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Sin demasiadas señales para el optimismo

El edificio con problemas de estructura en que se ha convertido el Athletic volvió a ser sostenido por Aduriz -que seguirá siendo, para algunos, un albañil del fútbol- con la inestimable colaboración, esta vez sí -quizás primera en la temporada-, de un Iraizoz que fue clave en una victoria inmerecida, obtenida con una total ausencia de fútbol, sobre todo en la primera hora de partido, con un naufragio defensivo que no fue trascendente por la racha que atraviesa un Mallorca absolutamente negado cara a puerta.

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Y ahora, ¿qué?

Podíamos empezar por hacernos los graciosos, hablar de que los mayas hablaban del Athletic cuando se referían al doce del doce del doce. Sí, ya. Ni puta gracia. O subirse a una caja de San Miguel y a grito pelado arengar a la masa para acudir guadaña en mano a Lezama y posteriormente a Ibaigane. Exigir el cese de Bielsa, la salida inmediata de Llorente y la dimisión posterior de Urrutia sería lo que al calor de lo de ayer pide, aún, el cuerpo.

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¿Regreso al pasado?

Se trataba de ganar, de obtener los tres puntos, de poner cierta distancia con respecto a las posiciones de descenso. Y se consiguió. De manera sufrida, trabajada, sin brillo, con un fútbol trabado, aburrido, más propio de otra época. Pero se consiguió. No es poco para una entidad que en verano decidió tomarse en el sentido más literal aquello de vivir a lo loco.

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Hasta nunca, Fernandito

Qué quieres que te diga, Fernando, para este viaje mejor sin alforjas. Porque no has dicho casi nada nuevo, y lo novedoso ha resultado pobre, poco creíble, te deja en peor lugar aún y eso que no era fácil socavar más la tumba que tu entorno te ha preparado.

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En esta Liga de puente aéreo en la que el reparto de millones, puntos, récord de goles o favores arbitrales viaja sin remedio de Madrid a Barcelona y viceversa, a nadie sorprendió la goleada en el Camp Nou. Lo que no esperaba -o no deseaba- el aficionado rojiblanco era, de nuevo, un Athletic timorato, acomplejado, entregado, que sobrevivió futbolísticamente veinte minutos a base de una correcta circulación de balón en zona intrascendente hasta que llegó la primera situación de peligro. De córner, disciplina en la que el Barça no destaca y en la que el Athletic naufraga.
Continua

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Un mero trámite instrascendente

El trámite de ayer en Israel, que no interesó a prácticamente nadie, ni público, ni televisiones, ni tan siquiera a algunos jugadores de la primera plantilla, certificó la sensación de fracaso que sobrevuela los ambientes rojiblancos. Pocas veces se presenta la oportunidad de disputar competiciones europeas y menos un grupo tan asequible. A la mezcla de desidia, mal fútbol, falta de intensidad, naufragio defensivo y sequía goleadora que ha caracterizado el triste deambular del Athletic en competición continental, se sumó ayer una victoria que tan solo habrá alegrado sobremanera a Alberto Uribe-Echevarría, por aquello del valor económico de las victorias, y que con un equipo plagado de inexpertos futbolistas en esto del deporte profesional se bastaron para evidenciar que el Hapoel era algo más que una pera en dulce.

Y es que hablando de peras, el chico del pueblo de donde salen en cantidades industriales, Llorente, ha sido clave en ambos enfrentamientos. Titular ayer, jugando rodeado de jóvenes promesas, en una imagen que recordaba un poco a esos partidos de patio de colegio donde se alinean chavales de primaria acompañados de alguno de bachiller, el circunstancial capitán (no es baladí el detalle con lo que aún colea de la polémica de la pasada semana) marcó un gol pero no supo aprovechar el encuentro para reivindicarse o para poner en valor la cotización que en los despachos algún pariente suyo se empeña en mantener. Por Israel pensarán que el nueve tan peligroso del que les advertían sería otro, porque es difícil recordar un doble enfrentamiento en los que un delantero haya podido tener tantas ocasiones de gol y fallar tanto. Son los riesgos y las consecuencias de estar fuera de forma en lo físico y ausente en lo psicológico.

Intrascendente, con sensación de pachanga, fue un encuentro más para ilusionar a los que en un futuro debieran tomar el relevo de los que ayer descansaron, que para poder valorar nada en su justa medida. Primero porque verlo a través de Internet, en una de esas páginas que lo ofrecen gratis a base de trasmitir la señal de alguna televisión, es francamente incómodo. Segundo, porque nunca es justo juzgar la labor de los futbolistas el día de debut, siempre distorsiona, bien sea por los nervios, que dificultan rendir, o por la extramotivación, que hace parecer mejor de lo que se es. Y tercero, porque el nivel del rival solo vale encabronarse por no haber podido obtener los tres puntos en el partido de San Mamés.

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Acumulando más decepciones que puntos

Sin llegar al extremo de Artur Mas ayer, los aficionados rojiblancos volvimos a tirar de cara de perplejidad al finalizar el encuentro contra el Deportivo. No es que cueste demasiado, se ha convertido en rutina, porque este Athletic que nos mal acostumbró el pasado año se ha conjurado para no deparar ninguna alegría en el presente. Es goleado cuando salta al campo como un muñeco roto, pierde cuando hace un partido aseado y, a lo sumo, empata si resulta ser superior a sus rivales.

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La actitud de Llorente hace inviable su continuidad

En este Athletic, tristemente irreconocible, la actualidad vuela, los escándalos se suceden y la bronca no se aleja de las redes sociales, que son las tertulias del bar de toda la vida trasladadas a la nueva realidad tecnológica. Si ayer escribíamos sobre las sensaciones que la visita al Bernabéu había dejado y la indignación que ya se palpaba en los círculos zurigorris, la bomba estallaba a última hora de la mañana cuando Fernando Llorente se negaba a comparecer en rueda de prensa tras pedírselo el Club.

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Situaciones poco sostenibles y blanqueadores de sepulcros

Nadie, ni el más fanfarrón de entre los bilbainos, esperaba nada positivo de la visita del Athletic al Bernabéu y como casi siempre con este equipo la realidad fue incluso peor de lo que el más pesimista pudo imaginar. Entre lo diezmado que se presentaba por las bajas, la actitud entre blandengue y timorata, o los continuos fallos en las entregas en el centro del campo que propician poner a prueba en demasía a una zaga que falla como una escopeta de feria, se temía que el equipo de Bielsa fuese un muñeco del pim pam pum para una tropa como la de Mourinho, caracterizada por una efectividad ofensiva mortífera para cualquier rival.

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Una victoria necesaria y trabajada

El partido contra el Sevilla se presentaba como la prueba del nueve, que no una final, que esas las perdemos todas, y tanto por el resultado obtenido, por la importancia de los puntos, como por la forma se puede dar más que por válido. El Athletic realizó una primera parte más que decente en la que se vieron detalles interesantes. Empezando por la entrega y el ritmo que se dio al encuentro desde los primeros segundos, en los que sólo la falta de acierto de Aduriz impidió que se los rojiblancos se adelantaran rápidamente. Si bien la puesta en escena fue la habitual, el once tipo de Bielsa, el rendimiento de muchos jugadores claves varió.

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Futbolzale barri bat ete?

Heldu zara. Luze egin jaku, ez uste. Bai, badakit bederatzi hilabete direzela, bueno, berrogei aste medikuen esanetan, baina geure kasuan gitxi batzuk gehiago izan dira… bardin da, urte batzutan, lasaiago, azalduko deutsut. Erditzea gogorra eta luzea izan da, zuretzako, argi dago, eta amarentzat bereziki, pisu nahikotxogaz jaio zara, ez da hain arrunta izaten neskatxu batek lau kilogaz jaiotzea! Ganera, presarik ez dozu izan, pare bat egun gehiago gelditu zara hor barruan.

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Un Athletic con inmejorable salud

Si no fuese por la extraña concatenación de acontecimientos que han alumbrado un sainete de cuatro meses de duración, podría decirse que el Athletic es el espejo en el que debieran mirarse no ya los clubes que forman ese ente que urge desmantelar, la LFP, sino la gran mayoría de los europeos. Que una institución que ha jugado dos finales la pasada temporada se presente a fin de ejercicio sin deuda neta, es más que reseñable.

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Otro capítulo más para el culebrón

Ayer lo cuestionaba en GARA, y veinticuatro horas después de ver la luz la columna ya está respondida la pregunta. Ya conocemos otra parte del contenido de la ya famosa arenga de Bielsa a sus jugadores. La semana pasada fue El Desmarque Bizkaia y hoy es DEIA quien nos ofrece lo que dicen que es el resto de la charla.

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Quince días para reconstruir puentes


Nueva colaboración en Gara, el día en que se entrevista a los padres de Iñigo Cabacas, cuando se cumplen seis meses de su muerte y aún nadie ha dimitido ni ha resultado condenado.

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Tres puntos de sutura

Obtuvo el Athletic la victoria de forma convincente, incluso resultó corta para los merecimientos si bien, marca de la casa, pudo también sufrir un susto por aquello de no saber sacar rendimiento a su potencial creativo. Tuvo mérito, porque ni la dinámica deportiva era para ser optimistas, ni la deriva institucional y social parece adecuada para serenar un ambiente que permita centrarse en lo deportivo.

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Una derrota más que lógica y previsible

Que levante la mano aquel al que la derrota de ayer le sorprendiese. Incluso al que le extrañase la imagen que transmitió el equipo. Lo destacable hubiese sido lo contrario, que con la que está cayendo el grupo de jugadores, inmaduros a más no poder, hubiese sido capaz de sobreponerse e imponer el fútbol que la pasada campaña hizo que se les suponga.

El diagnóstico parece cada vez más claro. En Bucarest, la crisis constante, el frikismo, el hazmerreír, se bajó del autocar del Atlético de Madrid, que ahora se pasea lozano por todas las competiciones, y se subió al del Athletic. Porque hay que reconocer que Ibaigane se ha convertido, hoy por hoy, en el protagonista absoluto de esos espacios destinados a “informar” sobre el absurdo que rodea al fútbol.

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El inaceptable comportamiento de Llorente

Hace menos de una semana definíamos la situación de Llorente como de falsa normalidad pero, sinceramente, no se esperaba entonces que tan pronto fuese a estallar un nuevo conflicto quizás magnificado por el estado de histeria colectiva en que se halla inmerso el Athletic y por el denodado interés de algunos medios en amplificar cualquier asunto que pueda poner contra las cuerdas la gestión de la actual directiva.

Es cierto que cuesta asimilar lo que en tres meses ha ocurrido en torno al Club, que resulta incomprensible que de una temporada ilusionante se haya pasado a un ambiente que recuerda demasiado al que se vivió en la segunda temporada de Fernando Lamikiz al frente del Athletic. La responsabilidad, es evidente, recae sobre los actuales rectores, que han confundido discreción con mutismo y que en una época de demanda constante de algo que se parezca a información –ojo al matiz-, que alimente a todo un conglomerado de radios, periódicos, televisiones a las que se suma unas insaciables redes sociales, han creído que una comparecencia mensual serviría para mantener al Club a salvo de la vorágine.

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El Athletic y su encrucijada

El despropósito de Anoeta no fue de extrañar. El Athletic sufrió un siniestro total en mayo, volvió físicamente de Bucarest pero su espíritu murió en la capital rumana. La sucesión de hechos lamentables sucedidos desde entonces, donde la derrota en la final copera del Manzanares supuso más sal en la herida, han situado a la entidad, al equipo y a la afición en una tesitura de la que solo se saldrá con una unidad que no parece existir –en muchos círculos no interesa- y un acierto en lo deportivo que se antoja lejano.

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Benetan idazten hasi GARA

Gaur neure lehenengo kolaborazioa argitaratu dabe Gara egunkarian. Joseba Vivancok proposatuta, aste hasieran idatzi neban. Bost urtetan zehar astero blog honetan jardunda, erreztasun gehiago eukitea espero neban, baina lerro zehatz batzuetara mugatu beharrak eta izparringi baten idazteak urduritasun antzeko bat sortarazi eustan. Barriro idaztekotan, ziurrenik gauzak aldatuko neukez, beraz, hurrengo bat balego, Joseba berak erabakiko dau maiztasuna, idatzitakoa hobetu beharko litzateke. Bestalde, zutabea amaren abizenagaz izenpetuta agertzea ez dot neuk erabaki. Twitterren bai, hor lehenengo abizena ez erabiltzea apropos eginda dago, lar ezagutzen ez nabenek –batez ere lan kontuak direzela- topa ez nagien. Eta ez, Iñaki Muruak -maltzurra bera- galdetu deustanez, ez da prentsarako asmatutako izen literarioa. Ia aita hasarratuten ez jatan.

Pues eso, que hoy ha salido publicada en GARA mi primera colaboración, tras proponérmelo Joseba Vivanco. Él decidirá si se repite y de ser así la frecuencia, pero tengo claro que, de producirse, habrá que mejorar algo. Tras cinco años escribiendo aquí esperaba algo más de soltura, me imagino que tener que ceñirse a unas líneas concretas y hacerlo para un medio de comunicación me habrán bloqueado un poco. En cualquier caso, una buena experiencia. Lo de que aparezca la columna firmada con el apellido materno no es voluntario, imagino que consecuencia de utilizarlo en Twitter y en una cuenta de correo, algo que hago para que no me localicen con facilidad quienes no me conocen demasiado. En cualquier caso, no creo que se me enfade aita.

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Un empate agridulce

El Athletic no termina de encontrar el equilibrio. Empezó la temporada con una sangría defensiva sonrojante, en casa y a domicilio, y ahora parece que en lo que brillaba, en la faceta ofensiva, la pólvora está mojada. Si el pasado jueves, contra el Hapoel israelí, el problema fue de remate, ayer, contra el Málaga del ingeniero Pellegrini, fue la incapacidad para abrir huecos ante un rival muy bien plantado. Si bien un empate en casa nunca es un resultado para celebrar, de la entidad del rival suele depender que se dé por mejor o peor, y el actual estado de forma del cuadro malacitano hace valorar el esfuerzo de los de Bielsa contra un equipo de nivel Champions.

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Siendo muy superiores tampoco se gana

Ni con el Hapoel. El Athletic sigue sin ganar. Cuando es mejor, empata. Cuando es similar pierde y cuando es peor sale goleado. Hará un año que Bielsa habló de falta de pericia y al margen de, una vez más, clavar el diagnóstico no ha podido –o sabido- atajar el problema, si es que un entrenador puede tener capacidad de insuflar instinto matador a su tropa. Que un equipo sea tan solo capaz de hacer subir un único y triste gol habiendo tenido más de quince ocasiones para marcar, demuestra que existe un problema.

Porque las estadísticas de posesión, tiros a puerta o al palo –dos-, fueron lo suficientemente contundentes como para haber sentenciado el partido en la segunda parte con un balance de goles que hubiese venido bien de cara a asegurar una de las dos plazas del grupo que dan paso a la siguiente ronda. Pero al Athletic le costó entrar en el partido. La primera parte se perdió en algo que empieza a ser recurrente: imprecisiones en los pases, malas decisiones en área rival, malos centros desde las bandas, afán de individualismo y de complicar lo que es sencillo…

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La defensa sigue lastrando al Athletic

Contemplar un partido del Athletic, hoy por hoy, es un ejercicio peligroso, se esos que atentan contra la salud cardiovascular. Que el árbitro pite la finalización del encuentro y empezar a reservar un fin de semana en un balneario es todo uno. Y es que el equipo de Bielsa sigue empeñado en suicidarse deportivamente cada jornada liguera, sea contra buenos equipos como el Atlético, contra medianías como Betis o Espanyol, o los flojos rivales de la previa de la Europa League.

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Martínez: camina o revienta


Quién nos lo iba a decir. Parecía un buen chico, mal aconsejado, eso sí, al que las prisas y la reticencia del Athletic a facilitar su salida forzaron una marcha tan fea en las formas como lucrativa en lo económico. Hubo nocturnidad, cierto, pero se llegó a pasar por alto, a casi comprender. Las lagunas legales, los informes jurídicos encargados por el Bayern y el cierre del periodo de fichajes forzaron una huida disparatada, sin permiso del club con el que tenía contrato y camuflado bajo un paraguas.

Pero no. El tiempo demuestra que lo de Martínez y la noche es algo más. Algo más allá del gusto por la escapada puntual al Image de Berango, de esas que para la masa resultan comprensibles en la victoria y censurables en la derrota. A Javier, visto está, le gusta actuar bajo la luz de la luna. Y, al parecer, en compañía, cual banda de cuatreros. Se marchó a la francesa, sin decir agur -bueno, dejémoslo en adiós- y dijo querer volver a despedirse de todos.

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Josu, el lehendakari tiene una carta para ti

Estimado Josu,

pues ya ves, no le habrá dado tiempo al cartero a llamar dos veces a la puerta de Ibaigane y por la prensa te enterarías ayer que desde Lakua te habían remitido una carta. No te lo tomes a mal, no pienses, tú que te calientas tan fácilmente -al menos como futbolista-, que se trata de una filtración interesada para poner al Athletic en el centro del debate. No. Más bien pienso que lo que pretendían era avisarte para que abras el buzón, que entre que se ha popularizado el uso del correo electrónico y, ya sabes, que los buzones se petan de propaganda de Ercoreca, podía pasársete por alto. Sobre todo ayer jueves, que seguro que estarías de resaca, tirando de ibuprofeno, porque no me creo que un lekittarra como tú no se diese una vueltita el miércoles por el antzar eguna.

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Un solo circo y demasiado opositor a payaso

Sea por una cosa o sea por otra, el caso es que el Athletic no deja de estar en el ojo del huracán. Si todo esto es la resaca por una temporada exitosa, vamos a acabar pensando que éramos más felices en los tiempos del ya casi olvidado bienio negro. Y es que la polémica no cesa. Los políticos, con el escrúpulo en mínimos –sí, aún es posible mayor nivel de miseria- en época de campaña, han puesto Ibaigane en el punto de mira, mientras que la oposición mediática utiliza la no asistencia de jugadores de la primera plantilla al Circo Mundial para seguir aumentando el cisma.

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El Athletic en la diana de la radiobasura

La rueda de prensa de Urrutia de ayer, que se esperaba como agua de mayo tras la salida de Javi Martínez y de toda la información -más falsa que cierta- que ha circulado, principalmente, en torno a Llorente pero también a Amorebieta, es de esas que se debe analizar con detenimiento y rigor.

Al margen de las dificultades de Josu para comunicar, de la incorrecta elección de términos, de la poca facilidad de palabra y de sus propias formas, que no han variado de cuando fue jugador a ahora que ostenta la presidencia del Club, existen matices importantes con respecto a anteriores ocasiones.

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Una victoria que debiera traer algo de calma

Era lo que se pedía, lo que se necesitaba, y llegó. Puede entrarse en el debate del cómo, pero lo importante era serenar las aguas, que llevan bajando como un torrente todo el verano, como en aquel agosto de 1983, de infausto recuerdo. Ahora, tras la victoria balsámica –o bielsámica, como bautizó alguien por las redes sociales-, dos semanas de periodo de transición, de descanso, vitales para rearmar la moral de la tropa, tonificar y dar tiempo a asimilar la nueva realidad rojiblanca.

No es que el partido del Valladolid fuese de esos que sirven para cerrar todos los debates, ni mucho menos, pero tuvo más cosas positivas que negativas o, al menos, para quienes entendemos que ya va siendo hora de empezar a analizar y juzgar al Athletic con cierta laxitud, de poner en valor aquello que contribuya a generar un caldo de cultivo favorable, que ayude al equipo a volver a niveles más parecidos a los del pasado año.

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Enterémonos: esto empezó hace un mes

Las luces hace tiempo que se han apagado, el acomodador ha encendido la linterna y van ya unas cuantas escenas, que quizás no sean vitales al final de la película, pero sí necesarias para entender el argumento en su totalidad. Y ahí tenemos, por ejemplo, al bueno de San José, al que como a su tocayo el del Villancico cada partido le roban hasta los calzones, aún levantado y charlando con sus compañeros de la fila de atrás, como si lo que estuviesen proyectando en la pantalla fuesen anuncios de Sofás Cama Galea.

En esas estamos, en esas seguimos. Con un equipo que más parece continuar de pretemporada, con una defensa que independientemente de los nombres hace aguas, sea contra equipos punteros, como el Atlético de Simeone, mediocres, como el Betis de Mel, o sólo aptos para disputar el torneo playero de Ereaga, como el HJK.

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Actuar con inteligencia fortalecerá a medio plazo

Si nos creemos diferentes, si aspiramos a serlo, si queremos poder presumir de ser un caso único en el mundo del fútbol, habrá que ser consecuentes y actuar como tales. Por ejemplo, tal y como ha actuado la directiva en el asunto Martínez, negándose a cualquier tipo de negociación con el Bayern y remitiéndose en todo caso a la cláusula de rescisión.

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Auf wiedersehen, Herr Martínez

Poco se le puede decir a Javi Martínez ahora que su relación contractual con el Athletic toca a su fin. De la misma forma en que vino, se va. Lezama ha sido para él una estación de paso en un viaje más largo que, de momento, le permitirá afrontar el sueño de jugar la Champions League, como ya manifestara su madre, Fortu, allá por el mes de julio.

Deja un balance de treinta y cuatro millones netos en caja y seis años de excepcional rendimiento deportivo en los que no ha ahorrado esfuerzo en defender los colores que le ha tocado vestir. Martínez abandona el Athletic cumpliendo lo pactado, el contrato, ese que daba por terminada la relación laboral bien el treinta de junio de 2016, bien cuando se satisficiesen cuarenta millones de euros de cláusula compensatoria.

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Tocando fondo

Bastó el primer minuto para hacerse una idea de los derroteros por los que discurriría el partido del Manzanares, escenario, de nuevo, de otra pesadilla, y ya van demasiadas. La intensidad con la que afrontaron los colchoneros el encuentro fue suficiente para borrar al Athletic, para pasarlo por encima, para convertirlo en una caricatura de si mismo.

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Bielsa vuelve a poner los puntos sobre las íes

Si en la entrada anterior escribíamos sobre algunos de los bulos que, por extendidos, empezaban a darse por buenos en muchos seguidores rojiblancos, tales como que Bielsa tenía intención de abandonar el Athletic si Javi Martínez o Llorente decidían dejar de formar parte de la primera plantilla o que ambos jugadores habían decidido cambiar de aires por su incompatibilidad con el entrenador, por si fuera poca la confusión, y como a lo largo de todo el verano, hoy El Correo Español, un medio que acostumbra a embarrar el terreno de juego siempre que la junta directiva del Club no se rienda sus intereses, titulaba en portada que Amorebieta ha sido condenado a entrenar con los suplentes como medida de presión para forzar su renovación. Dado que la Junta Directiva continua con su errónea política comunicativa, ha tenido que ser Marcelo Bielsa, de nuevo, quien haya vuelto a poner las cosas en su sitio en otra rueda de prensa para enmarcar.

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Todo el verano al pié de la letra

Cuando hace ya tres meses, allá por ochomayos, y a más de tres mil kilómetros de Orduña, por las calles de Bucarest la afición rojiblanca convirtió el a lo loco se vive mejor en la referencia absoluta de su hit parade, en aquellas horas de ilusión, de emoción, de orgullo, de viejos laureles reverdecidos, nadie sospechaba la cuesta abajo que se avecinaba. De Bucarest volvimos heridos, tristes y desesperanzados, pero en dos semanas quisimos creer que nos habíamos repuesto y acudimos a Madrid con la fe del converso. Los goles culés, la inacción rojiblanca y la acumulación de fracasos fueron un mazazo en la moral de la tropa de consecuencias, en aquel momento, impredecibles.

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Extraño como un pato en el Manzanares

Cuatro mil kilómetros en dos semanas siguiendo al Athletic para volverte con un saco repleto de seis goles minan la moral de cualquiera. Eso, unido a los sesenta y tres encuentros que el Athletic ha disputado esta temporada, llegan al punto de saturar hasta a aquellos que somos unos yonkis rojiblancos, por lo que se antojan necesarios unos días de descanso para poder tomar distancia, olvidar lo sucedido en ambas finales y apreciar en su justa medida todo lo que el Athletic nos ha hecho disfrutar, que ha sido mucho a pesar de que ahora cueste ponerlo en valor.

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Que el fracaso no deteriore nuestra autoestima

Hay veces que un vídeo, breve, es suficiente para emocionarte, para hacerte reflexionar y para motivarte. Lo que le espera al Athletic el viernes es difícil, muy difícil, más aún que lo de Bucarest. Cierto. Es David contra Goliath, la cantera local que abarca una circunferencia de radio de poco más de cien kilómetros con origen en el centro de Euskal Herria, contra la cantera global que adereza sus carencias con fichajes de relumbrón.

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El Firulete (haga uso pero no abuso)

Mayo, casi acercándonos al ecuador del año - ¡que rápido! - y en todos los países de este lado del mar se aproxima el final de los torneos.
Al argentino le quedan 5 fechas para definir, no solo el campeón, sino los que perderán la categoría e irán a jugar la temporada próxima a la “B” Nacional. Categoría que a partir del descenso de River, muchos comunicadores pretenden hacernos creer que tiene más brillo que la Premier League...
Si no fuesen tan ridículos algunos de los comentarios y los titulares de algunos periódicos que se han visto en estos meses, les juro que los reproduciría en este espacio… pero correría el riesgo de que pensaran que exagero.

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Toca recuperar el ánimo. Sí se puede.

Las declaraciones tras lo sucedido en Bucarest y antes de viajar a Valencia, esas en las que los jugadores hacían propósito de enmienda, calificaban como oportunidad para reivindicarse, ocasión para olvidar lo sucedido o minutos para demostrar que la debacle rumana se trataba tan solo de un tropiezo, quedaron en mera palabrería. El Athletic, demasiado flojo en lo anímico y carente de ideas de línea de tres cuartos en adelante, volvió a preocupar por la fragilidad de su ánimo, por la vulnerabilidad de una zaga que ha convertido la portería en una red de enmalle a la deriva que no hace sino pescar cualquier balón que merodee su área.

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Crónica de un viaje a ninguna parte

Pues sí, recuperado mínimamente en lo físico, que en lo anímico está costando algo más de la cuenta, habrá que intentar pasar los apuntes a limpio, aunque el concepto de libreta forofogoitia tenga dueño y no pretenda, ni mucho menos, tener problemas de derechos con nadie ni intentar emular al bueno de Iñaki.

A diferencia de lo que suelo hacer tras cada partido, ni me molestaré en analizar el encuentro, la final, porque qué más dará ahora quién jugó mejor o quién peor. Poco arreglaremos ya, y a nada bueno contribuyen algunas de las críticas -pocas, es cierto- más aceradas que he podido leer, que ha sido escaso, quizás por la necesidad de coger cierta distancia ya sobre lo sucedido e intentar cargar la batería del ánimo y las ganas, de reverdecer sensaciones, volver a pensar que queda otra final, que tampoco será sencilla, pero que en fútbol todo es posible.

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Emoción y esperanza

Si el partido del sábado resultó un trámite tras quedar el tren liguero en vía la muerta en Zaragoza, donde los menos habituales cuajaron actuaciones dispares, las horas hasta el miércoles empiezan a hacerse eternas. No hay conversación en calle, oficina, medio de transporte o taberna que no se centre en el asunto de las entradas, de los viajes, de las probabilidades de volver con la copa o de cómo quedar para verse en Bucarest.

El Athletic ha despertado a Bizkaia como hacía años que no lo hacía, recuperando el orgullo por el equipo a niveles inéditos desde los ochenta. Las tiendas oficiales arrasadas, las gentes, los balcones, las ventanas repletas de distintivos zurigorris y, lo más importante, con los más pequeños orgullosos de portar la rojiblanca y de ser del Athletic.

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El nuestro, en Bucarest

Tenía razón Marcelo Bielsa cuando afirmaba el pasado martes que el Madrid era el equipo que había merecido ganar la Liga, el más regular, el que menos había fallado, no con el fútbol que más enamore, sobre todo en contraposición al del Barcelona, pero con una efectividad y una pegada suficientes como para sentenciar la Liga a falta de dos jornadas, y de la que volvió a hacer gala anoche en San Mamés.

El Madrid superó al Athletic, fue superior, le bastó con esperar los fallos de los rojiblancos y sentenciarles a la contra. La bisoñez se paga, más frente a fieras futboleras como la que ha confeccionado Mourinho, y las entregas inocentes, los fallos no forzados como los protagonizados por Iñigo Pérez en el segundo gol, por ejemplo, rompen a un equipo definitivamente. Que alguien lo anote para dentro de pocos días.

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Para el Athletic se acaba la liga

Tras la tempestad del pasado jueves, esa que ha tenido a la Bizkaia futbolística sobrecogida, orgullosa, soñando, vino ayer la calma en forma de decepción y constatación de que el difícil objetivo Champions quedaba definitivamente en vía muerta. Por segunda vez en la temporada, Bielsa, según dijo tras consultar con los propios jugadores, decidió aplicar una rotación masiva por lo que media docena de los menos habituales formaron la alineación inicial. Con Ekiza y San José en la zaga por decisión técnica, forzado a que el lateral zurdo lo ocupase Iñigo Pérez por lesión de Aurtenetxe, y dando la oportunidad en el centro del campo a Gabilondo, Iñigo Pérez,

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Corazón de tango

A estas horas, por fin, el pulsómetro comienza a mostrar un funcionamiento normalizado del corazón y el cerebro a procesar, poco a poco, fotograma a fotograma, lo vivido en San Mamés, un cúmulo de sentimientos, de emociones, de sensaciones y de orgullo, de mucho orgullo por pertenecer a un Club distinto, especial, por tener la suerte de poder gozar de un asiento en La Catedral en una noche gloriosa como la de ayer.

El Athletic de Bielsa, al que ya nadie escatima elogios, se plantó ayer por méritos propios en una final europea por segunda vez en su ya bastante más que centenaria historia y lo hizo, como Sinatra, a su manera, combinando un fútbol de toque con las esencias de lo que San Mamés siempre ha aplaudido: entrega, velocidad y agresividad bien entendida. Una plantilla joven, jovencísima, con escasos recorrido y experiencia en la máxima categoría del fútbol, reivindicó con su juego una manera de ser, de vivir, de concebir el deporte. Se la ha contagiado un loco del fútbol, al que le costó explicar su idea, pero que una vez entendida sus pupilos han hecho propia.

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Una victoria de trámite

El de Santander, que parecía a priori más un partido de transición, propicio para dar descanso a bastantes de los jugadores que acumulan ya más de cincuenta partidos en sus piernas, no deparó excesivas sorpresas. Bielsa, que ha traído una nueva manera de concebir el fútbol a Bilbao, con la ambición en todo su esplendor por bandera, demostró que su objetivo por luchar por la Champions hasta el último segundo que la clasificación lo permita es más que sincero.

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Se puede. Estaremos en Bucarest

Quedan seis días para revertir la situación, para generar un ambiente de victoria, para hacer historia. Ahora, lo sé, parece complicado. No por el resultado, que no es el peor, aunque hasta digerir del todo el partido de ayer quizá no se valore en su justa medida. El Athletic nos ha malacostumbrado y los encuentros de vuelta de las dos últimas eliminatorias han resultado de trámite, al punto de hacer anecdótico el hecho de tener el factor cancha a favor. En esta ocasión jugar en San Mamés cobrará especial relevancia.

Cuesta aferrarse al optimismo por la mala imagen cosechada por el Athletic en Lisboa, de donde pudo salir sentenciado tras ser atropellado. Como a un melón, bastó abrir el partido para saber que no venía bueno. El primer minuto fue un avance, un tráiler, que resumió a la perfección la película que estrenaban Marcelo Bielsa y el joven grupo de actores que dirige, y que fue la peor de la saga europea.

Comenzó el Sporting desde el pitido inicial del casero Eriksson -que tiene más cara dura que dinero- a presionar, a buscar un juego acelerado, algo trabado, y de mucha intensidad, basado en movimientos rápidos aunque no muy precisos. Sa Pinto, esa fashion victim que gesticulaba constantemente en banda quién sabe si para atraer a las cámaras, decretó sitiar a Iturraspe como lo hacían los romanos con la aldea gala de Astérix y el de Abadiño se vio superado para gestionar la salida del balón, con innumerables y constantes pérdidas. Para buscar a Herrera y Muniain, desaparecidos, debía utilizar prismáticos, porque más que en Lisboa sus compañeros de medular parecían estar en Faro. Tampoco de Marcos está en racha, y se le pudo apreciar desde el inicio acelerado, desacertado, poco metido en el encuentro, obligado a hacer faltas y a ver, incluso, una tarjeta que le privará jugar la vuelta.

El juego del centro del campo, inusual, inconexo, eclipsaba a Llorente, forzaba las llegadas de los portugueses a la retaguardia rojiblanca que sustentaban brillantemente Ekiza y el mejor Amorebieta, por lo que, afortunadamente, el número de ocasiones claras del Sporting escasearon, sin intervenciones meritorias de Iraizoz. Llegar al descanso con empate fue lo mejor de la primera parte, lo máximo a lo que por juego y ocasiones se hizo acreedor el cuadro zurigorri, en la esperanza de ver un Athletic menos calamitoso tras la reanudación.

Y así comenzó la segunda mitad, con el equipo más reconocible, con algo más de posesión, hilando pases, con un Herrera reaparecido, un Susaeta más activo pero muy desacertado, y un Sporting de Portugal al que parecía pasarle factura el derroche físico de los primeros cuarenta y cinco minutos. A balón parado antes del cuarto de hora consiguió Aurtenetxe adelantar a los  leones vizcainos, pero el discurrir del partido invitaba a la cautela. El Athletic se creció y pudo dar el zarpazo definitivo si Amorebieta, chutando con la tonta y con toda la portería para él, no hubiese cruzado en exceso el balón hasta hacer que diese en la parte interior del poste. En esa jugada cambió la suerte de la eliminatoria, el Sporting volvió a tocar a rebato y los de Bielsa se transformaron en una caricatura de sí mismos.

Una intolerable falta de concentración de Susaeta permitió a Insúa aferrar a los lisboetas a la esperanza de sacar aquello adelante. Ahora el eibartarra padecerá diecinueve días y quinientas noches de láser verde por una falta de concentración impropia de una eliminatoria en la que el equipo se juega lo que se juega.  

Cuando el objetivo parecía defender el empate, que tampoco era mal marcador, el piscinero Diego Capel, en uno de los pocos instantes que permaneció en posición verticial sobre el campo, justificó por qué jugaba alineado en banda derecha. Su internada le permitió chutar con la zurda -su pierna- ajustado al palo, en un tiro en el que siempre quedará la duda de si con un portero de verdad se hubiese podido hacer algo más que presenciar una estirada para cubrir el expediente.

Que entrara San José por Herrera no fue más que la muestra de una plantilla que se queda en mínimos en cuanto falta algún jugador clave, léase Javi Martínez, de la misma forma que el cambio de Susaeta por Ibai -algo tardío quizás- fuera de manual, o de no resultar muy entendible la presencia de Toquero.

Toca ahora pasar el mal trago, intentar juzgar la derrota en su justo término, porque el hecho de que la imagen fuese muchísimo peor que el resultado obtenido no debe empañar las posibilidades reales, que existen.

La noche del próximo jueves puede ser, con mucha probabilidad, la última gran cita del vetusto San Mamés antes de ser derribado. Toca engalanar balcones y ventanas, aún más; hacer piña, hablar de fútbol y no de petroleras expropiadas, que los medios ayuden a concienciarse de que la victoria y estar en Bucarest depende de un resultado asequible contra un rival aguerrido pero al que no parece sobrarle gol. Si la peor versión del Athletic de la era Bielsa, con Muniain desaparecido, salió con vida del José Alvalade es porque toca estar en Bucarest y… rotar en Santander.

Así que tranquilidad y a esperar. Y si alguien desea saber cómo se puede llegar a Bucarest, que pregunte. Se le darán en este txoko respuestas de todo tipo: de posibles enlaces aeroportuarios, de número de escalas, de dónde coger el vuelo más barato, de qué compañías operan, del número de aeropuertos que existen en cada ciudad europea… sí, una muestra de euforia ahora frenada. ¿O ejercemos de bilbainos y vamos reservando? No descartemos nada… todavía.

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Objetivo cumplido. Próxima parada: Lisboa.

Ni tan mal. Que el Athletic consiguiese sumar los tres puntos en un encuentro plagado de emociones y homenajes previos, algo que no suele ser preludio de nada bueno en el caso de los rojiblancos, y que con ello sustente vivos aún, a falta de escasas cinco jornadas, los objetivos ligueros es para estar satisfechos.

La tarde no invitaba en lo meteorológico más que a sestear, preferiblemente en casa, y el enrarecido ambiente que lleva viviéndose en torno al Athletic desde el triste fallecimiento de Iñigo Cabacas acabó por enfriar la atmosfera de San Mamés. Al emotivo e impresionante minuto de silencio siguió un periodo de otros nueve que sumió La Catedral en una especie de velatorio, pero los jugadores, que habían hecho su particular memorial al chaval fallecido, entraron en el partido con ganas, moviendo el balón y buscando al Mallorca. Fueron de más a menos, con una primera parte en condiciones que fue perdiendo gas, como el encuentro, hasta dar con una reanudación que perfectamente podría no haberse disputado.

Para cuando el público dejó de mirar el reloj del marcador y acabó con los aplausos decretados por las peñas, el Athletic se adelantó, allá por el trece de encuentro, con un gol de Llorente, otra vez de cabeza, que no despreció una falta muy bien tocada por Ibai Gómez, sustituto de Muniain, y que aprovechó la oportunidad para seguir reivindicando minutos a un Bielsa dispuesto a atender solicitudes de ese tipo.

Nada cambió con el gol. El Athletic siguió a lo suyo, a trenzar fútbol desde la salida del balón, liderado por Iturraspe, y solo la falta de precisión de Iraola, Susaeta, Herrera y, sobre todo, de Marcos, que lo intentó todo pero que no le salió nada, evitó que pudiese llegar un segundo tanto. Cierto que el Mallorca envió un balón a la base del palo de Iraizoz, tras coger un tiro de Bigas un efecto que sorprendió también al portero local, pero no se hizo el Mallorca acreedor a nada, aunque bien sabido es que si por algo se caracterizan los equipos de Caparrós es por sacar un rendimiento máximo a sus escasas incursiones ofensivas.

La segunda mitad varió algo el panorama. Hasta a Joaquín Jesús debió parecerle sonrojante el escaso bagaje ofensivo de los suyos y tiró de banquillo dando entrada a Chori Castro, por aquello de intentar demostrar que Iraizoz estaba en el campo. Tuvo Castro el empate, pero tiró flojo sin obligar a Gorka a nada, y ahí acabaron las opciones de los insulares que vieron más cerca el segundo del Athletic que la posibilidad del empate. No estuvieron finos, con todo, los rojiblancos. Cuando no se falló el último pase faltó calidad en el remate, bien de Llorente, bien de Susaeta.

Para la anécdota quedó la vuelta a San Mamés de Gabilondo, en los que seguramente puedan ser los últimos minutos de su carrera en San Mamés, o el tiro al larguero de Toquero, en lo que hubiese supuesto el acierto en mi pronóstico a mi compañero de localidad –con lo que eso luce- cuando vimos cojear a Gaizka tras pelear fiel a su estilo un balón en defensa.

Los dos partidos disputados en casa en una semana se han cerrado con victoria por la mínima y en ambos ha maniobrado desde el banquillo Bielsa para dar solidez al equipo, con objeto de evitar que se volviera a dilapidar en los últimos instantes lo atesorado con bastante trabajo. Ayer aprovechó para dar entrada a Ekiza, otro que ha recuperado crédito a base de buenas actuaciones, y dejar a Javi Martínez ligeramente adelantado pero sin llegar a ser un mediocentro al uso. Ello obligó a Iturraspe a adelantarse, pero aunque sea Ander no es Herrera y la distribución del cuero en la recta final no fue la misma.

En lo no meramente deportivo, San Mamés se llenó de pancartas aludiendo al aficionado fallecido, y Llorente tuvo un bonito gesto tras brindarle el gol, le honra. Sí llamó la atención, sin embargo, una pancarta en el fondo sur que, en euskera, preguntaba al Club cuál es su estilo. Puede que la entidad no haya sido todo lo ágil que debiera en mostrar en público –importante matiz- su duelo a la familia, pero resulta kafkiano escuchar reivindicaciones de estilo, de educación, a integrantes de ciertos grupos que callaron los cuatro años anteriores no porque les gustasen las formas o la gestión, pero sí porque fueron debidamente favorecidos.

El Athletic cierra el ciclo de tres encuentros de Liga con siete puntos de nueve posibles antes de afrontar el que será el partido más trascendente de lo que va de temporada. Volver de Lisboa con la eliminatoria abierta es el objetivo, para lo que habrá que conseguir mantener la firmeza defensiva y marcar. Vaya semana de emociones para los athleticzales, porque si lo del Sporting de Portugal se espera con ansia, el sorteo dominical de entradas coperas ocupa mucho tiempo de las conversaciones. Que haya suerte. Y justicia.

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La inteligencia, un valor agregado (también en el futbol)



Cierta vez le preguntaron a Carlos Bianchi, el más exitoso de todos los entrenadores que hayan pasado por el Club Atlético Boca Juniors (y han pasado varios) porqué sus equipos eran tan ganadores, el “Virrey” respondió con simplicidad: “Porque tengo buenos jugadores, pero fundamentalmente, porque tengo jugadores inteligentes que no se confunden. Mientras no se confundan, seguirán ganando cosas”
Traigo este recuerdo a superficie, dos horas antes de que Boca Juniors salte a la grama del estadio del C.A. Tigre a defender el liderazgo del campeonato argentino y con el pasaje a 8vos. de final de la Copa Libertadores de América en el bolsillo, porque en este fútbol cambiante e impredecible y en donde el cielo y el infierno quedan a tiro de piedra uno del otro, la actualidad xeneize es bien distinta de la que se había generado hace un mes, por -según mi entender, que no es mucho- malicias ajenas y estupideces propias.
Me explico mejor:
Boca Juniors fue el ganador del último torneo argentino de un modo más que brillante. Invicto y con 12 puntos de ventaja sobre el segundo… si, si doce.
Basado en la solidez de una defensa férrea que solo encajó 6 goles en todo el torneo, y una efectividad notable, el equipo cantó el alirón con absoluta justicia y sin demasiados cuestionamientos (es sabido que si ponemos el “metro patrón” del Barcelona de Guardiola, todo sabrá a poco)
Ocurre que en el receso, durante el verano argentino, el Técnico del equipo Julio César Falcioni, tuvo la idea de no querer hablar más con un personajillo de los medios, periodista deportivo, tan escuchado como despreciable, y entrar a sufrir la típica campaña rastrera que estos personajes del micrófono saben ejercer contra quienes “osan” no darles notas.
Haciendo gala de toda la hipocresía y la mala fe que estos roedores parlanchines pueden aplicar, el equipo -cuando aún no se estaba en competencia oficial- entró a sufrir todas las criticas que no había sufrido durante la competencia: “Juega mal” … “aburre” … “es mediocre”
Yo -que por una cuestión de higiene mental- escucho poco a estos lenguaraces, me preguntaba que si Boca Juniors era mediocre, que quedaría para el resto, desde el segundo a 12 puntos de distancia hasta el último!
La cuestión es que este charlatán de radio es muy escuchado y tiene mucha influencia sobre colegas y sobre protagonistas.
Él lo sabe y lo utiliza.
Y así fue que el Boca Campeón invicto, se convirtió en apenas unas semanas EN LAS QUE NO HABIA FUTBOL , en el peor de los equipos de la historia vernácula. Hasta aquí, todo bien… pero ocurrió lo que me temía, lo que no puede ocurrir, lo que se buscaba con esta campaña mediática encabezada y liderada por un vil y seguida por una corte de abominables: SE CONFUNDIERON LOS JUGADORES y comenzaron a declarar frases tales como: “tenemos que mejorar”… “No jugamos a nada”… “algún día la suerte se nos va a acabar”
¿Es que alguien en su sano juicio puede creer que se están 36 partidos y un año entero sin conocer la derrota a la grupa de la suerte?
¿Se puede sacarles un campo de ventaja a los otros 19 participantes con la fortuna como único argumento?
Naturalmente que se puede discutir el modo y el sistema empleado por un equipo, que esto es fútbol en definitiva… lo que no se puede es menoscabar un logro avalado por números por demás elocuentes!
Y fue así que los jugadores que se hicieron carne de esa campaña, disfrazada de “critica objetiva” y que declaraban que debían cambiar su manera de jugar, perdieron en una semana solamente, un invicto de 36 partidos , comprometieron seriamente su clasificación a la próxima fase del torneo que más anhela el hincha de Boca, como que ya está en nuestro ADN y recibió en dos partidos –los dos como local- 7 goles … (uno más que los recibidos en todo un torneo disputado solo dos meses antes)
Seguramente, esas dos semanas negras, con amague de renuncia incluidas por parte del entrenador (que agarró por el pescuezo al periodista de lengua bífida en el aeropuerto de Ezeiza) fueron de mucha charla interna, de mucho limpiar los trapos sucios dentro del grupo, de mucho fortalecer precisamente eso: El equipo.
De acordarse de Carlos Bianchi y ejercitar aquello de: “si los jugadores son inteligentes y no se equivocan, seguirán ganando cosas”
Afortunadamente, Boca Juniors alcanzó nuevamente la cima de las posiciones en el campeonato local y ha ganado por Copa sus dos partidos ante el siempre duro Arsenal de Sarandí (el equipo fundado por “The Godfather”) y también a vencido a Fluminense en Brasil, devolviéndole las gentilezas y cortándole una racha de 35 partidos sin perder por torneos internacionales.
Ahora nuevamente los diarios y los periodistas hablan de lo bien que juega Boca, de lo sólido que es, de que es un club ganador por genética y de que es el principal candidato a ganar la Libertadores … y pasaron solo dos meses!

¡Periodistas! … ¿será que de cuando en vez, hay que tomar a alguno por el cuello y apretujar? … yo prefiero la “no violencia” y contar con jugadores inteligentes.
Finalmente… Bill Shankly tiene su estatua en Anfield... Matt Busby la propia en Old Trafford… para cuando la de Carlos Bianchi en Brandsen 805! (Parafraseando al tango: “no habrá ninguno igual… no habrá ninguno”)

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Un empate que supo a derrota

No hay manera. El Athletic no termina de engancharse a posiciones europeas, no quiere ser el tuerto en ese país de ciegos que es la lucha por la cuarta o quinta plaza, esas que posibilitan librarse de jugar previas en agosto. Quien busque la lectura positiva, exclusivamente, deberá conformarse con la capacidad de reacción, con un equipo que no ceja en su empeño hasta conseguir algo positivo. También con que es muy difícil que este Athletic pierda. Pero hasta ahí. Poco más.

Porque el empate arrancado in extremis en Granada supo a derrota. Por numerosos motivos, el más claro la imposibilidad de arrancar los tres puntos ante un equipo llamado a luchar por mantener la categoría hasta el último suspiro liguero. Los de Bielsa acumularon tal número de errores que la igualada, el menor de los males, no libró a los aficionados de un regusto amargo tras el encuentro.

No había terminado de acomodarse el personal en sus butacas (o en el taburete del bar) cuando Mikel Rico, hipermotivado, un producto en venta, aprovechó un garrafal movimiento defensivo del Athletic para poner a prueba los defectuosos despejes de Iraizoz. El portero navarro detuvo su tiro, cierto, pero una vez más desvió hacia dentro del área, donde Romero no perdonó. Si en el partido de la primera vuelta, en el de San Mamés, el Athletic ya padeció las consecuencias de un Granada ultradefensivo que atesoraba ventaja en el marcador, en Los Cármenes, a las primeras de cambio, se autoinfligía lo que ya se conoce como un froilán, o sea, un tiro en el pie.

Se sucedieron unos minutos de desconcierto hasta que las aguas volvieron a su cauce: el Granada a acumular futbolistas en su campo, hasta dos líneas de cuatro, y el Athletic a intentar practicar su fútbol, liderados por Iturraspe, una vez que consiguió entrar en juego, y las asociaciones de Iraola y Susaeta. Hubo algunos momentos de fútbol trenzado, del habitual, pero no conseguían los rojiblancos percutir el área rival. Desesperados andaban por la falta de efectividad de la posesión, cuando un buen movimiento de Muniain y el posterior pase dejaron solo a Iraola frente a Julio César para que fuese derribado por Romero, de nuevo protagonista, y Undiano, ese hombre, señalase el consiguiente penalti y expulsión.

Pena máxima y Athletic no son sinónimos de alegrías, por lo que Llorente, que lo lanzo más por obligación que por convicción –la cara, el espejo del alma, lo decía todo-, marró su cuarto penalti consecutivo en Liga. No es cuestión de avivar un debate que lleva abierto demasiados años, ni de cargar contra el riojano, porque lo cierto es que en este equipo no es que nadie dé un paso al frente, es que todos huyen de la responsabilidad, desde Muniain, que se dio la vuelta, hasta Iraola, veterano y otrora especialista que ya nada quiere saber. El comentario, generalizado, es que es un problema importante que urge una solución, puesto que huelga recordar la importancia de los lanzamientos desde los once metros en las semifinales y final que se deberán afrontar en breve.

Con desventaja en el marcador más el mazazo del penalti fallado se iban al descanso los leones y poco tardó tras la reanudación Bielsa en cambiar el planteamiento. Contra un rival en inferioridad consideró que sobraba un defensa y sacrificó a Aurtenetxe para dar entrada a un Ibai que va ganado enteros entre los considerados por el rosarino. No es que el Athletic notase demasiado el cambio, puesto que a pesar del dominio total, la posesión, abrumadora, no se traducía en llegadas claras ni en tiros a puerta.
Sí hubo, sin embargo, una jugada clave, que pudo cambiar el devenir de la segunda parte, cuando Muniain, que recibió en ventaja para romper a la zaga del Granada en velocidad, decidió tirar de protagonismo, de militar en el egoísmo cristiano –de Ronaldo, no se me enfaden los comulgantes- y tirar de manera patética ante Julio César en lugar de regalar un gol cantado a Llorente o Ibai, puesto que, para más inri, tenía donde elegir.

Con ese panorama, habiendo puesto la respiración asistida al Granada por dos veces, volvió a aplicar el bisturí Marcelo Alberto, dando entrada a Toquero, para buscar la agitación, y sustituyendo a Herrera, un cambio que todo el mundo espera ya hacia la hora de encuentro. Y en otro desmán táctico, en otra muestra de una palmaria falta de concentración, de lectura errónea del encuentro, una jugada de ataque mal llevada acabó en falta a favor del Granada, en la que concurrieron la pillería de los locales, la falta de astucia de un Susaeta que no evitó el saque y la laxitud de Undiano, quién sino él, que obvió que el balón estaba en movimiento. La falta se convirtió en un pase de gol y el Granada, ver para creer, transformaba el dos a cero.

Rozaba el ridículo el Athletic, cuando supo sacar ese orgullo y capacidad de pelea que es el único denominador común con el equipo de los últimos cuatro años, por lo que a base de insistir los últimos minutos, de dominar y de empujar, logró maquillar el marcador, puntuar y salvar los puntos. Pudo ser mejor, pero no era el día. Los fallos de todo tipo, en portería, en defensa, en los movimientos del centro del campo, en las asistencias desde las bandas, en las llegadas al área por el centro, unidos a la ya famosa falta de pericia en el remate, dejaron la imagen de uno de los peores Athletics de la temporada.

Merece la pena detenerse a reflexionar sobre la actuación de Muniain. Preocupa su actitud. Una cosa es la personalidad, que bien entendida es un activo impagable en el fútbol, y otra el macarrismo mal entendido. Las cámaras de televisión mostraron que una vez más, y la constante reincidencia preocupa, se enzarzó en una de sus habituales reyertas sin balón de por medio. Acumula demasiadas esta temporada, todas ellas sin que los colegiados las hayan apreciado, afortunadamente. De verla Undiano hubiese abandonado el campo, puesto que concurrían en Iker dos circunstancias golosas para don Alberto: ser jugador del Athletic y haber nacido en navarra, algo que no suele perdonar el trencilla, vengador justiciero de ese navarrismo rancio que tiene Ibaigane como eterna obsesión.

Porque del arbitraje podría hablarse. No es normal lo de este colegiado. Hubo varias jugadas que le retrataron, pero la principal fue la impunidad con la que pudo actuar Siqueira, con una entrada a Llorente merecedora de expulsión y que quedó impune, para que acto seguido una falta incluso discutible de Iturraspe mereciese tarjeta amarilla. Para la anécdota la posible roja para Nyom, por un golpe en la cara a Susaeta, resuelta con cartulina amarilla, o la amonestación a Amorebieta, que ni tan siquiera cometió falta, y en la que a Undiano le traicionó su ímpetu.

A la espera del enfrentamiento contra la troupé de Caparrós el próximo domingo, algo descafeinado e intrascendente tras el empate cosechado en Granada, el entorno rojiblanco sigue conmocionado por la muerte de Iñigo Cabacas e indignado por la respuesta del Departamento de Interior. A falta de respuestas concretas, de medidas, de que esa investigación ordenada por Rodolfo Ares determine algo, la manipulación ordenada por la Consejería y difundida por EITB empieza a sonrojar. Que se intente justificar la carga policial, desproporcionadísima, por una pelea entre dos personas, escandaliza. Que se presente la detención de esas dos personas como muestra de la buena labor policial mientras nada se sabe de los responsable de la acción, sonroja. La Ertzaintza está haciendo el ridículo, perdiendo toda credibilidad. Lo sucedido es gravísimo, no ya sólo por la lamentable e irreparable muerte de Iñigo, sino por las actuaciones de los dispositivos de seguridad que venían desplegándose en San Mamés. A este respecto, me quedo con las reflexiones de Josu Orbe en su blog. Debemos reflexionar sobre el modelo de seguridad que queremos en San Mamés y, como indicaba Juan Carlos Latxaga en un comentario de ese post, señalar con el dedo el comportamiento de algunos de los nuestros dentro del propio campo. Es una asignatura pendiente que después de lo sucedido en jueves santo se encuentra en convocatoria de gracia. 

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El Athletic se viste de luto

La muerte de Iñigo Cabacas, aficionado zurigorri que cometió el tremendo error de estar en el sitio inadecuado en el peor momento, me ha pillado de sorpresa mientras pensaba cómo resumir los últimos dos partidos disputados en plena Semana Santa. Los tópicos, esos recursos fáciles para los que, como yo, nos dedicamos a escribir con mucha voluntad pero poco don, hubiesen dado, seguramente, como titular algo así como Resurrección liguera del Athletic o algún titular facilón semejante que ahora, tras la tragedia, podría, incluso, parecer de mal gusto.

La desproporción policial, presuntamente -seamos generosos-, ha imposibilitado que una persona que decidió el pasado jueves prolongar por las calles de ambiente rojiblanco el disfrute de lo vivido en el campo, no pudiera presenciar ayer una más de esas faenas de los pupilos de Bielsa que encandilan ya a toda Europa.

Postrado en una cama de una habitación de la UCI de Basurto, a escasos metros de donde el jueves, seguramente, especularía con viajar a Lisboa o soñar con estar en Bucarest mientras presenciaba como el Athletic plantaba cara a un Schalke 04 que prentendía vender cara su piel, ha luchado por mantenerse con vida, hasta fallecer hoy por no poder resistir al boquete que tenía en la cabeza, expresión de su madre que resultó muy gráfica para describir su estado.

Las redes sociales arden de indignacion ahora. Gran parte sincera y otra parte, la menor, interesada, que intenta mezclar asuntos de interés político. En cualquier caso, un clamor que exige explicaciones puesto que las ofrecidas hasta ahora por la Ertzaintza parecen insuficientes además de inverosímiles. Los testimonios de los amigos de Cabacas resultan concluyentes y dejan traslucir una carga salvaje, excesiva, propia de otros tiempos que creíamos afortunadamante superados.

Dicen las fuentes oficiales que se llegará hasta el final, que habrá una investigación de lo sucedido. ¿Y qué más da?, ¿qué se arregla con que el autor o autores abandonen el cuerpo, vayan unos meses a la carcel? Lo verdaderamente importante, la vida de una persona, no se soluciona. El exceso de celo policial ha vuelto a pasar una factura no ya cara, sino impagable. Y llama la atención, porque ese mismo cuerpo policial, bajo las órdenes de sus actuales rectores, ha tenido actuaciones que han sorprendido por condescendientes con ultras de otros equipos. Y es, además, reiterada, porque hace unas semanas la propia prensa vizcaina ya denunció una brutal actuación policial que hirió a un fotógrafo de El Mundo.

Ahora que en Bizkaia sólo cabe disfrutar, que en plena crisis económica existe un equipo que sirve de alegría a una provincia que llena balcones y ventanas con sus colores, un pelotazo de goma lanzado a menos de veinte metros, salvajemente, ha paralizado la euforia que rodeaba al fútbol.

La increíble mejoría de Susaeta, jugador en el que pocos creían hasta hace poco, el fútbol de batuta de Iturraspe, la magia de Muniain, los ya habituales goles de Llorente, la genialidad intermitente de Herrera, los eternos desmarques de de Marcos, un Amorebieta que destaca también con Ekiza de pareja, las subidas de un Iraola que transforman la banda derecha del Athletic en la de Brazil... fueron algunos de los detalles que la brutalidad policial impidieron disfrutar al pobre Iñigo el domingo.

Un Athletic que va camino de convertir la temporada en histórica, que acumula veinticinco victorias, que marca fechas en rojo en el calendario con finales y semifinales, pondrá una nota negra en su inmaculado expediente deportivo por razones ajenas al fútbol. Pero si la familia rojiblanca se precia de ser distinta -lo es-, no debería dejar caer en en olvido lo sucedido. La situación exige una respuesta por parte del Club, algún gesto.

El silencio que desde la Consejería de Interior están intentando conseguir, además, avergüenza. A nadie escapa quién es Rodolfo Ares, qué representa, cómo maneja los medios. A nivel estatal ya ha logrado que informativamente lo sucedido resulte anecdótico. Lamentable La Sexta, prebostes de la progresía, con una reseña en tiempo de deportes, por ejemplo. Que no nos engañen, que no lo silencien, que no intenten confundir. La brutalidad policial, la carga desproporcionada, han acabado con una vida. Pero es más. Esa misma brutalidad, aplicada sobre quienes pedían una ambulancia, amigos de la víctima, retrasó la presencia de las asistencias sanitarias.

A la familia de Iñigo, a sus amigos, la solidaridad, el abrazo y el pésame más grande desde este blog. Le ha ocurrido a él, como pudo pasarle a cualquiera que se hubiese cruzado con ese puñetero pelotazo de goma. Esperemos que en la gabarra vaya un recuerdo para él. Goian Bego.

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Los deberes del Athletic

Aunque no es habitual hacer balances cuando quedan por disputarse los partidos más trascendentes de la temporada, no parece ahora mal momento para reflexionar sobre algunos aspectos, antes de que los resultados deportivos condicionen y contaminen cualquier idea, máxime en el entorno del Athletic, donde tan dados somos a la exageración, capaces de celebrar por todo lo alto una derrota sin paliativos en una final copera como de echar mano de la calculadora y pensar en evitar el descenso por haber tropezado en cinco encuentros ligueros consecutivos.

Alcanzados los cincuenta partidos de competición oficial, la sensación para quienes vivimos la gabarra siendo niños es la de estar disfrutando de una de las temporadas más ilusionantes que hemos vivido, con un equipo que, salvo muy improbable catástrofe, alcanzará por segunda vez en su historia la semifinal de una competición continental y, por tercera vez después de la histórica del 84, la final copera. Todo ello, sin embargo, en medio de un debate interesadamente enrarecido, en el que algunos siguen siendo reticentes al reconocimiento.

A pesar del enfriamiento por el parón sufrido tras una buena marcha en la Liga, con la sensación, siempre subjetiva, de acumular menos puntos de los merecidos por el fútbol  practicado, el Athletic se encuentra a las puertas de tener que tomar decisiones importantes.

La principal pasa por la necesidad de renovar a algunos de sus jugadores, de atarlos, con objeto de blindar la base de un equipo con potencial y futuro, algo para lo que se antoja necesario maximizar los ingresos, que llegarán vía cuotas de socio del nuevo campo y de la casi obligación de participar con mayor frecuencia en competiciones europeas. Esto último no debiera ser excesivamente difícil, visto el nivel deportivo de una Liga que, poco a poco, y salvo los dos primeros clasificados, demuestra un debilitamiento del potencial deportivo medio, con clubes rayando la quiebra o sumidos en procesos concursales.

Para ello, sin embargo, parece más que claro que el actual plantel de jugadores resulta insuficiente. Si bien es cierto que Bielsa ha sido especialmente reacio a explorar las posibilidades de su ya de por sí corta plantilla, la herencia recibida no era todo lo equilibrada que debiera.

La línea defensiva parece ser la mejor cubierta, con las dudas de la alternativa para el lateral derecho, ya cubierta como solución de urgencia desde la etapa de Caparros con de Marcos, pendiente de una alternativa que pasaría por la esperanza de que Jonas Ramalho llegue a ser el futbolista que se espera; la otra, la izquierda, depende de la recuperación de un Xabi Castillo que parecía en pretemporada gozar del plácet del entrenador. El descubrimiento de Javi Martínez como central ha posibilitado, además, tener cuatro jugadores para dos puestos, una nómina más que suficiente, si se le añade la posibilidad de contar para el eje con Aurtenetxe o un Gurpegi recuperado.

Más problemas presenta el centro del campo, no tanto por número de efectivos, que también, sino por las peculiaridades de la forma de jugar del rosarino y las exigencias técnicas que los que ocupen la parcela ancha deben tener. Los Herrera, de Marcos e Iturraspe parecen incuestionables y cuando las circunstancias obligan a tirar de Iñigo Pérez el nivel parece resentirse. Beñat, jugador del Betis, aparece como un hijo pródigo de interés para llenar el armario de prendas que merezcan la pena, pero nadie habla de importes económicos que no parece que puedan asumirse fácilmente. El ya mencionado Gurpegi, un comodín al que a buen seguro Bielsa hubiese dado muchos minutos, es una incógnita cuyo rendimiento dependerá de una recuperación complicada por la tipología de lesión y la edad que ya acumula.

En bandas, ante la segura baja de Gabilondo, la solución económicamente asumible podría pasar por una oportunidad para Ismael López, que con 21 años destaca en el Lugo, y que podría servir como alternativa para, por ejemplo, poder suplir a Muniain o dejar que éste actúe más centrado, dando más versatilidad a una plantilla donde Ibai ya aparece como relevo para ambas bandas, tanto en la izquierda como en esa derecha que Susaeta se ha apropiado para dejar a David López como eterno suplente. Por otra parte, faltaría el lesionado Igor Martínez, rápido y dotado de mucha movilidad, que seguro hubiese tenido alguna oportunidad con Bielsa.

Pero el verdadero problema de la plantilla, el trascendental, pasa por lo que se ha denominado la prueba del nueve. La constatación de que la ausencia de Llorente provoca que el equipo pase de ser puntero a mediocre. No existen alternativas, Toquero luce como jugador de primera como segunda punta y cayendo a bandas, pero evidencia todas sus carencias como referencia. Aduriz parece una opción imposible por el alto coste que supondría incorporar a un jugador de ya 31 años y en el Bilbao Athletic no se atisba ningún goleador, principal carencia del equipo de Ziganda. La última opción pasaría por la repesca de un Urko Vera que no convenció a Bielsa en su momento. En este punto, la tarea de Urrutia y su junta es complicada. No solo por tener que renovar sí o sí a Llorente en términos asumibles por la entidad, sino por la necesidad, además de buscarle suplente.

No acaban ahí los problemas del presidente. Le queda por delante gestionar el sorteo de las entradas para la Copa. Tiene mucho que perder, pero también una oportunidad de ganar puntos, de demostrar que el silencio existente es para preparar un sistema claro y transparente, en el que se describa claramente cuál será el número de tickets para compromisos, cuál el destinado a socios y, sobre todo, que se pueda constatar que no han existido tratos de favor ni asignaciones opacas.

El resto de asuntos, importantes también, pasan por una necesaria reforma estatutaria o solucionar asuntos que han generado dudas del peso de la entidad en la Federación y LFP. Horarios, arbitrajes y fecha o sede para la Copa no han dejado una imagen de firmeza de la entidad de Ibaigane en ambos foros.

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El guión estaba escrito, el Athletic tenía que perder

Cuando el verano pasado el malayo José María del Nido, abyecto personaje cuyas frases esconden más mentiras que palabras, afirmó aquello de que ésta era una liga de mierda, ni tan siquiera él era consciente de que a falta de siete jornadas para el final el tercer clasificado, con la posición para la Champions prácticamente asegurada, estaría más cerca del descenso que del segundo clasificado. El detalle, que no es sino la plasmación en números del desequilibrio en que está sumida la competición, tuvo su culmen el sábado en el Camp Nou.

Nadie quitará a la afición zurigorri la sensación de que de haberse disputado ese encuentro en condiciones distintas, con un Athletic algo más descansado y sin las apreturas de calendario en que está sumida su corta –por número de jugadores- plantilla, algo muy distinto se hubiese disfrutado.

Bielsa, que para bien o para mal, nunca pone excusas a las derrotas ya previno que el cansancio no serviría como pretexto, aunque los hechos evidenciaron que sí lo temía, razón por la que decidió dar descanso de inicio a cuatro de los futbolistas que conforman su once base, o sea, Amorebieta, Herrera, Muniain y Llorente.

Quienes entraron en su lugar, Ibai, Iñigo, Toquero y Ekiza, junto al resto de habituales, salieron al campo a darlo todo, a frenar al Barcelona e intentar emular el partido de la primera vuelta, pero medió un mundo. El Athletic estuvo a merced de los culés, sin prácticamente llegadas al área de Valdés, con la posesión más pobre de la temporada y, por primera vez este curso, corriendo detrás del esférico como en ejercicios anteriores. Con todo, la presencia de Ekiza, al que las malas actuaciones recientes de San José hicieronn gozar de una oportunidad, junto a Javi Martínez y el buen trabajo de Iturraspe permitió amarrar a un Messi al que no se vio cómodo en todo el encuentro.

El Barcelona, que llegó con frecuencia a la portería de Iraizoz no generó excesivo peligro, bien porque se topó con Gorka, portero que conoce el verbo parar pero que aún no conjuga bien blocar, o incurrieron en fuera de juego. Pasaban los minutos y el dominio abrumador barcelonista no se traducía en goles, hasta que allá por el cuarenta una garrafal e infantil pérdida de balón de Ibai acabó en tanto del rostro pálido de Fuentealvilla.

Marcelo Alberto, en un gesto más de cara a la galería que creíble para la afición del Athletic -e, incluso, de su propio vestuario-, optó en la reanudación por dar entrada a los que había dado descanso. Muniain y Herrera ocuparon sus posiciones habituales, pero el juego no mejoró en exceso. Fue un gesto controvertido, que ha desatado el debate, por lo innecesario de acumular más minutos en unos futbolistas que serán más necesarios en otros momentos de la temporada, pero el rosarino es así, guste o no guste. No obstante, sí queda la sensación de que pudo ser víctima de los siempre tramposos halagos de un Guardiola cuyas comparecencias dan la sensación de no esconder nunca demasiada sinceridad.

Por si el asunto del horario del partido era poca ayuda para los locales, la designación arbitral tampoco había caído con agrado en Bizkaia, y Mateu Lahoz, el profeta del sigan, sigan volvió a demostrar ser un fraude, una mentira, un personaje inventado, una caricatura de juez, un cobarde que sólo luce pito en su mano, un despropósito. Él, que no quiso ver ni faltas ni contactos en el centro del campo, señaló a Javi Martínez otro de esos penaltis con que ya acostumbra a castigar a los rojiblancos y el dos a cero subió al marcador cuando el Athletic parecía haberle cogido algo más de aire al encuentro.

Que acto seguido Llorente saltase al terreno de juego o que Muniain marrase una ocasión más que clara fueron anécdotas en una tarde de monólogo local. Este show está montado para lo que está montado y las protestas morirán ahogadas ante el interés mediático, dominado en Madrid y Barcelona, porque esto siga igual de desequilibrado o más. El guión estaba escrito, el Athletic tenía que perder.

Quedémonos, pues, con el juego de un Ekiza que reivindicó un sitio dando su mejor versión, que el entramado defensivo permitió anular a Messi o que, a pesar del dominio, los blaugranas no bombardearon a unos leones diezmados por la falta de descanso. Es importante de cara al veinticinco de mayo.

Pero no debiera el Athletic seguir en la dinámica liguera en que se halla inmerso, con un punto de quince posibles, y que le ha dejado enclavado en la clasificación en zona de nadie. Si bien es cierto que con lo realizado podría tener, al menos, hasta cuatro puntos más a nada que la pericia –vocablo que Bielsa ha dejado en herencia para el diccionario futbolero local- se hubiese dado con cuentagotas, ganar al Sevilla el próximo domingo debe ser obligación para recuperar posiciones, orgullo y moral.

Mientras, San Mamés se dispone a vivir el jueves otra noche espectacular que esperemos algunos no intenten ensuciar esta noche desde ciertas tertulias con aquello de que a estas alturas de campaña el pasado año, a estas alturas, se sumaron siete puntos más en liga. Porque al margen de poder discutirse el cómo o la fortuna, el hito de alcanzar la final de Copa o unas semifinales de UEFA sólo se ha dado en este Club en la temporada 77-78. Disfrutemos de algo histórico y dejémonos de debates interesados e impostados por aquellos que desean abrir heridas en base a intereses personales. Bucarest bien vale un salvoconducto liguero.

+ 6

El fútbol loco que sigue haciendo soñar

Probablemente no fuese un buen partido de fútbol desde el punto de vista del rigor táctico, pero sí desde el de cualquier aficionado al que el espectáculo, como bien rezaba una pancarta, le sale más caro que una canita al aire. En Geisen no hubo huelga, la plantilla no abandonó sus puestos para poblar las playas y los servicios mínimos decretados por Bielsa resultaron abusivos, del ciento por ciento. El Athletic resolvió la eliminatoria en un partido cuyo final fue apoteósico, eléctrico, otra muestra clara del especial giro que este plantel ha sufrido bajo la batuta de un técnico al que muchos despreciaron en Bizkaia y al que se rifa ahora media Europa.

No es el día para ponerse tiquismiquis, puntilloso, y dedicarse a analizar el juego del Athletic de forma severa. Fue un encuentro extraño en cualquier caso, al menos por parte rojiblanca, en el que los noventa minutos fueron un compendio de las virtudes y defectos de un grupo que, para bien o para mal, aplica una receta futbolística distinta, propia, que tiene fascinada a gran parte de su afición, aunque existan detractores Guadiana que por no dar su brazo a torcer no estén disfrutando de una temporada que tardará años en repetirse.

Los de Bielsa comenzaron el partido fieles a su estilo, tardaron unos minutos en entrar en juego, pero se manejaron cómodos durante el primer cuarto de hora. Lanzados por un Susaeta que los últimos partidos ha dado el paso adelante que se le exigía, pusieron en evidencia la endeble defensa del equipo alemán, si bien, como casi siempre, sus llegadas al área rival quedaron en nada merced a la ya clásica falta de definición. No manejaba, con todo, con comodidad el encuentro en el centro del campo, algo que este Athletic necesita, por la bajada de rendimiento de un Herrera que necesita operarse de inmediato, por el estado de un terreno de juego que no facilitaba la circulación de balón o por un Iturraspe muy encimado que, además, actuaba con tiento por la injusta tarjeta amarilla que recibió en la primera falta del partido. Todo ello daba pie a un partido abierto, algo trabado, donde brillaban por su ausencia las combinaciones en la medular, con pérdidas de balón en distribuciones teóricamente sencillas. En una de las entradas por banda derecha llegó el gol de Llorente, el cero a uno, que parecía que podía romper el partido en favor de los intereses visitantes. Flojearon zaga y portero locales y no perdonó desde el suelo Llorente, que demostró estar en mejor forma , agresividad y un apetito voraz.

La de cal llegó un minuto después. Si los pocos que siguen la liga germana en general, y al Schalke en particular, porque es un tostón, no nos engañemos, ya habían advertido que los de Gelsenkirchen gozan de una pegada espectacular y una defensa sin garantías. Calcaron el diagnóstico.  Raúl igualaba el encuentro sin dejar prácticamente tiempo a la afición rojiblanca para celebrar la ventaja en el marcador. Desde ese gol hasta el pitido final de la primera mitad el encuentro fue ya un monólogo local, una apisonadora que encerró al Athletic en su campo, obligándole a defender dentro de su área y con serios problemas para salir no ya  a contragolpear, sino a desahogar la retaguardia. Llegar con empate al descanso fue un logro y un respiro.
Bielsa actuó. Retiró a Herrera, un cambio evidente, dio entrada a Ibai y centró a Muniain. Su equipo lo agradeció y comenzó la segunda parte mandando, cómodo, y generando unas llegadas que no supo, como casi siempre, aprovechar. No estaban mal los rojiblancos cuando en un ataque de los alemanes, que lo hacían como los bárbaros, con todos al asalto, pusieron coto a la portería de Iraizoz, desconcertante, hasta que Raúl, otra vez él, aprovechó un despeje flojo y al centro del área de Amorebieta. Ahí llegaron los problemas del Athletic, que durante trece minutos estuvo a merced del contrario, peligrando el marcador y temiéndose encajar el tercero. Pudo hacerlo el grupo de Huub Stevens, pero no supo o no pudo y dejar vivo a los chicos de Bielsa tiene ciertos riesgos. Si sus carencias estaban quedando de manifiesto, una defensa poco expeditiva y un centro del campo superado, pronto consiguieron abrir el frasco de las esencias.

Lo hizo Llorente, como los cracks, cuando más falta hacía y en la primera oportunidad que tuvo, de córner bien lanzado por un Ibai que va ganándose la confianza del técnico, saltando entre varios centrales y enviando un testarazo al butrino. Silenció al bullicioso estadio y golpeó en el estómago de la moral alemana. 

Ahí estuvo el punto de inflexión del partido, la jugada clave. Un Athletic enrabietado surgió de ahí, lanzado, sobre todo por un buen Markel –no confundir con Merkel- y su mejor amigo, de Marcos, que acompañando a Muniain se convirtieron en sendos puñales que acribillaron en velocidad al Schalke, que se preguntaría en qué se basaban esos insensatos que hablaban por Bilbao de equipo reventado en lo físico.

El intercambio de golpes decretado por el entrenador local lo pagó caro el Schalke. De los cambios ofensivos salió beneficiado el Athletic, que dispuso de más ocasiones que su rival y supo aprovecharlas. Cierto que Huntelaar envió al palo cuando de Marcos ya había hecho el dos a tres, pero al margen del jugadón que ya en el descuento transformó Munain en cuarto gol, el Athletic pudo haber transformado alguna llegada más.

Fue una locura, una gozada, una película de intriga con el mejor final, un premio para quienes no pudiendo ir de vacaciones gozarán de una fiesta el próximo jueves en Bilbao, en una Catedral que deberá reventar para premiar el esfuerzo y el juego de su equipo.

En anécdota queda la lamentable transmisión de Telecinco, su parcialidad manifiesta, sus comentarios incluso despectivos hacia el Athletic, la alegría por los goles de Raúl, la preocupación por si el madrileño está o no para jugar con la selección del marqués, el esfuerzo intelectual que se debe realizar para entender a Kiko o Morientes…

Qué orgullo de militar en esta locura. De poder ir a Madrid, de soñar por conocer Bucarest, aunque ello requiera la más difíciles de las negociaciones, la de casa. Nos va a arruinar Don Marcelo.

+ 7

Con Llorente, tampoco

Pues no parece que al Athletic le vayan los cambios de hora. Ni en el partido de la primera vuelta, también contra el Sporting, ni en el de ayer pareció que los rojiblancos se acordasen de ajustar el reloj. De la primera mitad le sobraron al Athletic los treinta primeros minutos, en los que no estuvo en el campo. La empanada, que algunos siempre achacan al viento Sur aunque sople de cualquier otro punto cardinal, fue mayúscula, al punto de ver un equipo que asemejaba pases con pérdidas de balón. Los encargados de darle algo de rumbo al cuero, Herrera e Iturraspe, fallaban constantemente. Iraola, cuya presencia tanto se añoró a la ribera del Manzanares, tampoco contribuía a dar la tranquilidad necesaria y Amorebieta, ante la responsabilidad de distribuir el juego, optaba por el reparto de gorrazos.

Enfrente, un Sporting al que falta calidad en la misma medida que le sobra honradez, se vaciaba para no dejar huecos por los que circulase el balón, olvidándose que en el deporte en el que militan de vez en cuando se debe mirar a la portería rival. No más de dos o tres veces lo hicieron, una de falta que se envenenó tras tocar en la barrera, en la primera parte, y que sacó Iraizoz con apuros, y la que dio origen al gol de empate. No mucho más. Tampoco lo necesitó. El Athletic de Bielsa, ya se sabe, es una máquina de fallar ocasiones cantadas. Es una constante desde septiembre y un preocupante denominador común de los cuatro últimos partidos ligueros, esos en que se ha quedado enfangado en la mediocridad absoluta y que le han hecho pasar de soñar con aspiraciones máximas en Liga a optar por la equidistancia entre descenso y posiciones europeas.

Es cierto que no es lo mismo el equipo con Llorente que sin él, pero la presencia del de Rincón de Soto, cosido a faltas ayer, tampoco garantiza el gol. Para rizar el rizo, el nueve se cobró un penalti, una rara avis en este equipo, que se decidió a lanzar Muniain mientras sus compañeros disimulaban como lo hacía Mortadelo en los tebeos de Ibáñez, silbando y mirando para la grada. Iker, al que le sobra cresta en la misma medida que le falta golpeo, lanzó el penalti completando un decálogo de cómo no debe hacerse: centrado, bajo, suave, evidenciando la trayectoria, tardando en lanzarlo… una bicoca para Juan Pablo. 

Pero no fue el penalti la única ocasión meridiana marrada por los rojiblancos. Llorente no aprovechó la mejor ocasión de la primera parte tras una brillantísima arrancada de un Susaeta que fue de lo más acertado en la tarde de ayer, y asociado con Muniain decidieron también perdonar al Sporting por partida doble.
Lo de los chicos de Bielsa es como una extraña mezcla, un cruce entre boina verde y monja Carmelita, les falla el instinto matador en el último momento, se apiadan de sus presas cuando las tienen ya rodeadas y rendidas. La reanudación fue otro ejemplo de ello. Sin grandes alardes, con la sustitución de un Herrera al que la pubalgia tiene condenado –qué será de este chico la próxima temporada si no se opera en verano- por Ibai Gómez, orientado a banda izquierda para dejar la mediapunta a Muniain, el Athletic se vio más suelto, practicando un juego algo más fluido, llegando a área rival con mayor frecuencia. Así llegaron algunas ocasiones que seguían empeñados en no transformar, hasta que de Marcos, bastante ausente, apareció para convertir en gol una buena jugada de Muniain.

El alivio llegaba a la grada, donde se daban por seguros los tres puntos. Por el minuto que era, faltaban poco más de diez minutos, y por el inane juego rival. Pero si algo ha demostrado este equipo, y no digamos las últimas jornadas, es que es especialista en conceder ventajas a sus rivales. Lo hicieron en El Sadar, con un gol en propia puerta; también contra el Valencia, asistiendo a Soldado mejor que sus propios compañeros; dieron alas al Atlético con sendos errores defensivos; al Sporting le agasajaron con una absurda pérdida de balón en medio campo, mal Susaeta, defendida con la fiereza marca de la casa y encajando un gol tras golpear en un defensor, creo que Iturraspe.

Recordó demasiado a lo sucedido contra el Racing, otro desguace futbolístico que sacó petróleo de La Catedral, aunque valdría también el partido del Espanyol como ejemplo de lo que es salir con cara de tonto de San Mamés. No tiene fortuna el Athletic, es cierto, lejos queda ya el cuatrienio de la flor en el trasero, pero urge que este grupo se conciencie para defender con algo más de carácter un marcador favorable. No es que haya que dedicarse a repartir estopa, basta con no regalar balones absurdos y defender con algo más de tensión y despejar con algo de músculo.

A estas alturas queda ya demasiado lejano hablar de Liga de Campeones, pero no debiera despistarse el equipo con la quinta o sexta plaza, aunque se hayan puesto carísimas. La participación europea es cierto que está ya asegurada, pero de perder la final copera –algo que no sucederá- jugar dos previas en agosto puede ser una locura con el número de internacionalidades que se atisba que puede tener la plantilla.

Ahora toca esperar un buen partido en Alemania, que pasa por mejorar una defensa en horas bajas, ante un Schalke que si por algo se caracteriza es por su potencial ofensivo. Porque lo del sábado en el Camp Nou no deja de ser un partido de trámite, un enfrentamiento que la Liga ha convertido en una broma de muy mal gusto.

+ 8

Media hora de hundimiento que costó tres puntos

Sin duda fueron los peores treinta minutos de la temporada los que hundieron ayer al Athletic en el Calderón, contribuyendo a encadenar tres derrotas ligueras consecutivas, la peor marca desde que Bielsa ocupa el banquillo rojiblanco. La derrota, justa, fue, nuevamente, más demérito visitante que atribuible a los méritos colchoneros, algo que ha sido una constante en el trío de reveses acumulados contra rivales que luchan por posicionarse a las puertas de Europa.

La primera parte discurrió con más pena que gloria, con un Atlético que salió muy agresivo y vertical hasta que el Athletic se asentó en el centro del campo y pasó a hacer el juego de control con el que se siente cómodo. Fueron cuarenta y cinco minutos de cerocerismo intrascendente, de juego de presión por la medular y ausencia absoluta no ya ocasiones sino de aproximaciones a las áreas.

En la reanudación, sin embargo, todo varió. Marcelo Bielsa echó de menos a de Marcos en el centro del campo, por lo que decidió mover sus peones y demostró que tampoco él es ajeno a los ataques de entrenador. Prescindió de Herrera, quién sabe si también por aquello de cuidar su pubis, posicionó a de Marcos en la medular con idea de dar la necesaria profundidad al equipo y, cosas veredes, escoró a Javi Martínez a estribor, como lateral, para dejar en la zaga hueco para Mikel San José. El de Atarrabia no está, ni mucho menos, en un estado de forma que justifique su titularidad y aun concediéndole el salvoconducto de entrar en frío, su actuación fue clave en el primer gol de los de la antigua sucursal capitalina del Athletic Club. Una falta de coordinación evitó que interceptase un pase a priori sencillo de Arda y en el posterior remate a otro más de esos balones sueltos que suele dejar Iraizoz tras el tiro de Adrián no supo anticiparse a Falcao, que remachó a placer.

Encajó el gol el equipo zurigorri de mala manera, acusándolo moralmente y dando alas a un Atlético que olió la sangre. Con imprecisiones constantes, blandos en las disputas y desorientados en las coberturas, los leones sufrieron con los retoques decretados por el entrenador, principalmente por los nervios de un San José cuya actuación resultó un despropósito que contagió a todo el equipo. Una entrada de Falcao sobre Iturraspe, no vista por el colegiado, obligaba a un nuevo cambio y el técnico rosarino decidía dar entrada a David López. Mientras los vizcainos se recolocaban, llegó el segundo, tras una corona de fallos, que empezaban en Aurtenetxe –partido lamentable el suyo- y finalizaban en el eje de la zaga, redondeando la actuación de San José.

El dos a cero, un mazazo, obligaba a no conceder más goles, algo que parecía podía llegar en cualquier momento, para no perder, al menos, el goal-average, un premio que no suele ser ninguna tontería los finales de temporada. Diez minutos después, el Athletic, a la desesperada, sacó algo de orgullo y optó por intentar maquillar el marcador, pero lo cierto es que su capacidad de desborde y de llegada al área era la más limitada de la temporada.

A Toquero el traje de nueve le sienta mal, fatal, incluso ridículo. Desconoce los movimientos, qué hacer, cómo actuar, y le hace parecer indigno de jugar en la categoría, algo que cambia radicalmente cuando puede caer a bandas. En el Manzanares volvió a evidenciarse. Susaeta tampoco sale bien en la foto cuando le obligan a centrarse y Muniain, voluntarioso ayer, volvió a pecar de exceso de conducción. El peaje pagado fue carísimo: no disfrutar de tiros a puerta hasta eso del minuto ochenta.
Para los que se abonan a la errónea teoría del desgaste físico, el Athletic volvió a darles argumentos en sentido contrario y como contra Osasuna finalizó el encuentro encerrando a los locales en su área, pidiendo la hora y perdiendo tiempo, recurriendo también ellos al lanzamiento de balones adicionales al terreno de juego o a las siestas del portero.

Javi Martínez puso el de la honra en el descuento, pero era tarde. Hubiese valido oro, seguramente, si antes Susaeta no hubiese hecho el canelo, papel que borda, siendo incapaz de empujar el balón diez centímetros, los que hubiesen bastado para transicionar la línea de gol.
En definitiva, un nuevo partido, el tercero y esperemos que último de la saga, en que los zurigorris deciden poner todo tipo de facilidades a rivales directos para que les ganen los puntos en juego. Sucedió en Iruñea, donde autogoles y fallos defensivos resultaron letales, pasó en San Mamés contra el Valencia con la famosa cesión de San José. El caso es que a tres rivales que no estaban haciendo partidos brillantes, que parecían abocados al empate, les buscó salida el Athletic con eso de los tiros en los pies.

Algo más se pudo sacar en claro, además, de la visita al Calderón. La primera, que todos aquellos que aún dudan de que se deba renovar a Llorente tuvieron la evidencia palmaria de que este equipo sin él es una mediocridad absoluta. La segunda, que a pesar de renovar a su delantero centro internacional, es necesario como el comer un nueve alternativo. Tercera, que el problema de hundimiento es más psicológico que físico, algo que no sé hasta qué punto es más o menos consuelo. Y cuarto, que Bielsa es humano, que falla, como todo entrenador, y que en sus decisiones, tanto  en el despliegue inicial como en los remiendos, se equivocó. Al menos lo reconoció, cosa que le honra, puesto que la soberbia suele ser una constante en las ruedas de prensa de los técnicos.

Por último, el asunto arbitral. Seguramente no sea procedente hablar del trencilla tras el partido protagonizado por los rojiblancos, pero después de muchos años viendo fútbol mi desconcierto es mayúsculo. Llega un punto en que desconozco qué faltas son merecedoras de tarjeta, qué manos se señalan como falta y cuáles no, qué entradas por detrás deben derivar en una amonestación o qué debe suceder para que te señalen un penalti a favor. Probablemente una falta evidente dentro del área acompañada de una conjunción astral, la cosa es que cuando el Athletic lo hace mal, como estas tres últimas jornadas, los colegiados lo hacen peor.

+ 3

Aterrizaje forzoso

Pues sí, eso. Que hay días en que todo se tuerce, en los que los elementos se conjuran para amargar un partido. Cierto es que el enfrentamiento contra el Valencia llegaba en un momento dulce para el Athletic, tras llamar la atención de toda la Europa futbolística, pero muy complicada por las bajas de Llorente y Toquero. Bielsa, que no es amigo de ponerse vendas antes de tener heridas, afirmó que contaba con opciones para suplir las bajas de sus delanteros, y de las dos que la prensa decía que manejaba, el rosarino optó por la que situaba a Iñigo Pérez en banda izquierda, a Muniain en la derecha y a Susaeta como referencia en punta. Simplemente no funcionó.

Los rojiblancos saltaron al césped y pronto se encontraron con un rival bien plantado y mal encarado, dispuesto a no dejar ni un solo balón sin disputa, ni un resquicio en el centro del campo. No era un encuentro para bromas, no era un partido amable, no cabía esperar el espectáculo deportivo que Athletic y Manchester ofrecieron en el campo y que contagió a las gradas en una noche mágica como la del pasado jueves, de esas que engrandecen el futbol como espectáculo y que pasan a la historia como una tesis doctoral de deportividad, fuera y dentro del terreno de juego.

Lo del Valencia fue otra cosa, un lodazal, el otro fútbol, la ausencia de espectáculo, la especulación pura y dura, un episodio más del clasificación amigo. Y ahí se movió cómodo el equipo che, privando al Athletic y a sus centrocampistas de balón, de huecos, de aire. La primera mitad, tediosa a más no poder, se hacía eterna, sin ocasiones, sin emoción, sin nada que llevarse a la boca por parte de una grada repleta. En esas situaciones lo mejor suele ser irse al descanso con un empate a cero, el menor de los males, para que el entrenador pueda realizar los cambios oportunos, que ayer pasaban por intentar poner en práctica la otra alternativa barajada, la de Ibai Gómez, ante la constatación de que Iñigo Pérez ni estaba ni se le esperaba. En ello se afanaba el Athletic cuando al atarrabitarra Mikel se le ocurrió empezar a celebrar San José con unas horas de antelación. Una mala cesión, corta, cortísima, a Iraizoz resultaba un regalo, un balón de oro, para Soldado, que no suele perdonar y menos ávido de goles como andaba antes de llegar a San Mamés.

El jarro de agua fría antes del descanso hizo que Bielsa rectificara su apuesta y en los primeros diez minutos de la reanudación el Athletic rondó la portería valencianista con opciones de empatar. La cosa sonaba mejor, pero Soldado cazó un segundo gol tras una contra bien llevada por los visitantes y fatalmente defendida, blando a más no poder, por parte rojiblanca. El partido quedaba roto, con una diferencia excesiva para lo visto en el campo.

Si la diferencia de dos goles parecía difícilmente salvable, la posterior expulsión de Iraola acabó por terminar de dinamitar el encuentro. Dolió ver a Andoni abandonar el campo por roja, la primera de su carrera, de forma absolutamente injusta y desproporcionada, pero no fue sino el reflejo de la situación en que se encuentra el fútbol y que el Athletic lleva padeciendo toda la temporada. No es amigo Urrutia de declaraciones altisonantes ni puñetazos sobre la mesa, pero algo deberá hacer en lo referente a los arbitrajes. Las dos últimas jornadas han evidenciado la paradoja que se da en el fútbol, en la que los que debieran repartir justicia, los que tienen que procurar velar por cuidar a quienes respetan el reglamento, amonestan igual a infractores recalcitrantes que a futbolistas de trayectoria ejemplar. Da igual que te apellides Iraola, que seas capitán del Athletic como podías haber sido misionero jesuita, o sea, que tengas un expediente inmaculado, que que te apellides Parejo, repartas estopa a placer y tengas aspecto de vender papelinas en un córner.

El del arbitraje es un problema endémico que el Atheltic sufre sobremanera esta temporada. Teixeira, un sujeto que de no ser cántabro no podría arbitrar ni el torneo de la galleta de Aguilar de Campoó, es el protegido, otro más, del presidente del Comité Técnico de Árbitros, Victoriano Sánchez Arminio, un personaje de cada vez mejor vivir, según denota su figura, que lleva camino de aspirar a rodar las escenas de riesgo como doble de Shrek. Así, el trencilla, en una tarde aciaga para el Athletic contribuyó con sus decisiones a que el Valencia certificase una goleada en un encuentro que no fue para tanto.

A los de Bielsa les pesaron demasiadas cosas, desde las piernas hasta la victoria moral sobre el United. San José tuvo una de sus peores tardes, desafortunadísimo, Javi Martínez estuvo muy alejado del nivel habitual y los centrocampistas no buscaron las salidas con la brillantez de otras tardes. A eso hay que unir la baja de Llorente, importante por si misma, y trágica en una plantilla como esta, confeccionada sin delanteros, algo difícilmente solucionable además. A estas alturas de campaña cobra más relevancia que nunca la profundidad del plantel, el tan extendido concepto de fondo de armario. El Valencia, que también llegaba a San Mamés de jugar partido europeo, tuvo mimbres suficientes para refrescar su equipo, pudo gozar de un Soldado descansado y tenía para éste un sustituto, Aduriz, cuya presencia en el Athletic hubiese solucionado gran parte de los problemas ofensivos del equipo zurigorri.

Es hora de tocar tierra, después de haber estado levitando, a pesar de la dureza de un aterrizaje forzoso en la cruda realidad. Queda por delante un calendario complicado, muy exigente, y optar a esa plaza de Champions, barata a más no poder, puede que no sea compatible con darlo todo en la lucha por llegar a una final de Competición Europea. En esa dicotomía, con la participación continental garantizada, llegar a la final de Bucarest serviría para revalorizar un Club necesitado de gestas, pero participar en la Liga de Campeones supondría una inyección de liquidez fantástica. ¿Qué hacer? Habrá quien todavía apueste por ambos objetivos, pero ver ayer a Soldado llevarse bajo un brazo el balón, en el otro la convocatoria para el Mundial y al Valencia bajo los suyos los tres puntos y el tercer puesto asegurado, debe hacernos ver lo evidente: que el último tercio ligero resultará complicado y habrá que optar por algo concreto, Europa League hasta el final o lucha por intentar alcanzar el cuarto puesto.