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Haciendo realidad el sueño de jugar en el teatro


Después de perder algún año de vida en treinta minutos de sufrimiento es complicado hablar de fútbol sin mezclarlo con sentimientos. En el partido más físico, trabado y feo de esta temporada el Athletic fue capaz de sacar adelante una eliminatoria que dará un premio a toda la familia rojiblanca, volver a vivir un enfrentamiento contra el Manchester que, aunque sea esta vez sin nieve, permitirá a varias generaciones ver a su equipo codearse con un referente del fútbol mundial. Las finales de Copa y los enfrentamientos europeos contra rivales de postín ya no son leyendas, son también una realidad que permiten reverdecer el orgullo de pertenencia.

Los eup que ayer levantaron la txapela a la finalización del partido, cuando todo San Mamés entonaba el himno, no fueron sino una forma de aliviar la tensión acumulada. Había que sacar el partido adelante como fuese, contra viento y marea, aportando cada uno lo que le tocaba, hasta la última gota de sudor los del césped y todo el aliento posible los de la grada. Así fue y en estos casos rara vez falla San Mamés. El Lokomotiv lo intentó, pero no inquietó en demasía.

El final feliz, con todo, no hace olvidar una mala primera parte, donde los rusos, a diferencia de lo que dijo su entrenador, sólo buscaron el gol durante los primeros cinco minutos para pasar después a defender, apilar jugadores en el centro del campo y trabar el encuentro todo lo que pudieron. El Athletic lo intentaba pero no podía. Una vez más era incapaz de trenzar el juego, de que Iturraspe y Herrera conectasen, de que las bandas aliviasen proporcionando salida al exceso de población que existía en el centro del campo, con un Susaeta inédito y desacertado. Bielsa intentó sobre la pizarra que Toquero hiciese de de Marcos, lateral izquierdo de inicio, pero el de Biasteri tiene una especialización extraña en su currículo, trazador de desmarques, difícilmente imitable.

Así pues se llegó al descanso con un empate a nada, con pocas ocasiones en una y otra portería, equilibrados los méritos de unos y otros merced al empeño de no dejar jugar de los ferroviarios moskovitas, a los que el árbitro, Gil de apellido, el primo polaco de Mateu Lahoz, consintió absolutamente todo, hasta la pérdida deliberada de tiempo más evidente.

Al Loco no le había salido bien su apuesta y como es más cuerdo y humilde de lo que algún presentador de teletienda se empeña en suponerle, decidió buscar soluciones con dos cambios que derivaron en una pequeña revolución. Iñigo Pérez y San José entraban en detrimento de Susaeta e Iturraspe, amonestado y superado, lo que permitía alinear a Toquero en banda derecha, a Iñigo de lateral zurdo, devolver a de Marcos a su posición habitual, ver a Javi Martínez en el eje del centro del campo para contraponer músculo al mecano del este y dar la oportunidad a San José de escoltar a Amorebieta.

Aparentemente todo funcionó, el Athletic se estiró algo y el balón circuló con mayor fluidez, aunque sin generarse excesivo peligro. Como tocaba sufrir, Amorebieta protagonizó un cruce de cables que recuerdan actuaciones que se creían ya del pasado y vio dos amarillas en un breve lapso de tiempo. La primera por entrar en las provocaciones de un tontaina como Caicedo y la segunda por una sucesión de errores imperdonable. El castigo lo rumiará más que nadie, puesto que deberá seguir conociendo Old Trafford a través de la televisión.

No se había quitado el nudo de la garganta cuando, de alguna forma, se hizo justicia. En una contra Herrera tuvo la oportunidad de adelantar al equipo, pero en el córner a que dio origen el rechace del portero llegó la venganza zurigorri. Peinó, como no, Llorente y Muniain, que es muy listo cuando intenta no pasarse, remachó en el segundo palo. Delirio en La Catedral.

El problema era que quedaba media hora. Media hora en inferioridad para luchar contra un equipo físicamente muy fuerte. Ekiza entró por Herrera para reforzar y dar descanso al pubis de Ander, mientras Bielsa devolvía a de Marcos al lateral zurdo para que Iñigo contribuyese a sujetar el balón en la medular.

Hubo que sufrir, soportar el lento paso de los minutos y padecer un arbitraje desigual, desproporcionado y carente de equidad. El polaco, quién sabe, quizás se tratase de un reminiscente de los tiempos del Telón de Acero, ayudó con sus decisiones a los exsoviéticos. Con un criterio de quita y pon, injusto, desconcertante, perdonó en su desvergüenza un codazo y una amonestación por mano a Tarasov, que ya tenía en su haber una tarjeta amarilla. Resulta frustrante que en una competición de cierto prestigio ese grupúsculo de vividores y especuladores que dirigen la UEFA permitan a mequetrefes como el de ayer reventar eliminatorias.

Por fortuna llegó el final, sin apuros, pero con los miedos a alguna jugada aislada. El Athletic lo dio todo y San Mamés también. El premio es gordo y debiera servir para que, definitivamente, toda la afición reconociese los méritos de este equipo. Pero los recalcitrantes prefieren no aplicar antiséptico en sus heridas.

Fue un delirio ver a San Mamés desaforado, el de los viejos y buenos tiempos, el que vibró como hacía tiempo, demostrando a Caicedo, ese rebotado del fútbol, que es un campo distinto. Ahora toca ser condescendiente con el equipo, al que no cabe exigir en exceso para el partido liguero en Villarreal, al que llegarán con escaso margen de descanso merced a los impresentables horarios que marcan los pupilos de un Roures al que, afortunadamente, se le desmoronan los negocios. El que se acuesta lechón, amanece cerdo.
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2 comentarios

  1. Esto también me recuerda a otros tiempos y ámbitos: vividores, especuladores, mequetrefes... :-D

    Sentimientos, pues sí. Y sueños, que parece que entramos en un ciclo de que se pueden cumplir, lejos ya de pesadillas que nos atormentaban no hace mucho.

    Y sentimiento, cuando te dice la hija que la culpa de que sea del Athletic es nuestra ;-)

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  2. Pues sí Iñaki, los de los abrazafarolas y los lametraseros.

    Yo esta temporada vuelvo a sentir un equipo más cercano a aquello con lo que has crecido (sí, ya sé que poco), y eso que ha costado que San Mamés cogiese ambiente.

    No es normal la frialdad que ha existido en el campo con el equipo, los horarios han pasado factura, ayer mismo era fráncamente malo, ese partido a las nueve de la noche hubiera sido la bomba.

    Días como ayer, con todo el campo vociferando el himno se deben grabar para que la gente sepa lo que es San Mamés.

    Tengo la sensación de que no estamos sabiendo valorar y disfrutar en su justa medida de lo que este equipo está consiguiendo.

    Espero que los futbolistas sí. Me gustó en abrazo del final del partido, debiera valer para que renueve Llorente o que Javi desoiga los cantos de sirena que, otra vez, empiezan a llegar desde Madrid. A Mou y Florentino ni agua. Lo de la final ha sido una guarrada que no se debe olvidar.

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