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Otro empate de rutina

Volvió la liga, una vez superado el periodo de ilusión por la Copa, y lo hizo como acostumbra, con un partido infumable –algún maledicente dice que al Athletic de Caparrós debieran aplicarle la ley antitabaco- en el que la estrategia, otra vez, salvó los muebles o, al menos, un punto.

Se consagraban los jugadores zurigorris tras la eliminación contra el Barça para aprender y que la lección sirviese para crecer, que la eliminatoria copera fuera un punto de inflexión –otro más- para el grupo. El trabajo destajista había dado como fruto no caer en ninguno de los dos encuentros ante el mejor equipo de la historia universal del fútbol, o póngasele el epíteto que se quiera al conjunto culé para dar mayor mérito, si se quiere, al exceso de sudor con el que se emplearon los nuestros para acabar cayendo. Quizá faltó algo de talento, un poco de convencimiento y algo de ambición, en la misma forma en que no se reparó en gastos a la hora de sudar, presionar, luchar o correr. Eso sí. Quedó meridianamente claro que este colectivo puede y sabe competir.

Está condenado este equipo a protagonizar escenas de ese tipo, pero sólo resultan creíbles, para jugadores y público, cuando se enfrentan a rivales de entidad. Contra los equipos menores de la liga, que son más de una docena, el estilo no funciona.

En una liga mediocre a más no poder, parece que los pupilos de Caparrós, merced a la rácana apuesta futbolística de éste, están condenados a permanecer en zona de nadie. Mediocridad entre medianías. No se aprovechan las ocasiones para dar el salto definitivo a unas posiciones europeas baratas como ningún año.

Así resultó, también, en Málaga. La ruleta que decide las alineaciones actuó y determinó que Iturraspe volvía a la media punta, mientras Ocio, que cuajó días antes su mejor partido desde que viste –con mucha elegancia, eso sí- la elástica rojiblanca, cedía su sitio a favor de un debutante, Ekiza, el 25 de la era Caparrós, un nuevo navarro –otro dato para la reflexión- en nómina de Lezama. Se podría hacer un estudio de debutantes, jugadores de cantera consolidados e, incluso, una relación de los destinos de aquellos a los que se ha dado la alternativa durante las cuatro últimas campañas. Pero no conviene ser cruel en el comienzo de un nuevo año.

El caso es que en tierras andaluzas se repitió lo que ya se conoce fuera de casa. Un encuentro trabado, insufrible, con inconsistencia defensiva, lagunas en la portería, escasas oportunidades y todo fiado a la estrategia.

Ni los petrodólares enderezan el rumbo del Málaga ni el ingeniero Pellegrini parece que pueda restañar las heridas de su orgullo herido por su año de vivencias capitalinas. Y encima, se topan con el Athletic, ramplón, pero enemigo desagradable, tanto para el espectador como para el rival, y basado en algunos de sus pilares claves fabricó de la nada un empate mísero: falta que se cobró Llorente, lanzada por maestría por Gabilondo y transformada por un todoterreno, Javi Martínez, que vuelve a ser el que era.

Seguramente el punto sirva para algunos, justifique los medios. Para otros sólo sirve para constatar un fin de ciclo, un agotamiento en las ideas, para desear que en breve todo cambie y que alguien con capacidad de sacar algo más de jugo a este grupo aterrice por Lezama. Claro que quizá cuando lo haga no pueda disponer de todas las piezas, y entonces será ya demasiado tarde.

Una final de Copa en cuatro años es un balance demasiado pobre para justificar esta travesía en el desierto. Al menos para los que recordamos que la historia del Athletic empezó antes del bienio negro.
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2 comentarios

  1. Han hecho un análisis en la línea que apuntas en un artículo de El Correo, pero no sé por qué me da que Ekiza puede ser otro expediente X (¿o lo será Ocio?)

    Y el remate de Javi, con más que suerte, me pareció a mí.

    Por cierto, el día 10/1, San Gonzalo ;-)

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  2. El artículo de JOL, siempre infumable por subjetivo, lo deja bastante claro: dice que 7 están en el primer equipo.

    Vélez, Susaeta, Muniain, San José, Íñigo Pérez, Aurtenetxe e Iturraspe.

    Que cada uno juzgue, pero las aportaciones de Vélez, Iñigo Pérez e Iturraspe son las que son.

    Aurtentxe se ha lesionado el momento en el que el entrenador empezaba a dudar, y San José es joven, pero venía de fuera y con gran proyección.

    Susaeta no evoluciona como jugador y sus virtudes y defectos son las mismas después de tres temporadas y media.

    De Muniain, mientras siga jugando pegado a banda, no espero que llegue a ser el jugador que creíamos.

    Ya ves Iñaki, seguro que para Caparrós a San Gonzalo no lo santificaron por mi... ;-)

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