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El Athletic se viste de luto

La muerte de Iñigo Cabacas, aficionado zurigorri que cometió el tremendo error de estar en el sitio inadecuado en el peor momento, me ha pillado de sorpresa mientras pensaba cómo resumir los últimos dos partidos disputados en plena Semana Santa. Los tópicos, esos recursos fáciles para los que, como yo, nos dedicamos a escribir con mucha voluntad pero poco don, hubiesen dado, seguramente, como titular algo así como Resurrección liguera del Athletic o algún titular facilón semejante que ahora, tras la tragedia, podría, incluso, parecer de mal gusto.

La desproporción policial, presuntamente -seamos generosos-, ha imposibilitado que una persona que decidió el pasado jueves prolongar por las calles de ambiente rojiblanco el disfrute de lo vivido en el campo, no pudiera presenciar ayer una más de esas faenas de los pupilos de Bielsa que encandilan ya a toda Europa.

Postrado en una cama de una habitación de la UCI de Basurto, a escasos metros de donde el jueves, seguramente, especularía con viajar a Lisboa o soñar con estar en Bucarest mientras presenciaba como el Athletic plantaba cara a un Schalke 04 que prentendía vender cara su piel, ha luchado por mantenerse con vida, hasta fallecer hoy por no poder resistir al boquete que tenía en la cabeza, expresión de su madre que resultó muy gráfica para describir su estado.

Las redes sociales arden de indignacion ahora. Gran parte sincera y otra parte, la menor, interesada, que intenta mezclar asuntos de interés político. En cualquier caso, un clamor que exige explicaciones puesto que las ofrecidas hasta ahora por la Ertzaintza parecen insuficientes además de inverosímiles. Los testimonios de los amigos de Cabacas resultan concluyentes y dejan traslucir una carga salvaje, excesiva, propia de otros tiempos que creíamos afortunadamante superados.

Dicen las fuentes oficiales que se llegará hasta el final, que habrá una investigación de lo sucedido. ¿Y qué más da?, ¿qué se arregla con que el autor o autores abandonen el cuerpo, vayan unos meses a la carcel? Lo verdaderamente importante, la vida de una persona, no se soluciona. El exceso de celo policial ha vuelto a pasar una factura no ya cara, sino impagable. Y llama la atención, porque ese mismo cuerpo policial, bajo las órdenes de sus actuales rectores, ha tenido actuaciones que han sorprendido por condescendientes con ultras de otros equipos. Y es, además, reiterada, porque hace unas semanas la propia prensa vizcaina ya denunció una brutal actuación policial que hirió a un fotógrafo de El Mundo.

Ahora que en Bizkaia sólo cabe disfrutar, que en plena crisis económica existe un equipo que sirve de alegría a una provincia que llena balcones y ventanas con sus colores, un pelotazo de goma lanzado a menos de veinte metros, salvajemente, ha paralizado la euforia que rodeaba al fútbol.

La increíble mejoría de Susaeta, jugador en el que pocos creían hasta hace poco, el fútbol de batuta de Iturraspe, la magia de Muniain, los ya habituales goles de Llorente, la genialidad intermitente de Herrera, los eternos desmarques de de Marcos, un Amorebieta que destaca también con Ekiza de pareja, las subidas de un Iraola que transforman la banda derecha del Athletic en la de Brazil... fueron algunos de los detalles que la brutalidad policial impidieron disfrutar al pobre Iñigo el domingo.

Un Athletic que va camino de convertir la temporada en histórica, que acumula veinticinco victorias, que marca fechas en rojo en el calendario con finales y semifinales, pondrá una nota negra en su inmaculado expediente deportivo por razones ajenas al fútbol. Pero si la familia rojiblanca se precia de ser distinta -lo es-, no debería dejar caer en en olvido lo sucedido. La situación exige una respuesta por parte del Club, algún gesto.

El silencio que desde la Consejería de Interior están intentando conseguir, además, avergüenza. A nadie escapa quién es Rodolfo Ares, qué representa, cómo maneja los medios. A nivel estatal ya ha logrado que informativamente lo sucedido resulte anecdótico. Lamentable La Sexta, prebostes de la progresía, con una reseña en tiempo de deportes, por ejemplo. Que no nos engañen, que no lo silencien, que no intenten confundir. La brutalidad policial, la carga desproporcionada, han acabado con una vida. Pero es más. Esa misma brutalidad, aplicada sobre quienes pedían una ambulancia, amigos de la víctima, retrasó la presencia de las asistencias sanitarias.

A la familia de Iñigo, a sus amigos, la solidaridad, el abrazo y el pésame más grande desde este blog. Le ha ocurrido a él, como pudo pasarle a cualquiera que se hubiese cruzado con ese puñetero pelotazo de goma. Esperemos que en la gabarra vaya un recuerdo para él. Goian Bego.
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