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Un inicio preocupante

Era el bautismo de Bielsa en Liga, más que esperado después de demasiado tiempo sin fútbol, entre el largo verano, los caprichos de la UEFA y la tropelía de huelga organizada por los futbolistas para beneficio de la patronal.

San Mamés acudió en masa, a pesar de la impresentable hora, en pleno verano, con un calor que no ayudaba a pasar de la mejor forma los lógicos desmanes por la Aste Nagusia, y un exceso de luz que casi obligaba a ver el fútbol con gafas de sol.

Se aguardaba poder constatar lo bueno que el partido contra el Trambzospor dejó en la retina de los más habituales y que el equipo hubiese ganado en el lapso de los diez días entre ambos encuentros aquello de lo que adoleció: ritmo, chispa y velocidad. Sin embargo la esperanza se tornó en preocupación. Poco de lo bueno y demasiado de lo que no debe ser.

El intento de jugar desde atrás fue fácilmente tamponado por el Rayo obligó a Iraizoz a mostrar sus carencias con el pie, y contribuyó a poner nerviosos a los dos centrales, además de denotar que ni Javi Martínez es el hombre del centro del campo llamado a sacar el balón -para eso había Ander por partida doble- ni Gurpegi puede ser titular en el lateral derecho más allá de una solución de emergencia.

Con esas, el Athletic tardó más de media hora en trenzar jugada, contribuyendo a que los de Vallecas se adueñaran del partido, de la posesión y de las ocasiones. Iturraspe y Herrera, desaparecidos, fueron incapaces de liderar la circulación de balón por el centro ni de buscar oxígeno en unas bandas que no existían. Voluntarioso e inane Susaeta, Muniain no entró en juego para revolucionar el encuentro hasta que abandono el ala zurda para recibir por dentro.

Movilla, que es al fútbol lo que un veterano del Vietnam a los conflictos bélicos, se bastaba para marcar el tempo (y hasta un gol) a un Rayo que manejó el partido, la parcela ancha y las jugadas a la contra.

El reposicionado Muniain tuvo que ser el que reanimara el cotarro, metiendo a sus compañeros, a la grada -atestada por una mezcla de tipos con resaca, otros con ganas de silbar y otros aferrados a lo más mínimo para ser optimistas-, en el partido. Los mejores minutos llegaban antes del ayer inoportuno descaso, pero tras la reanudación siguieron siendo buenos y llegó la jugada del partido, la que marca la nueva era, de tiralíneas, filosofía Bielsa, balón al piso, e Iturraspe, la apuesta de Marcelo Alberto, marcó su gol, su golazo. Lo más difícil estaba hecho, pero el Athletic, plagado de jugadores que aspiran, o deben aspirar, a mantener la posesión, se volvió loco, quien sabe si por agradar en ese aspecto a su técnico.

La defensa, que presentaba de todo menos solvencia, falló en su eje, con un Amorebieta que calculó mal el salto y acompañado de un desacertado San José fabricaron una jugada de gol, recordando ambos a la zaga de hace un lustro. No solo no murió ahí el partido para el Athletic, sino que pudo ser peor de no remediarlo Iraizoz, que estuvo más que solvente en ambas mitades.

Llega ahora, de nuevo, un parón liguero en el que el entrenador tiempo tendrá de reflexionar. Debe recuperar a un Llorente desaparecido, que no se encuentra en el actual esquema de juego; hay que trabajar la velocidad, con y sin balón; y tiene que meditar sobre la apuesta de las bandas. Sus admirados Susaeta y Gabilondo fallan a las primeras de cambio, de Marcos sufre en partidos oficiales como lateral izquierdo e Iraola demostró que la banda derecha tiene marca registrada.

Muchas incógnitas y carencias para el equipo. Tiempo hay para remediarlo, esperemos que también paciencia. De momento, para los más desmemoriados, para los reminiscentes del pasado, cabe recordar que Caparrós debutó con un empate en casa contra Osasuna, y que de no mediar la paciencia de Macua, hubiese acabado cesado en su primera y segunda campaña. A favor de Bielsa están las lecturas de los partidos, sinceras, sin buscar excusas, y la capacidad de reacción ante los errores de planteamiento. No es poco.

Otro de los malos sabores de boca lo dejó ver a los periodistas radiofónicos vizcainos a las puertas de San Mamés sin poder entrar al campo. Al margen de que es razonable que quienes sacan un rendimiento económico por las transmisiones deban pagar por los derechos, ver al Athletic alineado con los postulados de la LFP, siguiendo al dedillo los dictados de ese ente de nefastos gestores que encabeza el lamentable Astiazaran, llama la atención. ¿No habíamos quedado en que no sólo importa el fondo sino también las formas?

Ver a los Jose Iragorri, Guillermo Estecha, Alberto Negro, Iván Martín, Gorka Acitores y compañía no poder acceder a San Mamés no parece que esté muy alineado con el cacareado gure estiloa.

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Un debut demasiado frío


No parece que le acompañe la suerte al equipo de Bielsa en el inicio de andadura. Desde el resultado del sorteo, pasando por la caprichosa aplicación de esas normas UEFA escritas en la letra pequeña del reglamento que casi nadie lee, hasta llegar a la falta de puntería en el partido de ayer.

Había expectación, seguramente demasiada, por ver el resultado del trabajo del argentino, del cambio radical de filosofía de juego que conlleva su llegada al banquillo. Y las intenciones se vieron desde el inicio, con órdenes claras de rasear el balón ejecutadas con disciplina por el equipo. A las primeras de cambio llegaron las oportunidades, con un Llorente que empezaba a fallar desde el minuto inicial. Lo que comenzó como un choque con bastante electricidad acabó por apagarse en el momento en el que para el minuto 6 el rival se quedaba con uno menos por coz de Yilmaz a Muniain.

Lo que suele ser una decisión arbitral que pone los colmillos largos terminó por convertirse en un problema. El Trabzonspor, consciente de la importancia de no encajar goles, reforzó más aún su sistema defensivo, apilando jugadores en los últimos 30 metros, lo que dificultó que el Athletic, que tocaba y tocaba, con y sin sentido, encontrase huecos.

La apuesta de Bielsa parece clara, en esquema y en jugadores. Le gustan Gabilondo, Iturraspe y Susaeta, pero todos ellos le fallaron. Y parece valiente y fiel a sus principios el rosarino. No dudó en alinear a de Marcos cuando se daba por hecho que el lateral izquierdo sería para Aurtenetxe.

La primera mitad discurrió con constantes circulaciones de balón, por momentos, los menos, con juego brillante, y el resto con un juego cadencioso al que sobraban toques y faltaban movimientos. Queda la duda de si la falta de velocidad será por la falta de rodaje propio del arranque de temporada, algo más inherente al equipo o a que no ha discurrido aún el tiempo necesario para transicionar de cuatro años de fútbol directo e hiperactivo a un juego más pausado y de toque.

Con todo, y a pesar de no funcionar demasiado bien, el Athletic pudo y debió marcar antes del descanso, pero Llorente, metido ahora a multimillonario sindicalista que organiza huelgas en primera fila, no tenía su día.
La segunda parte arrancó con cambio radical de sistema, pasando del de Marcelo Alberto al de Joaquín Jesús, de un 4-3-2-1 a un 4-4-2 puro, pero el resultado práctico fue similar. El equipo jugó algo menos por dentro, tiró más de bandas, y se crearon ocasiones, pero ni Llorente tenía estrella ni Susaeta quiso demostrar algo que justifique su titularidad. Afortunadamente, el mal fario también acompañó a los turcos, que renunciando a todo, pudieron llevarse una buena renta de haber aprovechado alguna de las tres ocasiones más que claras de las que dispusieron. Amorebieta y San José, que cuajaron un partido aseado, quedaron en evidencia en dos de las jugadas.

A medida que el reloj se acercaba al minuto 90 el Athletic iba diluyéndose. Por falta de ideas, por el peso en el ánimo de las ocasiones marradas y por el lógico bajón físico. Muniain, por momentos desesperado, y un prometedor Herrera demostraron un talento proporcional a su personalidad y que se entienden bien, sea en el campo, fuera de él y hasta en las redes sociales. Seguramente esa conexión sea lo más esperanzador de este equipo.

Para la próxima semana, en el infierno turco, preocupan demasiadas cosas. La falta de oficio europeo, que está pendiente la asimilación del sistema de juego, la ausencia de velocidad o la preocupante falta de acierto rematador.

El destino ha sido exigente con el primer proyecto de Urrutia. Como si un alumno de primer curso tuviese que afrontar un examen en Convocatoria de Gracia, frente a un tribunal en el que los vengadores justicieros de Caparrós y los macuistas salientes esperan, con ansiedad, el menor tropiezo para poner la nota que desean: insuficiente.

Por último, confiemos, también, en que los turcos no calienten el partido más allá de lo necesario. Las expulsiones de su máximo goleador y de su entrenador no presagian nada bueno. Y la extraña protesta de Günes en rueda de prensa, tras visitar el museo Guggenheim y ver un vídeo sobre los kurdos, invitan a pensar en que podemos encontrarnos en la antesala de una polémica artificial destinada a sacar rédito deportivo. Al tiempo.