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Joaquín Jesús en el país de las maravillas

Despertaron los rojiblancos del sueño. Cualquiera que hubiese visto los últimos seis partidos del Athletic sabría que las menciones a la Champions que hicieron jugadores y, sobre todo, el entrenador eran pura palabrería. El séptimo no hizo sino confirmar las sospechas de los más realistas. El equipo da para lo que da, para ser el tuerto de la liga de los ciegos, que son esos a los que los grandes condenarán, si nada lo remedia, a repartirse las migajas de los ingresos provenientes de la televisión. A ello, a rey de los ciegos, sí presentó candidatura solvente el equipo hasta hace unas jornadas, pero cosechar 4 de 21 puntos ha sembrado dudas. La llegada de los equipos de nivel a San Mamés y la vuelta a las andadas fuera de casa, sin embargo, han devuelto al Athletic a la realidad: su clasificación por entrar en Europa no se conseguirá con un colchón de puntos que exima de sufrimiento a los parroquianos de la calle Felipe Serrate.

Para sorpresa de casi todos, se apostó ayer por intentar tocar y mantener la posesión del balón, por la pausa. Enfrente, un Villarreral con las fuerzas justas se encontró con un partido a pedir de boca. Los castellonenses, seguramente por la ausencia de Toquero, ese jugador que encarna él solo el espíritu del Athletic desmelenado de la era Caparrós, agradecieron la suave puesta de largo de los locales, algo más sueltos en la primera parte, pero lejos de esa superioridad física que han marcado en prácticamente todos los encuentros de casa.

Dar un zarpazo europeo, intentar aferrarse al sueño de la Liga de Campeones, obligaba a doblegar a los de Garrido -¡valiente impresentable!- con otras armas, puesto que en ningún momento se les vio incómodos sobre el terreno. Más bien al contrario, según fueron pasando los minutos, el fútbol intrascendente del Athletic, bien manejado por un Orbaiz que no encontró continuidad en las bandas, se fue desinflando más y más. El gol del submarino amarillo, en la primera aproximación y a balón parado, supuso el mazazo definitivo.

Ahí, a rebufo, como casi siempre, intentó reaccionar el banquillo zurigorri. De nada había servido el descanso para denotar que el planteamiento inicial no era el adecuado, que David López daba la versión más indolente de sí mismo; que de Marcos, ese jugador que entrena como jugador de banda pero al que se alinea como delantero, naufragaba; que Muniain, condenado ad eternum al carril izquierdo, hacía daño en las inmediaciones del área, con libertad de movimientos, pero su fútbol resultaba fútil pegado a la de cal; que Llorente se veía obligado a regatear hasta a tres jugadores rivales cada vez que recibía el balón por falta de apoyos, mientras que observaba con irritación que no se le asistía con ningún esférico rematable. En definitiva, más de lo mismo: santificación de la falta de cintura del técnico, de la invariabilidad del 4-4-2, de la incapacidad de realizar cambios que mejoren al equipo.

Las sustituciones forzosas resultaron en vano. Susaeta no demostró en el campo lo que con tristeza defiende en los micrófonos, Urko Vera no supo ubicarse en el terreno cuando empezaron a llover los gorrazos y la entrada de Gabilondo, más de lateral que de extremo, resultó anecdótica.

Con el partido ya roto, pudo el Athletic empatar. Debió hacerlo. Hubo, incluso, un penalti que el inefable Estrada Fernández no quiso ver. Lo del colegiado da para un análisis a parte. Dio la sensación de venir predispuesto, a frenar al Athletic, teóricamente el equipo duro, y a dejar jugar al Villarreal, el equipo grande. Y de ahí el desequilibrio absoluto. Rigor máximo a cada contacto protagonizado por los rojiblancos, laxitud con cada acometida amarilla y permisividad con las pérdidas de tiempo, para desesperación, incluso, del banquillo local, que sufrió en propia carne ese otro fútbol que suelen defender. Y es que había prisa.

Y las prisas no son buenas. Lo canta Fito Cabrales, pero lo saben hasta en Japón, país que recibió de San Mamés el minuto de silencio solidario que no han recibido otros países que han padecido catástrofes naturales. Así empezó el encuentro, y así acabó, con silencio. Con la constatación de que hay un abismo con respecto a los 4 equipos mejor clasificados, con la sensación de que se pudo hacer más, de que se mereció, al menos, el empate; de que contra los fuertes de la clase hay que dar un plus y que se eligió el día y rival equivocados para practicar la suficiencia futbolística.

Quedan ahora las dudas sobre la capacidad física del equipo, al que no se ve sobrado una vez pasado el mes de enero, periodo en el que los equipos de Caparrós suelen tocar techo. Como dudas empiezan a surgir, también, sobre la continuidad de Joaquín Jesús.

Despertado del sueño Champions el de Utrera, observa como un conejo ataviado con traje muestra nerviosismo mientras consulta su reloj electoral. El conejo blanco parece tener miedo a que Joaquín Jesús acabe tomando el té con un tal Cerezo, en lo que sería una merienda de locos más absurda que la ideada por Lewis Carroll.
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4 comentarios

  1. Aupa Gontzal, ayer no fui al campo, agotado por la matinal ciclista, pero vi el partido por la tele, y hubo tres cosas que me llamaron poderosamente la atención: la cantidad desmedida de fueras de juego en que incurrían los jugadores del Athletic (y eso que no estaba Toquero, que en eso es el mejor), la cantidad de pases malos, malísimos y la cantidad de controles peores.

    Y por lo que le toca al señor entrenador, después de cuatro años, sigue buscando cómo jugar, y sigue diciendo partido tras partido que el equipo de enfrente es muy bueno y está muy bien construido o no se que. Definitivamente creo que está preparando la salidad. Bien, llega la primavera y el futuro se despeja.

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  2. Aupa Txus, así me gusta que pedalees, ahora que yo estoy en el dique seco.

    Lo de los fuera de juego fue lamentable, y denota la incapacidad por hacer las cosas de otra manera cuando no funcionan. Si ves que intentas algo y no sale, que el rival te ha cogido la medida, ¡intenta otra cosa! Pues no. Y si los futbolistas no lo ven, para eso están el del chicle y el del cuaderno. Es un mal endémico. Pasa siempre. Cuando les da por el balonazo, apuestan sólo por eso. Cuando les da por intentar rasear, sólo por eso. Son monotemáticos.

    Lo del entrenador no lo tengo muy claro. Ahora parece que se deja seducir por Cerezo y Gil, él sabrá dónde se mete, aunque quizá sea una manera de meter prisa a un Macua al que se le nota nervioso.

    Por cierto, trabajo extra para un Arrinda que, dicen, va a cerrar en breve la renovación de Ocio. Estoy por ir al despacho del amigo Gorka y pedirle que me represente. Lo menos me hacen sitio en la primera plantilla, aunque sea con ficha del filial. Ando fino, y no me importaría firmar por 4 añitos. En la ficha, seguro que nos ponemos de acuerdo. Está feo hablar de pasta.

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  3. Te veo de tocarla. No sé si tendrás sitio con JJ

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  4. La verdad es que una vez que sacas tu lado más acido para la crónica, confieso que prefiero ver a la bella Alicia en portada que a Iniesta en paños menores.

    Tras la explosión física de enero, es verdad que el equipo más bajo físicamente. Espero sin embargo que volvamos a tener otro pico final, al fin y al cabo, la acumulación de partidos es escasa, y ello coincidiendo con un final de calendario tan asequible, nos lleve a la Europa League.

    Mi experiencia futbolística con Gontzal es la de un jugador muy al estilo Puyol, rápido, concentradísimo y un líder sobre el cesped. ¡¡¡Arrinda fíchalo!!!

    Por ciert

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