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Toca recuperar el ánimo. Sí se puede.

Las declaraciones tras lo sucedido en Bucarest y antes de viajar a Valencia, esas en las que los jugadores hacían propósito de enmienda, calificaban como oportunidad para reivindicarse, ocasión para olvidar lo sucedido o minutos para demostrar que la debacle rumana se trataba tan solo de un tropiezo, quedaron en mera palabrería. El Athletic, demasiado flojo en lo anímico y carente de ideas de línea de tres cuartos en adelante, volvió a preocupar por la fragilidad de su ánimo, por la vulnerabilidad de una zaga que ha convertido la portería en una red de enmalle a la deriva que no hace sino pescar cualquier balón que merodee su área.

Si bien se trataba de un partido intrascendente, en el que poco se jugaba el Athletic y sí mucho su rival, lo cierto es que se desaprovecharon los minutos para haber podido poner fin a una inercia negativa, cinco encuentros consecutivos sin ganar, encajando excesivos goles y mostrando una ineficacia goleadora preocupante. Bielsa optó, según él, por alinear a los que mejor estaban, entre los que incluye siempre al portero. Con de Marcos de lateral por baja obligada de Aurtenetxe y las ausencias -supuestamente por cansancio- de Javi Martínez y Llorente, el equipo cuajó una primera parte decente, con unas transiciones adecuadas entre defensa y mediocampo, pero que morían sin llevar peligro al área del Levante. En la mayoría de los casos por la falta de lucidez en el pase final de Herrera y Muniain, empeñados en muchos momentos en dar el pase complicado frente a las opciones sencillas. Tampoco es que las bandas sirviesen demasiados cueros en condiciones y, además, si a ello se le une que el referente en ataque era Toquero, las consecuencias son un partido con posesión total de los visitantes y un rival agazapado a la espera de una contra.

Visto el marcador final parecería que los levantinistas dominaron y atropellaron a los leones y, sin embargo, tan solo se limitaron a aguardar alguna contra sustentada en algún error de los de Bielsa. Así fue, finalizando la primera parte, cuando un desajuste defensivo acompañado de una incompresible salida de Iraizoz posibilitaron el primero, en la única aproximación de los granotas en lo que iba de encuentro.
A partir de ahí el encuentro murió, el Athletic lució la misma cara que a la finalización de la final de la Europa League y todo fue sencillo para el siempre bien plantado y veterano equipo valenciano. Con Barkero convertido en amo y señor del partido, gozando, y unos rojiblancos cariacontecidos, llegaron el segundo y un tercero de penalti tras mano de un Amorebieta muy nervioso.

Afirma Bielsa que el balance liguero en liga es negativo, y está en lo cierto. El último tercio, ese que suele resultar trascendental, el Athletic no ha estado a la altura. Ni en juego, donde se ha visto empañado el nivel competitivo, ni en resultados, toda vez que los leones necesitan jugar manifiestamente mejor que los rivales para obtener puntos. Ahora todas las teorías resultan insignificantes. Qué más dará que sea por motivo físico, que sea por incapacidad de concentración en tanto frente competitivo o que haya pesado la exigua plantilla. Lo cierto es que el grupo ha entrado en una especie de bucle, de inercia negativa de la que es necesario escapar cuanto antes.

También el entorno ha interiorizado el discurso, ese que habla de ganar la final de copa con la boca pequeña, como dándolo por imposible. No está de más que los jugadores intenten quitarse presión y aludan a la dificultad del envite; tampoco que la afición deje de hablar de gabarras y libere de responsabilidad a los jugadores; pero de ahí a dar el objetivo por imposible hay un trecho. El Athletic no está en su mejor momento, cierto, pero el Barça, al que algunos esperan hipermotivado, lleva tiempo fuera de juego tras encajar sendos golpes en lo deportivo y en lo anímico, y se encuentra más perdido en homenajes propios, mirándose el ombligo, que pendiente del torneo copero.

El reto es difícil, cierto, pero no se trata más que de un partido, de intentar ganar un encuentro de fútbol. Ni el Atlético era una pera en dulce ni el Barça es imbatible. Es hora de salir de uno más de esos momentos bajos de la ciclotimia vizcaina. Sólo sabemos estar o muy arriba o muy abajo.
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2 comentarios

  1. El Athletic existió más o menos hasta el 1-0, enésimo fallo defensivo y del portero, ¿a dónde ibas querido Gorka si estabas en la media luna? En la segunda parte, pese a los cambios, no se creyó en la remontada. El equipo y entorno están "depres", urge resetearse y creer que se puede ganar la final que, aparte de darnos un título significa acceso directo a liguilla de Europa League.

    El último mes en Liga ha sido horrendo y ha emborronado la marcha del equipo, una pena porque hasta el tercer puesto estaba baratito. La gran trayectoria en Europa League y una plantilla corta han logrado que en Liga quedemos en un engañoso décimo puesto.

    Pues eso, a por el Barça y a recuperar sensaciones para dar todo en el último partido de la temporada.

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  2. A mi no me disgustó la primera parte, aunque sí me preocupó que con tanta posesión no se creasen llegadas claras.

    La segunda parte lamentable, el equipo desmoronado. Y me preocupa esa inercia, últimamente cuando encajamos un gol nos vamos del partido. Pasó contra el Zaragoza, el Madrid, el Atlético y Levante.

    No sé, creo que es más anímico que físico, incapaz de sacar fuerzas de flaqueza.

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