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La Champions debe esperar

Pues frío, lo que se dice frío, por muy siberiano que dijeran que era, no sentí hasta el minuto noventa y dos de partido, cuando el Athletic encajó el gol de Albín que hacía el tres a tres en el marcador. La cara con que la afición abandonábamos San Mamés por los vomitorios era demostrativa de la ilusión de ver al equipo en posiciones Champions perdida de forma repentina.

Este equipo, que a pesar del disgusto de ayer sigue estando en posiciones extraordinarias en todas las competiciones, sigue teniendo muchos aspectos en los que mejorar, lo que en sí es una buena noticia, aunque a estas alturas de temporada se espere que cerrar partidos en los que te juegas algo tan importante como alcanzar la cuarta plaza sea algo primordial.

Seguramente el empate no fuese demasiado justo, al fin y al cabo fueron los leones los que desde el principio salieron a por el partido, de cara, al punto que para el minuto cinco pudo haberse adelantado si Llorente hubiera atinado y si el negado y nefasto Borbalán hubiera señalado el penalti que le hicieron. Aún así, lo siguió intentando hasta que llegó el gol de de Marcos, al que el estado del terreno de juego ayudó, haciendo que el tiro se le colara a Kiko Castilla debajo del cuerpo. 

Cuando lo más difícil estaba hecho pues lo que quedaba era administrar la ventaja, mantener el balón y esperar los huecos que el Espanyol fuese dejando, el Athletic se complicó. Los de Pochettino, un muy bien equipo, se estiraron e hicieron daño con poco trabajo y menos ocasiones. El empate llegó en un tirazo de Romaric desde la frontal, fruto de una jugada de ataque españolista que fue posible por una ridícula pérdida de balón de David López.

Tras el descanso se comprobó que a Bielsa no le había agradado el juego en el centro del campo y optó por reemplazar a Iñigo Pérez y David López, que no habían aprovechado su oportunidad, para dar entrada a Herrera y Susaeta. Apostaba por ir a por todas el rosarino cuando Iraizoz decidió contribuir a complicar las cosas, midiendo mal el salto en un balón que Weiss, incansable, un jugadorazo, tiró a puerta desde línea de tres cuartos, no muy fuerte y hacia la zona en que Gorka se encontraba. Imperdonable.

Ahí, cuando peor estaban las cosas surgió lo mejor del Athletic, que empezó a practicar su juego y a balón parado consiguió que sus mejores jugadores, Llorente y Javi Martínez, diesen la voltereta al marcador justo cuando el Racing empataba al Levante y ello significaba certificar posición Champions.

Desde ese momento y hasta el final, el partido se enloqueció, el Athletic buscaba con denuedo el cuarto y el Espanyol pretendía empatar. A punto estuvo el once perico, pero Susaeta lo sacó bajo el larguero y después el propio eibartarra envió a la cruceta el que hubiera sido el cuarto tanto local. La casi media hora que los rojiblancos tuvieron que gestionar la ventaja en el marcador dejaban bien a las claras el ideario de su entrenador y su apuesta clara por defender atacando. Ahora, visto el resultado final, habrá quien lo critique, pero es innegociable. Un todo. Se coge o se deja, y la opción parece clara.

No obstante sí hay aspectos en los que se debe incidir. Si bien es cierto que la suerte le fue esquiva al Athletic en la jugada del empate, por el resbalón de Javi Martínez, el enésimo de un jugador rojiblanco esta temporada que hace que haya que volver a considerar el asunto de las botas, lo cierto es que los once jugadores que acabaron el encuentro se equivocaron en la gestión de muchas jugadas. Se volvió a la falta de precisión en los pases, a la precipitación, a la elección de la peor opción, de la menos fácil.

El paradigma lo representa mejor que nadie Muniain, un jugador apagado, más intrascendente, y al que se aprecia una querencia por complicarse que no le va a llevar a ningún lado. Ralentiza el juego en exceso y pretende dar en todo momento un pase espectacular, algo siempre difícil y muchas veces innecesario. Surgía la duda, también, sobre si al gol de los periquitos no contribuyó la falta de frescura del equipo. Puede que sí, quién sabe, la lógica indica que la acumulación de minutos en un grupo reducido de jugadores debiera acusarse, aunque Bielsa y sus ayudantes, licenciados en preparación física buena parte de ellos, no lo consideren así.

Y en parte (el todo se verá a final de temporada) tienen razón. Porque el problema ayer nació de la incapacidad de convertir en gol las numerosas llegadas al área rival y las pérdidas de balones en entregas absurdas. Javi Martínez, el sostén de este equipo, un futbolista que parece va a acabar marcando época como central, no pudo acudir en auxilio del equipo en el último minuto por patinar antes de la disputa, no por falta de fuelle.

Pero esto no da ya para mucho más y de nada valdrá lamentarse. En dos días el endiablado calendario pondrá sobre el mismo escenario, San Mamés, toda una semifinal de Copa a la que el Athletic llega, seguramente, con una ventaja histórica: marcador favorable, contra un segunda B y en casa. Todo ello contribuye, también, a que el entorno se encuentre confiado y que no exista un caldo de cultivo idóneo, con la afición volcada con el equipo como merece. A este respecto no deja de sorprender el ambiente que hace tres años se vivió en Bizkaia contra el Sevilla en contraposición con el que en estos días rodea al equipo. Y es que hay veces en que como afición actuamos de forma auto-contemplativa. Por ejemplo Bielsa no ha vivido aún en sus seis meses un campo de futbol volcado con su equipo. Así que a demostrar que somos diferentes y que queremos estar en la final. Está fácil, cierto, pero está por hacer.
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4 comentarios

  1. Sin renunciar al ideario de Bielsa, se impone un poco de sentido común para gestionar los marcadores favorables. Ocho puntos perdidos en el descuento y lo de Miranda, son como para recapacitar.
    Lo de las botas... el sábado hubo una toma de Pepe el madridista (por no decir otra cosa) con unas botas clásicas de seis tacos de aluminio que daba gloria verlas

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  2. Ahí te veo, Gontzal, que estamos cerca-cerca de la final, pero el ambiente lo noto tan frío como el atmosférico.

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  3. Es que el asunto de las botas, Juancar, lo llevamos comentando demasiado tiempo y en una semana han costado dos goles, pero el sábado se produjeron una decena de errores más a cuenta de las dichosas botas. Yo también echo de menos, como decías en la entrada de tu blog, botas menos fashion y que valgan para lo que están concebidas, coño.

    Iñaki, al margen de que por tu posición en el campo chupases bastante frío el sábado, sé que estás conmigo en que el ambiente este año es gélido a más no poder. De las semifinales de Copa que hemos alcanzado últimamente esta es la que tiene a la afición más fría que nunca. Aunque lo veamos fácil, por lo menos vamos a disfrutarla. Por cierto, leyendo a Charlie Pouso en Mundo Deportivo creo que se le está yendo un poco de las manos el papel... decir que al Athletic no le va a valer repetir lo que hizo contra el Sevilla... un poco de mesura, hombre de Dios.

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  4. El tema de las botas lo comentaba Diego Forlan en su biografía. Según comentaba los futbolistas se acostumbran a jugar con un tipo de botas y luego se vuelven reacios a los cambios.

    En su caso, cuanto aterrizó en el Manchester United, Sir Alex Ferguson le estuvo insistiendo que tenía que utilizar otro tipo de botas para cuando el campo estuviera más pesado, pero por lo visto a Forlan se le hacía incómodo jugar con botas de tacos largos, porque no estaba acostumbrado, y no le hizo ni puñetero caso. Un día Forlan la cagó, porque en un remate sencillo en los minutos finales se resbaló y ese error le costó caro a su equipo. Diego se fue rápido a los vestuarios al finalizar el partido y escondió rápidamente sus botas en la mochila, para ver si el viejo no se daba cuenta, pero la cosa no funciono, porque el viejo entró como un demonio al vestuario a buscarle, lo enganchó y le pegó una bronca de tres pares de cojones.

    Pues eso, dichosas botas…

    Saludos del Tigre.

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