+ 3

Mal encuentro, pase copero y necesarias vacaciones

El objetivo era pasar de ronda, y así se hizo, por lo que el Athletic llega a las merecidas (y necesarias) vacaciones invernales con los deberes más que hechos. Primero de su grupo en la Europa League, garantizada su presencia en el bombo copero del sorteo del viernes y con una posición desahogada en Liga, sin bien demasiado alejada de los puestos de honor pese a los méritos deportivos. Con todo, quedan más de dos semanas para hacer balance.

Con respecto a la ronda copera, el partido de vuelta volvió a poner de manifiesto lo poco que hay que ganar en estas eliminatorias y lo mucho que perder. Sólo basta mirar los resultados para comprobar que año tras año el torneo del KO sigue deparando sorpresas que cuestan el puesto a entrenadores. La jornada de ayer no fue, tampoco, excepción.

Por ello, Bielsa apostó por dar continuidad a sus ideas ordenando que jugase el once habitual, mermado por la baja de Oscar de Marcos que cedió su sitio a un Iñigo Pérez al que el Oviedo no dejó desplegar su juego. No comenzó el Athletic mal, mandón en el campo y con velocidad, y cuando todo apuntaba a que la eliminatoria podría resolverse rápido, Pacheta supo reposicionar a sus hombres para eliminar la teórica diferencia.

Adelantado el Oviedo, presionando incansablemente en el centro del campo, anuló la línea de creación de los rojiblancos y dificultó la circulación de balón. Iturraspe se vio obligado a iniciar el juego incrustado en la línea de centrales pero sólo consiguió que el encuentro se trabase, con continuas pérdidas de balón en la zona ancha y sin circulación hacia unas bandas en las que el agotado Susaeta y el desaparecido Muniain no aportaban la salida necesaria.

El Oviedo apretaba, intentaba sorprender en velocidad, pero tampoco encontraba la portería de Iraizoz por la agilidad de Javi Martínez y un cada vez más asentado Amorebieta, aunque demostraba la ambición, valentía y dignidad que fueron incapaces Granada, Racing o Zaragoza. La tediosa primera parte dio paso a una segunda en la que Bielsa volvió a evidenciar con un cambio que lo que veía en el campo no le satisfacía.

Dado que la defensa era la línea de creación por la presión ovetense optó por situar en la zaga a San José, el central con mejor salida de balón según su parecer, y resituar a Iturraspe más adelantado en sustitución de Pérez, manteniendo la línea de tres centrales. El esquema, invariable, tampoco surtió demasiado efecto. La entrada de Ibai por el apagado Susaeta tampoco dio demasiada profundidad, aunque el pase de los minutos y la constatación de la diferencia de fondo físico entre el fútbol de élite y el de bronce hicieron mella en los asturianos.

Poco a poco el Oviedo cedió en su presión, aminoró su marcha y el Athletic se sintió más cómodo. Un buen servicio de Ibai fue rematado por Toquero al larguero y de una contra bien llevada por Muniain, en lo poco positivo que aportó al equipo, llegó el gol de un Herrera que sigue acumulando méritos para convertirse en el líder del grupo, por fútbol y personalidad.

Ahí murió el encuentro. Debió hacerlo antes, seguramente en Oviedo, pero lo importante era el pase. El entrenador reconoció que la victoria era justa pero hizo autocrítica sobre el juego, algo reconfortante. Nadie se escudó en la clasificación para dar por bueno un juego que no conduce a nada. Quienes contra todo impedimento se desplazaron a San Mamés, los que bajamos al bar, esperábamos más del partido. Porque por una cosa u otra, las buenas intenciones del banquillo no acaban de dar una alegría completa. Con todo, la hoja de ruta debe mantenerse invariable.

+ 0

Victoria agónica contra los elementos

Sirvió la victoria agónica del Athletic para que el equipo siga sumando enteros, aunque cada partido tenga su particular cúmulo de despropósitos, unos por deméritos propios, tanto en área propia como ajena, y otros, demasiados ya, causados por los trencillas de turno.

El caso es que no hay forma de ver un partido redondo, tranquilo, que refleje en el marcador el mérito al que por juego se hace acreedor el once de Bielsa. Cierto que los debes empiezan en la eficacia, se pudo observar en Susaeta, que necesitó de tres ocasiones cantadas para transformar un único gol, en unos niveles de transformación demasiado bajos para primera.

El desahogo de los incondicionales de San Mamés fue mayúsculo, porque según avanzaba el reloj del luminoso hacia el minuto noventa se veía escapar un partido que apuntaba a goleada en el primer cuarto de hora. El tiempo que necesitó el paupérrimo Zaragoza del pasivo Javier Aguirre para pisar el área de Iraizoz y que Pérez Montero, debutante cuyo nombre nunca olvidará la parroquia zurigorri, y sus acompañantes redondearan lo que desde el inicio prometía ser una tropelía arbitral en toda regla.

En una jugada en la que Lafita se durmió y Javi Martínez metió su zanco para arrebatarle con limpieza el balón, el nefasto trencilla vio falta y decretó penalti. Acertó en mostrar la roja, puesto que así lo manda el reglamento, pero su invención tuvo un alto coste para el Athletic. Tras el empate a uno, con Iturraspe de central interino, al Zaragoza le subió levemente la autoestima y los rojiblancos anduvieron a su merced hasta que San José calentó en banda y reemplazó a un Iñigo Pérez que hasta su sustitución parecía exultante e hipermotivado. Fue el segundo damnificado por la decisión arbitral.

Aplicado el lógico parche, el Athletic volvió por sus fueros y a pesar de la inferioridad, enrabietado y empujado por un San Mamés que sabe cómo actuar en esas situaciones, se hizo dueño del balón y gestionó los minutos con inteligencia ante un Zaragoza que se limitó a perder tiempo y coser a faltas a los locales ante la pasividad arbitral, que mostró la mitad de las tarjetas que debía.

Según pasaron los minutos, la brillante labor de Herrera, sobrado de fútbol y personalidad, dirigiendo al grupo dio sus frutos, aliado con la mejor versión de De Marcos y un ambicioso Amorebieta. Era cuestión de paciencia, pues eran dueños de la posesión, tanto contra once como cuando el arbitro compensó de la forma más lamentable, mostrando a Lanzaro la segunda tarjeta. Oportunidades mejores tuvo, más ajustadas a reglamento, por ejemplo con Ponzio, pero lo del colegiado andaluz fue de traca.

El desastre continuó cuando se anuló un gol legal a de Marcos. Y es que los jueces de líneas tampoco daban una a derechas. En el gol de Susaeta ya se comprobó  que no estaban a lo que había que estar, cuando el juez de tribuna principal levantó la bandera por fuera de juego de Susaeta cuando todo el campo vio que el balón procedía de un jugador maño.

La agonía iba in crescendo, pero el Athletic lo intentaba. La entrada de Ibai, que parece que va ganando enteros para el mister, aportó profunidad y frescura. Suya fue la entrega a de Marcos para que el de Biasteri centrase brillantemente para un Toquero que remató con todo.

Quedaban cinco minutos que debían servir para desterrar dudas y así fue. El equipo se adueñó del balón, anchó el campo y decidió gestionar el final del partido con inteligencia, sin dar opciones a un rival cuya pasividad le condenará irremisiblemente al descenso.

Fue un partido importante para el equipo. Empezó bien, principalmente por las variantes tácticas decretadas por Bielsa, con la permuta constante de posiciones entre Toquero y de Marcos, y que desarboló a un Zaragoza que venía con la lección aprendida. También por la entrega de los futbolistas, donde sobresalió el centro del campo y la banda derecha, a pesar de que faltasen en el once los internacionales, los Llorente, Javi e Iraola. Y a pesar de que se siguió viendo la versión más pobre de un Muniain al que vendrá bien el descanso navideño.

Y tuvo el final que mereció, no por suerte, sino por trabajo y merecimientos futbolísticos. Llega a las vacaciones invernales con menos puntos de los merecidos en Liga, con brillante clasificación europea y, esperemos, con el pase de ronda copera. Más importante es, además, la sensación de que a nada que se mejoren ciertos aspectos el equipo debe anclarse en los puestos nobles de la tabla, aunque para ello deba superar un examen exigente en enero. Hasta entonces, tiempo habrá de análisis, estadísticas y debates sobre preferencias en la alineación. Pero de momento, hay que centrarse en la Copa.

+ 0

La cara B sonó igual. Para bien y para mal.

No solía ser fácil que la cara B de los discos tuviese el nivel de la A, siempre se dejaban las peores canciones, las de relleno, acaso alguna buena como reclamo, por aquello  de que el comprador, al menos, se molestase en dar la vuelta al disco.

Así pues, Bielsa salteó la Cara B de su disco con canciones conocidas. Iraola, el para él imprescindible Iturraspe y Aurtenetxe, rellenando el resto con propuestas alternativas, novedosas. Incluso inéditas. Decidió apostar por Iñigo Pérez -el mejor a pesar del inmerecido error del gol en propia meta- para acompañar a Iturraspe, dio movilidad a David López para que hiciese de Herrera, y dispuso por bandas a Gabilondo e Ibai Gómez, aunque alternando este último con un Toquero que sólo resulta trascendente cuando bascula a posición de extremo.

La propuesta resultó atractiva desde el punto de vista del espectador, de manejo de balón, del concepto de juego, de movilidad, velocidad, generación de ocasiones… pudo verse, también, que Raúl es un portero que merece minutos, rápido de reflejos, ágil, y con buen manejo de la pelota, algo crucial con el actual concepto de juego. Los meritorios salieron a reivindicarse, y no se lo pusieron fácil a Bielsa. Algunos piden minutos y ayer demostraron que son dignos acreedores de alguna oportunidad. Al menos los Pérez, Gómez y López.

Para recuperar presencia en el once, para reivindicar minutos, David López aprovechó la jornada para demostrar que es el mejor centrador del equipo sacando un córner como nadie que posibilitó el cero a uno, y marcando un golazo desde fuera del área, que posibilitó en empate a dos. Ibai Gómez, también, puso en aprietos a Bielsa, demostrando a Susaeta que para la banda derecha hay alternativas que además de ofrecer dinamismo pueden aportar precisión.

Y hasta ahí lo bueno, que lo hubo. Como también sirvió el encuentro para aumentar la confusión y generar más dudas. Porque si bien es cierto que el equipo juega bien, que entretiene, los peros se mantienen, demasiado consolidados, sin observarse tan siquiera una leve mejoría. El balón parado se ha convertido en un filón para los equipos rivales, sean del nivel del PSG, que marcó dos por esta vía, sean rivales mediocres como Granada o Racing. Y es que el Athletic ha encajado en tres días, en dos partidos oficiales, tres goles de falta y córner.

Por otra parte, la endeblez defensiva, motivada casi siempre por encontrarse la retaguardia zurigorri en inferioridad numérica, fruto de contras que arrancan en pérdidas de balón en campo rival, que en muchos casos -los más- arrancan por una mala gestión (errores en los pases en la medular o por malas finalizaciones en jugadas de ataque), no parece que se corrija.

Hay una constante esta temporada, algo común a todos los encuentros. Y es el de la sensación de que en todos ellos se ha merecido el equipo algo más, que cuando ha ganado el resultado ha sido corto, que cuando ha perdido no lo ha merecido y que en la mayoría de empates mereció ganar. Pero no se puede apelar a la mala suerte, o sólo a eso. Falla la defensa y la candidez ofensiva debe tener límites. De no remediarlo, el Athletic se condenará a una posición clasificatoria que nada tendrá que ver con su fútbol.

Llegan ya los dos últimos encuentros antes del parón, en los que no hay ya margen para el tropiezo. Contra el Zaragoza, con Llorente recuperado, sólo valdrá ganar o ganar, y contra el Oviedo, con un campo que se presupone medio vacío por el día de Santo Tomás y la huelga de Metro Bilbao, habrá que certificar el pase clasificatorio.

Las dos semanas de parón navideño seguro que servirán a Bielsa para repasar lo ocurrido, estudiar y analizar vídeos, y tomar alguna medida. Diseñar una alternativa para cuando no esté Llorente, buscar solución a la sangría defensiva e idear cómo hacer que sus hombres desarrollen el instinto matador que permite en el fútbol profesional escalar posiciones en la tabla.

+ 8

Final acorde a una campaña de libro




Un axioma futbolero muy antiguo dice que “Los campeones no se discuten”
Y hay otro que asegura que “El campeón, siempre es el mejor”.
Naturalmente, todo es discutible y opinable… y aunque haya ejemplos de equipos que no han sido campeones y han quedado en el recuerdo de los aficionados con más fuerza que el ganador (Holanda ´74 … Brasil ´82) en general, coincido con estas definiciones, aunque añore épocas donde el fútbol era –desde el punto de vista estético- más atractivo que el actual … aunque menos competitivo (la verdad sea dicha)
Mucho se ha hablado de que este equipo de Boca Juniors (¿puedo escribir: “de mi amado Boca Juniors”?) no ha lucido… no ha convencido.
Los aficionados de otras latitudes deben saber que “o se es de Boca… o se es anti-Boca”… no hay otra opción. No hay términos medios. Imposible ser indiferente. ¿Porqué? … pues no lo sé, a pesar de que me lo he preguntado muchísimas veces. Ya no lo hago.
Supongo que debe ser la consecuencia de ser el club con mayor popularidad y afición. Supongo que no tendrá que ver con envidias e inferioridades del resto. Supongo nomás… pero no alcanzo a comprender que tan mal debe hacer las cosas una institución durante 100 años, para estar condenada al odio eterno de los demás?
Curioso y para analistas sociales. (aunque creo que es el resto quien debería hacerse estas preguntas que yo ya no me hago desde hace décadas, cuando vi como “funcionaba” la cosa)

El punto es que puede ser campeón argentino cualquiera de los otros participantes –
CUALQUIERA- y excepto el clásico rival de ese equipo, el resto de los aficionados dará su opinión aséptica, desapasionada, laxa … pero basta ser el Club Atlético Boca Juniors el que grite campeón, para que el resto de los aficionados de todos los clubes, saquen a relucir su inacabable y poco original por remanido, repertorio de excusas, llantos y maldiciones .
La realidad indica que el “xeneize” ha finalizado ayer una campaña que quedará en la mejor historia del club y que ha derribado algún que otro record en el futbol nacional.
Ha sido Campeón Invicto. Solo habían conseguido ese logro: San Lorenzo (en el Metro 68), San Lorenzo (en el Nacional 72), Ferro (en el Nacional 84), River (en el Apertura 94) y Boca (en el Apertura 98).
Es el campeón con menos goles en contra (6) desde que rige el sistema de torneos Clausura y Apertura, superando la marca de Vélez Sarsfield en el Clausura 93, con solamente 7 goles en su arco.
De no ganar Racing Club esta noche en su encuentro frente a Vélez Sarsfield, será el campeón que le sacó más diferencia al sub-campeón (12 puntos, al día de hoy)
Si Racing gana, Boca Juniors habrá igualado el record pero no lo tendrá en solitario.
Además de superar a sus rivales por un campo de ventaja, superó las adversidades que le fueron planteando las lesiones. Al retiro de Palermo, su goleador histórico, le sobrevino la rotura de ligamentos de su reemplazante natural: Lucas Viatri. Su reemplazo fue un chico de la cantera, casi debutante absoluto: Nicolás Blandi… que también se lesiono y se perdió el final del campeonato. Todo esto sumado a la principal ausencia en la segunda mitad del torneo: la de Juan Román Riquelme. Su factótum. Su conductor. Su figura. Su ídolo máximo (quizá de todas las épocas)… que demasiado, ¿no?
Por eso se disfruta por todo lo alto este logro. Por la forma. Por el modo. Por la manera y por la diferencia.
Seguirá el resto del mundo futbol diciendo la misma y reiterada retahíla de excusas graciosas por poco originales, carentes de contenido y llenas de rencor… que los árbitros, que la mediocridad del resto … que Cristina Kirchner … que la AFA … que, que, que
A los hinchas ¿la verdad? nos importa un pimiento y SEPANLO … NOS HACE QUE SE DISFRUTE AUN MAS.
Por eso, para próximos logros auriazules –cuando Dios quiera que lleguen- acepten este consejo: llámense a un respetuoso silencio.

FELICES FIESTAS PARA TODOS!

+ 2

Los errores en las áreas lastran la clasificación

A pesar de los calificativos que poblaban las redes sociales a la finalización del partido, escritos desde la comprensible visceralidad que provoca ver al equipo ceder un nuevo empate en el descuento, el partido del Athletic de ayer poco tuvo que ver con el del Granada. Ante un Racing inane, flojo en todas sus líneas y sin delanteros específicos, el Athletic hizo merecimientos más que suficientes para atesorar los tres puntos.

Que la ventaja no llegase hasta el minuto ochenta y que ésta sólo se conservase durante una docena escasa de minutos es el quid de la cuestión. Si hace diez días, tras el encuentro contra el Slovan, dejábamos escrito aquí que aún se deben producir ajustes que conduzcan a una mayor efectividad en ambas áreas y de solidez en el centro del campo la frase, después de otros cuatro partidos oficiales más, sigue teniendo valor.

Un equipo que necesita en torno a la decena de ocasiones meridianas para transformar un tanto, que requiere de un constante ataque, de decenas de llegadas para ello, de asumir riesgos excesivos para obtener tan exigua renta, tiene un serio problema. Un asunto, además, que no se resuelve por el hecho de citar la importantísima baja de Llorente, incuestionable en este y cualquier equipo, pero con cuya presencia también se ha producido la sequía transformadora.

Aun así, la presencia clasificatoria en zona de nadie no se debe, únicamente, a los problemas goleadores. Porque lo de la endeblez defensiva es para hacérselo mirar. El grupo defiende mal, fatal. Y aunque no es novedad, puesto que lleva tres años lastrado por ese otro hándicap, el balón parado se ha convertido en una pesadilla. Que Racing y Granada hayan llevado a sus casas botines inmerecidos con una tasa de efectividad que ronda el ciento por ciento termina de explicar el porqué de que el Athletic de Bielsa no arranque en la tabla.

Atrás quedan ya las euforias de hace cuatro semanas, cuando se hablaba en Bizkaia de Champions, término siempre gafe por esta tierra, y de renovación del entrenador. Ni entonces había razones para tanta euforia ni ahora existen para rasgarse las vestiduras. El proyecto debe seguir afianzándose, debe consolidar el juego de ataque y apostar por una retaguardia contundente.

En el debate de la calle predominan los nombres. Sobre Susaeta, poco a poco, se llega a la unanimidad por una tasa de desacierto que hace necesario tomar decisiones. La apuesta por Iturraspe se desinfla, más allá de la apuesta ciega del rosarino pocos defensores quedan para un centro del campo en el que la presencia de Javi Martínez parece incuestionable. Lo del de Aiegi en defensa no se sostiene ante el déficit de fuerza del medio centro. La probatura de ayer, con el de Abadiño más retrasado, casi incrustado a ratos entre los centrales para sacar el balón jugado, tampoco resultó. Cierto que dio algo más de protagonismo a Herrera, pero el centro del campo acabó desdibujado según pasaban los minutos. Todo San Mamés veía necesario el cambio e intuyó que Bielsa así lo había decidido cuando Ekiza se situó en la banda para entrar. Ekiza de central, Javi al centro del campo e Iturraspe a la caseta. La extrañeza cundió cuando el reemplazado fue Amorebieta.

Debates que se repiten sobre el siempre recordado Aduriz, particular Santa Bárbara rojiblanca que tenemos presente cada vez que truena tras los atascos ofensivos. Decía Juan Carlos Latxaga la pasada semana que él cada vez lo tiene menos claro. Es cierto, puede que no sea el nombre, que no sea la solución. 

Por coste, por edad. Pero ahora que lo de los planes ‘B’ centra toda conversación, alguien se necesita para reemplazar al de Rincón de Soto puesto que Toquero, al que nada se puede reprochar, sigue evidenciando que lo suyo es más caer hacia los costados para poner balones. Que se lo digan a Aurtenetxe.

Y en el otro debate de moda, en el de la falta de rotación, poco novedoso que aportar. Cierto es que extraña que un reducido grupo de futbolistas pueda acumular todos los minutos de tres competiciones. Pero quienes entran en su lugar tampoco parecen dispuestos a opositar con ganas por un sitio en el once. Salvo Iñigo Pérez, que ha conseguido ganarse en entrenamientos y algunos minutos de competición una oportunidad, las actuaciones de Gabilondo, David López o Ekiza, entre otros, no contribuyen a afianzar la sensación de que existan dieciocho jugadores con opciones de ser titulares.

Y por último, el que siempre deja algún resquicio para la duda se sitúa bajo palos. Incapaz de redondear dos actuaciones completas en Liga. Está costando puntos, lo peor que se puede decir de un portero.

+ 1

La Copa, encarrilada por la izquierda

Efectivamente, Bielsa se tomó la Copa en serio al punto de volver a repetir once y dibujo táctico pese a lo anunciado, por lo que Iñigo Pérez, a última hora, cedió el testigo a Aurtenetxe para que el zornotzarra volviera a incrustarse en el eje de la zaga junto a Martínez y Amorebieta, la guardia pretoriana del rosarino, con lo que tras cuatro meses ya se empieza a conocer por dónde van, definitivamente, las preferencias del entrenador, en la disposición y en lo nominal.

Así pues, ante dos delanteros rivales, sean de categoría champions o del fútbol de bronce, el esquema se empieza a trazar con tres centrales y dos carrileros, ante lo que el Athletic no deja de tener profundidad ni de generar peligro. El ejemplo pudo verse en el verde del Tartiere -que los fines de semana es un campo de fútbol y entre semana parece que se destina para la cría de topos- donde de Marcos, el mejor de largo, plasmó con claridad lo que su entrenador pretende: movilidad máxima de los laterales, arrancando en posición adelantada, desde casi el centro del campo, para que den profundidad al equipo. Tanta hondura  le dio el de Biasteri (o sea, Laguardia) al carril zurdo, que acabó por perforar, para el minuto diez de partido, la red ovetense en una brillante finalización tras una no menos mala apertura a banda de Muniain.

Y fue una pena que esa jugada no alumbrase al grupo, porque oportunidades similares para aumentar la ventaja hubo, por lo menos hasta la media docena, pero ni Susaeta –lo suyo es digno de tesis doctoral en escuela de entrenadores-, ni Muniain, Toquero, Herrera o el mismo Oscar, que tiró al palo, fueron capaces de trasformar ocasiones más que meridianas. Y parece que es el principal problema de este grupo, aquejado de una importante hipermetropía, incapaz de transformar ocasiones y de dar con calidad y claridad los pases en corto.

Por lo demás, poco se le puede achacar al Athletic de Bielsa. No era un encuentro de esos en los que se puede esperar mucho, en los que suele haber más que perder que ganar y, sin embargo, salió fortalecido. Ni rehuyó el combate, ni se relajó, ni sufrió en demasía frente a un rival que no hizo un mal encuentro. Pero los rojiblancos fueron mejores y eso es lo que se les debía pedir. Que no hubo brillo en el juego es cierto, tanto como que nunca suele existir contra equipos de segunda B en eliminatorias del KO, donde las fuerzas siempre suelen estar más igualadas de lo que parece. Que se lo pregunten a Heynckes, a Valverde o al mismo Caparrós, puesto que ejemplos de eliminaciones ante rivales menores se coleccionan ya unas cuantas.

Los peros, o mejor dicho, los temores, ya se verá si fundados o no, estriban en si no se está sobrecargando de partidos a un reducido grupo de jugadores ante el calendario que se avecina. Parece que Muniain, por ejemplo, lleva unos encuentros en los que está rindiendo a un nivel inferior, que Herrera no tiene la claridad de ideas que de él se espera, o que Iturraspe sufre una intermitencia impropia del papel que se le ha dado en el once.

La resolución de dudas, para bien o para mal, llegará en breves fechas, ahora que al calendario parece que lo han pillado los del anuncio de compresas, mitad de espesor, igual absorción. El Racing, un equipo en estado de derribo, debe ser una víctima clara el próximo domingo. Las victorias en casa son el principal debe de este proyecto junto a la escasa materialización de ocasiones y al mejor aprovechamiento de la posesión del balón. Y aunque París bien valga una misa, conquistar los próximos seis puntos en Liga debe ser el broche a un más que esperanzador trimestre.

+ 0

Empate caparrosiano


Como si tuviese el don de la ubicuidad, dio la sensación en Mallorca de que Joaquín Jesús ocupó ambos banquillos, porque el Athletic disputó, seguramente, el encuentro más alejado del libreto de su actual técnico en lo que va de temporada. Impreciso con el balón en corto, con problemas para sacarlo jugado desde atrás y con una inmovilidad impropia de los futbolistas alineados, los rojiblancos se perdieron ante el planteamiento defensivo del Mallorca, llegando a abusar del pelotazo como hace no demasiados meses, y con el agravante de que Llorente y su cartílago se habían quedado en Bizkaia.

En el encuentro del morbo, ese que muchos aguardaban con ganas de presenciar un repaso de uno de los entrenadores a otro, el Athletic salió dormido y para cuando se estiró y se retiró las legañas iba por detrás en el marcador. Fueron sólo dos minutos, pero suficientes para presenciar una mayor agresividad y presión del Mallorca que permitió a Amorebieta perder un balón en un sencillo pase a banda y fallar en un despeje dentro del área en la jugada que sucedió a su mala entrega a Aurtenetxe.

A partir de ahí el Athletic se nubló. Ni le salía lo que intentaba, ni sus individualidades, léase Muniain o Herrera, carburaban. Los bulliciosos, de Marcos y Susaeta, tuvieron un día más silencioso que los de Harpo Marx de resaca y Toquero, jugador que nunca se esconde, evidenció una vez más que si bien es delantero sus cualidades no son las propias de un nueve, sea titular o suplente.

Con el partido trabado, con un Mallorca que sólo buscaba el error de los rojiblancos para montar la contra, el encuentro discurrió en la intrascendencia futbolística más absoluta, en la nada deportiva, en un espectáculo indigno por el que pagar. Sin ocasiones ni jugadas reseñables, la receta del Mallorca se impuso y maniató a un Athletic mal dirigido por Iturraspe que tuvo en Amorebieta al jugador más activo en el intento de jugar el balón.

Las cautelas que llevaron a Bielsa a plantear un dibujo táctico calcado al de Sevilla fue excesivo para enfrentarse a la inexistente ambición ofensiva del moroso equipo balear, por lo que a pesar de haber conseguido el empate en un buen remate de delantero centro de un Amorebieta que se reconciliaba consigo mismo tras su fallo, el rosarino volvió a sacar rápido el bisturí para intentar aplicar un baipás.

Gabilondo reemplazó a un desacertado Aurtenetxe e Iturraspe recibió un toque de atención con su relevo por Iñigo Pérez. No es que los cambios aportasen excesiva movilidad, pero la segunda parte fue más cómoda para un Athletic que, aún así, siguió con los mismos problemas: falta de ideas y fallos constantes en los pases, largos y cortos.

Todo olía a empate hasta que a eso del minuto ochenta el partido se rompió. Un par de intervenciones de Iraizoz pusieron algo de pimienta y en la réplica a punto estuvo el Athletic, por medio de un nuevo remate de Amorebieta sacado bajo palos, de llevarse el encuentro. Hubiese sido injusto, seguramente, que ninguno de los dos equipos hubiese atesorado algo más que el mísero empate al que su juego les condenaba. Y excesivo, también, que Amorebieta, inédito en la tabla de transformadores tras más de cienta sesenta partidos en primera, hubiese transformado dos goles.

Sigue el Athletic en una buena línea de resultados, todavía, pero en los últimos partidos disputados está mostrando un nivel de juego inferior, menos atractivo, fluido, agresivo, y con llegadas y posesión que no se traducen en ocasiones de gol. En lo cuantitativo, además, urge empezar a sumar de tres en tres puntos antes de que se produzca allá por navidad el clásico corte en la clasificación. El calendario pinta propicio con dos enfrentamientos en casa ante un Racing y un Zaragoza que parecen material de desguace.

+ 2

Ahora toca definir el Plan C

No extraería excesivos aspectos positivos del partido de ayer Marcelo Bielsa. Si tras el cerrojazo granadino del pasado domingo se habló, largo y tendido, de la necesidad de que el equipo debía aprender a abrir la lata, ante un nuevo equipo ultradefensivo, consciente éste de sus limitaciones técnicas y sabedor de la inmensidad que separa la liga eslovaca de la que ahora, de forma más que hortera, se denomina bebeuveá, el Athletic, tras un comienzo que fue de más a menos, consiguió adelantarse en el marcador para el cuarto de hora.

No resultó sencillo. Un incómodo viento Sur que pobló el campo de papeles y bolsas de plástico no facilitaba, precisamente, la exactitud necesaria en los pases aunque no parece justo que se puedan utilizar como salvoconducto los caprichos de Eolo. La primera parte, tanto antes como después del gol, se convirtió en un cúmulo de fallos, de pases errados, más curiosamente en corto que en largo, y el control del partido le vino al Athletic más por los fallos de los visitantes, incapaces de sacar la pelota jugada más allá de su medio campo. Esa zona, el centro del campo, plagado de futbolistas rojiblancos llamados a dar buen trato al esférico, a hacerlo circular raseado y con criterio, fue incapaz de hacer aquello para lo que el entrenador les alineó.

Ni Iñigo Pérez al timón, ni Iturraspe de enganche conectaron con Ander Herrera. En las bandas, sobre todo en la derecha, Susaeta y de Marcos ofrecían la poca movilidad que pudo observarse, a costa, eso sí, de una falta de precisión preocupante. Aun y con todo, su insistencia tuvo el tanto como premio. Para de Marcos en la primera, tras aprovechar un rechace después de una nefasta finalización de una entrada por banda de Susaeta, y para el eibartarra en la segunda, curiosamente de cabeza y entrando por el carril zurdo que ocupó en la segunda mitad.

Es difícil catalogar la actuación del bueno de Markel. Si bien hay que reconocerle que no cejó en el empeño, que estuvo muy activo, lo cierto es que de no mediar el gol su partido hubiese resultado una auto caricatura: era difícil registrar mayor nivel de desacierto. Hizo muchas cosas bien en jugada y, sin embargo, finalizó todo mal salvo el remate de cabeza que subió al marcador como segundo gol.

La ineficiente gestión de la ventaja en el marcador permitió que el partido se trabase y que se enfriase hasta límites preocupantes. Tanto que el descanso obligó a Bielsa a alterar sus planes iniciales. Motivados, lógicamente, por la pobre respuesta de un grupo que vio como el Slovan empataba el partido sin excesivo esfuerzo. Un tiro de falta que se fue al larguero debiera haber alertado a Iraizoz, pero decidió seguir sesteando. Fruto de la somnolencia, el navarro protagonizó poco después una salida estrambótica que supuso el empate.

Tras el bocadillo, nuevamente lo mejor, Iraola y Toquero entraron para intentar poner en práctica las enseñanzas de Isaac Newton, es decir, un poco de dinamismo, de movimiento. Los sacrificados fueron Iñigo Pérez, que cedió timón y cuaderno de bitácora a Iturraspe, y Llorente cuya condropatía, molestia latosa –que me lo digan a mi- no termina de desaparecer. El esquema se mantuvo invariable, con permuta de bandas entre Susaeta y Muniain, y de Marcos abandonando el lateral derecho para arraigar entre Iturraspe y Ander Herrera.

Si bien el encuentro no varió de forma sustancial, al menos comenzó a animarse algo. Igual que el público, que no se hizo notar hasta el cuarto de hora de la reanudación. Lo intentaba el Athletic, con más intención que velocidad y acierto, trabado ante la defensa de cinco eslovaca. La cada vez mayor presencia en campo rival, las aperturas en largo de izquierda a derecha por parte de Amorebieta y la desacertada insistencia de Susaeta, de Marcos y Toquero acabó en gol. Evidentemente merecido por los méritos de unos y otros, pero debió llegar antes. A partir de ahí pudo redondearse la faena, y así fue, pero el juez de línea número uno, el de la banda de banquillos, decidió retratarse como invidente con bandera.

No conocen los de Bielsa la derrota en competición continental, son primeros de grupo y libran a los repescados del fracaso escolar de Champions. El encuentro de ayer sirve y mucho. Para seguir con la racha positiva a pesar del reciente lunar, para extraer las debidas conclusiones por parte del entrenador y para evitar hablar más de lo debido del partido del domingo, donde algunos pretenderán hacer de la anécdota, es decir, de la presencia de Caparrós en banquillo bermellón, el centro de la actualidad.

Pero no se debe todavía retirar el cartel de equipo en construcción. La tensión defensiva preocupa, la presencia de Javi Martínez en la zaga se antoja un lujo con Ekiza sentado en el banquillo, y al centro del campo le falta músculo y tensión con los de Marcos, Herrera, Iñigo e Iturraspe. En definitiva, aún se deben producir ajustes que conduzcan a una mayor efectividad en ambas áreas y de solidez en el centro del campo. Porque lo del gol pasa por la recuperación física de Llorente y por mejorar los centros, tanto en jugada como a balón parado. Y en esto último no parece que Susaeta sea la opción ni concediéndole dos décadas de margen para el aprendizaje. O sea que, como el Equipo A, necesitamos un plan que salga bien. Otro. Por orden alfabético será el C. El Plan C.