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Acumulando más decepciones que puntos

Sin llegar al extremo de Artur Mas ayer, los aficionados rojiblancos volvimos a tirar de cara de perplejidad al finalizar el encuentro contra el Deportivo. No es que cueste demasiado, se ha convertido en rutina, porque este Athletic que nos mal acostumbró el pasado año se ha conjurado para no deparar ninguna alegría en el presente. Es goleado cuando salta al campo como un muñeco roto, pierde cuando hace un partido aseado y, a lo sumo, empata si resulta ser superior a sus rivales.

Lastrado, de nuevo, por la falta de definición ante el marco rival e incapaz de contener la sangría goleadora incluso frente a un rival futbolísticamente inane como el Deportivo, la tarde de ayer volvió a evidenciar que el tren de la temporada se escapa, al igual que en Europa, también en Liga. El equipo está entre triste, agarrotado y ansioso, y muestra, además, síntomas de agotamiento físico y mental. Lejos queda la versión del pasado año con aquel juego rápido y ofensivo, plagado de opciones, de llegadas, de desmarques y desbordes.

Se le ha dado la vuelta al calcetín y a Bielsa parece habérsele agotado el recetario. El rosarino repite planteamientos y reitera apuestas, intenta obtener resultados sin acometer variaciones y la realidad, como siempre, suele vencerte en terquedad. Existen muchas teclas que tocar, desde la tensión hasta el rendimiento de puestos clave, aunque en descargo del entrenador también se deba reconocer que los fallos individuales son difícilmente subsanables. Es decir, por mucho que se entrene, aunque se insista hasta la saciedad, con el instinto matador se nace. Que se lo expliquen a de Marcos. Al de Laguardia le pasa con el gol lo que a Rajoy con los presupuestos de la UE. It’s very difficult todo esto. Todo esto del gol, vamos.

Capítulo aparte merece la defensa. Aunque aburra insistir en lo mismo, resulta imposible ser competitivo cuando a la mínima ocasión se conceden oportunidades y goles a los rivales. El Athletic sigue siendo el peor enemigo de sí mismo. Con la banda izquierda transformada en vía rápida de entrada (sin peaje) hacia el área y habiendo convertido cada jugada a balón parado en sinónimo de gol en contra, el balance defensivo es desolador.

Porque pueden extraerse lecturas positivas de lo de ayer, en el juego defensivo de un Iturraspe que consiguió aportar a la hora de atacar; en las aportaciones de Herrera, siempre que no abusa del preciosismo; en el juego de de Marcos, que aunque ciego ante portería rival, al menos empieza a carburar; pero poco más puede destacarse de un grupo con más voluntad que moral y acierto.

Este Athletic lleva una temporada mediocre sólo sostenido por el fútbol de Aduriz. Y la ausencia de Aritz, se nota. Hoy por hoy, Llorente no está a nivel de jugar como titular en prácticamente ningún equipo. El riojano, víctima de una situación provocada por la estrategia de su entorno, va camino de realizar la temporada más intrascendente desde que llegara al fútbol profesional. Sólo piensa en el futuro, en dónde jugará el próximo ejercicio, obviando los compromisos por los que percibe la ficha más alta de la plantilla, con un rendimiento vergonzoso y una actitud que debiera sembrar de incertidumbre a quienes vaya a contratarle por su incapacidad de dar pasos al frente a la menor adversidad. El fútbol, que es una profesión complicada, requiere de mucho carácter, máxime si se pretende un reconocimiento como estrella.

Por eso el Athletic era la mejor opción deportiva para Fernando. Ayer mismo pudo comprobarse en San Mamés el porqué. Sea por responsabilidad, por hartazgo, porque ya se ha asimilado la salida, asumido la traición y tragado la decepción, después de una semana con los ánimos caldeados como hacía mucho tiempo que no se recordaba, la afición volvió a demostrar una cordura poco habitual en el fútbol y se dedicó a lo que verdaderamente resultaba de importancia. Apoyar al equipo para que lograse una victoria necesaria e importante. E ignoró lo sucedido, hizo de tripas corazón, y afeó la conducta de los pocos que quisieron anteponer lo extradeportivo a lo que se jugaba sobre el césped.

Y nuevamente, pese a la voluntad del aficionado, todo acabó en decepción. Con ocasiones de sobra como para haber ganado marradas de manera lastimosa, encajando un gol de barraca, con un remate de cabeza dentro del área pequeña con el portero y tres futbolistas en tareas defensivas en un espacio de poco más de cuatro metros cuadrados.

Las caras de los protagonistas lo resumen todo. A ver si alguien es capaz de atisbar en Muniain una muesca de alegría. O de satisfacción en Bielsa. Por no insistir en Llorente, que se siente rehén de Urrutia, encarcelado en San Mamés y que sólo demuestra alegría los días de visita, cuando acuden en su consuelo los medios de comunicación de Madrid. Lo peor, que el ambiente gris se ha extendido al plantel, al cuerpo técnico, a la directiva.

Y que la afición ya da la temporada por amortizada, como de transición, asume como un espejismo lo ocurrido hace un año y sólo le preocupa no sufrir.

He de confesar que ayer, a la finalización del encuentro, con quien tuve la oportunidad de compartir otro cabreo futbolero, un café y un chupito de Baileys, y padeció pacientemente otro más de mis malos días, acabamos echando cuentas sobre cómo alcanzar cuarenta y cinco puntos, estudiar el calendario e, incluso, analizar contra quién, cómo y dónde se acaba la Liga. Significativo y propio de otros tiempos. 
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2 comentarios

  1. Gontzal, te noto tan apático como Bielsa en la rueda de prensa de ayer.
    Sin echar un gran partido, creo que merecimos ganar; no creo que lo de ayer fuese peor que el día del Valladolid u Osasuna, la diferencia está en el gol encajado. Que la banda izquierda es un solar, lo sabe cualquiera que siga al Athletic, que podías taparla el verano pasado respescando GRATIS a Balenziaga y fichando a finales de julio a Monreal por un precio asumible, también.En cuanto al portero, es insistir en lo mismo; ayer tuvo que intervenir dos veces, una en el 1-1, peor imposible su actuación y después salió a "prendere farfalle" en otro corner.
    Bielsa acertó en el único cambio que hizo pero me pregunto si no era necesario reactivar con dos cambios más el equipo; miro al banquillo y me pregunto ¿con quién? Pues quizás con la efervescencia de Toquero, por ejemplo porque otra cosa no había, la verdad.Nada ni nadie con quien refrescar el mediocampo.

    Para evitar una temporada mortecina tipo la de Txetxu Rojo, considero que hay que dar un golpe de efecto. O bien se ficha algo en invierno o bien se trae nuevo entrenador porque, ojalá me equivoque, no veo a Marcelo capaz de sacar esto adelante. Y del presidente no espero ni ilusión ni siquiera venta de humo.
    Llorente no estuvo especialmente mal ayer, simplemente es un jugador que sigue su camino sin importarle el equipo. El público mejor, excepto los de siempre y unos invitados, los Riazor Blues, que se creen con derecho a asaltar la nevera de la casa de uno y hacerse con el mando de la tele. Por cierto,habrá que enseñar a La Caverna cuándo, cómo y por qué se ovaciona a un jugador ajeno como lo de ayer con Valerón.
    p.d.: A Artur Mas solamente le faltó echar la culpa a los horarios como Mou y felicitar acudiendo a sus hoteles a los de ERC o Ciutadans.

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    1. Así es Contini, estoy apático, debe ser que al hastío con el Athletic se me suman otra clase de cansancios, un cóctel que me lleva quizás a escribir de manera poco apasionada.

      Coincido en lo de los cambios, será que Bielsa vio muy bien al equipo, pero yo percibía a un Muniain intrascendente, por ejemplo, a un Susaeta que dio más de sí en la primera parte... Efectivamente, Llorente está a lo que está, pero creo que Bielsa tampoco tiene muchas ilusiones, le veo arrancando hojas del calendario y esperando a su futuro por otras latitudes.

      Yo la temporada la veo insalvable, en el mejor de los casos nos salvaremos con holgura, que tal y como están las cosas, ni tan mal. Porque todavía no descarto que esto se complique.

      Ya ni la crisis del Madrid, ni el follón que tienen montado, ni tan siquiera eso me engancha a la Liga, es muy aburrida.

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