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Un punto muy trabajado

Gijón representaba otro examen para el Athletic de Bielsa, que llegaba con escasas horas de descanso tras el partido contra el Atlético y demasiados futbolistas entre algodones. El vetusto Molinón, con mejor aspecto tras un proceso de lifting que le ha quitado años en su presentación externa, recibió a los vizcainos con espectación y con una más que aceptable entrada a una hora más propia de Misa Mayor, y en pleno puente. No falló, tampoco, la afición del Athletic.

El ambiente y la meteorología eran perfectas para la práctica del fútbol, no así el estado del terreno de juego, impropio para la disputa de uno de esos duelos norteños, que denominan los cronistas más veteranos, recordando el verde gijonés al del Romano de Mérida.

No disponía Bielsa para el embite de un excesivo abanico de posibilidades, por lo que decidió tirar de los que descerrajaron al Atlético, con la variante de Muniain por Toquero, y en igual disposición, con Ander Iturraspe de mediocentro y su tocayo Herrera, junto con de Marcos, haciendo de enlaces con Llorente. 

Enfrente, Preciado, que no regala elogios gratuitamente, demostró que su consideración al Athletic no es solo ante los micrófonos y planteó el encuentro como se hace ante los grandes: un equipo revolucionado y luchador, que cedía la inciativa del juego y la posesión del balón a los rojiblancos para buscar las contras.
No le salió mal al de Astillero. El peligro lo llevó durante prácticamente todo el encuentro el cuadro gijonés, con un Barral omnipresente.

Sufrió el Athletic. Lejos de ser el equipo fresco y rápido, letal, que se viera frente a los colchoneros no supo convertir en peligro la inusual posesión de esférico de que dispuso. No consiguió hilvanar, controlar, ni acertar en los pases. Iturraspe falló en la distribución, Muniain condujo de manera equivocada y tampoco funcionó la banda derecha, con un Iraola ausente y un desacertadísimo Susaeta –a pesar de marcar el gol- que vieron, además, mermada su contundencia por sendas tarjetas amarillas mostradas por un árbitro, el palentino González González, que se dejó llevar por la presión del público local para perpetrar un arbitraje de lo más casero que se pueda recordar.

La poca llegada del Athletic al área rival contrastó con la verticalidad gijonesa, con un Barral que acabó soñando con Iraizoz, que por fin aportó al equipo una actuación digna que compensa la pérdida de puntos de partidos anteriores.

Bielsa, poco dado a los paños calientes, aprovechó las molestias de Ekiza en el descanso para aplicar, una vez más, el bisturí al planteamiento. Fruto de la versatilidad que lleva persiguiendo pudo recomponer el equipo sustituyendo un central por un delantero. Los movimientos, que hubiesen sido inverosímiles en el pasado, mantuvieron el dibujo, pero hicieron central a Aurtenetxe, algo conocido para él, lateral zurdo a de Marcos, interior en la misma banda a Susaeta y extremo derecho a Toquero. En ese aspecto, el rosarino ha conseguido convertir la plantilla en una navaja suiza.

Tuvo algo más de cuajo el equipo tras la reanudación. Pero era evidente que faltaba pegada. Muniain, desaparecido, dio el relevo a David López, al que el técnico sigue viendo como jugador alejado de la banda. La entrada del riojano demostró que los problemas de esta campaña con la estrategia son de nombres. Si Susaeta, hasta ese momento, había dejado ejemplos claros de cómo no se deben lanzar faltas y córneres, López le puso a Toquero el balón en la txapela y el alavés, al igual que contra el Atlético, dio buena cuenta del centro tocándolo para que Susaeta rematara sin oposición. Se adelantaba el Athletic, quizá con escaso merecimiento, pero ya se sabe que la justicia en el fútbol es un concepto inexistente. Como en la Audiencia Nacional, para entendernos.

La coyuntural ventaja en el marcador aceleró el resto de cambios en uno y otro equipo. Los que ayer vestían de negro vieron retirarse a Llorente, desacertado y muy tocado, para que el equipo cogiese aire con Ibai. Pero no parecía el día. A pesar del criterio de Herrera para repartir el balón, no hubo ni huecos ni llegada. El Sporting, que no renunciaba a buscar la contra, empató en una jugada de fortuna, tras un lanzamiento lejano que golpeó en Barral para desviar completamente la trayectoria del esférico.

La grada, enfervorizada a partir de ese instante, animo a los suyos que bien pudieron haber salvado dos puntos más si Iraizoz no hubiese sacado una buena mano a un archiprotagonista Barral al que el colegiado consintió toda suerte de protestas y faltas.

No cierra mal el Athletic el mes de octubre, pero se antoja un noviembre complicado. De entrada, el próximo jueves en Salzburgo donde habrá, seguramente, oportunidad de ver novedades obligadas en el once y en la convocatoria. Marcelo Alberto tendrá doble ración de caldo de rotación. Y el domingo un examen complicado, el Barça, que desterró la crisis que desde Madrid le achacaban endosándole una goleada a Caparrós con un Messi que sigue asustando.

El debate en Bizkaia se centra, ahora, en conocer por qué en la enfermería de Lezama se ha colgado el cartel que Urrutia querrá para las taquillas. El de No hay entradas. Algunos dicen que es por la falta de refresco, otros que por el calendario, hay quienes aluden a la mala suerte y los hay que miran hacia Bonini. Seguramente, como todo en la vida, todos y ninguno tengan la razón.
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1 comentario

  1. Por cierto. No me molesté en ver ni La Sexta, ni Cuatro. Tampoco soy seguidor de esa barra de bar que televisan y denominan Punto Pelota.

    Imagino que quiénes se rasgaban las vestiduras jueves y viernes por los gritos de la panda de descerebrados que ocupan la preferencia Norte de San Mamés nada habrán afirmado de algunos gritos escuchados en El Molinón. Esos serán, seguramente, fruto de la normalidad que nos venden.

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Aldez aurretik, eskerrik asko. Gracias por anticipado.