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Los deberes del Athletic

Aunque no es habitual hacer balances cuando quedan por disputarse los partidos más trascendentes de la temporada, no parece ahora mal momento para reflexionar sobre algunos aspectos, antes de que los resultados deportivos condicionen y contaminen cualquier idea, máxime en el entorno del Athletic, donde tan dados somos a la exageración, capaces de celebrar por todo lo alto una derrota sin paliativos en una final copera como de echar mano de la calculadora y pensar en evitar el descenso por haber tropezado en cinco encuentros ligueros consecutivos.

Alcanzados los cincuenta partidos de competición oficial, la sensación para quienes vivimos la gabarra siendo niños es la de estar disfrutando de una de las temporadas más ilusionantes que hemos vivido, con un equipo que, salvo muy improbable catástrofe, alcanzará por segunda vez en su historia la semifinal de una competición continental y, por tercera vez después de la histórica del 84, la final copera. Todo ello, sin embargo, en medio de un debate interesadamente enrarecido, en el que algunos siguen siendo reticentes al reconocimiento.

A pesar del enfriamiento por el parón sufrido tras una buena marcha en la Liga, con la sensación, siempre subjetiva, de acumular menos puntos de los merecidos por el fútbol  practicado, el Athletic se encuentra a las puertas de tener que tomar decisiones importantes.

La principal pasa por la necesidad de renovar a algunos de sus jugadores, de atarlos, con objeto de blindar la base de un equipo con potencial y futuro, algo para lo que se antoja necesario maximizar los ingresos, que llegarán vía cuotas de socio del nuevo campo y de la casi obligación de participar con mayor frecuencia en competiciones europeas. Esto último no debiera ser excesivamente difícil, visto el nivel deportivo de una Liga que, poco a poco, y salvo los dos primeros clasificados, demuestra un debilitamiento del potencial deportivo medio, con clubes rayando la quiebra o sumidos en procesos concursales.

Para ello, sin embargo, parece más que claro que el actual plantel de jugadores resulta insuficiente. Si bien es cierto que Bielsa ha sido especialmente reacio a explorar las posibilidades de su ya de por sí corta plantilla, la herencia recibida no era todo lo equilibrada que debiera.

La línea defensiva parece ser la mejor cubierta, con las dudas de la alternativa para el lateral derecho, ya cubierta como solución de urgencia desde la etapa de Caparros con de Marcos, pendiente de una alternativa que pasaría por la esperanza de que Jonas Ramalho llegue a ser el futbolista que se espera; la otra, la izquierda, depende de la recuperación de un Xabi Castillo que parecía en pretemporada gozar del plácet del entrenador. El descubrimiento de Javi Martínez como central ha posibilitado, además, tener cuatro jugadores para dos puestos, una nómina más que suficiente, si se le añade la posibilidad de contar para el eje con Aurtenetxe o un Gurpegi recuperado.

Más problemas presenta el centro del campo, no tanto por número de efectivos, que también, sino por las peculiaridades de la forma de jugar del rosarino y las exigencias técnicas que los que ocupen la parcela ancha deben tener. Los Herrera, de Marcos e Iturraspe parecen incuestionables y cuando las circunstancias obligan a tirar de Iñigo Pérez el nivel parece resentirse. Beñat, jugador del Betis, aparece como un hijo pródigo de interés para llenar el armario de prendas que merezcan la pena, pero nadie habla de importes económicos que no parece que puedan asumirse fácilmente. El ya mencionado Gurpegi, un comodín al que a buen seguro Bielsa hubiese dado muchos minutos, es una incógnita cuyo rendimiento dependerá de una recuperación complicada por la tipología de lesión y la edad que ya acumula.

En bandas, ante la segura baja de Gabilondo, la solución económicamente asumible podría pasar por una oportunidad para Ismael López, que con 21 años destaca en el Lugo, y que podría servir como alternativa para, por ejemplo, poder suplir a Muniain o dejar que éste actúe más centrado, dando más versatilidad a una plantilla donde Ibai ya aparece como relevo para ambas bandas, tanto en la izquierda como en esa derecha que Susaeta se ha apropiado para dejar a David López como eterno suplente. Por otra parte, faltaría el lesionado Igor Martínez, rápido y dotado de mucha movilidad, que seguro hubiese tenido alguna oportunidad con Bielsa.

Pero el verdadero problema de la plantilla, el trascendental, pasa por lo que se ha denominado la prueba del nueve. La constatación de que la ausencia de Llorente provoca que el equipo pase de ser puntero a mediocre. No existen alternativas, Toquero luce como jugador de primera como segunda punta y cayendo a bandas, pero evidencia todas sus carencias como referencia. Aduriz parece una opción imposible por el alto coste que supondría incorporar a un jugador de ya 31 años y en el Bilbao Athletic no se atisba ningún goleador, principal carencia del equipo de Ziganda. La última opción pasaría por la repesca de un Urko Vera que no convenció a Bielsa en su momento. En este punto, la tarea de Urrutia y su junta es complicada. No solo por tener que renovar sí o sí a Llorente en términos asumibles por la entidad, sino por la necesidad, además de buscarle suplente.

No acaban ahí los problemas del presidente. Le queda por delante gestionar el sorteo de las entradas para la Copa. Tiene mucho que perder, pero también una oportunidad de ganar puntos, de demostrar que el silencio existente es para preparar un sistema claro y transparente, en el que se describa claramente cuál será el número de tickets para compromisos, cuál el destinado a socios y, sobre todo, que se pueda constatar que no han existido tratos de favor ni asignaciones opacas.

El resto de asuntos, importantes también, pasan por una necesaria reforma estatutaria o solucionar asuntos que han generado dudas del peso de la entidad en la Federación y LFP. Horarios, arbitrajes y fecha o sede para la Copa no han dejado una imagen de firmeza de la entidad de Ibaigane en ambos foros.
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1 comentario

  1. Lo verdaderamente importante es mantener un equipo con un alto nivel competitivo, que juegue bien al fútbol, con un patrón claro de juego, que salga siempre a ganar aunque a veces pierda.Todo ello debería mantenerse esté quien esté de entrenador, que fuese el ADN del club. El resto vendrá por añadidura: las victorias, las participaciones en competiciones internacionales, el llenar un campo nuevo, los ingresos por merchandising, patrocinios y derechos televisivos, el retener a las figuras y crear otras nuevas...La fidelidad de la afición ya se tiene pero hay que darle ilusiones como este año, que puede ser de gabarra o quedarte como en el 77.

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