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Y tu nombre, flotando en el adios ...

Conmoción, incredulidad, estupor.

Pongámosle el adjetivo que queramos. Todos molan para definir el impacto que ha producido en la sociedad argentina el descenso de River Plate. Y digo en la sociedad en su conjunto, porque el hecho, inédito, ha excedido largamente el ámbito del fútbol, ha dejado de ser una noticia circunscripta a la cobertura deportiva. Esta debacle, recogida y propagada por los jornales de todo el mundo, a pesar de anunciada, aún nos llena de un asombro no exento de incredulidad … y ha estallado con la fuerza de una bomba de varios megatones.

Haciendo un racconto de los hechos que terminaron con la pérdida de la categoría de River Plate, uno de los tres equipos argentinos junto a Boca Juniors e Independiente que jamás habían jugado en otra divisional que no fuese la primera, tendremos que retroceder inexorablemente hasta la presidencia de José María Aguilar, abogado personal de Julio Grondona y hoy por hoy, ocupando un cargo en la F.I.F.A. merced a los buenos oficios del mandamás del fútbol argentino.

José María Aguilar es –o al menos lo era hace 10 años- un hombre de salidas ingeniosas y muy ocurrentes frente a la prensa, que denotaban una gran sagacidad, un manejo perfecto de la ironía, pero al que siempre le encontré –y esto va de mío- una carga importante de cinismo y de soberbia. Su gestión -de las peores que recuerde ese gran club que es River Plate, sino la peor de todas- coincidió con la época más pródiga en títulos internacionales del otro coloso del balompié argentino: Boca Juniors. Cuando se le preguntaba sobre cada nueva Copa Libertadores que ganaban los “xeneizes”, en vez de responder como responden los hombres de honor -es decir- con un simple: “los felicito … ¿qué más quieren que les diga?”… optaba por minimizar esos logros y decir cosas que ni él mismo podía fumarse, como por ejemplo: “cada uno busca la gloria como mejor le conviene y para River Plate es más importante ser campeón argentino, que ser campeón de América o del mundo”… es como pretender que al Celtic le ha dado más gloria y prestigio sus ligas escocesas que se reparten con el Rangers, que el título de Lisboa en 1967 ganando la entonces Copa de Campeones de Europa al Inter de Milán en lo que es –hasta hoy- la primera y única vez que un equipo escocés ha ganado la “orejona”. En este detalle mínimo si prefieren… en esta falta de grandeza y de humildad, me di cuenta de que al abogado de las frases hilarantes y el sarcasmo a flor de labios le quedaba grande dirigir los destinos de un club enorme como River Plate. Enorme en historia, en glorias, en predicamento. En tanto hincha de Boca hasta el tuétano, se lo decía a mis amigos riverplatenses y pensaban que era una cuestión “de colores” mi crítica. Nada más lejos de mi juicio. Me jacto de amar a Boca Juniors, pero no de odiar a River y créanme que no me alegra este momento que les toca vivir y del que pronto saldrán.

Su gente y su historia no se lo merecen.

En medio de escándalos, denuncias en lo económico y pésimas campañas en lo deportivo, entre las que podemos contar un inédito último puesto en 2008 conducidos por el “Cholo” Simeone y algunas miserias propias de una gestión nefasta –como la de pintar las tribunas del Estadio Monumental, a cambio del porcentaje de algunas promesas del club- luego de 8 años y dos mandatos, deja el club en un estado deplorable. Su nombre hoy es sinónimo de mala palabra en los alrededores de Núñez y Belgrano. Luego comienza la era Passarella, ícono como jugador y primer argentino en levantar la Copa FIFA en un mundial, que a pesar de ser un evento que muchos en este país preferimos olvidar, porque formó parte de la propaganda de distracción del régimen más sangriento y más abyecto que tuvimos … y tratando de poner un manto de piedad sobre nuestra noche más oscura, fue la coronación de lo que el futbol argentino buscaba desde el génesis y que nuestra riquísima historia futbolera reclamaba.

Passarella gana una reñidísima elección que se definió por solo 6 votos a su favor. En su campaña prometió una auditoría contable seria, e ir “hasta el hueso “ y que vaya preso el que tenga que ir preso. “Conmigo se acabó la joda” … Nada de eso ocurrió.

Tampoco pudo contratar jugadores que estuviesen a la altura del momento. No logró seducir a inversionistas. Creyó que –como cuando jugaba- su sola presencia bastaría para manejar la situación e hizo una pésima lectura del problema que -a estas alturas- ya era un piano cayendo desde un piso 22.

Pecó de autoritario y de soberbio también él. Con su estilo dictatorial, no oyó ni a propios ni a extraños y para este último campeonato, en el que River Plate jugaba el legítimo prestigio conseguido en 110 años de rica historia, solo reforzó al plantel con un joven que venía de San Lorenzo, donde ni suplente era: Fabián Bordagaray. Esa fue la única incorporación de River Plate para el semestre más crucial de su existencia.

Hoy asistimos a la pérdida de la categoría de un gigante. Debería estar alegre en mi condición de “bostero” y sin embargo no lo estoy. Me ha dado mucha pena ver ayer el caos que han generado esos imbéciles que se dicen hinchas de River y que han destrozado las instalaciones del club. Las imágenes que hoy por la mañana entregaban las cámaras de TV, mostraban un barrio arrasado, vidrios rotos, comercios saqueados, un club –uno de los más grandes de América- destrozado.

River es una ciudad donde trabajan miles de personas que son a su vez el sostén de sus hogares y partía el alma verlos llegar hoy a su lugar habitual de trabajo y encontrarlo todo destruido … ¿saben? A mis 52 años me da muchísima tristeza ver a un hombre llorar y también me da muchísima rabia.

“River Plate tu grato nombre, derrotado o vencedor” como dice su himno, volverá pronto al lugar donde debe estar. Yo no quiero jugar los campeonatos sin enfrentarlos.

Boca y River se necesitan mutuamente, se completan, son el factótum del fútbol nacional, dicho esto con muchísimo respeto por otras grandes... grandísimas instituciones (salud Velez Sarsfield! dignísimo campeón y club ejemplo a seguir por todos) pero deberá aprender de estos últimos años de errores, deberá desinfectarse de una barra brava enquistada en el club como pocas y violenta como casi ninguna… y deberán dejar la soberbia ancestral de lado y toda esa cantinela del “paladar negro” (paladar negro tienen los perros).
“La humildad es condición de los grandes” dicen … y dudo realmente de la grandeza de aquellos que se la pasan diciendo continuamente “somos los más grandes … lejos”. No hace falta repetírtelo si realmente lo sos … a menos que te quieras autoconvencer.

River, los días de gloria volverán pronto. Sin vos en Primera el fútbol no es lo mismo.

Te estamos esperando. (para ganarte, como es habitual)

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3 comentarios

  1. Excelente nota, coincido plenamente. Nunca entendi tanta soberbia, y era logico que tarde o temprano, todo salga a la luz. Pero lo que menos puedo entender, es que SIGUEN SIENDO SOBERBIOS, no admiten sus errores y le echan la culpa a todo el mundo, pero claro, ellos no hicieron nada !!!!! Siguen diciendo que son LOS MAS GRANDES...LEJOS, tambien coincido, ahora si son los mas grandes...DE LA B !!!!!!!
    Patricia

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  2. Una nota magnífica Héctor. Con sentimiento y objetividad.
    La grandeza no tiene que ver con una posición en una tabla o con una mención en un cuadro de honor o una vitrina llena de copas. Tiene más que ver con el respeto, el sacrificio, la humildad, la memoria, el amor... A River le faltó eso, empezando desde sus últimos presidentes. De ahí para abajo. A la grandeza no se acerca uno con bravuconadas y arrogancias. Habrá que empezar de nuevo entendiendo de qué se trata éste juego. Increíblemente muchos iconos boquenses han demostrado más cariño y respeto por River que los propios riverplatenses, los que rompieron el club, los que arrasaron el barrio, los que amenazaron al árbitro y a los jugadores. LOS QUE CAUSARON LA CLAUSURA DEL ESTADIO, probablemente por todo el torneo nacional, y los que exponen al club a una sanción, a un descuento de puntos que podría hacer imposible la chance del ascenso en este torneo. ¿Tocó fondo River? Siempre se puede estar peor.
    Hugo

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  3. Gracias Hugo.
    Viniendo de un riverplatense como vos, tiene doble valor tu concepto.
    Es que más allá de colores, es muy fácil coincidir cuando hay respeto y masa gris. River Plate volverá al destino de grandeza del cual se apartó solo momentaneamente. (y cuando digo se apartó, no me refiero a jugar en otra categoría ... sino a los sucesos que recorren el mundo y que no tienen NADA QUE VER CON SU HISTORIA)
    ¿Sabrían los que rompieron el club, que estaban destrozando el club de Di Stefano, de Sívori, de Amadeo?
    Hara falta gente que quiera el bien del club. Solo eso, pués el resto lo tiene con creces.
    Un placer que estemos en contacto!

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