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El juego de las lágrimas

El 29 de Junio de 1986, en el imponente Estadio Azteca de la Ciudad de México, la selección Argentina de Futbol se consagraba por segunda vez en su historia, Campeón Mundial de mayores. Estamos acercándonos al cuarto de siglo de esa gesta inolvidable. Cinco lustros pasaron y conforme nos acercamos a la fecha, más lejos estamos de volver a repetirla.

Así como España logró brillantemente –esto va de mío- el último mundial, un logro que se le venía negando desde el comienzo de la historia, ningún aficionado, sea del país que fuese, pudo sorprenderse por esto. Era la culminación de un trabajo que España venía insinuando con la Eurocopa en 2008, con una Liga jerarquizada por los mejores futbolistas de los 5 continentes, en fin… por muchos factores cuya resultante fue la coronación en Sudáfrica.

Digo que Argentina se aleja cada vez más de repetir una gesta así, porque a pesar de seguir produciendo jugadores como para tener aspiraciones de ganar todo lo que juegue (la cantera argentina fue, es y será pródiga en ese aspecto) nos empeñamos en hacer todo mal. Todo improvisado; todo “tirado de los pelos”.

Julio Humberto Grondona –ya ha sido dicho- maneja dictatorialmente los destinos de la entidad madre del fútbol desde hace más de 30 años. Pero no es el único culpable del estado de situación. En absoluto. Que nadie se haga el distraído ni mire para otro lado, porque todos los que de algún modo u otro forman parte de este circo, están sucios en algún costado y sería hipócrita pretender que este marasmo es culpa únicamente de “el Padrino”.

Periodistas abominables que están vendidos por un pancho y una gaseosa y que hacen campaña de un modo grotesco para tal o cual jugador, y denostan, denigran e injurian al que no les da notas porque no comulga con ellos, porque no quiere… o definitivamente porque –como a mí- le dan asco algunos lenguaraces de la radio y la televisión. Esto viene de lejos (recuerdo el caso de Hugo Villaverde, uno de los mejores centrales que vi en mi vida, que edificó toda su campaña multicampeona sin hablar con la prensa, luego de que en una de sus primeras notas, le cambiaran radicalmente lo que había dicho).

Los árbitros no podían estar fuera de esta recorrida. Los fariseos de los medios dicen siempre “yo creo en la honestidad de los árbitros” cuando viven cuestionándolos y pasando el peine fino del error para crucificarlos. Yo no creo en tal honestidad así, como colectivo… creo, más bien, que debe haber jueces honorables e impolutos, y algunos “que Dios me libre y me guarde”.

Por último los jugadores, que se han ido convirtiendo –cada día un poquito más- en unos seres absolutamente simuladores, malos compañeros, ventajeros y alcahuetes, pidiendo a los colegiados que repartan tarjetas amarillas y rojas a los del equipo contrario, que la temporada venidera pueden ser sus compañeros de equipo. Todo muy feo… muy medio pelo… muy miserable.

No se ven estas actitudes en un Mundial… ellos saben qué no se puede hacer y qué no se debe hacer… ¡y no lo hacen! Pero acá, en casa, se convierten en personajes patéticos pidiendo tarjetas, simulando codazos, jugando a no jugar. Y en este cocido de picardías, trampas y ventajas, cada vez se corre un poco más la línea y se estiran un poco más las reglas, mientras se dan como aceptadas ciertas pautas, ciertas actitudes, ciertas artimañas.

Puntualmente me refiero a los agarrones dentro del área en cada tiro libre que va a caer dentro de la zona de sentencia. Desde hace varios años, es grotesco ver a las parejas de jugadores forcejeando como si se tratase de un torneo de sumo o lucha greco-romana, viendo como se estiran esas zamarras a medio metro del torso del dueño (digan que estas telas sintéticas de ahora son bastante resistentes, que si no, no habría utilería que aguante).

¿Son penales?… ¡claro que sí! ¡PERO NO LOS COBRA NADIE! Porque si se cobrasen los agarrones dentro del área, tendríamos partidos que terminarían 17 a 15… o guarismos similares. Deberían cobrarse Y SIEMPRE, ni más ni menos, porque así lo marca el reglamento de la International Board, Pero no se hace. Los jugadores lo saben y se prenden como sanguijuelas a su marca. Los árbitros lo saben pero hacen la “vista gorda”. Los comentaristas lo ven cada partido y ya casi ni lo señalan en sus comentarios. La podredumbre de un futbol doméstico sospechado de toda sospecha.

Es por eso que me ha sonado ridículo, absurdo, deplorable, el nivel de llanto de todo el mundo River, luego de perder el clásico contra Boca Juniors el domingo por 2 a 0, reclamando 6, 7, 8, 45 penales a su favor no cobrados por agarrones en el área, por un árbitro que hace 4 meses tiene status de Internacional, que parece ser un buen proyecto de árbitro y al que han crucificado por no cobrar lo que nadie cobra.

Miren… Martin Palermo no es santo de mi devoción a pesar de sus más de 200 chicharos metidos con la camiseta de Boca, lo he dicho en este espacio. Pues bien: a M. Palermo, de esos penales le vienen haciendo 3 ó 4 por partido desde hace diez años, y no exagero.

Por eso me resultó tan ridículo ver a Daniel Passarella -hoy Presidente de River- quejarse del modo que lo hizo ayer Martes, en la A.F.A.

Fue -sin dudas- uno de los mejores defensores de la historia, pero un hombre que no dudaba en romperle la tibia a un alcanzapelotas si no reponía rápido el balón cuando su equipo perdía (aunque permitía que el chico se durmiese una siesta si el equipo iba en ventaja).

Por eso me sonó triste escuchar a Passarella comparar a este joven proyecto de buen árbitro con el abominable Javier Brazenas, al tratar de equiparar un partido más contra el rival de siempre, con la final de Campeonato -corolario de toda una campaña- en la que el susodicho Brazenas privó a Huracán de gritar Campeón. Créanme que los jugadores, hinchas y directivos de Huracán se quejaron mucho menos que lo que Passarella y los periodistas afines a River Plate vienen haciendo desde el domingo. ¿Qué hubiese hecho Passarella si le arbitraban una final de ese modo? … imposible saberlo, aunque a juzgar por sus reclamos post-partido (que lejos de acallarse, van “in crescendo”) lo menos hubiera sido muñirse de una M60 al mejor estilo “Terminator” y emprender contra el personal de la AFA, buscando a Julio “Sarah Connor” Grondona para matarlo)

Ni Passarella ni la prensa adicta se quejó del arbitraje el domingo anterior, sí, sí… apenas el domingo anterior, cuando su jugador estrella, Erik Lamela –a quien he elogiado en este espacio- no fue expulsado por un codazo en el rostro a un rival para que no se perdiera el clásico. Tampoco lo escuché quejarse del gol en claro off-side de Funes Mori contra Independiente en este torneo, y mire que hay más, muchas más, aunque el jure lo contrario.

Por eso, seamos buenos y entendamos que hasta “el juego de las lágrimas” tiene un límite.

Por último: Daniel Passarella, yo estoy de acuerdo con vos, Grondona se tiene que ir cuanto antes. Su tiempo pasó… pero no podes pedirle que renuncie, cuando hace dos meses y sin que los otros clubes se enteren, le pediste que te adelante 20 millones de pesos –que te adelantó- para tapar agujeros en el club. No es ético y se sigue aumentando el estado de putrefacción imperante.

Yo a mis enemigos, no les pido nada. Y en lo posible, a mis amigos tampoco.

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Las matemáticas no convencen a San Mamés

Sería fácil hacer leña, pero reconforta ver la reacción de San Mamés, censurando la aplicación fría de la calculadora a algo tan pasional como el fútbol. Caparrós comenzó a cavar su tumba en Iruña, a la finalización del partido, con esa frase que en Bizkaia quedará para representar su concepto del juego. Clasificación, amigo. Y eso fue lo que dio a la afición el domingo. Pero si esperaba una fiesta, una Catedral entregada al resultadismo, obtuvo una clara y contundente respuesta.

Dicen que el de Utrera está enfadado, molesto. No entiende que no se valore el mérito que, sin duda, tiene dejar este plantel en Europa. Y es lógico en un resultadista nato. Pero la diferencia estriba en que al aficionado que acude cada quince días a San Mamés, o el que semanalmente se presenta en el bar, se le atraganta ver jugar al Athletic. Aburre. Soberanamente. Y el fútbol es mucho más que el resultado. Por eso los partidos duran 90 minutos, en los que se pretende ver espectáculo, y no finalizan cuando el árbitro lanza la moneda.

Hay muchos conceptos de buen juego, a pesar de que la irrupción del Barça de Guardiola haya consagrado el estilo de su equipo como única forma de jugar bien. En San Mamés se tiene una idea clara de lo que gusta e incluso con Caparrós se ha podido ver por momentos, aunque escasos. Sin embargo, el final de esta liga, con un equipo físicamente agotado, en el que los resultados y la clasificación han estado más unidos al desatino de rivales y a la fortuna, han dejado en evidencia la necesidad de intentar a futuro cosas distintas.

Lo visto el domingo frente al Málaga difícilmente tiene un pase. Cierto que los de Pellegrini son un equipo bien trabajado, en forma y reforzado. Que jugó más y mejor, que incluso en inferioridad mantuvo el dominio del juego. Pero el Athletic fue conformista, no ya en el campo, sino en el planteamiento previo, cuando Caparrós afirmaba entre semana que lo importante no era el quinto puesto, sólo la clasificación europea. Y se demostró en el campo, en la actitud timorata de un equipo que no transmitió, que no arriesgó, que solo creo peligro a balón parado, y beneficiado de un arbitraje hogareño de un Muñiz al que por avería del temporizador de su aparato de rayos UVA por momentos se confundía con Baptista.

Ahora la preocupación invade al irresponsable García. Ese sujeto que por desgracia dirige los designios del Club y que lleva dos meses de precampaña, tomando decisiones que sólo a él benefician y que condicionan el futuro del Athletic. Pretendió una fiesta el domingo, anunciar elecciones en loor de multitud y sólo encontró pitos donde pretendía palmas.

Afirma su particular vocero que estudia dilatar la convocatoria electoral para anunciarla tras la renovación del contrato televisivo, que presumiblemente se verá incrementado en una cantidad importante, con objeto de afianzar su perfil gestor.

Pero la estrategia del actual presidente corre riesgos. El primero, el de presentarse con Caparrós de entrenador y con el pasaporte europeo bajo el brazo, ya le ha salido rana. El segundo, el de retrasar el proceso electoral para cercenar las opciones de Urrutia corre riesgo de dejar al Club al borde del colapso. Si el Racing ganara al Athletic, como el inefable Revilluca pretende, y quedase séptimo con la consiguiente obligación de disputar dos previas de Europa League, el Athletic se podría encontrar con el equipo en Lezama sin presidente y, más que probablemente, sin entrenador.

Ese es el perfil de García Macua. El de la propaganda, el del uso partidista del Club en su favor, ese al que no importa el futuro de la entidad si él no la rige. Pero no todo puede ser el cálculo. En lo deportivo ya lo ha dejado claro San Mamés, y en lo social quizá se lo deje también claro el socio. Devaluado Caparrós, todo apunta a una campaña en la que se vuelvan a confrontar proyectos deportivos. Para desgracia del Athletic.

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La tensa vigilia de un evento único

"La Bombonera no tiembla. Late".

Para los hinchas xeneizes, no hay nada mejor que ver un partido en nuestro estadio, y más contra River. Y según la revista The Observer, publicada por el diario inglés The Guardian, ver un superclásico en este estadio tan especial es el primer evento que un verdadero fanático del deporte debe hacer antes de morir. Sí, una revista inglesa, con la rivalidad deportiva y extradeportiva que hay entre los dos países, puso a Boca-River delante de cualquier evento mundial y delante de clásicos como Barcelona-Real Madrid o Inter-Milán.

¿Cómo se hizo la selección? Para celebrar su edición número 50, consultaron a personalidades, entre ellas periodistas especializados, deportistas y actores. Y cada uno eligió su evento favorito. Para Gavin Hamilton, editor de la reconocida revista inglesa World Soccer, el Derby argentino hace ver al Rangers-Celtic como un picado entre chicos de la escuela. Pero no sólo eso: remarcó que el partido adquiere “status” de imperdible cuando se juega en la cancha de Brandsen 805. "Uno de sus lados es muy extraño. Es como si fueran muchas cajitas, una encima de la otra. Parece una caja de chocolates, su apodo es apropiado. Es una combinación de color, ruido y energía", explica el periodista.

(Gavin … esas cajitas son los palcos)

"El Boca-River es el clásico más intenso de Argentina y de toda Latinoamérica. La pasión que genera no tiene igual en el resto del mundo", continúa. Además, explica cómo llegar a la Bombonera y los precios de sus entradas y hasta recuerda el paso de Diego Maradona por el club. Si bien en la nota se aclara que el orden en el que figuran los eventos es arbitrario, no deja de sorprender que un superclásico en la Bombonera se ubique en el primer lugar. En la lista figura el tenista inglés Tim Henman recomendando ver un partido en la cancha central de Wimbledon, Jack Nicholson eligiendo uno de Los Angeles Lakers en primera fila... y muchos más.

Si nos metemos en el túnel del tiempo y nos remontamos a los primeros años del siglo pasado, veremos que este derby comenzó siendo un pleito de barrio, con todas las broncas, los odios y la guerra que generan los pleitos de barrio … y continúa siendo lo mismo esencialmente. Es que han nacido casi juntos, como si fueran cachorros de una misma lechigada. La canción que los acunó fue el mismo canto marinero y proletario que la brisa del rio llevaba a cada rincón de esa República de la Boca, la de las cantinas de la calle Necochea. La de las barcazas que se quedaron ancladas para siempre en el Riachuelo. La de la Vuelta de Rocha y la calle Caminito, símil americano de Montmartre. Allí, en esta geografía que amo hasta el colmo, empezó el lio que sigue hasta hoy y seguirá por los siglos de los siglos mientras ruede una pelota. Pero el destino quiso que se abriesen, como si algún Dios del Olimpo futbolero pusiera en práctica aquello de “Divide et impera”, como si el barrio no pudiese albergar a los dos colosos… aunque muchos de los familiares de los viejos fundadores de River Plate continúan viviendo en La Boca y Barracas.

En este choque no cuentan actualidades ni antecedentes. Tampoco importa saber quien llega mejor o si uno tiene mejor equipo que el otro. Todo eso es secundario.

En este duelo triunfa el que ese día tuvo más temple, más coraje, más agallas.

Revisando los grandes derbis del mundo, y a sabiendas de que hay muchos de ellos que paralizan a todo un país y de otros que son extremadamente violentos porque intervienen factores étnicos o religiosos, pienso que la diferencia con el Boca – River, radica en que entre ambos aglutinan el 80 % de la afición argentina, y miren que hablo de un país que ha parido a clubes de riquísima historia como Racing, Independiente, Velez Sarsfield, Estudiantes de la Plata –todos ellos Campeones del Mundo alguna vez- y no menos grandes San Lorenzo, Rosario Central, Huracán y hasta esa factoría de cracks que ha sido siempre Argentinos Juniors… pues en ese país, el 80 % de la gente o es de Boca o es de River.

Son Boca y River… carne y alma de ese barrio sin parangón, único en el mundo, de pintores, de poetas, de músicos, de teatro en las calles y de barcos anclados en las veredas del barrio. Un barrio que la “yuga” de día y se divierte a la noche, mientras espera que llegue el domingo. Porque ambos nacieron allí y se acunaron con rumor de puerto, viendo al maestro Quinquela mientras pintaba. Por eso el pleito -aunque ahora estén físicamente separados- sigue siendo un pleito de barrio, aunque hoy sea una rivalidad deportiva famosa en el universo.

Faltan menos de 5 días para que, gracias a Dios, podamos ver un espectáculo imperdible.

¿Me preguntan un resultado?… ¡Les hacemos tres goles , y a llorar a la Iglesia!

Yo ya avisé ….

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Quintos, pero no exentos de sufrimiento

El viento sur y un Athletic en versión indolente resulta una combinación letal. Así comenzó el encuentro y continuó durante media hora, para desesperación de una grada que acudía a San Mamés a una hora poco propicia para ver fútbol. A un medio centro inoperante, ocupado en esta ocasión por Orbaiz y Javi, se sumaban unas bandas inexistentes y una delantera en la que Llorente parecía ausente. El rival, compuesto por 11 excursionistas a los que pegaba más verles guía en mano disfrutando del Guggenheim y de la impresionante transformación del Botxo, facilitaba, afortunadamente, el empate a cero.

Sin embargo, hubo alguien que en su partido cien decidió que había que ganar el encuentro. Sus constantes peleas, presión y desmarques terminaron por dar fruto. Se llama Toquero y hasta, dicen, que su rendimiento ha llamado la atención de Del Bosque. Ver para creer. Quien me lo iba a decir. Lo cierto es que el de Ariznabarra abrió el marcador tras recibir un pase de listo de Muniain, otra vez determinante y desequilibrante cerca del área. Es lo que tiene este equipo. Con algo de calidad, en un partido tedioso, es capaz de sacar petróleo. Sin embargo, a pesar de la victoria momentánea, no le resultó sencillo administrar la ventaja. Hasta el descanso sufrió, en varias contras levantinas, y sobresalió, una vez más, Ekiza con cortes de balón dignos de los mejores centrales que se puedan recordar.

Tras el descanso volvió la cosa por los mismos derroteros hasta que Ramírez Domínguez señaló algo parecido a un penalti sobre Llorente. La brillante transformación de David López le dio ánimo al peluquero riojano y en pocos minutos el Athletic pudo golear, a nada que el nueve de Rincón de Soto hubiese atinado en los regalos que en forma de pase le sirvió David –¡qué lástima la intermitencia de este jugador!- desde la derecha.

Vista la desesperación de la referencia en ataque, fue su compañero, Toquero, quien en otra de sus disputas le puso en bandeja a Fernando el tercero de la tarde. Y lo que parecía una fiesta en forma de goleada a punto estuvo de acabar en funeral.

Por la evidencia de que el equipo anda escaso de fuerza –Llorente y Muniain boqueaban como txitxarros recién pescados-, Caparrós se vio obligado a dar entrada a Gabilondo y Urko Vera. Sin embargo su presencia no se notó, de la misma forma que la sustitución por lesión de Orbaiz por Gurpegi sólo contribuyó a perder el poco control que hasta ese momento se había tenido en el centro del campo.

En una jugada indignante, con una pasiva actuación de gran parte del equipo, el Levante recorría la banda izquierda sin oposición para que San José acabase por recortar distancias en propia puerta. Más tarde un córner defendido con más nervios que criterio llevaba la histeria a la grada, al césped y, no digamos, al banquillo.

Apretó el Levante, que no dudó en dejar que Munúa, su portero, abandonase la portería en varios lances, y defendió como pudo el Athletic para acabar defendiendo un resultado que la jornada convirtió en oro. La reconquista de la quinta plaza, y las derrotas de los rivales directos abren la puerta europea al Athletic, que deberá lograr puntuar contra equipos que se juegan la vida. Y esa es la duda principal. Si un grupo al que las fuerzas le flaquean será capaz de plantar cara a Deportivo o Málaga. El partido contra el Levante deja demasiadas dudas y no parece razonable jugarse no quedar séptimo en Santander en la última jornada.

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Varapalo a la miseria futbolística

Tenía que pasar. Y sucedió el día que más duele, el que más reflejo tiene en la tabla. Quizá sea lo más justo, para poner a los resultadistas frente a la verdadera obra de Joaquín Jesús y de las consecuencias de dar por bueno todo aquello que suponga atesorar puntos, eso que en el universo futbolístico ya se resume con la frase la clasificación, amigo.

Doce minutos le duró la tranquilidad al Athletic. Fueron los que tardó el Espanyol en desperezarse y llegar al área visitante para poner a prueba a su antiguo portero, que lo bordó, salvo en un inconcebible penalti cometido al borde del descanso, afortunadamente no señalado por un colegiado que demostró un nivel paupérrimo para la primera división, que es mucho decir viendo cómo está el arbitraje, y cuya presencia en Primera sólo se entiende por compartir procedencia con el presidente de los trencillas.

El Athletic perdió, con justicia, para con el Espanyol y el fútbol. De no mediar Iraizoz y un gran Ekiza, de nuevo enorme, la victoria periquita hubiese sido, además, más contundente, algo preocupante, porque los de Cornellá, con un equipo desguazado por traspasos y lesiones, que físicamente da señales de agotamiento, puso en evidencia a los de San Mamés.

Ante las molestias de Llorente, Caparrós apostó de inicio porque Toquero hiciese de referencia en punta, algo para lo que no está capacitado, y dio entrada en la media punta a Iturraspe, que busca casa para vivir en Barcelona, pues es en la única plaza en la que suele gozar de minutos.
En esa primera parte, el Athletic sólo fue capaz de tener una ocasión, de lanzamiento de falta tras desmayo de Susaeta, que ocupaba la banda derecha, y que transformó brillantemente el propio jugador eibartarra tras un mensaje al oído de Ekiza. Rentabilidad máxima, de nuevo, y empate al descanso.

Hasta el propio entrenador de Utrera vio que su planteamiento flojeaba y decidió actuar. Pero los cambios no son lo suyo. Sacrificó a Iturraspe, el único que se empeñaba en tratar al balón para aquello que fue concebido, para hacerlo rodar por el césped, y dio entrada a un Llorente capitidisminuido. Con dos puntas el Athletic funcionó aún peor, con el centro del campo absolutamente superado e incapaz de hacerse con el balón, lo que produjo demasiados problemas en una zaga donde el flanco izquierdo rozó el ridículo. Amorebieta y Castillo protagonizaron una actuación indigna, con movimientos desastrosos que rompían constantemente el fuera de juego, con fallos constantes en el despeje. El de Cantaura ha pasado de ser una promesa a convertirse en una preocupación. Y resulta intolerable su querencia a quedarse parado levantando la mano, como cuando se pide un taxi, en cada ocasión en la que reclama fuera de juego.

Tan evidente era el naufragio que Caparrós tuvo que volver al esquema inicial, dando entrada a Orbaiz por Toquero, pero era demasiado tarde. Al Athletic no le funcionaba el centro del campo, incapaz de retener mínimamente el balón, de darle sentido al juego, de buscar a su referencia en punta, brillantemente defendido por Teixeira Vitienes, que señalaba falta en cada disputa del de Rincón de Soto.

La derrota era cuestión de tiempo y las flores, tarde o temprano, marchitan. También la de Joaquín Jesús. La suerte le fue esquiva y, además, en el momento más cruel, cuando sobre el escenario se acababa de reflejar el planteamiento más cobarde, el del cálculo sobre cualquier otra consideración. Fútbol con pañal. Muniain que, al igual que Susaeta, no estaba para nada, enfiló vestuario y dejó plaza a Ustaritz que pintaba por orden del maestro de Utrera un boceto desolador: tres centrales, tres centrocampistas de corte defensivo, acompañados por dos laterales, un punta en horas bajas y el juego estrambótico de Susaeta. Inicialmente era para llorar. Intentar durante media hora sustentar un punto. Y acabó siendo para enfadarse. Y mucho.
Los argumentos que habían valido para justificar lo de Iruña, lo del partido contra la Real, quedaron en evidencia. Contra un rival al que se coloca, de nuevo, en la lucha europea. El día en que se arranca la jornada en la séptima plaza, puesto de consolación, conociendo la necesidad de ganar. Después de que la plantilla hablase de final. Y las finales, querido Joaquín Jesús, se juegan a ganar.

Debiera valer el ejercicio de ayer para que muchos se den cuenta de lo dañina que es la receta, de que este equipo da para otra forma de lograr lo mismo. Resulta descorazonador ver el talento de Llorente, Muniain, Iraola o Javi Martínez condenado a practicar este mal llamado juego. No puede tener continuidad ni una temporada más.