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Ser o no ser ... (confiable)

Traspuesta la línea del Ecuador de la liga Argentina y mientras esperamos ver quien jugará la final de Champions en Wembley, la afición local asiste a un campeonato interesante por lo impredecible. Quince equipos separados por 6 unidades me eximen de mayores explicaciones y basta como dato significativo el hecho de que en la última fecha los tres equipos que lideraban las posiciones –Velez Sarsfield; River Plate y Estudiantes- han perdido y los tres en su feudo. Si hasta el mismo Velez cayó derrotado en el “José Amalfitani” contra el último de la tabla y casi condenado a descender: Quilmes Athletic Club … díganme si no es de locos! … y como no me resulta sencillo hablar de orates y explicar sus cuestiones, prefiero contarles algo que levantará polvareda y le quitará el escaso, exiguo resto de credibilidad que tiene el referato argentino.

Hace unas fechas, el Tribunal de Disciplina de la A.F.A. le quitó un cartón amarillo al jugador de Tigre, Martín Galmarini, que había sido amonestado injustamente y se le había privado de un gol legítimo por una supuesta mano que la televisión demostró que no era tal.

En ese momento pensé -recuerdo- que se estaba sentando un precedente muy peligroso. Tenemos un futbol muy marrullero en ocasiones y muy pícaro en otras … además de muy tramposo en todas, y esto iba a generar más de un problema. Y el problema (o los problemas) no tardaron en llegar. En el partido que Argentinos Juniors le ganó a Racing Club, al jugador de Racing ,Teófilo Gutiérrez no le cobraron un penal y además lo amonestaron porque el árbitro entendió que había simulado la falta. Con esta amarilla, el delantero colombiano -máximo referente ofensivo de “la academia”- se perdería el partido próximo contra River Plate, en un duelo muy importante para la andadura posterior de ambos equipos en el torneo. Aunque aún no esté oficializada esta información, todo indicaría -y uso aún el potencial- que el Tribunal de Disciplina le quitará esa amarilla a “Teo” Gutiérrez y podrá jugar contra “los Millonarios. Ojalá que esta medida no prospere.

Imaginan el revuelo que esto ha generado en todo el ambiente del fútbol? … ya hay directivos de otros clubes, muñidos de videos que demuestran errores arbitrales en su contra, para que se revea en los escritorios, lo que el juez sancionó en la grama … quien detendrá esta bola de nieve, luego de que las inteligencias del Tribunal echaron esta piedra a rodar?

Con que respaldo saldrán a impartir justicia estos -de por si- pésimos árbitros que hoy tenemos? Sospechados todos de ineptitud, soberbia, disparidad de criterios y -esto va de mío- en muchos casos, venalidad? (aunque después se claven los puñales y muchos comunicadores digan frases hipócritas como “yo creo en la honestidad de todos los árbitros”)

Yo particularmente creo en la honestidad de algunos … no en la de todos y podría dar nombres aunque no venga al caso decirlo acá.

Luis Pestarino apareció en el referato argentino en 1963 con un estilo singular al que muchos calificaron de “payasesco”. Alto y flaco, gesticulaba y hacía señas que resultaban graciosas :

”yo prefería dirigir así y ganarme a los futbolistas, sacarles una sonrisa y terminar aplaudido por locales y visitantes, en lugar de terminar los encuentros con 2 o 3 jugadores menos” solía decir.

Antes de dedicarse al arbitraje Don Luis estuvo a punto de convertirse en sacerdote. Sin embargo, cuando estaba cerca de recibir los hábitos, su madre quedó viuda y debió abandonar el seminario para trabajar y ayudar a “parar la olla” en su casa.

Otra de sus frases: “En la cancha yo era un padre que debía cuidar a veintidós hijos. Hablaba con los jugadores y hasta era capaz de cantar en el campo de juego, para descomprimir una situación y tranquilizar a aquel jugador que estaba alterado”

Una tarde de 1977 dirigiendo un partido horrible entre Huracán y Racing Club, una marca de heladeras (Zenith) que patrocinaba entonces las transmisiones deportivas y premiaba al mejor jugador de la cancha con uno de estos electrodomésticos, ante lo malo que había sido el partido, le dio el premio a él!

Solía decirle a sus “hijos” : “Que tarjeta queres? … la roja o la amarilla?” …“la amarilla Don Luis” era la respuesta del jugador en cuestión, domado en apenas segundos.

Dirigió once clásicos entre Boca y River … jamás tuvo el mínimo inconveniente, y había cada “nenes” de ambos lados …

En una oportunidad, se dio el gusto de decir en un clásico tucumano al rojo vivo entre Atlético y San Martín: “Hijo mío … para mí fue foul. Ahora si vos crees que no fue, cuando te recibas de árbitro, no la cobres” a un hincha exaltado que lo insultaba por la sanción de una falta.

Don Luis Pestarino se retiró del referato en 1979, gozando del afecto y la credibilidad de jugadores e hinchas de todos los colores. Los tiempos cambiaron. El futbol cambió y ya no hubo otro como Don Luis.

En sus tiempos no hacía falta recurrir a un video para cambiar un fallo.

Ni falta que hacía

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Munian responde a Izco en el campo

Sufrió Izco, ese tardorequeté al que tanto gusta confundir fútbol y política, charco en el que chapotea con frecuencia, el mayor de los castigos. Volvió a intentar calentar la previa al partido con la eterna cantinela del expolio rojiblanco a la potencial cantera de Osasuna y fue precisamente Muniain, militante y orgulloso traidor a la causa rojilla, el que le clavó la puñalada donde más duele y cuando más escuece. En una jugada en la que combinó pillería, calidad y provocación por arrobas. Pero no todo vale. Alguien debiera limarle ciertos espolones a este gallo, por su bien y, sobre todo, por el del Athletic, demasiado alejado estos cuatro últimos años de su clásico estilo. Debiera mirar más Iker hacia Messi que hacia Cristiano Ronaldo.

El partido comenzó más o menos como se esperaba, con Gurpegi en banda derecha acompañando esta vez a Iturraspe y Orbaiz en el medio centro por la ausencia de Javi Martínez, y la novedad de la vuelta de Amorebieta a la titularidad por el bajo rendimiento de San José. A las primeras de cambio, y por mor del enésimo choque de cabeza de Gurpegi, David López debió entrar por el de Andosilla, alterando el sistema que Caparrós había diseñado para contraponer músculo a un Osasuna que marcó un ritmo de partido infernal. Con todo, en la primera parte el Athletic no sufrió demasiado, en un partido tedioso a más no poder, con un rival lanzado por una grada enfervorizada que presionó y arengó a su equipo. También se notó el efecto del empuje de la afición local en el árbitro, un Paradas Romero que hace honor a su apellido, que interrumpe constantemente el juego y que aplica el reglamento en el extremo opuesto al de, por ejemplo, Mateu Lahoz.

La infumable primera parte, esa en la que el fútbol no apareció, dio lugar a una segunda más que entretenida y de desenlace enloquecido. Se adelantó Osasuna rápido con gol de Kike Sola, para avivar el debate de navarros traidores a la causa rojiblanca y navarros cuerdos que vuelven a la casa del padre, en una jugada garrafalmente defendida por el Athletic, donde Toquero no despejó a córner como es preceptivo, Castillo saltó con menos brío que un octogenario y en la que Ekiza, que por cierto vio su primera amarilla, algo lógico con Paradas, no hizo demasiado por obstaculizar al delantero osasunista.

El delirio local llegaba a las gradas y rozó el clímax cuando Castillo, por una faltita, veía la segunda amarilla por el afán del colegiado de satisfacer las demandas de la afición local. Lo que parecía el inicio de un precipicio para el Athletic resultó un bálsamo. El cambio de San José por Toquero para rearmar al equipo dio aplomo, serenó el juego e hizo a los rojiblancos jugar con algo más de inteligencia, combinando el juego directo, recurso obligado, con la salida de balón hacia bandas.

Si la diferencia la pasada jornada contra el Real Madrid radicó en la calidad, también lo fue contra Osasuna, demostrándose que no es casualidad que el Athletic sea quinto y que los navarros sufran por mantener la categoría. Con tan solo un balón bien centrado por David López hacia Llorente el Athletic igualaba el marcador, tras un buen remate de un nueve que, a pesar de estar en un bache físico, siempre guarda fuerzas para agradecer y valorar la clase de algunos compañeros.

A partir de ahí los de Caparrós se movieron con comodidad, no sin dosis de extraña brega en las piernas de un buen Iturraspe y de un vaciado Orbaiz, llamados para otro tipo de juego pero que supieron sacrificarse. Osasuna, movido por el ritmo al que le avocaba el comportamiento obsesivo colectivo de la grada, se pasó de frenada, con un fútbol bullicioso y poco efectivo. Ahí, en uno de sus muchos errores, fruto de practicar todo lo contrario al control que en superioridad numérica y de ventaja en el marcador se requiere, llegó la expulsión por segunda amarilla de Sergio, tan injusta como la de Castillo.

Y en el último estertor del encuentro llegó la jugada que se recordará durante tiempo. Muniain corrió a pelear un balón, perdió la posición y propinó un pequeño empujón a Nelson que Paradas no señaló, quizá ya por carecer de aire en sus pulmones tras el recital de silbo, desagradable instrumento musical, y que sirvió para que el defensor Osasunista chocase con Ricardo, en una salida absurda del meta local, que dejaba el balón suelto. La calidad de Muniain, frío como un témpano, sentenciaba el encuentro de la manera más cruel. Las formas de la celebración no fueron las mejores, aunque la juventud y el cúmulo de insultos sufridos durante el encuentro sean eximentes.

El quinto puesto, pues, se afianza. La ya famosa flor de Caparrós y los tropiezos de los rivales consolidan al equipo en una más que meritoria quinta plaza que cuesta comprender con la triste apuesta futbolística que pone en escena el Athletic. Y ojo de aquellos que no abracen el resultadismo. Joaquín Jesús no lo entiende. Sobran las formas. Sólo vale el fondo. Pero nadie debe olvidar que es difícil ganar siempre haciendo tan poco.

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El amor es más fuerte.

Hijo de un inmigrante prusiano y una italiana, Roberto Arlt nació en Buenos Aires, en el barrio de Flores, el 2 de Abril de 1900. Notable escritor y periodista publicó “El juguete rabioso”, su primera novela, en 1926. Por entonces también comenzaba a publicar en los diarios “Critica” y “El Mundo” sus columnas diarias “Aguafuertes Porteñas” (luego escribiría “Aguafuertes Españolas”, cuando enviado por “El Mundo” viaja a España en 1935).

Fue el autor de “Los 7 locos” y “Los lanzallamas” obras ambas de lectura obligatoria para todo aquel que disfrute la buena literatura y que quiera sumergirse en ese Buenos Aires obrero e inmigrante de los años 20.

Su impronta dentro de las letras argentinas es insoslayable, y no tuvo nada que ver con el fútbol, deporte del que pasaba absolutamente pero (siempre hay un pero) a los 29 años, pisó por primera vez un estadio para escribir una nota titulada: “Ayer vi ganar a los Argentinos”.

Era un match entre Argentina y Uruguay, jugado en la cancha de San Lorenzo de Almagro y algunas de sus sensaciones -todas inéditas- fueron las siguientes:

“Al sur de la cancha de San Lorenzo de Almagro, sobre Avenida la Plata, hay una fábrica con techo de dos aguas y varias claraboyas. Pues, de pronto, la gente empezó a mirar para aquel lado, y era que de las claraboyas, lo mismo que hormigas, brotaban mirones que en cuatro patas iban a instalarse en el caballete del tejado. Algo como de cinematógrafo. A todo esto el primer tiempo había terminado. Entonces, del alambrado que separa las populares de las plateas, vi despegarse al lonyi que recibía las naranjas podridas en el mate.”

Y luego …

“Salí del field, pocos minutos antes que Evaristo hiciera el segundo goal. Todas las puertas de Avenida La Plata estaban embanderadas de magníficas pebetas. ¡La pucha si hay lindas muchachas en esta Avenida la Plata! De pronto resonó el estruendo de toda una muchedumbre de aplausos; desde lo alto de la tribuna un brazo como un semáforo hizo una señal misteriosa sobre el fondo celeste, y la voz rápidamente levantó un grito en la garganta de todas las pebetas:- Ganamos los argentinos: 2 a 0. Hacía mucho tiempo que los porteños no jugaban con trepidés”.

En ese mismo estadio pero 10 años después, el domingo 21 de Mayo de 1939, recién arribado en la mañana, el vasco Isidro Lángara Galarraga debutaba por la tarde, marcándole 4 goles a River Plate, jugando para San Lorenzo, y señalando un hito que aún se recuerda.

Fue inaugurado un 7 de mayo de 1916 y tenía capacidad para 75.000 espectadores y yo recuerdo, de las tantas veces que he ido ver a Boca Juniors allí, que se veía perfectamente bien desde cualquier ubicación.

Es tanta la historia de ese escenario mítico al que el pueblo bautizó como “El Gasómetro” que la pérdida forzada del mismo, en condiciones y circunstancias totalmente irregulares durante el gobierno de facto en 1979, jamás fue aceptada por los hinchas de San Lorenzo. El último partido que se jugó allí fue un empate sin goles entre San Lorenzo y Boca Juniors en diciembre de 1979 (y allí estuve). Tras unos años de litigio, se lo desmontó en 1982.

Desde entonces, el pueblo “azulgrana” pugna por volver a su casa y ayer -martes 12 de Abril- convocó a 20000 personas frente a la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, exigiendo la restitución de ese predio para el club de Boedo.

Esto va de mío, me parece lo más destacable de la semana futbolera e independientemente de colores, rivalidades y demases… encarna el sentimiento de pertenencia del hincha en estado químicamente puro. San Lorenzo construyó un nuevo estadio relativamente cerca del original. Pudo festejar campeonatos allí… pero no hay caso, los “cuervos” siempre tuvieron su mente en el viejo Gasómetro de Avenida La Plata, aunque lo más notable es que siempre han tenido allí su corazón. Eso no se pudo trasladar ni extirpar del barrio. Eso también es el fútbol. Quizá sea sólo eso.

Quizá en esta marcha, el futbol se explique mejor que desde un gol o una atajada. Este sentimiento idéntico al de los hinchas de cada club, en casi todo el mundo, es el que me tiene a mi escribiendo y revisando mis cuadernos para no equivocarme alguna fecha, algún dato.

Por supuesto que hubo una fecha que ha dejado la confirmación de River como puntero, a Velez Sarsfield y Estudiantes respirándole en la nuca, el empate de Huracán y Racing y una nueva derrota de mi Boca Juniors, que seguirá penando hasta Diciembre, cuando eyectemos del club a los ineptos que hoy lo conducen… ¿conducen? . Pero lo destacable, sin dudas, ha sido la marcha de esos 20000 fieles pidiendo la restitución de un lugar que ha sido un patrimonio del fútbol Argentino, como La Bombonera, el Monumental, el Cilindro, la doble Vicera o el palacio Tomás Adolfo Ducó y que muestra lo poco que cuidamos los lugares en donde alguna vez fuimos felices.

Ojalá se les dé a los hinchas de San Lorenzo. Lo deseo sinceramente.

Y creo que será posible porque –en definitiva- el amor es más fuerte.

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Sobredosis de tedio

Seguramente fuese la impotencia la que llevó a Caparrós a su incoherente rajada contra Clos Gómez, ese colegiado que le señala los penaltis a pares al Athletic. Resultó chocante que el de Utrera centrase el análisis del partido en hablar de un trencilla al que hace unos meses, y tras perpetrar un arbitraje mucho más calamitoso que el del sábado, no censuró y prefirió, en esa ocasión, loar al equipo rival. Claro que se trataba del Sevilla y el partido se jugaba en la capital hispalense.

Hace dos días, sin embargo, y con mucho de qué hablar sobre disposición en el campo, rendimiento deportivo y capacidad física, la disección del encuentro quedó en un pobre así gana el Madrid, que resulta entendible en boca de un aficionado que ocupe grada en la barra del bar, pero que queda paupérrimo en un profesional del fútbol más que bien pagado.

El encuentro se puede resumir, básicamente, en que el Athletic se vistió, de nuevo, con el traje de minero de Stajánov y a la troupé rojiblanca le faltó fuerza para manejar el pico y la pala. Mourinho, que demostró que prepara los partidos, esperaba una propuesta física por parte de los locales y contrapuso músculo, que de eso también tiene su equipo. Los Arbeloa, Ramos, Pepe y compañía repartieron estopa, sabedores además de que cuentan siempre con la aquiescencia arbitral, y no se amilanaron ante la puesta en escena de los leones, a los que la chispa hace jornadas que les ha ido desapareciendo, de forma directamente proporcional a como han ido perdiendo puntos de ese colchón que les afianzaba en Europa hace ya nueve jornadas.

Sin muchos de los titulares blancos, di María, él sólo, reventó el encuentro forzando dos penaltis, tan claros como innecesarios, de Iraizoz el primero, y del repescado para la titularidad, Castillo, el segundo. La banda izquierda del Athletic representa bien a las claras la inconsistente política deportiva de este Club, esa que funciona a impulsos, tan aleatoria como una ruleta, en base a caprichosas y arbitrarias probaturas. Dicen que Koikili ahora no es ni tan siquiera convocado como toque de atención por los tira y afloja en las negociaciones para su renovación, lo que no deja de llamar la atención. Parecía que las convocatorias y alineaciones las decidía el cuerpo técnico, pero este Club lleva semanas desquiciado, con un entrenador que ejerce de socio y hace campaña a favor del presidente, con un presidente que filtra negociaciones con jugadores, que presenta horrorosas camisetas cuando se debe hablar de fútbol o que convierte la revista quincenal que el Club reparte para amenizar los tiempos muertos de los partidos en un panfleto de agitprop macuista.

Y es que en noventa minutos poco hizo el Athletic para intentar disimular, si quiera, la diferencia que hoy existe en la Liga entre los dos primeros y el resto. Armado en el centro del campo con el mal llamado trivote, donde Gurpegi estuvo sobrerevolucionado, Martínez desfondado y Orbaiz superado, con Muniain desaprovechando talento en banda, Llorente desastido, desinflado y desanimado; y Toquero trotando de manera inconexa. En defensa, la zona derecha siguió haciendo aguas, con un Iraola reservón y un San José en horas bajas que pide a gritos la suplencia, donde sólo destacó un Ekiza que sabe guardar la posición incluso en exámenes tan difíciles como el de esta jornada. De Castillo poco bueno que decir.

El partido más esperado del año, el derbi de referencia en San Mamés, resultó una decepción absoluta, un aburrimiento supino y, a falta de emoción, hubo sobredosis de tedio. Este equipo, hoy por hoy, da claras señales de que necesita descanso, de estar agotado, de que la propuesta deportiva, basada en el desfondado esfuerzo de ciertos jugadores, no da más de sí. El problema es que quedan demasiadas jornadas y no hay ya margen para perder puntos. La única esperanza es que con el nivel pobre existente en esta liga con pocos puntos se pueda alcanzar la meta continental, si bien la vía de entrada apunte más al séptimo puesto, ese que haría adelantar la pretemporada en exceso, que a los dos de clasificación más directa.

Y de elecciones, asambleas y estatutos, hablaremos esta semana.

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Yo no vengo a decir un discurso

De noche la luna virgen de la blancura asoma sus luces por sobre el barrio humilde, se recortan unas sombras que marcan un banco de plaza. Es el banco de la plaza Solís, donde un 3 de abril nació el club que habría de llegar a ser el más popular de los pueblos americanos.
Pareció como si el destino hubiera querido que Boca fuera del pueblo, y así como las libertades nacen en las plazas, el popular club tuvo también esa humilde cuna.
Una casa con muebles importados, con cuadros valiosos, y que era hogar de trabajadores pudientes debió ser su cuna: era la casa de Sana, pero el destino no lo quiso. La madre del joven visionario se opuso a la reunión de los cinco muchachos y salieron de allí con la cabeza baja. ¿Dónde ir? Allí, a 70 metros, había un banco de plaza, allí podían conversar y allí nació Boca Juniors. Había sol, un sol acariciante que quería poner su brillo al acontecimiento.

Era un sábado y era la hora tranquila de la siesta. ”

Este texto extraído de la revista “Boca” de 1944 nos acerca al génesis de un sentimiento al que los brasileros llaman “La mayor pasión argentina después del tango”.

Alguna vez, un gran periodista argentino -Américo Barrios- escribió una nota luego de un triunfo épico de Boca Juniors terminando el partido con 8 hombres contra Peñarol de Montevideo, en el estadio Centenario de la capital uruguaya. Decía -más o menos - que todos los equipos estaban sujetos y supeditados a realizar buenas y malas campañas. A tener buenos y malos partidos. A rachas de triunfos y de derrotas, pero que Boca era “otra cosa” . Decía que Boca -a diferencia de los demás- tenía “alma” y que por eso mismo, no podía analizarse desde el mismo plano que al resto. Que jugaban al mismo deporte, sí … pero que era otra cosa y que no se podía evaluar desde el mismo plano que a sus rivales ocasionales. Si, ya sé que el que no comulgue esta religión auriazul me estará “poniendo a parir” pero todo esto que he vertido hasta ahora, no son palabras mías.

Es más… una pluma emérita del periodismo deportivo mundial, el maestro Diego Lucero en su nota del 30 de noviembre de 1964, acerca de un partido entre Boca Juniors y River Plate que era definitivo para el campeonato, vuelve al tema del “alma” xeneize y escribió aquella tarde lo siguiente:

“River es más equipo… pero Boca luchaba a matar o morir, y pudo percibirse, puestos en contraluz el que no puede, pero quiere y el que puede pero no tiene alma para hacerlo. River tiene juego … pero no tiene alma. Así Boca logró lo que buscaba y River no alcanzó lo que tuvo en sus manos. River siguió manteniendo su despliegue de gran equipo, pero ya sin ir a fondo, ya sin buscar el gol, ya sobrando, ya jugando cómodo, ya sin arriesgar, ya sin poner el corazón, ya sin poner la pierna, ya dejando ver que no tiene alma”.

Que se entienda por favor, ese comentario es exclusivamente referido a ese partido definitorio entre los dos colosos del futbol argentino. Lo traigo a cuento porque también allí el genial Diego Lucero hace alusión al “alma” de Boca Juniors. Un rasgo distintivo que le viene desde el fondo de la historia. Es verdad. El hincha “xeneize” valora mucho más al jugador que entrega hasta la última gota de sudor que a jugadores muy virtuosos (que por supuesto ha tenido en cantidad) pero indolentes.

Y algo de eso debe haber nomás, porque cuesta explicar desde la lógica futbolera cómo un equipo que venía sumergido en un pozo de dudas y problemas le gana al mejor equipo del momento en Argentina: Estudiantes de La Plata…y le gana bien, a pesar de no haber jugado un buen partido.

Esta victoria de Boca Juniors, el día de su cumpleaños número 106, le permitió a su rival eterno River Plate, alcanzar el tope en la clasificación. Le ganó a Quilmes de visitante por 1 a 0 y se aleja definitivamente de los promedios del descenso. Es más, hace 3 o 4 semanas lo incluía entre mis candidatos y la verdad es que los “primos” están jugando muy bien por momentos y con eso les alcanza para estar al tope de las posiciones junto a nuestro vencido del domingo, además de contar con un chiquilín -Erik Lamela- que tiene destino europeo YA.

Al que parezco haberle tirado con una piedra de sal es al Racing Club -mi principal candidato- que ya lleva tres derrotas consecutivas y así y todo, está solo a tres puntos de la cima.

San Lorenzo ha dejado pasar increíblemente la oportunidad de ser líder, perdiendo a domicilio con Colón de Santa Fe.

Argentinos Juniors al ganarle a Banfield, confirma su buen momento y se ubica a solo un punto de River y Estudiantes, además de ser el único invicto del certamen y haber recibido solo 2 goles en 8 encuentros y de ser uno de los que mejor juega (Argentinos Juniors siempre juega lindo!).

Velez Sarsfield volvió a ganar y también está a un punto de los lideres, y tiene un partido pendiente aún (el de los desmanes contra San Lorenzo) que se jugará a puertas cerradas.

Y Huracán ha perdido en Mendoza contra Godoy Cruz… pero el viejo y querido “Globo” por esta semana ha dejado de estar en la promoción… y yo espero que no vuelva a ingresar en esa zona.

¿Y Boca Juniors? Boca Juniors está a 5 puntos, pero se está despertando (pareciera).

Nuestro “fantasista” Juan Román Riquelme ya lleva convertidos dos goles de tiro libre consecutivos y viene aguantando físicamente los partidos. ¿Que son 5 puntos cuando aún restan disputarse 33?

Si Riquelme ganó prácticamente él solo, nuestra sexta Copa Libertadores en 2007… ¿por qué no soñar?

A pesar de las internas dirigenciales, del año electoral y del inoperante que nos preside, hay algo que viene desde el embrión. Algo que impulsó a un club muy joven en 1925 a cruzar la mar y realizar una gira por Europa, donde ganó 19 encuentros sobre 22, siendo ese el hito que le dio la tremenda popularidad que siempre ha tenido. Algo que movilizó 10.000 hinchas a Tokio en el año 2000, en una caravana irrepetible hasta ahora y absolutamente inverosímil (Japón no nos queda precisamente a la vuelta de la esquina). Algo que lleva semana tras semana a centenares de turistas de todo el mundo, a conocer el estadio del nombre coqueto y la mucha fama, el que está ubicado en el barrio de las casas de chapas multicolores con sonido de bandoneón.

¿Debe ser todo eso el “alma ” del que hablaban los escribas?

¡Salud Boca Juniors querido!

El de los 18 títulos Internacionales, la bandera sueca en la “zamarra” y los 106 “pirulos”.

¡Y gracias!… muchas gracias por estos 52 años de algunas tristezas, muchísimas alegrías… y todo, todo el orgullo.

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Tres puntos para afianzar la plaza

Debía el Athletic ganar para mantener la esperanza europea, para sostener la quinta plaza a la espera del partido del año en San Mamés. No era baladí el reto. Entrenador y Presidente, más interesados que nadie en volver a la competición continental a tenor de lo que las informaciones traslucen, habían embarrado las últimas semanas el ambiente. Caparrós rectificó hace días, pocos, y decidió centrarse en lo deportivo. Advirtió del peligro del rival, en unas declaraciones que parecieron más irónicas que otra cosa y más si se vuelven a escuchar tras ver el partido.

Por ello, para contrarrestar al todopoderoso Almería, abrió su baúl y recuperó el concepto del trivote, mal llamado trivote, y alineó a sus tres mediocentros de cabecera. Si se buscaba la presión y el control del balón, ambos conceptos brillaron por su ausencia en la primera mitad. De hecho, si algo no había que hacer era dar fuego al encuentro muy pronto. Y de pirómano, en el minuto cinco, ejerció Orbaiz. Cierto, también, que hizo de bombero posteriormente. El capitán regaló un pase en profundidad en forma de cesión a Piatti, que entró hacia el área zurigorri entre los centrales como cuchillo en mantequilla para transformar el primero.

Qué más quería el necesitado Almería: ventaja temprana en el marcador para obligar al Athletic a volcarse en igualar, al menos, el encuentro. El nerviosismo de unos, los rojiblancos, que no encontraron su sitio en el campo en toda la primera parte, y la candidez de un equipo más que llamado a descender, hicieron que hasta el descanso se viviese un bodrio de los que se han convertido en costumbre en la otrora liga de las estrellas. En el lado zurigorri la parte positiva llegó a balón parado, con Orbaiz de lanzador de córneres y Gurpegi de rematador. Así, a la segunda, el de Andosilla estrelló un remate en Diego Alves y el rechace de éste, que quedó donde nunca debe quedar, lo aprovechó el siempre despierto Muniain, que la cazó en el área, esa zona que alguno se empeña en no dejarle frecuentar y donde casi siempre hace daño.

Alcanzado el descanso con el menor de los daños posibles, Joaquín Jesús se vio obligado a alterar el planteamiento inicial, que naufragaba a pesar del empate. Javi Martínez, que no es ni sombra del que era a pesar de que del Bosque lo internacionalice por inercia, cedió su sitio a Iturraspe, para que el de Abadiño hiciese de clon de Orbaiz. Y acertó el entrenador. Que no está mal, de vez en cuando. El equipo tuvo más posesión y fluidez, como demostró la jugada del segundo gol entre Iturraspe, precisamente, Llorente y Toquero, que fabricaron una jugada brillante, remachada con un tiro no demasiado letal al que Alves, que parece que sólo para balones cuando se lanzan desde los once metros, no opuso ninguna resistencia.

A partir de ahí tocaba bregar y en eso poco se le puede reprochar a este equipo, aunque ello suponga hacerles vivir en un brete cada minuto a los aficionados. El encuentro estaba demasiado abierto hasta que Orbaiz, en un robo en el centro del campo, levantó la ceja y vio a Alves despistado. Tiro desde el círculo central y gol de videoteca.
Debió morir ahí el partido y, sin embargo, el Athletic tuvo ocasión de lucir portero para evitar el recorte de distancias en el marcador. También sus opciones tuvo Toquero, al que la falta de frescura seguro que no ayudó a culminar las jugadas como requerían. Será importante Gaizka el próximo sábado, por lo que tampoco se entendió demasiado por qué el banquillo tardó tanto en dar la orden de sustituirlo por de Marcos, que de nuevo viste de delantero según la última moda en Utrera.

No dio mucho más de sí la contienda según pasaban los minutos, salvo la entrada de un Amorebieta, con peinado de cachorro de león y al que hubo que mirar los tatuajes para reconocer, con objeto de evitar sustos y rascar algún segundo.
Y pitó Mateu Lahoz el final, tras otra de sus desesperantes faenas, aplicando el reglamento que ha inventado en la cocina de su casa y según la regla de dejar jugar, pero a su manera, confundiendo la ley de la ventaja con la impunidad. También en las áreas, y si no que se lo pregunten a Llorente.

El sábado será otro cantar. El malherido Madrid de Mourinho deberá sostenerse en el segundo puesto como sea ante un Athletic al que una victoria catapultará a Europa. La alineación no deparará grandes sorpresas. Quizá la del lateral, puesto que la ausencia de Koikili no parece fácil de interpretar. Castillo, que hizo un partido de menos a más, tampoco aprovechó en exceso su oportunidad y el trivote no parece que funcionase como para echar cohetes.

De ganarse al enésimo fracaso deportivo del Pérez más famoso de España, se dará el pistoletazo de salida al proceso electoral. Entre asambleas estatutarias y rumores de candidaturas, Macua deberá dar el paso. Para ello ya intenta vender su imagen de gestor y prepara el anuncio de la renovación de Javi Martínez. Es lo que tiene no poder vestir el escaparate con la elegancia, transparencia y saber estar que requiere este Club. Porque los maniquíes de Arrinda, Jabyer Fernández o Martínez Lozano no son los mejores para intentar colocar las chaquetas que gustan al presidente.