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El embudo de García contra el silencio de Urrutia

Despejada ya la duda de quién ocupará el banquillo en caso de ganar García Macua, la candidatura del abogado ha decidido pasar al ataque tras una primera semana de campaña tediosa y una precampaña caracterizada por los reproches de los salientes a Urrutia.

No sale bien parado García Macua de un análisis detallado. Su apuesta por Caparrós ha sembrado dudas y la relación entre el posible presidente y el entrenador no pueden atravesar su mejor momento puesto que ambos han jugado con cartas marcadas. Las de Caparrós con el escudo del Atlético de Madrid y la de Macua, nuevamente con Arrinda de por medio, con el nombre del tal Claude Puel. Así, cuando el utrerano estaba más fuera que dentro, y tras verse alejado del Manzanares, metió presión vía prensa. Las encuestas electorales hicieron el resto, es decir, acongojar a Macua ante el desgaste que pudiera suponerle apuñalar a su otrora amigo Joaquín Jesús. La decisión ha dejado cicatrices, principalmente en Juan Manuel Delgado y Fermín Palomar, abiertamente reacios a que Caparrós continuase, o en los nuevos adalides deportivos de Macua, como Carlos Ruiz, que daban por concluido el ciclo y propugnaban el cambio.

El peaje pagado por el técnico tampoco es pequeño. Firma por un año, escandalosamente bien pagado, pero con la condición de que el objetivo sea la clasificación para la Champions. Una quimera, electoralismo barato. Aliviado por tener acomodo en un banquillo, Joaquín Jesús volvió ayer por Bilbao, chándal y chicle en mano, para tirar de ese populismo tan suyo. Y es que al bueno del andaluz lo mismo le da afirmar que le hierve la sangre rojiblanca cuando aún no sabe dónde está Lezama, que asegurar que cambiará de forma de jugar por contar, ahora, con Ander Herrera. Ver para creer. Aunque si este era el peaje que había que pagar por desterrar el horror futbolístico de San Mamés, son perdonables hasta las sospechosas intervenciones de Arrinda en la llegada del hijo de Herrerita. Nótese, por favor, la ironía.

Y lanzado anda, también, Don Fernando, ese señor de prominentes patillas que se empeñan en disfrazar de buen gestor. Aprovechando la época estival y la cercanía del 1 de julio, propugna la llegada de las rebajas al Athletic. Si sale elegido, ahora sí, se congelarán las cuotas, no se pagará por las previas de la UEFA, San Mames Barria pasará a ser Barria eta Merkea, existirá economía para poder acometer fichajes y el listón deportivo subirá hasta fijarlo en tener que escuchar el We are the Champions el próximo año en la Catedral.

Por si fuera poco, fiel a su inexistente estilo, se dedica a cargar y descalificar a la plancha contraria. Según él, han recogido menos firmas de las que se propusieron, llevan un entrenador con ficha fuera de mercado, desconocen la gestión deportiva de alto nivel y encarnan ese Athletic de gestión desastrosa, que arraiga en las gestiones de los Arrate, Lamikiz o Urquijo, lo que él llama las caras de siempre.

Miente, como siempre, el Sr. García. ¿Qué pasado directivo tienen las personas que rodean a Urrutia?. Ninguno. ¿Y la junta que él encabeza? Para un observador imparcial resulta inevitable no relacionar con juntas pasadas a Fermín Palomar (desde la era Arrate), Juan Manuel Delgado (desde la era Lamikiz) o a Juan Pedro Guzmán (que fue directivo con Aurtenetxe y Uria, y aspirante a presidencia, además de hermano del vicepresidente de la era Arrate, Domingo Guzmán, que ahora apoya a Macua).

La ley del embudo de García se aplica, además, sin el más mínimo rubor. Si a Julen Guerrero, con justicia, se le desacreditó por apoyar a un candidato siendo empleado del Club, poco le ha importado a Macua utilizar a Delgado e Irureta (hasta hoy con contrato en vigor) en apoyo de su candidatura.

Lo cierto es que la polarización en el Athletic existe y estas elecciones lo seguirán dejando fragmentado. Si ganase Urrutia, el conglomerado que apoya a Macua, con importantes intereses económicos y mediáticos detrás, marcarán al lekeitiarra desde el primer minuto, como ya hicieran con Lamikiz.

Pero la victoria del antiguo capitán requiere de una campaña de mayor peso, más valiente. Puede entenderse no querer entrar en el circo de los debates, esa modalidad de exposición de ideas que sólo generan crispación. Pero el mensaje de Josu debe apoyarse en ideas concretas, en algo más que hablar de estilo Athletic o de algo tan subjetivo e intangible como el sentimiento. Y debe cuidarse muy mucho de no caer en trampas. Si opta por la generalización resultan incomprensibles los halagos a Arrate o sembrar dudas sobre el pago del contrato de Ochoa.

Inspira confianza Urrutia, principalmente por tener mucho más que perder que ganar con el paso dado. Pero hay mucho socio indeciso al que no se moviliza para votar sólo por pretender sentar a Bielsa en el banquillo o por rodearse de antiguos futbolistas.
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