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Corazón de tango

A estas horas, por fin, el pulsómetro comienza a mostrar un funcionamiento normalizado del corazón y el cerebro a procesar, poco a poco, fotograma a fotograma, lo vivido en San Mamés, un cúmulo de sentimientos, de emociones, de sensaciones y de orgullo, de mucho orgullo por pertenecer a un Club distinto, especial, por tener la suerte de poder gozar de un asiento en La Catedral en una noche gloriosa como la de ayer.

El Athletic de Bielsa, al que ya nadie escatima elogios, se plantó ayer por méritos propios en una final europea por segunda vez en su ya bastante más que centenaria historia y lo hizo, como Sinatra, a su manera, combinando un fútbol de toque con las esencias de lo que San Mamés siempre ha aplaudido: entrega, velocidad y agresividad bien entendida. Una plantilla joven, jovencísima, con escasos recorrido y experiencia en la máxima categoría del fútbol, reivindicó con su juego una manera de ser, de vivir, de concebir el deporte. Se la ha contagiado un loco del fútbol, al que le costó explicar su idea, pero que una vez entendida sus pupilos han hecho propia.

Hubo dos partes bastante diferenciadas, una primera en la que al Athletic le costó elaborar más su juego, transitar desde la defensa hacia el centro del campo, con Amorebieta abusando por momentos del balón largo, ahogados por una labor de presión asfixiante por parte del Sporting de Portugal; y una segunda con un juego mucho más cercano al ya habitual, con un Herrera distribuyendo el balón con maestría, escoltado por una gran versión de Iturraspe, por un Muniain que lo intentaba casi todo y por unas bandas donde Susaeta y la gran sorpresa de las últimas semanas, Ibai Gómez, procuraban entrar para abastecer a un Llorente grandioso.

Los noventa minutos dieron para casi todo. Para los nervios, sobre todo; para la esperanza, con el gol de Susaeta; para la preocupación, con el afortunado empate lisboeta; para el desahogo antes del bocadillo; pero, sobre todo, hubo tiempo para la emoción. Llegó en el ochenta y ocho de partido, cuando todo aficionado de La Catedral veía el encuentro condenado a la prórroga. Pero no. Ibai decidió intentarlo una vez más, puso un balón a Llorente y este, colando la pierna entre portero y defensa, envío al fondo de la red de la portería de Misericordia. Fue, seguramente, el gol más extraño de los últimos tiempos, no en lo futbolístico, sino en cuanto a celebración. Medio San Mamés tardó en reaccionar, el bramido con que suele celebrarse un tanto con ese significado no fue tal, seguramente obstaculizado el sonido por los nudos de la garganta.

La explosión vino cinco minutos después. Algarabía a raudales, emoción incontrolable. Lágrimas por doquier, desde jóvenes a mayores. Y orgullo, mucho orgullo, acompañado de sentimiento, el que transmite la letra del himno, coreado como nunca.

Ahora, según dice Bielsa, el responsable de que el Athletic sea un equipo de autor, queda ganar la final, a la que de poco vale llegar si no es para vencer. Con este plantel, con esta ilusión, con esta confianza, con ese punto de descaro y, por qué no, de inconsciencia e inocencia, los rojiblancos se plantan en Bucarest capaces de casi todo.

Ya se ha hecho historia, pero queda redondear la faena. Debe llegar un título en alguna de las dos ocasiones que se presentarán en mayo. Desaparecido ahora en Bizkaia el debate sobre el estado físico de los zurigorris, que pudieron con un Sporting que acudía muy descansado a Bilbao, asombrada media Europa con el fútbol de los leones –basta leer comentarios en medios británicos, por ejemplo- sería de justicia que este equipo y, sobre todo, su afición tuviesen una recompensa.

Que el romanticismo que emana la peculiaridad del Club, aderezada con la presencia en el banquillo de un bohemio balompédico que ha construido en tiempo record un Athletic con corazón de tango -que cantaría Francis Díez-,  demuestre al continente que otro fútbol distinto al actual, mercantilizado y arruinado por los también causantes de la mayor crisis económica en tiempo, es posible.
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3 comentarios

  1. Gontzal, como diría Butanito, yo soy ya talludito pero ayer, después de pasarme buena parte del partido con las manos sudadas, me escuché gritando en casa como un poseso en el 3-1. Por si no fuera poco, vi el final del partido de rodillas y alguna furtiva lágrima, como el aria, surcó mi mejilla cuando contemplaba a equipo y afición juntos celebrando el triunfo ante un dignísimo rival y "torcida" (lástima de idiota en el banquillo). He rejuvenecido 35 años y retornado a mi infancia.
    Creo que eras tú quien en El Ambigú comentabas lo de "Hola, Fondo norte..." en el Bernabéu cuando quedaban 10 minutos para acabar el partido y se jugaban el pase a una final de Champions, la primera en 10 años pero parecía que se jugasen el Ramón de Carranza. En nuestro campo se dicen o hacen gilipolleces varias pero no la que comentaste y los que allí estabais supisteis cuándo y cómo animar dando toda una lección que toda Europa y el mundo mundial reconoce. ¿Toda? Toda no, una porción de envidiosos y resentidos cercanos no digiere nuestros triunfos.Que les j...

    No quiero ser presuntuoso, pero un triunfo de un club distinto en una competición europea sería el mayor bien posible al fútbol sin sentimientos y de multinacional, que es el que impera ahora.
    Ahora a ganar la EL ante el Atlético, eso sí, olvida el buen rollo entre aficionados de las últimas eliminatorias y ya que andarás por Bucarest,aprovecha para contarnos lo de los 360 baños que hay en el estadio.Esos sí que son baños y no los del Ser Superior.

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  2. Amén, Contini.

    De esos 360 baños, ya podían habernos dejado alguno para San Mamés, ayer hubo colas de más de un cuarto de hora.

    Es cierto, San Mamés anima de forma distinta, tiene un sexto sentido para saber cuándo el equipo lo necesita. Puede que seamos sosos, que no tengamos demasiada variedad, pero hay gritos que me ponen los pelos como escarpias. Lo del Bernabéu... eso es otra cosa, ganarán muchos títulos pero no creo que nunca lleguen al nivel de sentimiento que se vio ayer en San Mamés.

    Y sí, desde luego que sí, que el Athletic ganase un título europeo creo que sería bueno para el fútbol y que algunos debieran aprovechar para reflexionar.

    Por cierto, qué mérito el tuyo, aunque ser athleticzale en Gipuzkoa este año no creo que sea complicado ;-) Al menos, los tienes calladitos.

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  3. Hola Gontzal.
    Ahora que ya se ha llegado a Bucarest...
    Que ya se han disipado las dudas que podían haber...
    Que está más que claro que Old Trafford no fué un milagro, sino una actuación para la historia de un equipo que está haciendo hablar al mundo ... y antes de que los caprichosos dioses del futbol hagan justicia y lo coronen ... o hagan de las suyas (crucemos los dedos) quería sumarme a tus conceptos y los de Contini, respecto a lo bien que le haría al futbol la consagración europea de este grupo de muchachos.
    Como diría Sabina, nos sobran los motivos, pero quiero quedarme con uno que me puso como un flan: El dia que yo vea a Cristiano Ronaldo o a "nuestro" Lionel Messi, llorando su cara contra la hierba al finalizar el partido, como ayer he visto a LLorente y a Muniain ... pensaré que quizas da lo mismo que sea uno u otro.
    Mientras eso no ocurra, seguiré pensando que un triunfo europeo del Athletic, sería de lo mejor que le puede pasar al futbol de varias décadas para acá.
    No se si soy muy claro en la idea y espero no equivocarme demasiado.

    Un abrazo a todos y mis felicitaciones desde Buenos Aires!

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