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El nuestro, en Bucarest

Tenía razón Marcelo Bielsa cuando afirmaba el pasado martes que el Madrid era el equipo que había merecido ganar la Liga, el más regular, el que menos había fallado, no con el fútbol que más enamore, sobre todo en contraposición al del Barcelona, pero con una efectividad y una pegada suficientes como para sentenciar la Liga a falta de dos jornadas, y de la que volvió a hacer gala anoche en San Mamés.

El Madrid superó al Athletic, fue superior, le bastó con esperar los fallos de los rojiblancos y sentenciarles a la contra. La bisoñez se paga, más frente a fieras futboleras como la que ha confeccionado Mourinho, y las entregas inocentes, los fallos no forzados como los protagonizados por Iñigo Pérez en el segundo gol, por ejemplo, rompen a un equipo definitivamente. Que alguien lo anote para dentro de pocos días.

Sin embargo lo acontecido en San Mamés lleva a la reflexión por lo que significa para el fútbol, para el deporte en general. El modelo del Madrid (y también en cierta forma el del Barça), llevando el liberalismo económico más extremo a esto del balompié, gastando cientos de millones de euros, necesitado de presidentes, entrenadores y jugadores para obtener un único título liguero en varios ejercicios, es francamente triste. El madridismo obtuvo ayer un título más por presión del entorno, de la patulea mediática merengue, que por unos merecimientos deportivos incuestionables.

Tocaba ya porque de no haber sido así el nivel de histerismo en los periódicos y radios hubiese sido excesivo, insoportable. Desde la capital del estado, desde donde se genera el ochenta por ciento de la opinión publicada, se necesitaba vender el final de un ciclo, el blaugrana, para dar algo de respiro a otro, el de Florentino Pérez, que acumulaba ya demasiados fracasos. Para lograrlo no se han escatimado esfuerzos de ningún tipo, desde una deuda sólo asumible cuando del Real Madrid se trata hasta todo tipo de teorías, principalmente conspirativas, que por repetidas han acabado interiorizadas por más gente de la que parece.

Así, entre villaratos y persecuciones de comités, ridículas teorías, el Madrid se plantó ante un Athletic diezmado por bajas, entre ciclos de tarjetas, cansancio y la prudencia necesaria ante lo que en seis días deberá afrontar. A ello se unió alguna decisión táctica cuando menos extraña de Bielsa y un arbitraje calamitoso, como era previsible.

El Madrid ganó sin obstáculo, con un San Mamés excesivamente enfervorizado, pero dejando una sensación de que el triunfo estaba dirigido, que iba a suceder sí o sí. Es triste, insisto, una mala noticia para el deporte. Si al maná de dinero que reciben los merengues -vía un reparto de ingresos por derechos televisivos que avergüenza también en Europa- se le une el arbitraje perpetrado por el mayor de los Teixeira Vitienes, el peor de los dos hermanos -y tiene mérito el logro por la dificultad que entraña-, alevoso, premeditado, con nocturnidad para más INRI, no quedan ganas de felicitar al ganador, como la más elemental norma de la deportividad marca.

El Athletic, una institución tan histórica como la madrileña, con el mismo número de temporadas en la máxima competición, sufre año tras año, liga tras liga, atropellos arbitrales cada partido que se enfrenta a las huestes de Mourinho. Después, tras los encuentros, y ya con la diferencia de goles en el marcador, la historia se escribe como se escribe y se afea cualquier insinuación sobre la actuación de los trencillas por aquello de lo contundente de la victoria.

Nadie comentará ya, qué más da, que Ronaldo arrancó en fuera de juego en el primer gol; que antes del segundo tanto madrileño existió un penalti clamoroso; el distinto rasero en faltas y tarjetas; la vergonzante expulsión de Javi Martínez, segunda con este colegiado esta temporada,  por una mano que no fue. El show está montado como y para lo que está montado, el Athletic es un comparsa más, como quedó ayer, una vez más, demostrado.

Después llegaron las situaciones en que cada uno queda retratado. Que Ronaldo es un imbécil víctima de una egolatría enfermiza no es noticia, y su corte de manga a Javi Martínez quedó para el particular álbum de las excentricidades de un tipejo que se mostraba rabioso por ver escapar su particular objetivo, que antepone siempre al colectivo. Pichichi versus Liga. Tampoco me gustó el comportamiento de cierto sector de San Mamés. El madridismo provoca la misma repulsión en todos, pero hay formas de manifestación más correctas que otras. Los insultos a Florentino no llevan a nada. Ciertos gritos, tampoco.

Aun así, nada es parangonable con el sectarismo de quienes transmitían el partido por televisión. La Sexta, el juguete catódico que Zapatero regaló a sus amiguetes progres, ahora vendido por sus deudas al capital derechoso crecido a la vera de Aznar, ¡qué cosas!, protagonizó la transmisión -narración y realización incluidas-, más vergonzosa, por parcial y forofa, que se puede recordar. Hay quienes hoy se alegran de que esa cadena pierda el fútbol en abierto, creyendo que el ínclito Antonio Esteva, el que puso voz al escarnio, quedará sin empleo. Lo merecería, estando la profesión periodística como está, plagada de buenos comunicadores, honestos, en paro. Pero no. Este tiparraco, que osó cuestionar a San Mamés ayer, es un ultra sur con micrófono, un elegido a dedo por Antonio García Ferreras, el cerebro de Pérez en materia comunicativa.

Menos mal que aún quedan para el Athletic dos finales, lo que deja lo de ayer en una anécdota triste, sin ninguna gracia. Afortunadamente, la forma de vivir el deporte se concibe de forma particular en Bizkaia, y el Athletic así lo representa. Las aspiraciones deportivas son distintas, cierto; la diferencia del nivel deportivo, abismal; pero el orgullo de llegar a Bucarest de la forma en que el Athletic lo ha hecho, con estilo y protagonistas tan alejados del modelo que ayer salió victorioso, merece muy mucho la pena, te reconcilia con el deporte.
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4 comentarios

  1. Palabra de Dios.
    Tiene mérito lo tuyo, Gontzal, saber distinguir a los hermanitos Teixeira Vitienes.

    En cuanto a La Secta, el antiguo chiringuito pijoprogre,ni siquiera sabían que no jugaba Muniain hasta que llevaban un par de minutos de partido. La Guasch acabó merecidamente ninguneada por Mourinho.
    Lo he comentado en el Ambigú pero un maleducado sin cerebro como CR no puede tener en sus manos NUNCA un trofeo que se llame Pichichi.

    Obviando estas cosas, si se puede obviarlas, ayer vimos el milagro de Gorka y la parada de un penalti, no tuvo más remedio que pararlo aunque no quería, así que lo hizo con el pie y llorando. En la segunda parte se come el 0-3, cualquier día se le va a caer encima de la cabeza el larguero y tocará pagarle una indemnización brutal.

    p.d.: Hay que fichar a Beñat.

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  2. amigo Gontzal, completamente de acuerdo con tu crónica de una derrota anunciada. Yo creo que nadie daba un duro por ganar al madrid, y ya cuando ves el partido... lo que más rabia me da es que no necesitan ayudas arbitrales para ganar, si son superiores.Que pasa, que además de ganar tiene que quedar claro quien manda? tiene que haber escarnio para quien ose levantar la voz contra el equipo blanco?

    de CR7 poco voy a comentar, he visto hoy una imagen de él celebrándo la liga en un autobus y pensaba que era el Jonan de Baraka con la gorrita torcida. Me da envidia lo guapo y millonario que es

    mención aparte los comentaristas de la secta, copiando a los de cuatro cuando en el partido del Schalke enarbolaban la bandera de "Raul selección".

    el Madrid no es el mas odiado del pais pq gane titulos o este mou o cr7. lo es por el desagravio que hay hacia sus rivales, desde los periodistas hasta florentino (affair "es mi estadio").

    el objetivo del Athletic es el miercoles que viene, y algo más dificil, el de dentro de unas semanas. Solo espero que en el partido del Getafe haya 11 rotaciones, aunque conociendo al argentino imagino que jugaran todos los titulares para que esten en buen tono físico para la final, si es que no se rompe alguno

    Aupa Athletic!

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  3. Gontzal, he leido y vuelto a leer tu comentario ... ya aburro, pero me ha encantado. Sufrago cada concepto que planteas.
    También coincido con Contini cuando señala que un imbecil como CR7 no debería ganar jamás el Pichichi. Sería una manera de homenajear la memoria del ilustre goleador, de un modo más taxativo que el premio mismo.
    Finalmente, todo esta prepotencia opulenta y grosera del Madrid y en menor medida (aunque bastante menor) del Barça, en esta patética "Liga para dos" ... en contraposición a lo que representa y a lo que propone el Athletic, me hace acordar mucho de ese parlamento final de Ricardo Darín en "Luna de Avellaneda" cuando dice:"Yo puedo vivir sin cambiar el auto cada año ... sin el último modelo de filmadora ... sin el último telefono movil. Lo que no puedo es vivir sin la admiración y el respeto de mi mujer y de mis hijos. Sin dignidad. Sin eso ... no puedo"
    No se si tendrá que ver, pero creedme que me he acordado de esa escena final.
    Cordiales saludos.

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  4. Perdonad, que ayer no tuve tiempo para responder...

    Contini me reí con Susanita GUasch, la hija del histriónico Tomás, cuando recibe el desprecio más absoluto de Mourinho. Tiene que ser tremendo defender a capa y espada a un tipo que te humilla a la menor ocasión. Peor para ellos. La dignidad no se puede comprar y se pierde con muchísima velocidad.

    Darth Txelos piensas exactamente igual que yo, qué necesidad tendrá un equipo tan superior de verse siempre favorecido por los arbitrajes, no les hace falta y sus triunfos pierden valor. Ronaldo es un payaso, un pobre hombre, acabará mal, será un juguete roto. Al tiempo.

    Héctor la frase me encanta. Por cierto, mi madre y mi mujer son incondicionales de Ricardo Darín, no hay película en que trabaje que no hayan visto. Buen nivel el del cine argentino. La frase viene al pelo, creo que el modelo Athletic, también otros, hace un favor al fútbol. No está mal que en un mundo tan mercantilizado como ese, haya alguien que demuestre que con una forma de concebir este deporte bastante romántica pueden llegar los triunfos. Claro que a algunos, a muchos, les revienta.

    El problema de Cristiano Ronaldo se llama Leo Messi, un referente por juego, el mejor jugador de la historia, y por comportamiento, algo mucho más meritorio.

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