+ 4

Toquero y Teixeira aportaron más que Llorente

Importantísimo triunfo el del Athletic, por el valor de los puntos, el del goal-average y por la inyección de autoestima en un equipo que va cobrando consciencia de su potencial en una liga mediana. Salió decidido a por un Atlético timorato de inicio, aquejado por otra de esas incompresibles crisis en las que los del Manzanares tienen la costumbre, ellos solos, de buclearse.

Planteó Caparrós un partido basado en su once y esquema más habitual. El equipo respondió, serio, intentando controlar el balón y llegar al área de de Gea. Tuvieron ocasiones, principalmente un tiro de un Javi Martínez recuperadísimo y un cabezazo de Toquero, al que se le resistía injustamente el gol.

Poco a poco fue entrando el Atlético en el partido y el dominio de los vizcaínos fue a menos. Tuvieron los colchoneros sus opciones, al fin y al cabo Forlan y Agüero se le dan especialmente mal a los defensas zurigorris, y cuando más cuesta abajo estaba el encuentro apareció en inefable Teixera Vitienes. En un forcejeo entre Perea y Llorente decretaba pena máxima y mostraba una incomprensible roja al central colchonero.

Como no suele convenir celebrar los goles antes de tiempo, ningún aficionado del Athletic lo hizo, padecedores del vía crucis desde la marcha de Larrazabal. Menos aún al ver que Llorente, tras bronca con David López y Muniain, se empeñaba en intentar transformar el penalti, algo para lo que ha dado claras señas de no estar demasiado preparado.

Fuese por el afán de agradar a del Bosque, que estaba en el palco, o por dar argumentos a Mourinho y Florentino para que se decidan a ejecutar la cláusula de rescisión del contrato que le une a Ibaigane, la cosa es que volvió a marrar desde los once metros enviando a la izquierda de la portería.

Ahí se envalentonó el Atlético y se volvió loco el encuentro. Tuvo Forlán la oportunidad de adelantar a su equipo y fallo cuando nadie lo esperaba. La réplica llegó por parte del Athletic, tras abrir un muy participativo Muniain a Iraola y centrar éste para que rematase Toquero. Falta le hacía al de Valdegobía marcar ahora que ha podido recuperar la forma. Ambas cosas las necesita para justificar su titularidad y en el Calderón cumplió el papel de delantero de primera que se le exige.

La segunda parte pudo variar si Llorente hubiese enviado entre palos un gran centro de Koikili pero también si el Atlético hubiese acertado en alguna de las ocasiones que se produjeron hasta que el entrenador de Utrera decidió dar entrada a Orbaiz por Gurpegi. Con el iruñarra en el campo, el Athletic ganó aplomo y ya con el segundo de la tarde, obra de Toquero a pase de Iraola otra vez, poco se sufrió.

Las actuaciones, en general, fueron serias en todas las líneas, con San José solvente y Ekiza muy asentado, Martínez inconmensurable, Orbaiz en su papel e Iraola y Koikili –a pesar de algunos fallos en la primera mitad- generosos en ataque y concentrados en defensa. No falló, tampoco, Iraizoz, que estuvo acertado cuando tuvo que actuar.

Entró Iturraspe, en otra decisión extraña, con la encomienda de retener y conducir el balón, algo que hizo con luces y sombras. También participó de algún minuto Susaeta, en sustitución de un Muniain muy enchufado aunque alejado del área rival, pero el de Eibar parece empeñado en ir desapareciendo de las alineaciones. No da razones para justificar que se le den minutos.

Ahora toca certificar contra el Sporting que la búsqueda de la plaza europea es seria, para lo que no valen tropiezos. Tiempo habrá esta semana para comentar la supuesta llegada de Ander Herrera, de si el fichaje –de confirmarse, el segundo más caro de la historia del Athletic- está sólo relacionado con las elecciones o también con la marcha de Llorente hacia Chamartín, algo que empieza a sonar a pesadilla en el entorno del Club.

+ 3

En zona obligada

Era uno de esos partidos de victoria obligada en los que el Athletic, tradicionalmente, suele tropezar pero en el que todo salió a pedir de boca. Jugado en lunes, ese ridículo día para disputar un partido de fútbol, y que no es sino una muestra del modelo que de la mano de los florentinos de turno se nos avecina. Los partidos de los domingos a las cinco empiezan ya a ser una rara avis.

Salió el Athletic a por el partido de inicio, sin dar respiro a un Hércules que marca a las claras el nivel de esta demacrada liga y que sirvió para que la autoestima de la familia rojiblanca empiece a situarse donde debe, en niveles europeos en lo clasificatorio, y con un juego más que decente a ratos, para ir desterrando la cultura del patapum para arriba como costumbre y no como recurso puntual. Este grupo tiene más fútbol del que muestran cada semana y ayer, por momentos, tuvieron el acierto de ponerlo en práctica.

Cierto que el rival sólo apareció al final de la primera parte, pero eso también es mérito de un equipo que en cuanto combina algo de calidad con su habitual derroche de sudor en el centro del campo y contundencia rematadora, no debe tener problemas para situarse con claridad entre los ocho primeros de la clasificación. Europa es más que posible. Es obligado rozar la clasificación.

Contribuye como nadie al éxito Javi Martínez, que a sus loadas cualidades une ahora una desconocida faceta goleadora, lo que le convierte en un auténtico crack. Lo mismo le sucede a Llorente, que a pesar de hacer un partido discreto, suenan mejor las palabras que pronuncia en el campo que las que deja en las portadas de esas revistas a las que tanto gusta y de las que parece no querer alejarse. Al chico del pueblo de las peras debieran asesorarle mejor. O al menos, un poco.

Anduvo más cercano de lo que solía Toquero, aunque parece que le produce ansiedad su sequía goleadora. La suerte tampoco le está acompañando mientras Caparrós busca meterle presión cambiándole los jugadores que le disputan el puesto, dando entrada en la plantilla a Urko Vera y un Díaz de Cerio que vuelve para demostrar que su presencia en el banquillo del Córdoba fue una decisión más personal que técnica del polémico Lucas Alcaraz. Ojalá lo consiga.

Otra de las diferencias que han hecho progresar a este Athletic, en casa, es la clara mejoría de los centros, bien en jugada, bien a balón parado. La versión superior de David López desde que viste la zurigorri, o las aportaciones de Gabilondo ayudan a crear peligro, mucho, hasta el punto de que en San Mamés empiecen a celebrarse córneres y faltas como hacía años. Tampoco sobraron ayer algunas subidas de Iraola, al que hay que pedir más, porque puede, o de la consolidada versión de un Koikili que le está fornzando al ahora tacaño Fernando García a la renovación. La coherencia deportiva hace que sea irremediable.

Y atención a la pareja de centrales, porque Borja Ekiza ha decidido subir para quedarse. Apunta buenas maneras y carácter, algo, esto último, que no se puede decir de Ustaritz. Algún día alguien explicará, quizá desentrañando aún más los secretos del genoma humano, qué tienen los navarros para que plaguen las alineaciones del Athletic.

Hablando de oriundos del Viejo Reyno, merece una mención especial Iker Muniain, al que cada vez se ve más cerca del área a pesar de que el rigor táctico obligue a jugar cerca de banda. Su control de balón en carrera y esa punta de velocidad son letales, como demostró ayer con la complicidad de los defensas del Hércules.

Puede que el de ayer fuese un partido aislado, puntual, pero la mejoría del juego, aunque sea a ratos, invita a cierto optimismo. Fuera por el verdadero riesgo de que el balón bajase con nieve, porque el grupo comience a creer en sus virtudes, o porque La Catedral luzca, por fin, el verde que merece, San Mamés recibió, con goles y juego, el premio al esfuerzo que supone ocupar tres cuartas partes del aforo en un día complicado y a una hora intempestiva.

Pareció coherente la entrada de Orbaiz por Gurpegi para dar posesión de balón y continuidad al juego, como merecido el descanso a Llorente tras sus problemas físicos. Acertado Caparrós.

También es noticia una victoria con Undiano Mallenco, esa bestia negra arbitral, que no deja pasar oportunidad de demostrar su antipatía al Athletic. Qué debe pasar para que este hombre pite un penalti a favor o tome una decisión que favorezca a los rojiblancos es algo que quedará para la historia de la Liga. Debiera hacérselo mirar.

Ahora queda esperar al partido del Manzanares. El Athletic llegará en su mejor momento y un buen partido en la capital del imperio serviría para ganar enteros. Confiemos en un planteamiento acertado y en una actitud valiente por parte de los jugadores. Es buen escaparate. Sobre todo para los que les encantan las portadas.

+ 2

Sobraron sesenta minutos

Debía cerrar el Athletic la segunda vuelta ganando, por aquello de mantener la esperanza europea, y lo hizo, aunque sufriendo innecesariamente. Quien pensara en homenajes a la afición en forma de goleada tras ver que para el minuto 10 de la primera se cobraban dos goles de ventaja frente al Rácing, lo tuvo claro. La arrancada inicial, la rabia, el juego de apisonadora, duró poco más de treinta minutos.

Suficientes para ver a Javi Martínez calcar en versión buena el gol de la pasada jornada en Málaga, rematando de espaldas, con acierto y variando intencionadamente la trayectoria del balón, o para que Iker Muniain diese una lección a Susaeta de cómo se aprovecha un balón dentro del área grande, tras recibir un buen centro de Toquero, que sigue sin terminar de aparecer.

A partir de ahí, y a medida que se iban fallando ocasiones, el Athletic se deshinchó y el Racing no quiso aparecer, salvo en jugadas muy puntuales no exentas de peligro, que exasperan por reiteradas. Tuvieron sus opciones Rosenberg, Kennedy y el veterano Munitis, extrañamente sobremotivado, que acabó siendo expulsado. No le funcionó al Athletic el intento de jugar a la contra, pero tampoco tuvo sentido ver al Racing intentar mover el balón, puesto que su voluntad se estrellaba en Gurpegi y en un colosal Javi Martínez que empieza a volver por donde acostumbraba.

Se echó de menos a Llorente, al que se ve alarmantemente asfixiado, y al que un golpe dejó en la caseta en el descanso. Queda la esperanza de que para el próximo lunes se recupere, puesto que la segunda mitad evidenció con crueldad, de nuevo, lo que puede deparar a este equipo sin su único referente en punta. Así, la emoción no vino por los goles ni por el juego, sino por la tensión a la que se condenó a la grada cuando Bolado -otra vez él- recortó distancias. La angustia no fue excesiva, entre que el Racing está al nivel que está, en consonancia con la posición que ocupa en la depauperada liga bebeuveá, y que el Athletic tiró de las marrulleras enseñanzas del técnico de Utrera -lamentable y reiterado lo del error de dorsal en los cambios-, se logró el objetivo de sumar tres puntos importantes.

Para la anécdota quedarán el segundo partido de Ekiza, que parece haber desplazado a Ustaritz en el escalafón de centrales; la lesión de Ocio; la entrada de Igor Martínez, que vuelve a sembrar la duda de cuáles son las preferencias del entrenador para el ataque; la condescendencia de Ramírez Domínguez con el juego brusco de los santanderinos y poco más.

En lo puramente deportivo parece claro que el once para los partidos como local no diferirá en exceso del alineado ayer y que habrá que esperar que la actuación de Muniain haga entrar en razón a un Caparrós que se enroca en su decisión de marginar en banda a un jugador con demasiado talento ofensivo. Por otra parte, la tómbola sigue funcionando. Siguen sin existir criterios claros. Iturraspe puede pasar de titular a no estar convocado, al igual que de Marcos, que entrena de lateral, pasa de ser el jugador que entra como refresco en el partido más importante en lo que va de curso a ni tan siquiera gozar de minutos. Para los centrales, se ha apostado por la combinatoria. Se van haciendo poco a poco todas las posibles pruebas con los elementos de que se dispone, sin tener una pareja clara. Cierto que en este caso las lesiones y el arbitrio federativo no han ayudado, pero tampoco parece que existan ideas demasiado claras.

Para la segunda vuelta, solo cabe esperar a que el equipo tenga un comportamiento más regular, principalmente fuera de casa, donde se encuentra la verdadera asignatura pendiente. No parece que esta liga sea demasiado cara y una clasificación europea parece una meta más que alcanzable. Todo ello, claro, siempre que los asuntos extradeportivos no afecten en exceso. Si, como publicaba Deia esta semana, se produce un adelanto electoral y comienza el sonido del baile de refuerzos, fichajes, altas y bajas, más propio de un zoco que de un proceso electoral, flaco favor se hará a este equipo.

+ 2

Otro empate de rutina

Volvió la liga, una vez superado el periodo de ilusión por la Copa, y lo hizo como acostumbra, con un partido infumable –algún maledicente dice que al Athletic de Caparrós debieran aplicarle la ley antitabaco- en el que la estrategia, otra vez, salvó los muebles o, al menos, un punto.

Se consagraban los jugadores zurigorris tras la eliminación contra el Barça para aprender y que la lección sirviese para crecer, que la eliminatoria copera fuera un punto de inflexión –otro más- para el grupo. El trabajo destajista había dado como fruto no caer en ninguno de los dos encuentros ante el mejor equipo de la historia universal del fútbol, o póngasele el epíteto que se quiera al conjunto culé para dar mayor mérito, si se quiere, al exceso de sudor con el que se emplearon los nuestros para acabar cayendo. Quizá faltó algo de talento, un poco de convencimiento y algo de ambición, en la misma forma en que no se reparó en gastos a la hora de sudar, presionar, luchar o correr. Eso sí. Quedó meridianamente claro que este colectivo puede y sabe competir.

Está condenado este equipo a protagonizar escenas de ese tipo, pero sólo resultan creíbles, para jugadores y público, cuando se enfrentan a rivales de entidad. Contra los equipos menores de la liga, que son más de una docena, el estilo no funciona.

En una liga mediocre a más no poder, parece que los pupilos de Caparrós, merced a la rácana apuesta futbolística de éste, están condenados a permanecer en zona de nadie. Mediocridad entre medianías. No se aprovechan las ocasiones para dar el salto definitivo a unas posiciones europeas baratas como ningún año.

Así resultó, también, en Málaga. La ruleta que decide las alineaciones actuó y determinó que Iturraspe volvía a la media punta, mientras Ocio, que cuajó días antes su mejor partido desde que viste –con mucha elegancia, eso sí- la elástica rojiblanca, cedía su sitio a favor de un debutante, Ekiza, el 25 de la era Caparrós, un nuevo navarro –otro dato para la reflexión- en nómina de Lezama. Se podría hacer un estudio de debutantes, jugadores de cantera consolidados e, incluso, una relación de los destinos de aquellos a los que se ha dado la alternativa durante las cuatro últimas campañas. Pero no conviene ser cruel en el comienzo de un nuevo año.

El caso es que en tierras andaluzas se repitió lo que ya se conoce fuera de casa. Un encuentro trabado, insufrible, con inconsistencia defensiva, lagunas en la portería, escasas oportunidades y todo fiado a la estrategia.

Ni los petrodólares enderezan el rumbo del Málaga ni el ingeniero Pellegrini parece que pueda restañar las heridas de su orgullo herido por su año de vivencias capitalinas. Y encima, se topan con el Athletic, ramplón, pero enemigo desagradable, tanto para el espectador como para el rival, y basado en algunos de sus pilares claves fabricó de la nada un empate mísero: falta que se cobró Llorente, lanzada por maestría por Gabilondo y transformada por un todoterreno, Javi Martínez, que vuelve a ser el que era.

Seguramente el punto sirva para algunos, justifique los medios. Para otros sólo sirve para constatar un fin de ciclo, un agotamiento en las ideas, para desear que en breve todo cambie y que alguien con capacidad de sacar algo más de jugo a este grupo aterrice por Lezama. Claro que quizá cuando lo haga no pueda disponer de todas las piezas, y entonces será ya demasiado tarde.

Una final de Copa en cuatro años es un balance demasiado pobre para justificar esta travesía en el desierto. Al menos para los que recordamos que la historia del Athletic empezó antes del bienio negro.

+ 8

Rubinos sí marca diferencias

El Athletic comenzó 2011 de la peor manera. La suerte, esa que a lo largo de la temporada, como los arbitrajes, dicen que tiende a equilibrarse, pasó factura para compensar los puntos inmerecidos que los de Caparrós acumularon frente a Osasuna, Espanyol o Levante.

Se había cuidado entre algodones (y con un poco de sol en Tenerife) a Llorente para que llegase con posibilidades de disputar el encuentro contra el Barcelona y hete aquí que también compareció frente al Depor, demostrando la solvencia deportiva que despiertan sus compañeros de delantera para el entrenador de Utrera.

Salió el Athletic en su versión cañón de mecha corta. En cinco minutos pudo dejar sentenciado el partido si el árbitro hubiese querido ver en una misma jugada una mano de Lopo y un placaje a Llorente, o si Toquero fuese la sombra de aquel al que encumbraron como Lehendakari y al que ahora no se puede admitir ni como funcionario. Comenzaba a escribirse sobre renglones torcidos.

El Deportivo, con un esquema más que conservador, fió su suerte a un tándem que resultó letal: el formado por Adrián López y Antonio Rubinos. De no ser árbitro el segundo, formarían pareja atacante en la selección de Del Bosque. Adrián hizo el trabajo sucio, buscar a Ustaritz y San José, párvulos ambos, sobre todo el de Abadiño, que enterró ayer definitivamente su solvencia como defensa, y el colegiado remató con calidad: penalti inexistente de Ustaritz y expulsión del atarribitarra por un pellizco en la camiseta del rival. Antes amonestó a Gurpegui en la primera falta que cometió, mientras se mostraba condescendiente con el juego del Deportivo.

Mientras, sobre todo en la primera mitad, el Athletic intentaba contrarrestar los males que le aquejaban creando ocasiones que marraban sus delanteros y centrocampistas. Falló Gurpegui, lo hizo también Llorente y desesperó Toquero. La falta de forma física de este último, además, destapa sus carencias de forma cruel.

Los rojiblancos se fueron al descanso sin apenas sufrir por la inferioridad numérica, y previo al descanso, además, el ahora Minidepor se quedaba con diez por esas tonterías que los futbolistas cometen incompresiblemente, por una patada que recibió Castillo, en la única aportación a su equipo de un jugador que tiene menos futuro como lateral que como taxista de personas en verbenas.

En la segunda parte el monólogo se repitió hasta que Ustaritz volvió a aparecer en su empeño de flagelarse en la vía pública. Otro fallo garrafal, con salida a no se sabe dónde de Iraizoz y tras desviar el balón Gurpegui, daba el segundo de la tarde a Adrián y al Deportivo.

Caparrós, consciente de que su planteamiento no funcionaba, dio entrada a Ion Vélez por Toquero, y Gabilondo y Susaeta por Castillo y David López. Salvó el zurdo de Añorga, poco aportaron. La entrada de Vélez, además, dio para ahondar en el debate del futuro que le aguardaría a este equipo con el plantel de delanteros propios de segunda B que tiene si se prescinde de forma forzosa de un internacional de Rincón de Soto. Tampoco queda claro cuál es el escalafón que existe en la vanguardia zurigorri, como si sustituidos los habituales fuese una ruleta quien decidiese si el segundo o tercer delantero es Igor Martínez, Ion Vélez o Susaeta. Porque aseguran que de Marcos, como Teruel, existe.

Cuando el partido se mostraba más desangelado, en el momento en que el juego por las bandas no existía, cuando los primeros aficionados abandonaban la grada, llegó, por fin, el gol que tanto se resistía. De Llorente, como no. Y ahí surgió San Mamés, en esos momentos en los que comprendes el porqué de su leyenda. Entre los cinco minutos que restaban más los cuatro de descuento, el Athletic no empató porque ese día no tocaba. También por Aranzubia, que aprovechaba para recordar a Caparrós que sigue más que vivo para esto del fútbol mientras Armando descansa en Lezama. Y porque al árbitro, otra vez, se le nubló la vista. La mano de Manuel Pablo se puede apreciar hoy hasta en las fotos de Meteosat.

El resumen perfecto lo hizo Lotina, ese hombre que de haber nacido dos mil años antes hubiese sido maestro de plañideras. Tuvieron suerte. Poco después, en los micrófonos de Radio Popular, Adrián, quien sufrió el penalti de Ustaritz, lo calificaba como dudoso.

Caro pagó el Athletic el partido. Por el castigo de los puntos, por quedársele la defensa cogida por hilvanes para los próximos encuentros y por la innecesaria e infructuosa sobrecarga a la que se sometió a Llorente. Y complicado se lo puso Rubinos a Muñiz Fernández. Si quiere éste superarle, deberá perpetrar un arbitraje más esperpéntico de lo que acostumbra. Temámonos lo peor.

Mientras, seguiremos siendo correctos. O distintos. Por menos, por otros lares idean conspiraciones con nombre de presidente de Federación, lapidan a un pobre hombre como Brito Arceo o persiguen árbitros entre campas, desde Sevilla, pasando por Córdoba, para acabar lapidándolos en Despeñaperros.

Aquí nos quedamos con el despropósito defensivo, la inoperancia rematadora y el arbitrio técnico de quien, supuestamente, plantea los partidos.