de ríos de tinta que corren acerca del método Bielsa y lo poco que se habla de su parte revolucionaria, que a mi modo de ver es la defensa al hombre por todo el campo que realiza el equipo. Cuando veo al Athletic no doy crédito a lo que ven mis ojos y paralelamente me sorprende lo poco que se habla de ello en los medios, porque esta forma de defender rompe por completo con los cánones del futbol, no conozco ningún otro equipo actual que la practique y parece más propia del baloncesto que del balompié.

La gran diferencia entre un partido de regional y uno de primera división son las distancias y los marcajes: En primera división los equipos cuando defienden se juntan en dos líneas muy visibles, con apenas 20 metros de distancia, los jugadores se sitúan detrás del balón y la referencia es la pelota, nunca los futbolistas rivales. En el futbol regional en cambio los equipos son más largos y cada uno más que seguir al balón sigue a su par. Pues bien, sorprendentemente el futbol del Loco se acerca más a esta última idea, y ojo, que a mí me parece fenomenal.

El día del Villarreal ya lo comentamos aquí, el equipo hizo una presión en medio campo con defensa individual al más puro estilo Dusko Ivanovic. El día del PSG más de lo mismo, hasta el punto de que Javi Martínez realizó un marcaje individual en toda regla a Pastore. Y el domingo él no va más, con una persecución por todo el campo a los jugadores del Barcelona. La cosa fue tan exagerada que en alguna diagonal que trazó Adriano para buscar la espalda a la defensa, Iraola lo siguió, hasta el punto de terminar los dos pugnando por el balón en la banda contraria… Y alguna vez que subió Pique con balón controlado por poco llega hasta la cocina, al no tener a ningún jugador específico con la misión de marcarle.

Esta forma de jugar resulta más que curiosa. Si miramos las estadísticas del partido del domingo el Barça tuvo la posesión el 65% del tiempo por el 35% del Athletic, pero durante el partido no dio esa impresión. Si tú defiendes con el equipo atrás en dos líneas muy juntas cuando recuperas el balón tienes muy pocas opciones de crear peligro, apenas puedes hacer algo con el balón. En cambio sí defiendes como lo hizo el Athletic, al hombre, con el equipo estirado y escalonado lo tienes fenomenal, porque cuando recuperas tienes bastante gente por delante del balón y al estar todos escalonados tienes muchas posibilidades de montar un ataque rápido y peligroso con tan solo tres pases. Realmente el Barça tuvo la posesión en un porcentaje de tiempo más que aceptable, casi como en cualquier otro partido, pero no estuvo cómodo con los marcajes del Athletic y cuando perdía el balón las pasaba canutas.

Y desde luego competir en un partido de tú a tú contra el Barcelona con un centro del campo formado por Iturraspe, De marcos, Herrera, Muniaín y Susaeta es de psiquiátrico, a cualquiera al enfrentarnos contra el Barça el cuerpo enseguida nos pide poner en el medio a Javi Martínez y a Gurpegui.

El caso es que más allá de este tema y hablando ya del futuro la cosa se presenta francamente esperanzadora. Veo bastantes partidos y hoy por hoy diría que somos el cuarto equipo de la liga, si bien es complicado quedar los cuartos con tanta competición. A la mayoría de los equipos les vamos a dominar la posesión, y como decía el bueno de Sir Alex, en el futbol moderno, salvo raras excepciones, el que domina la posesión termina ganando el partido.

El equipo navega viento en popa. Tal y como comentamos en su día Iraizoz siempre empieza fatal las temporadas, pero cuando coge la forma mejora, y ya no es tan malo. Y la entrada de Ekiza ha mejorado enormemente la defensa. Por si fuera poco el retorno de Ander Herrera ha servido para dar otra vuelta más de tuerca, pero ojo, que en el caso de Ander hay que tener las ideas claras: Este no es un jugador para distribuir el balón en el medio del campo y dar pases de 30 metros en diagonal, este jugador a lo que se tiene que dedicar es a llegar al área contraria sin balón, tras lo cual: unas veces buscará el desmarque a la espalda de la defensa y recibirá en posición franca, como en el gol contra el Salzburgo. Otras recibirá al borde del área y chutara, como en el gol contra el Barça. Otras recibirá y meterá un pase al desmarque, como el que le mete a Muniaín al estilo Xabi en la jugada contra el Barça del primer tiempo, y en otras ocasiones rematará de cabeza que también se le da bien, tal y como lo hizo en el gol que dio la Eurocopa a la selección española Sub 21.

Herrera tiene una definición extraordinaria y esa es la cualidad que debemos aprovechar, no debemos cometer un nuevo error de tipo Raul García, jugador desaprovechado por el Atlético por su obligación de jugar más atrás. El bueno de Ander dará que hablar, pero no va a ser creando juego en medio campo sino llegando desde atrás. Y sino al tiempo.

Sin más, desde Kanaria Haundia saludos del Tigre.

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Revaloración deportiva alejada de la cultura del pelotazo

A pesar del evidente sabor agridulce que deja siempre perder dos puntos en los minutos de descuento, y contra un mal llamado grande, pocos peros se le podrán poner a un Athletic que acumula diez jornadas sin perder y que ya no despierta dudas ni tan siquiera entre los más reacios al cambio, aquellos que auguraban las diez plagas de Egipto por el atrevimiento de una mayoría de socios que confiaron en que otra forma de hacer las cosas (en lo deportivo y en lo social) era posible.

Si algo caracteriza al actual equipo es que tiene un estilo. Y que se debe a su entrenador, Bielsa, que en tan solo tres meses ha sido capaz de motivar a un grupo de futbolistas y convencerles de que pueden lograr éxitos deportivos disfrutando de sus cualidades. Fruto de ello el Athletic de ayer encaró al Barça, dicen algunos que el mejor equipo de la historia, con orgullo, blandiendo la bandera del buen fútbol, y también con el traje de trabajo, pero ese iba, esta vez, por debajo de la camiseta.

El encuentro sirvió para demostrar muchas cosas. Para, por ejemplo, desterrar las dudas de si jugando con el nuevo estilo el Barça sería capaz de golear a los leones. Ni fue así ni los de Guardiola generaron el número de jugadas que los más críticos con el sistema defensivo auguraban. Pudo apreciarse, también, que el equipo no altera su forma de jugar, que ha interiorizado cómo se debe tratar al balón independientemente de quien sea el rival. Otro aspecto destacado es el uso racional del balón largo, como recurso y no como monólogo táctico.

El día apuntaba maneras, olía en Bizkaia desde la mañana a partido de los antiguos, de esos que todos guardamos en la memoria, de los que han contribuido a construir la leyenda y  hacer de la militancia rojiblanca algo especial. Partido con lluvia torrencial, con un campo rápido o pesado, según la zona del terreno y el minuto de juego. Y el Athletic no defraudó. Ni a los que les gusta el estilo más tradicional, pues los de Bielsa no cejaron en la lucha, ni a los partidarios del futbol combinativo, porque no regalaron el balón.

A punto estuvo el Barça de dejarse los tres puntos en Bilbao y el empate le supo a gloria. Significativo. Por el minuto en que lo cosecharon y porque en ningún momento tuvo esos partidos cuesta abajo que acostumbra. Venían los culés necesitados de victoria sabedores de la ventaja que su máximo rival atesoraba tras derribar a Osasuna y por ello tiene aún más mérito el punto cosechado.

Frente al equipo de gala de Guardiola, el Athletic disputó un partido brillante, donde todos los jugadores interpretaron el mejor de sus papeles y en el que los jugadores clave no defraudaron. Cabe destacar el partidazo de Llorente, luchador, ambicioso y solidario como pocos; la entrega de un Javi Martínez que despunta allá donde lo alineen; el desparpajo de un crack como Iker Muniain; y la brújula futbolística de un Herrera que será clave en el Athletic ilusionante que se vislumbra a corto plazo.

Recurrente (y desgraciadamente inútil) parece volver a mencionar al árbitro, pero Paradas Romero nada regaló al Athletic, más bien al contrario. Con miedo de agraviar al teórico grande, se mostró desigual en el criterio de apreciación de las faltas e injusto en el reparto de tarjetas. Y cobarde en las áreas.

No flaquearon las fuerzas, como podía intuirse, y no fue menos en lo físico el Athletic que el Barcelona, que dispuso de cuarenta y ocho horas más de descanso. Bielsa retrasó los cambios, algo inusual en él, por no verlos necesarios.

Habrá que ver el encuentro repetido para poder disfrutar de los detalles, puesto que verlo en San Mamés con los nervios a flor de piel no ayuda a valorarlo en su justa medida. Tuvo que ser un lujo para el aficionado más neutral, un espectáculo por el que merece la pena pagar. Y sirvió para reivindicar a un equipo, a un entrenador, un sistema de juego, una forma de concebir el futbol en definitiva. Para valorar el golazo de Herrera tras una buena internada por la izquierda de Susaeta; para observar el gol de Cesc de cabeza y valorar si un gran Amorebieta pudo hacer algo más o no; para disfrutar con el remate de Muniain tras asistencia de su socio Herrera, que pudo ser y no fue… en definitiva para poder ratificar las buenas sensaciones, pero de manera relajada.

Hace unos meses nadie hubiese creído posible que un Athletic con Iturraspe, de Marcos, Aurtenetxe o Susaeta en su once titular fuese capaz de convencer  y casi vencer al Barça jugando de esta manera.

Diez partidos sin conocer la derrota indican que algo se está haciendo mejor que bien, a pesar de que los puntos del casillero no hagan justicia, quizás, a las sensaciones transmitidas en lo deportivo. Pero es el coste del cambio, un coste que parece una inversión. Una inversión que está llevando a la revalorización futbolística de un Athletic ilusionante. Una revaloración alejada, además, de la cultura del pelotazo.

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¿Clasificación amigo?

Quedó un sabor agridulce tras el partido. El Athletic consiguió un objetivo deportivo importante que conlleva un premio económico vital para la entidad, pero dejó sobre el terreno de juego excesivos interrogantes. Como no nos vamos a convertir al resultadismo de la noche a la mañana, habrá que reseñar que los de Bielsa lograron un triunfo sustentados en los aciertos de Iraizoz, ciertas dosis de fortuna y en la evidente diferencia de potenciales existente entre la Liga BBVA y la austriaca.

El partido tuvo dos caras, una digna, la primera, y otra preocupante, la segunda, en la que los rojiblancos pagaron, de nuevo, la concentración de partidos en escasos días y, principalmente, sus imprecisiones. Con todo a favor, marcador y un ramillete de jugadores llamados a manejar los encuentros con posesión y pases tranquilos, los de Bielsa disputaron los minutos más alejados del manual de su entrenador en lo que va de temporada. Abusaron de los balones en largo de manera incoherente y apresurada, y fueron incapaces de mantener el control del balón, de entregar pases en ventaja a los compañeros y de dar temple al juego.

En la primera el partido estuvo más abierto, se consiguió enlazar y si no se produjeron excesivas jugadas reseñables fue porque ni de Marcos o Herrera tuvieron el mejor de sus días y porque Susaeta se empeñó en sacar matrícula de honor en desacierto. Será difícil que el de Eibar pueda volver a igualar el ratio de pases finales fallados en Austria.

Con Javi Martínez recuperado, pero para jugar de central, Iturraspe volvió a coger la manija y su juego fue fiel reflejo del del grupo: buena primera parte y naufragio posterior. Tuvo que ser sustituido para no ser expulsado puesto que fue superado en la segunda mitad, cuando el Salzburgo apostó por pisar el acelerador en la parcela ancha.

No funcionó, tampoco, la banda derecha. Ni en la posición de volante derecho, por lo ya mencionado, ni en el lateral, donde Iraola cotiza a unos niveles impropios de alguien que quiere aspirar a la internacionalidad continuada. Su homólogo zurdo, Aurtetxe, sufrió igualmente en exceso.

Las noticias positivas, que las hay, vinieron por la asociación de Muniain, que sigue demasiado justo, con Ander Herrera. Se entienden en todos los órdenes y fruto de ello llegó una jugada magistral. Iker, que aprendió a robar balones en el fútbol de la calle, asistió al pie a Herrera para dar mayor mérito al desmarque de ruptura de éste, que chutó a puerta como se debe, al segundo palo y sin dar opciones al portero. Cuando ambos se recuperen, solo pueden esperarse noticias positivas de esa sociedad.

También es positivo que el Athletic haya encadenado, en temporada alta de competición, nueve partidos sin conocer la derrota. Unos con más mérito y fútbol que otros, pero dando siempre muestras de ir paso a paso avanzando en la formación de algo que invita a la ilusión. Pronto tendrá un paréntesis liguero para poder recuperar unos pulmones que necesitan aire, aunque antes deban dar cuenta de uno de esos exámenes ante los que siempre hay mucho más que ganar que perder.

No llega el Barça en un momento propicio, cierto, pero un San Mamés abarrotado debiera dar alas a un equipo al que la racha y el orgullo seguro que llevan a intentar reivindicar una apuesta que les está revalorizando para el fútbol.

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Un punto muy trabajado

Gijón representaba otro examen para el Athletic de Bielsa, que llegaba con escasas horas de descanso tras el partido contra el Atlético y demasiados futbolistas entre algodones. El vetusto Molinón, con mejor aspecto tras un proceso de lifting que le ha quitado años en su presentación externa, recibió a los vizcainos con espectación y con una más que aceptable entrada a una hora más propia de Misa Mayor, y en pleno puente. No falló, tampoco, la afición del Athletic.

El ambiente y la meteorología eran perfectas para la práctica del fútbol, no así el estado del terreno de juego, impropio para la disputa de uno de esos duelos norteños, que denominan los cronistas más veteranos, recordando el verde gijonés al del Romano de Mérida.

No disponía Bielsa para el embite de un excesivo abanico de posibilidades, por lo que decidió tirar de los que descerrajaron al Atlético, con la variante de Muniain por Toquero, y en igual disposición, con Ander Iturraspe de mediocentro y su tocayo Herrera, junto con de Marcos, haciendo de enlaces con Llorente. 

Enfrente, Preciado, que no regala elogios gratuitamente, demostró que su consideración al Athletic no es solo ante los micrófonos y planteó el encuentro como se hace ante los grandes: un equipo revolucionado y luchador, que cedía la inciativa del juego y la posesión del balón a los rojiblancos para buscar las contras.
No le salió mal al de Astillero. El peligro lo llevó durante prácticamente todo el encuentro el cuadro gijonés, con un Barral omnipresente.

Sufrió el Athletic. Lejos de ser el equipo fresco y rápido, letal, que se viera frente a los colchoneros no supo convertir en peligro la inusual posesión de esférico de que dispuso. No consiguió hilvanar, controlar, ni acertar en los pases. Iturraspe falló en la distribución, Muniain condujo de manera equivocada y tampoco funcionó la banda derecha, con un Iraola ausente y un desacertadísimo Susaeta –a pesar de marcar el gol- que vieron, además, mermada su contundencia por sendas tarjetas amarillas mostradas por un árbitro, el palentino González González, que se dejó llevar por la presión del público local para perpetrar un arbitraje de lo más casero que se pueda recordar.

La poca llegada del Athletic al área rival contrastó con la verticalidad gijonesa, con un Barral que acabó soñando con Iraizoz, que por fin aportó al equipo una actuación digna que compensa la pérdida de puntos de partidos anteriores.

Bielsa, poco dado a los paños calientes, aprovechó las molestias de Ekiza en el descanso para aplicar, una vez más, el bisturí al planteamiento. Fruto de la versatilidad que lleva persiguiendo pudo recomponer el equipo sustituyendo un central por un delantero. Los movimientos, que hubiesen sido inverosímiles en el pasado, mantuvieron el dibujo, pero hicieron central a Aurtenetxe, algo conocido para él, lateral zurdo a de Marcos, interior en la misma banda a Susaeta y extremo derecho a Toquero. En ese aspecto, el rosarino ha conseguido convertir la plantilla en una navaja suiza.

Tuvo algo más de cuajo el equipo tras la reanudación. Pero era evidente que faltaba pegada. Muniain, desaparecido, dio el relevo a David López, al que el técnico sigue viendo como jugador alejado de la banda. La entrada del riojano demostró que los problemas de esta campaña con la estrategia son de nombres. Si Susaeta, hasta ese momento, había dejado ejemplos claros de cómo no se deben lanzar faltas y córneres, López le puso a Toquero el balón en la txapela y el alavés, al igual que contra el Atlético, dio buena cuenta del centro tocándolo para que Susaeta rematara sin oposición. Se adelantaba el Athletic, quizá con escaso merecimiento, pero ya se sabe que la justicia en el fútbol es un concepto inexistente. Como en la Audiencia Nacional, para entendernos.

La coyuntural ventaja en el marcador aceleró el resto de cambios en uno y otro equipo. Los que ayer vestían de negro vieron retirarse a Llorente, desacertado y muy tocado, para que el equipo cogiese aire con Ibai. Pero no parecía el día. A pesar del criterio de Herrera para repartir el balón, no hubo ni huecos ni llegada. El Sporting, que no renunciaba a buscar la contra, empató en una jugada de fortuna, tras un lanzamiento lejano que golpeó en Barral para desviar completamente la trayectoria del esférico.

La grada, enfervorizada a partir de ese instante, animo a los suyos que bien pudieron haber salvado dos puntos más si Iraizoz no hubiese sacado una buena mano a un archiprotagonista Barral al que el colegiado consintió toda suerte de protestas y faltas.

No cierra mal el Athletic el mes de octubre, pero se antoja un noviembre complicado. De entrada, el próximo jueves en Salzburgo donde habrá, seguramente, oportunidad de ver novedades obligadas en el once y en la convocatoria. Marcelo Alberto tendrá doble ración de caldo de rotación. Y el domingo un examen complicado, el Barça, que desterró la crisis que desde Madrid le achacaban endosándole una goleada a Caparrós con un Messi que sigue asustando.

El debate en Bizkaia se centra, ahora, en conocer por qué en la enfermería de Lezama se ha colgado el cartel que Urrutia querrá para las taquillas. El de No hay entradas. Algunos dicen que es por la falta de refresco, otros que por el calendario, hay quienes aluden a la mala suerte y los hay que miran hacia Bonini. Seguramente, como todo en la vida, todos y ninguno tengan la razón.

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Un triunfo que revaloriza

Tardó en abrirse la botella, demasiado, pero lo hizo de forma explosiva, brillante. Acabó siendo una botella de agua de Bilbao. El momento y la forma ideal para nostálgicos, con un San Mamés rápido donde el fútbol se apreciaba a través de una cortina de agua por los algo menos de treinta mil espectadores que dignificaron la grada. Por más que se afanen Roures y el mercenario que preside la Liga en perjudicar al Athletic, la afición rojiblanca sigue demostrando que no secundará la estrategia de los dos gánsteres mencionados, esa que persigue vaciar los estadios de espectadores para llenar los hogares de decodificadores.

Y eso que la cosa comenzó, de nuevo, cuesta arriba, con un Atlético mejor plantado, que presionaba bien la salida del balón al Athletic y que dispuso de las primeras ocasiones para romper el partido. Gorka, ante Falcao, se limitó a hacer de portero, algo que no debiera ser ni noticia ni motivo de felicitación, pero que vistos los precedentes toca celebrar.

Cuando más se le complicaban las cosas a los locales, con retirada de Amorebieta por una de esas lesiones musculares provocadas por la falta de rotación y un calendario malintencionado, el Atlético se replegó, permitiendo que el desaparecido Iturraspe conectase algo con un Javi Martínez del que le separaron hasta entonces demasiados metros, y de que Muniain, bien anulado, o de Marcos llegasen con algo más de peligro. Aun así, el encuentro se fue al descanso muy trabado, con Llorente apareciendo de forma muy esporádica, y con los visitantes con la tranquilidad de haber anulado bien a los zurigorris. Colaboró con ello el pequeño de los Teixeira, injusto, desconcertante, con criterio dispar, que se empeña cada jornada liguera, con la inestimable colaboración de su hermano José Antonio, en que mamá Vitienes sea la mujer más insultada de la Península.

La reanudación trajo más sustos y preocupaciones. Otra lesión muscular de Javi Martínez, intrascendente para Gijón porque ya se perdía el partido por acumulación de amonestaciones, que colocaba a Iturraspe ante la tesitura de llevar el volante del equipo desde el mediocentro; y el gran susto de la noche, la casi sustitución de Llorente, evitada in extremis por la inusual casta del de Rincón de Soto, algo que le hizo ganar muchos enteros ante los detractores que todavía mantiene en la grada.

El partido se estiró, los zurigorris estuvieron más cómodos y, sin ocasiones excesivamente claras, se adueñaron del balón. Muniain, rendido y con algún problema, dio el relevo a Toquero, otro de los hombres de la noche, que pisó el césped cuando San Mamés comenzaba a tomar aspecto nostálgico. Y llegaron los siete minutos mágicos. La fortuna acompañó en el primer gol, pero ya se sabe que con campo rápido chutar a puerta se convierte en un infierno para defensas y porteros, y sonó el sonido del corcho saliendo del cuello de la botella.

Había que gestionar la ventaja. Y ahí se vio la metamorfosis del equipo de la mano de Bielsa. No hay mejor manera de conservar el resultado que aumentando la diferencia de goles. Toquero se reivindicó. Demostró a Bielsa que es un futbolista distinto, pero que no es solo un korrikalari, sino que tiene características que justifican su ficha en primera división. Entre ellas, además de la de llevar tatuado sobre la piel un mono de trabajo, está la de ser de los mejores centradores en carrera de la Liga. Y le regaló a Llorente, y al homenajeado Gurpegi, un balón de los que conforman gran parte de la esencia de los goles del Athletic de siempre. No defraudó Llorente, que celebró enrabietado un tanto más de cabeza que le acerca a la Eurocopa.

Tuvo más regalos el aficionado. A balón parado, la asignatura pendiente, Ander Herrera, con un balón tocado de manera soberbia, permitió que Toquero redondease su faena con un gol también con la testa. No se podía pedir mucho más. El equipo, fundido, luchó sin poder gozar de la posesión que el entrenador pretendía y que la presencia de buenos peloteros permitía, y si bien se pudo aumentar la ventaja también el Atlético hizo trabajar a Gorka.

Así se despachó a los colchoneros, ese equipo que como su club es una eterna crisis con pantalón corto lo dirija quien lo dirija, sea el actual tándem frutal (comandado por el ProfesorManzano, el ínclito Cerezo y un alcornoque como Gil Marín), chorizos tipo García Quilón o un administrador judicial.

Ahora toca recomponer las filas, demasiado escasas de personal, para Gijón con tan solo sesenta horas para la recuperación. Será difícil. El equipo acumula muchas horas de juego y pocas de descanso. Cierto es que la tendencia invita al optimismo. El estado de ánimo por las nubes, la confianza en lo que el entrenador pretende, la racha de resultados… Y lo que es más importante. Una plantilla corta en la que no se regalan oportunidades. Los futbolistas lo sabes y por ello los que disponen de menos minutos no dejan pasar las oportunidades. Le ha pasado a Aurtenetxe y ayer se aplicaron el cuento San José, Toquero y Herrera. Bielsa no regala demasiado. Buena muestra de ello fue ver a los suplentes calentar en el minuto treinta de la primera parte.

El Athletic goza de buen tono. Tan bueno, que los agoreros, los apocalípticos, parecen haber desaparecido. Quizás estén invernando.

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Crónica del día siguiente

El partido que jugó ayer el Athletic fue un viaje al pasado. No en vano el Valencia es el equipo que en mi ideario personal figura como el tercero en discordia, tras el Madrid y el Barcelona. El banco de pruebas ideal para saber lo que podemos esperar de un equipo que crece cada día y al que aún no le acompañan los resultados. Los recuerdos de los enfrentamientos entre el Athletic y el Valencia son memorables porque, lo mismo que ayer, se disputaban al límite, con la brutalidad justa para que el fútbol ofrezca belleza y emoción si los jugadores van al balón sin malas intenciones. Cierto que ayer se lamentaron bajas muy sensibles pero no hubo reproches verbales. La diferencia entre el hoy y el ayer estriba en que, en los viejos tiempos, el fútbol se jugaba al ritmo de una carreta de bueyes y hoy a la velocidad de los Fórmula 1.

De largo mereció ganar el Athletic, si el auxiliar no invalida el gol de Susaeta en el minuto 14 o el balón no toma un giro caprichoso en el que pudo ser gol de Llorente a los 35 minutos. Un cero a dos al descanso hubiera quedado mejor que bien. Pero no sucedió.

Los imponderables obligaron a sustituciones por ambas partes. El Athletic perdió a Llorente, hombre de gran presencia física, luego a Gurpegui, baja trascendente por la gravedad de su lesión, aunque ganó con la entrada de Herrera. A pesar de todo, el equipo se impuso al Valencia con un arrojo admirable y en un minuto que me pareció ideal para sentenciar, marcó Muniain uno de esos goles que está relacionado con lo que antes he escrito, la velocidad mental que hoy se precisa para marcar un gol. A punto estuvo de repetir la hazaña en el último suspiro del partido pero en ese momento eligió otra opción.

El fútbol es un juego colectivo y por eso admiro a los jugadores que desde niños aprenden a no estrangular al portero cuando tira por tierra lo que tanto esfuerzo ha costado conseguir. Esta temporada llevo cerradas varias crónicas diciendo que con un cambio de porteros el resultado hubiera sido otro. Y no digamos la clasificación. A estas alturas, el año pasado teníamos nueve puntos. Hoy son ocho.

Los partidos del último fin de semana nos han puesto delante de los ojos la importancia de tener bien guardada la portería. El Real Madrid pasó sobre el Málaga como una apisonadora. Sin embargo, el hombre del encuentro acabó siendo Casillas. Los intratables delanteros del Barcelona se estrellaron una y otra vez contra el portero del Sevilla. En Manchester se estarán acordando del viejo Van der Sar. Y yo de Iríbar.

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The long and winding road

"El largo y sinuoso camino" además de ser una bellísima balada de The Beatles, parecería ser un pronóstico acertado de lo que le espera a la Selección albiceleste en las eliminatorias mundialistas para 2014 (¿hacía falta comenzarlas en 2011?… sin Brasil, ya clasificado)
Luego de un comienzo con victoria, donde el 4 a 1 a Chile quita de foco una actuación preocupante de la línea medular y más aun de la defensa, el encuentro de ayer frente a Venezuela enciende las señales de que hay mucho por corregir, mucho que trabajar y que no será un paseo matinal conseguir el pasaje a la cita mundial, a pesar de contar con el as de espadas.
El encuentro de ayer noche en Puerto de la Cruz, nos entrega algunas certezas:
Venezuela ha dejado hace rato de ser la Cenicienta del fútbol de América y hoy, puede jugarle de “tu a tu” a cualquiera de sus vecinos. Y ganarle. Y muy bien por cierto.
Enhorabuena pues por la “vinotinto” y por toda su afición futbolera.
Ayer, conducidos en el campo por el experimentado Arango lograron el primer triunfo oficial del historial. Un historial que arrojaba 18 derrotas en idéntica cantidad de partidos disputados contra Argentina. Luego de un comienzo dubitativo, fueron maniatando a su rival y con un gol del “león” Amorebieta en la segunda mitad, justificaron y redondearon un gran partido en donde la albiceleste se fue quedando sin fuerzas y sin ideas. Lo del vasco nacido en Cantaura, estado de Anzoátegui , no solo fue el anticipo de cabeza en el gol del triunfo. Fue también el anular a la perfección a Messi, lícitamente, limpiamente y coronó una actuación para su mejor historia personal. Ha sido uno de los puntos más altos de un equipo sin fisuras, que se anotó definitivamente en la pelea por uno de los 4 pasajes al mundial.
El sueño Venezolano ha comenzado … ¿y quién se atreve a despertarlos?
Para Argentina lo dicho: las dudas y la confirmación de que solo con Messi no alcanza.
Si alguna vez alcanzó solo con Maradona, son otros los tiempos y otros los protagonistas. Messi es el mejor indiscutiblemente, pero hoy -quizá como nunca- un hombre solo no cambia la historia. Tendrá Alejandro Sabella que trabajar bastante en cada línea y darle un carácter y una identidad que hoy, no se le ve al equipo.
Otras certezas transcurridas las dos primeras fechas, son el retroceso de Paraguay y el volver a las fuentes de Perú.
Perú que tuvo siempre una escuela de futbol excelsa, de fino toque y la filigrana mejor elaborada, con una tradición que le viene de los tiempos de “Lolo” Fernández y Alcalde, que continuaron luego jugadores como Zegarra, Joya, Seminario … más tarde ese genial equipo peruano que de no haberse topado en Cuartos de final con el mítico Brasil del ´70, hubiese sido campeón mundial - esto va de mío- con un inolvidable e irrepetible equipo donde brillaban el “Nene ” Cubillas, Perico León, Roberto Challe (¿saben ustedes lo que jugaba Roberto Challe?) Baylón, Cruzado, Cachito Ramírez, Héctor Chumpitaz … si, sin duda de no haberse topado en Cuartos con ese Brasil que obtuvo en posesión la Jules Rimet y que es considerado el mejor equipo de todos los tiempos, ese Perú hubiera sido campeón del mundo. (el encuentro terminó 4 a 2 para los brasileros … pero bien pudo terminar 6 a 4, 8 a 6 … para cualquiera de los dos, y los que gustan de descargarse cosas de la internet, pueden bajarlo. Está en la red y vale la pena tenerlo)
Bueno, este Perú no es aquel … pero lo intenta. Gano su primer partido contra Paraguay con mucha autoridad y si bien ayer perdió contra Chile en Santiago en un partidazo que acabó 4 a 2 … metió 4 tiros en los palos, lo cual me exime de más comentarios.
Chile va a estar en la pelea. Tiene con qué, aunque una gran parte de la prensa y la afición, deberá entender que Bielsa ya no está. Lo del Rosarino ha sido tan bueno, que hay un sector muy importante que extraña su paso por la “roja” y hay una suerte de campaña para desestabilizar a Claudio Borghi, su actual entrenador. Esas cosas no ayudan. Reitero, Chile tiene con qué, pero si el clima mediático en torno a la selección mejora, y las viudas de Bielsa no conspiran, le será mucho más fácil conseguir el pasaje.
Bolivia ya no cuenta ni con la ventaja de jugar por encima de los 4.000 metros de La Paz, de hecho continúa siendo la sede de los bolivianos, pero ya no les alcanza para ganar, el utilizar ese escenario donde el aire es escaso y los músculos y la cabeza responden de otro modo. Ayer perdieron con Colombia con gol de la nueva estrella del Atlético de Madrid, Falcao y precisamente en tiempo de prórroga, cuando la cátedra y los libros indican que los que viven a nivel del mar, no tienen ni piernas ni ideas. Bueno, el “tigre” Falcao, sí que las tuvo y le propinó a los del altiplano, su segunda derrota en 2 partidos.
Ecuador ganó en su presentación y ayer tuvo fecha libre. Será un hueso.
Finalmente, el más confiable de los 9 países de América del Sur en estas eliminatorias, es Uruguay. Desde el 4to. Puesto en Sudáfrica 2010, esta generación de jugadores dirigidos por Tabarez en el banco y capitaneados por Diego Lugano, se ha afirmado y está volviendo a ubicar a los celestes en un escenario que les es familiar: el de las primeras planas de los periódicos, el de las finales, el de la pelea por cosas importantes, como manda su historia, que estuvo por tres décadas durmiendo en el fondo de vaya a saber uno que armario de la Asociación Uruguaya de Futbol. Su dos delanteros Diego Forlán (“Pichichi” del último mundial) y Luis Suarez, debe ser la dupla atacante más peligrosa de todas las posibles en el universo futbol. Ellos lo saben y Uruguay también.
Así están las cosas transcurridas las dos primeras jornadas de eliminatorias. Antes de que termine el año, habrá otros dos encuentros y se podrán aventurar algunas sentencias, con todo lo que de arbitrario y temerario tiene este ejercicio. Lo que es claro desde mi doble condición de argentino y fan irredento de los 4 de Liverpool, es que lo que le espera a la Argentina, es “El largo y sinuoso camino, que lleva a tu puerta” y esa puerta se llama Brasil 2014.
Si pueden, tómense 5 minutos y escuchen de nuevo esta gema musical.
Vale la pena.