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Un empate que supo a derrota

No hay manera. El Athletic no termina de engancharse a posiciones europeas, no quiere ser el tuerto en ese país de ciegos que es la lucha por la cuarta o quinta plaza, esas que posibilitan librarse de jugar previas en agosto. Quien busque la lectura positiva, exclusivamente, deberá conformarse con la capacidad de reacción, con un equipo que no ceja en su empeño hasta conseguir algo positivo. También con que es muy difícil que este Athletic pierda. Pero hasta ahí. Poco más.

Porque el empate arrancado in extremis en Granada supo a derrota. Por numerosos motivos, el más claro la imposibilidad de arrancar los tres puntos ante un equipo llamado a luchar por mantener la categoría hasta el último suspiro liguero. Los de Bielsa acumularon tal número de errores que la igualada, el menor de los males, no libró a los aficionados de un regusto amargo tras el encuentro.

No había terminado de acomodarse el personal en sus butacas (o en el taburete del bar) cuando Mikel Rico, hipermotivado, un producto en venta, aprovechó un garrafal movimiento defensivo del Athletic para poner a prueba los defectuosos despejes de Iraizoz. El portero navarro detuvo su tiro, cierto, pero una vez más desvió hacia dentro del área, donde Romero no perdonó. Si en el partido de la primera vuelta, en el de San Mamés, el Athletic ya padeció las consecuencias de un Granada ultradefensivo que atesoraba ventaja en el marcador, en Los Cármenes, a las primeras de cambio, se autoinfligía lo que ya se conoce como un froilán, o sea, un tiro en el pie.

Se sucedieron unos minutos de desconcierto hasta que las aguas volvieron a su cauce: el Granada a acumular futbolistas en su campo, hasta dos líneas de cuatro, y el Athletic a intentar practicar su fútbol, liderados por Iturraspe, una vez que consiguió entrar en juego, y las asociaciones de Iraola y Susaeta. Hubo algunos momentos de fútbol trenzado, del habitual, pero no conseguían los rojiblancos percutir el área rival. Desesperados andaban por la falta de efectividad de la posesión, cuando un buen movimiento de Muniain y el posterior pase dejaron solo a Iraola frente a Julio César para que fuese derribado por Romero, de nuevo protagonista, y Undiano, ese hombre, señalase el consiguiente penalti y expulsión.

Pena máxima y Athletic no son sinónimos de alegrías, por lo que Llorente, que lo lanzo más por obligación que por convicción –la cara, el espejo del alma, lo decía todo-, marró su cuarto penalti consecutivo en Liga. No es cuestión de avivar un debate que lleva abierto demasiados años, ni de cargar contra el riojano, porque lo cierto es que en este equipo no es que nadie dé un paso al frente, es que todos huyen de la responsabilidad, desde Muniain, que se dio la vuelta, hasta Iraola, veterano y otrora especialista que ya nada quiere saber. El comentario, generalizado, es que es un problema importante que urge una solución, puesto que huelga recordar la importancia de los lanzamientos desde los once metros en las semifinales y final que se deberán afrontar en breve.

Con desventaja en el marcador más el mazazo del penalti fallado se iban al descanso los leones y poco tardó tras la reanudación Bielsa en cambiar el planteamiento. Contra un rival en inferioridad consideró que sobraba un defensa y sacrificó a Aurtenetxe para dar entrada a un Ibai que va ganado enteros entre los considerados por el rosarino. No es que el Athletic notase demasiado el cambio, puesto que a pesar del dominio total, la posesión, abrumadora, no se traducía en llegadas claras ni en tiros a puerta.
Sí hubo, sin embargo, una jugada clave, que pudo cambiar el devenir de la segunda parte, cuando Muniain, que recibió en ventaja para romper a la zaga del Granada en velocidad, decidió tirar de protagonismo, de militar en el egoísmo cristiano –de Ronaldo, no se me enfaden los comulgantes- y tirar de manera patética ante Julio César en lugar de regalar un gol cantado a Llorente o Ibai, puesto que, para más inri, tenía donde elegir.

Con ese panorama, habiendo puesto la respiración asistida al Granada por dos veces, volvió a aplicar el bisturí Marcelo Alberto, dando entrada a Toquero, para buscar la agitación, y sustituyendo a Herrera, un cambio que todo el mundo espera ya hacia la hora de encuentro. Y en otro desmán táctico, en otra muestra de una palmaria falta de concentración, de lectura errónea del encuentro, una jugada de ataque mal llevada acabó en falta a favor del Granada, en la que concurrieron la pillería de los locales, la falta de astucia de un Susaeta que no evitó el saque y la laxitud de Undiano, quién sino él, que obvió que el balón estaba en movimiento. La falta se convirtió en un pase de gol y el Granada, ver para creer, transformaba el dos a cero.

Rozaba el ridículo el Athletic, cuando supo sacar ese orgullo y capacidad de pelea que es el único denominador común con el equipo de los últimos cuatro años, por lo que a base de insistir los últimos minutos, de dominar y de empujar, logró maquillar el marcador, puntuar y salvar los puntos. Pudo ser mejor, pero no era el día. Los fallos de todo tipo, en portería, en defensa, en los movimientos del centro del campo, en las asistencias desde las bandas, en las llegadas al área por el centro, unidos a la ya famosa falta de pericia en el remate, dejaron la imagen de uno de los peores Athletics de la temporada.

Merece la pena detenerse a reflexionar sobre la actuación de Muniain. Preocupa su actitud. Una cosa es la personalidad, que bien entendida es un activo impagable en el fútbol, y otra el macarrismo mal entendido. Las cámaras de televisión mostraron que una vez más, y la constante reincidencia preocupa, se enzarzó en una de sus habituales reyertas sin balón de por medio. Acumula demasiadas esta temporada, todas ellas sin que los colegiados las hayan apreciado, afortunadamente. De verla Undiano hubiese abandonado el campo, puesto que concurrían en Iker dos circunstancias golosas para don Alberto: ser jugador del Athletic y haber nacido en navarra, algo que no suele perdonar el trencilla, vengador justiciero de ese navarrismo rancio que tiene Ibaigane como eterna obsesión.

Porque del arbitraje podría hablarse. No es normal lo de este colegiado. Hubo varias jugadas que le retrataron, pero la principal fue la impunidad con la que pudo actuar Siqueira, con una entrada a Llorente merecedora de expulsión y que quedó impune, para que acto seguido una falta incluso discutible de Iturraspe mereciese tarjeta amarilla. Para la anécdota la posible roja para Nyom, por un golpe en la cara a Susaeta, resuelta con cartulina amarilla, o la amonestación a Amorebieta, que ni tan siquiera cometió falta, y en la que a Undiano le traicionó su ímpetu.

A la espera del enfrentamiento contra la troupé de Caparrós el próximo domingo, algo descafeinado e intrascendente tras el empate cosechado en Granada, el entorno rojiblanco sigue conmocionado por la muerte de Iñigo Cabacas e indignado por la respuesta del Departamento de Interior. A falta de respuestas concretas, de medidas, de que esa investigación ordenada por Rodolfo Ares determine algo, la manipulación ordenada por la Consejería y difundida por EITB empieza a sonrojar. Que se intente justificar la carga policial, desproporcionadísima, por una pelea entre dos personas, escandaliza. Que se presente la detención de esas dos personas como muestra de la buena labor policial mientras nada se sabe de los responsable de la acción, sonroja. La Ertzaintza está haciendo el ridículo, perdiendo toda credibilidad. Lo sucedido es gravísimo, no ya sólo por la lamentable e irreparable muerte de Iñigo, sino por las actuaciones de los dispositivos de seguridad que venían desplegándose en San Mamés. A este respecto, me quedo con las reflexiones de Josu Orbe en su blog. Debemos reflexionar sobre el modelo de seguridad que queremos en San Mamés y, como indicaba Juan Carlos Latxaga en un comentario de ese post, señalar con el dedo el comportamiento de algunos de los nuestros dentro del propio campo. Es una asignatura pendiente que después de lo sucedido en jueves santo se encuentra en convocatoria de gracia. 
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4 comentarios

  1. Pues sí, Gontzal, ayer el Athletic perdió dos puntos y ganó uno. De los dos enfrentamientos ante el Granada solamente se ha sacado un punto de seis y creo que es un equipo muy inferior a nosotros, a poco que hubiésemos hecho las cosas medianamente bien...
    En Los Cármenes hubo un dejá vú: graves errores defensivos, falta de convicción en los lanzamientos de penalty, ausencia de serenidad en el área, un portero que desconoce el significado del verbo blocar y un orgullo, un pundonor, grinta que dicen en Italia, que nos salvó de perder.

    Undiano es como es, creo que sí fue penalty lo de Iraola pero no es expulsión y luego pasó por alto cosas, sancionando lances que no eran ni falta. Me pregunto si tendrá "huevos" de hacer lo de ayer en el Old Firm cañí de la semana que viene, me pregunto y me contesto, NO. Este arbitra según los contendientes, no es mal árbitro, es mezquino.
    Capítulo Muniain: No sé si está creando un personaje que va a terminar devorándole, un Bart Simpson cani y de polígono. Aparte del macarrismo y la pendencia mal entendidos, me preocupa que abusa de las conducciones de balón en sitios y momentos inadecuados y elige mal qué hacer en el área, tirando cuando debe pasar y al revés. Espero que alguien le haga reflexionar porque es un jugador como he conocido pocos o ninguno en el Athletic.

    En cuanto a la desgraciada, lamentable y evitable muerte de Íñigo Cabacas, me he manifestado en el Ambigú. Me parece destacable, por honrada, la actitud que tienen los padres y amigos dentro del dolor: La búsqueda de la verdad alejándose de la manipulación política. No se merece esta buena gente, y no les conozco, lo que les ha sucedido. Espero que se aclare todo y se haga justicia, aunque nadie ni nada te puede devolver al hijo que has perdido.

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  2. Estoy escuchando la comparecencia de Ares a la vez que paso vergüenza ajena, Contini.

    Coincido con tu lectura, ya sabes, y, además, suscribo lo que dices de Muniain. En lo deportivo, el exceso de conducción, su obsesión por la individualidad constante, y su gusto por las reyertas. Está hecho un macarra, eso sí que está alejado del recurrido gure estiloa.

    De Undiano poco nuevo. Es, efectivamente, mezquino, sabe perfectamente en qué partidos puede "fallar" y en cuáles no.

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  3. No he podido escucharla así que voy a hacer un popurrí de medios para enterarme. A mí este asunto me recuerda, salvando las distancias, a lo que le pasó a aquel brasileño en el metro de Londres el día de los salvajes atentados concatenados.Costó saber la verdad de lo que le ocurrió, pero se supo.

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  4. El problema Contini es que Ares ya ha tenido tiempo de inventar una versión oficial y, me temo, los medios la darán por buena. No hace falta ser muy ducho para saber quién es Ares y cómo maneja los medios a su antojo, al menos los mayoritarios en Euskadi, baste ver el ejemplo de la manipulación indignante de ETB anunciando la detención de las dos personas que dieron origen a la carga de la Ertzaintza.

    Que lo que Ares ha contado contradiga la versión de los testigos, parece dar igual. Da la sensación de que esto va a quedar en una muerte tapada de mala manera, sin más culpables que los Ertzainas que fueron en una furgoneta. Y lo grave no es eso, lo grave es que a ese cuerpo policial se le lleva yendo la mano de unos años a esta parte.

    Hablan ahora de mejorar los protocolos, ¿sólo ahora? ¿por qué no antes?

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