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Empate caparrosiano


Como si tuviese el don de la ubicuidad, dio la sensación en Mallorca de que Joaquín Jesús ocupó ambos banquillos, porque el Athletic disputó, seguramente, el encuentro más alejado del libreto de su actual técnico en lo que va de temporada. Impreciso con el balón en corto, con problemas para sacarlo jugado desde atrás y con una inmovilidad impropia de los futbolistas alineados, los rojiblancos se perdieron ante el planteamiento defensivo del Mallorca, llegando a abusar del pelotazo como hace no demasiados meses, y con el agravante de que Llorente y su cartílago se habían quedado en Bizkaia.

En el encuentro del morbo, ese que muchos aguardaban con ganas de presenciar un repaso de uno de los entrenadores a otro, el Athletic salió dormido y para cuando se estiró y se retiró las legañas iba por detrás en el marcador. Fueron sólo dos minutos, pero suficientes para presenciar una mayor agresividad y presión del Mallorca que permitió a Amorebieta perder un balón en un sencillo pase a banda y fallar en un despeje dentro del área en la jugada que sucedió a su mala entrega a Aurtenetxe.

A partir de ahí el Athletic se nubló. Ni le salía lo que intentaba, ni sus individualidades, léase Muniain o Herrera, carburaban. Los bulliciosos, de Marcos y Susaeta, tuvieron un día más silencioso que los de Harpo Marx de resaca y Toquero, jugador que nunca se esconde, evidenció una vez más que si bien es delantero sus cualidades no son las propias de un nueve, sea titular o suplente.

Con el partido trabado, con un Mallorca que sólo buscaba el error de los rojiblancos para montar la contra, el encuentro discurrió en la intrascendencia futbolística más absoluta, en la nada deportiva, en un espectáculo indigno por el que pagar. Sin ocasiones ni jugadas reseñables, la receta del Mallorca se impuso y maniató a un Athletic mal dirigido por Iturraspe que tuvo en Amorebieta al jugador más activo en el intento de jugar el balón.

Las cautelas que llevaron a Bielsa a plantear un dibujo táctico calcado al de Sevilla fue excesivo para enfrentarse a la inexistente ambición ofensiva del moroso equipo balear, por lo que a pesar de haber conseguido el empate en un buen remate de delantero centro de un Amorebieta que se reconciliaba consigo mismo tras su fallo, el rosarino volvió a sacar rápido el bisturí para intentar aplicar un baipás.

Gabilondo reemplazó a un desacertado Aurtenetxe e Iturraspe recibió un toque de atención con su relevo por Iñigo Pérez. No es que los cambios aportasen excesiva movilidad, pero la segunda parte fue más cómoda para un Athletic que, aún así, siguió con los mismos problemas: falta de ideas y fallos constantes en los pases, largos y cortos.

Todo olía a empate hasta que a eso del minuto ochenta el partido se rompió. Un par de intervenciones de Iraizoz pusieron algo de pimienta y en la réplica a punto estuvo el Athletic, por medio de un nuevo remate de Amorebieta sacado bajo palos, de llevarse el encuentro. Hubiese sido injusto, seguramente, que ninguno de los dos equipos hubiese atesorado algo más que el mísero empate al que su juego les condenaba. Y excesivo, también, que Amorebieta, inédito en la tabla de transformadores tras más de cienta sesenta partidos en primera, hubiese transformado dos goles.

Sigue el Athletic en una buena línea de resultados, todavía, pero en los últimos partidos disputados está mostrando un nivel de juego inferior, menos atractivo, fluido, agresivo, y con llegadas y posesión que no se traducen en ocasiones de gol. En lo cuantitativo, además, urge empezar a sumar de tres en tres puntos antes de que se produzca allá por navidad el clásico corte en la clasificación. El calendario pinta propicio con dos enfrentamientos en casa ante un Racing y un Zaragoza que parecen material de desguace.
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