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Victoria trabajada en un momento clave

Llegaba el Athletic a Madrid a jugar contra el tercer equipo, en un campo, el de la carretera de Vallecas, en el que tradicionalmente sufre para arrancar puntos. Con un entorno más pendiente de reservas hoteles para los días veinte o veinticinco de mayo y de concienciarse para respetar a un Mirandés con merecida fama de matagigantes, era fácil que se hubiese aprovechado la coyuntura para que el equipo se despistase y sufriese un tropezón liguero en un momento inoportuno. Porque hubiese encadenado dos derrotas consecutivas que le alejarían de los puestos que dan acceso a Europa y porque se hubieran sembrado dudas antes de disputar el encuentro de Anduva, donde se repetirá el estilo de partido visto ayer.

Consciente ya Bielsa de la kimoletrada que sus jugadores más habituales empiezan a acumular en las piernas, optó, por fin, por dar descanso a algunos de ellos. La ausencia de los Martínez, Muniain, Herrera y la obligada de de Marcos forzaron un once inédito en el que San José ocupó la plaza de la zaga, Iñigo Pérez la de Ander, Toquero la derecha para dejar a Susaeta que intentase hacer de Muniain y un David López que se sumó al centro del campo.

Ante un Rayo plagado de veteranos, el Athletic disputó uno de los partidos en que más incómodo se le ha visto en tiempo. Salieron los de Sandoval a repetir aquello que ya hicieran en el primer encuentro liguero de la era Bielsa: presionar muchisímo, muy arriba, ante un grupo bien plantado que buscó en todo momento presionar la salida del balón del Athletic para evitar que los rojiblancos gozasen de la posesión. El tiempo que les duró la pila, la cosa resultó. Afortunadamente, el equipo vallecano no es el conejo de Duracell, y a los veteranos Trashorras, Movilla, Labaka o Delibasic la batería empezó a agotárseles para la hora de partido.

Empezó el Rayo por ponerse por delante en el marcador, algo que no suele ser síntoma de nada bueno para los zurigorris, tras un fallo defensivo garrafal donde Amorebieta pareció más un espectador que un futbolista. Afortunadamente, Llorente disputó uno de esos encuentros que se le piden a un jugador que solicita para su renovación sueldo de crack y que aspira a participar en una Eurocopa. Es decir, que haga de futbolista desequilibrante. Y vaya si lo hizo. El de Rincón de Soto se cascó tres goles de diferente factura, con algo de fortuna el último de ellos, y pudieron ser cuatro si el larguero no hubiese impedido uno más y Paradas Romero hubiese visto el penalti que le hicieron en la misma jugada.

Por medio la defensa dejó serias dudas. El día en que Javi Martínez desapareció de la zaga, la actuación de esta estuvo a un nivel más cercano al de inicio de temporada. Desde ese punto de vista Bielsa se cargó de razones. La baja del de Aiegi fue clave, la retaguardia estuvo menos contundente que nunca, con numerosos despistes y errores de marcaje, con menos anticipación y mucho peor plantada. Así llegaron el primero del Rayo y también el segundo, aunque a este contribuyó un resbalón de Iturraspe que evitó que pudiera realizar la presión. No se qué tendrán las botas que calzan en la actualidad los futbolistas del Athletic pero empieza uno a aburrirse de tanta caída. Donde estén los tacos de aluminio…

Otra de las claves a analizar fue la actuación de aquellos que vienen solicitando una oportunidad. Así, mientras el juego de Iñigo Pérez es esperanzador, sobre todo por su calidad en el golpeo de balón tanto parado como en jugada, decepcionó absolutamente David López, poco participativo, y no encontró su sitio un Toquero que protagonizó muchos errores pero que, por lo menos, tuvo el acierto de poner el centro del tercero.

Fue un triunfo sin brillo, aunque de más mérito que el de Mallorca, en un día en el que el objetivo era acumular puntos para no descolgarse en Liga y reservar todas las fuerzas posibles para asaltar Anduva. Desde ese punto de vista, no se puede pedir más. Pero el equipo (el técnico seguro que lo hará) debería reflexionar sobre el alto número de ocasiones que el Rayo fue capaz de generarle, así como el peligro innecesario sufrido por la actuación de un Iraizoz que hizo demasiadas cosas mal ahora que llevaba una serie de partidos bastante acertado.

En poco tiempo, en cinco meses, nos hemos acostumbrado mal. Ya no solo pedimos que el equipo gane, sino que lo haga como en Sevilla. Y no siempre es fácil. Lo importante es saber recurrir a la fuerza y a la pelea cuando es necesario, mostrar personalidad, y gestionar las ventajas con el actual estilo, como se hizo ayer en la finalización.

Sólo hay una cosa más que pedir: que el martes se salga en Miranda como ante un equipo de primera, que no se menosprecie al rival y que se esté concentrado al 100%. Esta afición necesita una final de Copa y puede que Bielsa decida renovar si, de una vez, conoce de primera mano, es protagonista, de lo que es la afición del Athletic volcada con su equipo.

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Soñando con la final tras un partido infame

El Athletic menos fiel a sí mismo de la era Bielsa consiguió avanzar en una Copa que empieza a oler a final con presencia rojiblanca. Porque al margen de la consideración y respeto que merece un Mirandés que ha eliminado a dos primeras más que el propio Athletic para situarse en semifinales, que tire la primera piedra quien no hubiese firmado este enfrentamiento cuando se produjo el sorteo del cuadro de cruces coperos.
Cierto es que la suerte le ha sonreído al Athletic en este torneo, por lo que ahora toca rematar.

El partido de Mallorca no pasará a la historia, ni del fútbol ni de la estadística. El estadio de los mil nombres (sinceramente, desconozco como se denomina en estos momentos) recibió la eliminatoria con una grada ocupada por dos primos de Serra Ferrer, un amigo de Caparrós y la colonia argentina del megáfono, esa que tiene un nivel de educación inversamente proporcional a los decibelios con la que escupen sus berridos.

En la isla la Copa no importaba y se notó desde el inicio. En la grada y en el campo, porque Caparrós reservó al Chori Castro, cedió la iniciativa y el terreno al Athletic y planteó un partido en busca de un golpe de fortuna, una jugada aislada, basado en esperar, salir a la contra y buscar el fallo rival.

Si la primera parte fue mala, la segunda fue espantosa. No estará satisfecho Bielsa. El Athletic fue incapaz de serenar el juego, de tocar con criterio, de encontrar las asociaciones y automatismos que, poco a poco, han pasado a ser el ADN del juego rojiblanco. Iturraspe no se serenó en todo el encuentro y Herrera no dio con el interruptor. Por si fuera poco, Munian acabó lesionado y reemplazado por un Toquero más inédito que nunca. Precisamente fue Iker quien tuvo la oportunidad de adelantar al Athletic y sentenciar, pero sigue en su línea de fallos cara a puerta.

La reanudación trajo un partido más trabado aún, en la que el Mallorca siguió en su línea de n jugar, de trabar el ritmo, aunque las tarjetas se las llevara, curiosamente, el equipo rojiblanco. El único interés radicaba en saber si el juego directo de los bermellones acabaría dando fruto, permitiéndoles recortar distancias. La incertidumbre, sin embargo, acabó cuando una cesión de Ramis acabó con un gol en propia puerta tras colársele a Calatayud después de un extraño bote.

Tuvo su guasa la jugada. Hay quien dice que fue una concesión a Eñaut Zubikarai tras sus rezos pidiendo vendetta a la virgen ondarrutarra de La Antigua, y quienes vieron en ello un peaje a un Caparrós que, seguro, algo tuvo que ver con que al césped del estadio balear sólo le faltasen los charlies para parecer el escenario de una película de la guerra de Vietnam.

Ahí murió el partido y la eliminatoria. Los militantes del clasificación amigo mostrarán su satisfacción, y los partidarios del buen juego esperarán que se trate de la excepción que confirma la regla. Hubo suerte, cierto, pero tras el asumible tropiezo del Bernabéu era importante volver a la senda de los resultados positivos.

Ya nadie duda de que este proyecto es una realidad y tiene un prometedor futuro. Si a eso uniese una final de Copa se estaría por encima de las expectativas del más exigente. Pero habrá que luchar sangre, sudor y lágrimas ante la troupé de un Carlos Pouso que, seguro, vivirá el enfrentamiento contra los rojiblancos como el mejor premio que la machada que ha protagonizado merecía. Para Vallecas, ahora, toca recuperarse y realizar alguna rotación. Porque el calendario sigue, afortunadamente, colapsado. Bendita locura, afortunado cambio.

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Goleada injusta y condicionada

Tras un varapalo como el recibido, aunque solo sea a modo de goles, cuesta centrarse en hacer un análisis frío sobre el aspecto deportivo, en el que brilló el Athletic durante la primera parte. No habrá aficionado rojiblanco hoy que reconozca que sacó pecho en el descanso y que no soñase tras lo visto en los primeros cuarenta y cinco minutos con dar la campanada en el Bernabéu.

Llegaron los de Bielsa en medio de uno más de esos incendios que provocan los madridistas y su caverna mediática, intentando pescar en río revuelto y si no lo hicieron fue por su falta de puntería, por la endeblez en el remate de Llorente y de Marcos en dos ocasiones más que cantadas. Le faltó la guinda de la eficacia goleadora a un Athletic que fue mejor que el todopoderoso Madrid de Mourinho y Florentino. Contrapuso al fútbol de músculo y eficacia de los locales el toque, la velocidad y la presión que se han convertido en santo y seña de los rojiblancos desde que Bielsa comanda la nave. La primera parte fue una delicia, un homenaje al fútbol.

Pero no pudo ser, a pesar de dejar en la retina un jugadón como la que dio origen al gol, en donde volvió a quedar de manifiesto que a Javi Martínez le sobran fuerzas cuando juega de central, poniendo en bandeja el cero a uno a Llorente tras hacer el de Aiegi una pared de libro con Herrera. No pudo ser porque para ganar en el viejo Chamartín hay que hacer todo bien y tener fortuna. EL Athletic falló cara a puerta e hizo el Tancredo. No puede calificarse de otra manera lo que Iturraspe hizo en el primer minuto de la reanudación cuando en una jugada sin demasiadas opciones para Kaká le propinó un agarroncito minúsculo, de esos que en el centro del campo se resuelven incluso in tarjeta, por leve, pero que en el área resultó todo un tiro en el pie para los rojiblancos.

Ahí empezaron a morir las opciones para el Athletic. La suerte, la necesaria fortuna, había sido esquiva antes, en la primera parte, cuando Marcelo, más un tren de mercancías que un jugador, entró como una exhalación llevándose el balón y remachando a Gorka. Pero daba la sensación de que el Athletic tenía mucho que decir.

No parecía definitivo el dos a uno y los chicos de Marcelo siguieron a lo suyo. No todo estaba dicho, ni mucho menos. Pero en una contra, otra vez, en una genialidad de Ozil, que recortó a de Marcos, llegó el segundo penalti, más claro que el primero. La consiguiente expulsión sí acabó definitivamente con las opciones y con el partido. Porque el cuarto gol fue anecdótico.

Anecdótico y representativo. Porque si bien es cierto que no se puede poner excusas ante la derrota, el arbitraje perpetrado por Mateu fue calamitoso, por injusto y por sibilino. A pesar de que volveré a ser calificado como azote de los colegiados por algún lector de este humilde blog, la actuación del trencilla tuvo excesiva incidencia en el marcador y en el juego.

El valenciano ha decidido pasar a ser un personaje en esto del reparto de justicia deportiva, quiere ser distinto y se ha convertido en un mequetrefe, en un friki, en una caricatura de sí mismo. Su criterio es inexistente, voluble, de ida y vuelta. Por la misma acción es capaz de amonestar a Cristiano Ronaldo o no hacerlo por exactamente la misma jugada, una zancadilla por detrás sin opción de jugar el balón. Quizá tuvo algo que ver las risas en el túnel de vestuario.

Pero no fue eso lo peor. Lo más lamentable vino a partir del tres a uno, cuando Mateu sacó la hoz, el martillo y la recortada en defensa del capital. Con ventaja de dos goles dejó de señalar un penalti a Ibai con la consiguiente expulsión de Sergio Ramos , ese intelectual; no quiso ver una agresión sobre Toquero y dejó sin señalar al menos dos faltas sobre Muniain en la jugada que dio origen a la contra del tercer gol. 
Desconcertante. Como su criterio, en el que no se sabe qué es falta y qué no lo es.

No se cuestiona la victoria del Madrid, pero sí la forma de lograrla. Y es que esta Liga da muchísimo asco. Era evidente que no se podía consentir que el Madrid pinchase, un segundo tropiezo que cuestione el proyecto que a pachas han ideado Florentino y su bien pagado técnico. Pero no todo vale. El bipartidismo, el puente aéreo, la liga de dos cansa. La falta de respeto al Athletic, también.

Esperemos no ver a Mateu Lahoz en tiempo. Personaje cobarde, rendido al poderoso para caer simpático a la prensa catalana y madrileña. El Athletic cuenta como agravio cada partido en el que el inefable ser aparece vestido de negro, gris, rosa o amarillo. Amorebieta, Ustaritz y Ocio lo saben bien. Por no hablar de su ceguera con el Mirandés el pasado martes. Cobarde. Lo peor que se puede decir de un juez.
Menos mal que no hay tiempo para más. Sólo queda pensar en la Copa, donde hay que hacer bueno el dos a cero. Y esperar no lamentar otra actuación arbitral que nos privó de un tercer gol.

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Partido serio que da muchas opciones para semifinales

Probablemente ahora sí sea necesario pinchar un globo, el de la euforia. Porque cuesta mantener la cabeza fría o incluso evitar las tentaciones de hablar de finales ahora que se ha dado un paso en firme para alcanzar las semis. El Athletic pasó, en un encuentro que tenía más dosis de morbo que de interés futbolístico, si cabe, y ante el que los expupilos de Caparrós supieron hacer un partido serio, el que se necesitaba, para plantar cara a un Mallorca bien plantado y con unas consignas claras: intentar acumular jugadores para trabar el juego rojiblanco y buscar alguna contra que posibilitase marcar fuera de caso.

Iraizoz apareció cuando se le necesitó, haciendo lo que se exige a un portero, y detuvo un tiro de Chori Castro que se envenenó al toparse con Herrera y otro de Tissone que finalizaba una de esas contras que a veces, cada vez menos, generan los rivales por pérdidas absurdas del Athletic en el centro del campo. Eso y media docena de córneres en los últimos estertores del partido fue toda la producción ofensiva del equipo bermellón.

Los de Bielsa fueron de menos a más, tardaron en encontrar su estilo de juego entre el bosque de piernas planteado por el de Utrera y durante la primera mitad hubo momentos de cierto contagio, de juego directo, nacido de Amorebieta casi siempre, que buscaba la línea de ataque por vías que recordaron tiempos afortunadamente ya pasados.

Con todo, el equipo encontró el hilo de juego cuando aún quedaban veinte minutos para el descanso y de la asociación de Herrera y de Marcos -que nadie sabe fehacientemente en qué posición juega puesto que aparece por cualquier esquina del campo- llegaron las oportunidades. Para Aurtenetxe de cabeza, en remate flojo, para Herrera de tiro duro desde la frontal, y para Llorente, rematando de cabeza en la que fue la buena, tras pase de Oscar desde la banda en una jugada clásica que certifica que Bielsa no ha desterrado de este Club el juego más tradicional.

Si contra el Levante se destacó a los centrales, contra el Mallorca pasaron más desapercibidos, algo que es buena señal porque se debió a la revolución de los proscritos. Susaeta, que lleva un mes a un nivel más alto, Oscar de Marcos y un gran Iturraspe -ayer convenció- quisieron vengarse de su antiguo entrenador desplegando lo mejor de su recetario y lideraron la hora de buen juego que al Athletic le valió para obtener una renta que debiera resultar suficiente.

El descanso pasó factura al Mallorca, al que tras la reanudación se vio físicamente más flojo, y el Athletic con gol de cabeza de Muniain -¡qué cosas se ven en el fútbol!- apuntilló a un equipo que no se caracterizó por su ambición. Preocupados los baleares mucho más por no dejar jugar –con la complicidad de un trencilla benévolo- que por intentar volver a poner a prueba a Iraizoz, fueron pasando los minutos hasta que llegó el tercero de la tarde, anulado por González González a instancias de su asistente, un tal Rubio Palomino, de cuyo exceso de vista esperemos no tener que acordarnos dentro de seis días.

El partido que algunos aguardaban para volver al ataque con cansinas comparativas se resolvió de la forma que mejor viene al Athletic, ganando, lo que alimenta las opciones de avanzar en Copa y cierra debates y rumores poco beneficiosos en redes sociales y medios locales ávidos de morbo. Queda para el necesario intercambio de pareceres qué deparará lo físico para un equipo que cuenta en su once con los mismos nombres cada tres días, si no debió realizar Bielsa los cambios unos minutos antes o si para el Bernabéu no será conveniente dar descanso a alguno de los que más kilómetros acumulan en sus piernas.

Pero son debates constructivos, de esos que enriquecen, los que se dan cuando las cosas van bien, muy bien. Porque ya a estas alturas pocos discutirán la trayectroia ascendente de un grupo cuyo límite deportivo está por llegar y que nadie se atreve a vislumbrar cual puede ser, puesto que a pesar de todos halagos sigue existiendo mucho margen de mejora.

Chamartín espera. Centrados en la resaca del enésimo mejor partido del milenio, para el Athletic será una espada de doble filo. Puede aprovecharse del debate existente en la capital del imperio y sacar petróleo en el momento en el que más se empieza a cuestionar el modelo Mourinho o ser la víctima que se cobre el madridismo para recuperar el orgullo perdido.

La concentración, aprovechar las ocasiones, dosis de suerte y un arbitraje objetivo serán necesarios.

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Ocupando la posición que corresponde al juego

De golpe y porrazo, en dos partidos, parece que los de Bielsa se han conjurado para desterrar las dudas. Si la estrategia hasta ahora no había funcionado, era un serio handicap, en tan solo un par de encuentros se han transformado dos goles a balón parado, de córner, y ha comenzado a equilibrarse algo –aún hay mucho margen de mejora- la relación entre ocasiones y tantos.

Al margen de lo que indique la clasificación, que coyunturalmente, además, certifica la buena marcha del grupo, lo cierto es que un equipo que no pierde acaba siempre en un lugar destacado y más si las sensaciones siempre son las de que podía haberse conseguido algo más. Ha sido una constante durante toda la temporada salvo en contadas ocasiones –contra el Getafe, por ejemplo- y ayer no fue una excepción. No solo los rojiblancos golearon al Levante sino que pudieron marcar, incluso, algún gol más.

Y tiene mérito puesto que el Levante no se encuentra por casualidad en zona Champions tras casi cumplirse la primera parte, y porque el partido no fue tan fácil como el marcador indica. El Athletic tardó algo así como un cuarto de hora en encontrarse cómodo sobre el césped y ni tan siquiera el tempranero gol del colosal Amorebieta le facilitó el despliegue.

El equipo fue de menos a más, asentándose poco a poco mientras el juego de sus centrocampistas se afinaba, puesto que les costó adueñarse del cuero, de la posesión, y acertar en la distribución. Herrera comenzó fallón hasta que acabó por hacerse con la manija. Entre tanto, Amorebieta y Javi Martínez, dos mariscales que rivalizaron por ver quien se convertía en algo así como el MVP de la jornada, sustentaron al equipo destruyendo cualquier incursión del Levante. Si Javi Martínez con su juego va cerrando el debate de por qué Bielsa lo quiere en la retaguardia, Amorebieta se está ganando la consideración de toda la afición zurigorri puesto que se está descubriendo en él un libreto hasta ahora inédito. Brillante en la anticipación, pausado, con capacidad de jugar el balón… otro jugador, en definitiva.

Cumplido el cuarto de hora de encuentro, con el marcador a favor, el Athletic se encontró a si mismo. Con el control absoluto del esférico ya, haciéndolo circular con criterio y brillantez desde atrás, buscando la velocidad de los costados, empezó el asedio. Tras varias llegadas infructuosas por lo de casi siempre, es decir, precipitación, falta de precisión, etcétera, de Marcos protagonizó una jugada marca de la casa. Autopase en el área y pase a Llorente, de las de empujar, vamos.

Daba con ello cuenta el Athletic de otro rival europeo con una facilidad que no quitaba ni un ápice de mérito a la victoria. Lo hacía con cierta facilidad, como lo hiciera contra el Albacete, pero contra un rival de nivel, demostrando, una vez más, en un enfrentamiento contra los de la zona noble de la tabla que ha sido mejor que casi todos ellos, independientemente de los puntos atesorados.

La segunda mitad comenzó con el equipo con algo menos de brío. Cierto que era complicado calcar los brillantes últimos treinta minutos de la primera, pero el juego fue bueno, serio, de control absoluto. El Levante lo intentaba casi todo con un Barkero que en plena veteranía deja brochazos de jugadorazo que ha desaprovechado diez años de carrera, y un omnipresente y trabajador Koné, inasequible al desaliento. Pero el Athletic era muy superior en todas las facetas. En la defensiva, en la parcela central y rapidísimo en posicionarse ante Munua.

Si no llegaron más goles fue porque del Horno sacó sobre la línea uno cantado de Toquero o porque Muniain sufre una perjudicial ansiedad por su recuperar el protagonismo perdido el último mes, no se sabe muy bien si por cansancio físico, mental, o por una combinación de ambos.

Llega el Athletic a la parte más crucial de la temporada recuperando todos los puntos que algunos se habían afanado en retirarle del carné. Los insensatos e interesados críticos que hablaban de globos pinchados hace exactamente siete días por haber acumulado sendos empates a cero a domicilio, vuelven a los cuarteles de invierno. Ahora guardan en el cajón comparaciones interesadas, junto a la caja de parches y la bombona de helio.

Esto no para y en dos días hay Copa. Frente a un Mallorca al que su derrota frente al Real Madrid no le quita el mérito de haber merecido ganar y que de la mano de Caparrós endosó a la Real una goleada de las de marcar época en el torneo del KO. Pero es una eliminatoria distinta, con un Athletic confiado y al que cuesta ver perder, algo importante para torneos como ese.

Con Llorente recuperado, el potencial del equipo aumenta hasta límites muy ilusionantes. No solo por los goles que es capaz de transformar el de Rincón de Soto, sino por las opciones que da a sus compañeros ante los desbarajustes tácticos que causa en las zagas rivales su sola presencia en el campo, así que independientemente de lo que suceda en Copa este equipo invita al optimismo. Por lo que pueda pasar a corto plazo y porque el proyecto se afianza y cada semana que pasa los destalles son cada vez más ilusionantes.

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Paso adelante en otra competición más

Las dudas interesadas que algunos, artificialmente, habían sembrado en torno al juego del equipo, con alusiones a pinchazos de globitos, etcétera, se borraron de golpe y porrazo en los noventa minutos de ayer. El Athletic avanza en el torneo del KO, en la Europa League y sigue afianzado en una posición que le da opciones a casi todo en la Liga.

A pesar del contundente resultado, el partido no resultó sencillo, ni mucho menos. Por los méritos de un Albacete trabajador y bien plantado, pero sobre todo por la repetición de los fallos de un equipo que no acaba de certificar aquello a lo que apunta. Sigue costando una barbaridad hacer gol y aprovechar las ocasiones. Porque si bien es cierto que transformar cuatro goles no es tarea sencilla, lo cierto es que el Athletic dispuso de más de una decena de ocasiones meridianas e innumerables llegadas al área en ventaja como para haber solventado el partido desde el minuto dos.

Pero hay que ser comprensivo y paciente con Llorente, al que habrá que dar algo de tiempo para ajustar la mira telescópica de su arma de precisión, ya que su sola presencia provoca situaciones de ventaja al equipo por el arrastre de, como mínimo, dos defensores rivales. Las oportunidades que tuvo en breve se convertirán en goles a medida que la recuperación de la lesión le permita gozar de chispa. Su objetivo de participar en la Eurocopa se está poniendo caro por el rendimiento de Soldado o Negredo, por lo que puede que de ese pulso el Athletic salga beneficiado en la segunda vuelta liguera.

Mención especial merece, también, Susaeta, que transformó un golazo tras un brillante pase de Muniain por el centro –tómese nota del detalle- que mandó a la red con un gran golpeo en carrera. Eso es lo que se le solicita y el no verlo con frecuencia es lo que le impide al eibartarra pasar de ser una promesa a un jugador determinante. Porque en trabajo, constancia y participación en el juego es tan generoso que hace que para Bielsa sea imprescindible.

Evaluando con frialdad el juego, cabe reconocer que el Athletic no lo tuvo tan sencillo como el marcador refleja. Con el uno a cero, que no tardó demasiado en llegar, el Albacete no se desmoronó, consciente de que sus aspiraciones seguían pasando por la necesidad de meter al menos un gol, y las dos líneas de cuatro y tres hombres que dispusieron consiguieron frenar la elaboración que pretendían Iturraspe, Herrera o de Marcos.

La presión adelantada inicial de los manchegos recordó a la que plantearon allá por el inicio de temporada Rayo o Betis, pero en eso ha mejorado, y mucho, el Athletic que arranca las jugadas desde su portería con más solvencia. Los escasos escarceos del antiguo queso mecánico, además, fueron solventados por Javi Martínez haciendo gala de que su privilegiada zancada es lo que ha determinado que el Loco le confíe el puesto en retaguardia contra la opinión generalizada de la Bizkaia futbolística.

La segunda parte dejó momentos para el deleite de un San Mamés que volvió a dar razones del porqué de la diferencia del Athletic con otros clubes. Mientras el grueso de los campos de primera muestran el cemento de sus gradas jornada tras jornada, La Catedral gozó de una importante entrada. El golazo de Herrera, ovacionado cuando fue sustituido, el postrero gol de San José que evidenció la importancia de Pérez o López a la hora de ejecutar las jugadas a balón parado, o el increíble gol de Toquero de tacón, hicieron que el público marchase a casa con una sonrisa y numerosas anécdotas para amenizar el viaje a casa.

Una reflexión para finalizar. Si la vía para la renovación de Llorente pasa por el apego, según ha venido recogido en prensa, y a ello se está entregando Amorrortu, para buscar la vía sentimental que una al de Rincón de Soto con el Athletic más allá de 2013, en poco ayudan las diferencias que el aplausómetro reflejó entre la salida del nueve y la entrada de Toquero. Como afición, en muchas ocasiones, somos injustos. Nadie duda del trabajo de Gaizka, de su entrega, de lo que se ha ganado por méritos propios tras llegar a Lezama por la puerta de servicio, pero la importancia deportiva de Llorente merece mayor reconocimiento. Está bien que San Mamés presente cada partido una moción de censura a Patxi López propugnado a Toquero para ocupar Ajuria Enea, pero no estaría de más que, al menos, se solicitase la consejería del cariño para Llorente. Aunque sólo sea por egoísmo.

Y ahora toca hablar del Levante. Que nadie se equivoque guiado por los amigos del morbo, por los que buscan el relleno fácil de páginas de periódico, minutos de tertulia radiofónica o contenidos de teletiendas atendidas por vendedores de aspiradoras con nombre de Virgen. Hablar sobre quien ocupa el banquillo del Mallorca es algo accesorio, anecdótico, que no hace ningún bien a un Athletic que debe, de una vez, cerrar las heridas del proceso electoral.

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Nada más que un punto

Seguramente aquellos que en esto del fútbol tienen respuesta para todo sabrán explicar por qué ciertos campos se convierten en malditos para algunos equipos, el caso es que sea por lo que sea jugar en Getafe es sinónimo de partido con ganado para el Athletic.

En lo cuantitativo un empate fuera de casa, a priori, puede parecer siempre un buen resultado pero a estas alturas de campeonato, con un equipo al que en casa le cuesta ganar, no posibilita el salto en la clasificación al que el equipo por juego se había hecho acreedor hasta hace unas jornadas. Y debe quedar claro el matiz.  Porque en lo cualitativo el partido de Getafe sólo sirvió para acrecentar las dudas que ya generaron el partido contra el Oviedo en San Mamés o el del Albacete del pasado martes. Si antes del parón navideño los males del equipo se achacaban a la falta de frescura, el empate contra un Segunda B se justificó por la falta de ritmo y el clásico juego trabado que suelen plantear los rivales de inferior categoría. Sin embargo, lo de ayer evidenció que algunos de los jugadores que habían sido clave en el brillante juego del Athletic del mes de noviembre y parte de diciembre, están ausentes.

Iker Muniain no carbura, no se le ve cómodo sobre el terreno de juego; Ander Herrera no consigue erigirse en el catalizador de las jugadas de ataque; de Marcos lleva dos encuentros consecutivos siendo sustituido por su intrascendencia e Iturraspe sólo resulta insustituible para un Bielsa que parece ver en el juego del de Abadiño mucho más de lo que los aficionados apreciamos. Por si fuera poco, Susaeta sigue empeñado en pasar a la historia como el rey del ¡Uy!, el emperador del ¡Casi!.

Todo ello contribuyó a presenciar un mal espectáculo en el Alfonso Pérez, donde poco más del empate merecieron ambos equipos, igualados en casi todo: posesión, faltas, tiros a puerta, ocasiones y hasta tiros al larguero, uno para cada equipo.

Bielsa apostó por el mismo equipo que empató a cero en tierras manchegas y consiguió que se desplegase un juego similar, sin brillantez, alejado de lo que él propugna. Todo por la incapacidad del equipo de controlar el balón, de dar un pase en ventaja al compañero, de jugar con calma y sin precipitación. De hacer, precisamente, lo que consiguieron en una brillantísima jugada en el primer cuarto de hora, que propició una ocasión manifiesta de Iraola, marrada de mala manera, tras sacar mediante varios toques el balón desde el área de Iraizoz hasta situarlo en la contraria. Pero fue un espejismo.

Para la segunda mitad, en la que los locales empezaron mandando, el entrenador rosarino volvió a repetir receta: pasar a línea de tres centrales introduciendo a San José por de Marcos para buscar mejor presencia defensiva y mayor libertad de los laterales. No fue solución a los males del equipo. No se generaban llegadas a área rival, no existía profundidad ni velocidad en la circulación del balón, las bandas no eran referentes y el cortocircuito del centro del campo no tuvo arreglo en todo el encuentro.

Insatisfecho el cuerpo técnico, decidió remplazar a un Toquero prácticamente inédito para dar entrada a Llorente en lo que fue la única buena noticia del partido, su reaparición, aunque nada pudo hacer el de Rincón de Soto ante la sequía de su equipo. La entrada posterior de Ibai, con poco más de diez minutos de participación descuento incluido, resultó mera anécdota.

El consuelo, para el que lo requiera, deberá venir por la solidez de un equipo que pocas veces pierde, que ha ganado en solvencia defensiva con respecto al de inicio de temporada, al punto de convertir a Javi Martínez y Amorebieta en los más destacados cada jornada. La cruz resulta evidente: el Athletic ha pasado de tener un problema de falta remate, de efectividad cara a puerta, a ser un equipo que no genera ocasiones de peligro.

Las medidas tomadas por el entrenador, además, no parecen surtir efecto. La mera entrada de Llorente en el once, celebrada por todos por su importancia, tampoco dará por sí sola solución al problema. Se antoja necesario mayor dinamismo y velocidad. El juego de Muniain es el mejor sinónimo del comportamiento colectivo.

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Pésimo partido que lo fía todo a San Mamés

Una cosa son los sorteos benévolos y otra los paseos militares. Si alguien pensó que la Copa iba a ser cosa sencilla, sin desgaste, sin coste para el equipo, ayer tuvo respuesta en el Carlos Belmonte, un estadio que, a pesar de la inyección económica en el Club manchego de algún jugador internacional, presentaba un paupérrimo aspecto en su terreno de juego.

Ante la probable mayor concentración de partidos de competición que se recuerda en tiempo, Bielsa respondió a las dudas sobre las rotaciones con su alineación tipo, quizá buscando dar primero, encarrilar la eliminatoria lo antes posible para que a medida que pasen los partidos las exigencias no aumenten en exceso.

Pero sucedió lo contrario. El Athletic desperdició la posibilidad de llegar el próximo jueves a San Mamés con un marcador más cómodo. Todo porque en noventa minutos de tedio futbolístico fue incapaz de poner de manifiesto su superioridad, de convertir en peligro la posesión, en el partido de la era Bielsa que menos ocasiones de gol generó.

Empezó pronto a presionar el Albacete, buscando durante los cinco primeros minutos sorprender a los rojiblancos, y poco a poco el partido evolucionó hacia donde la lógica suponía, hacia el control del encuentro por parte del equipo de Primera. Pero esa mayor posesión no se transformó en nada positivo merced a la ausencia de velocidad, a los constantes fallos en la elaboración y en la entrega. Los rojiblancos se marcaron un encuentro con menos ritmo que un disco de Los Pecos, y así es difícil doblegar a nadie en el universo balompédico, sea de la categoría de bronce o sea de regional.

Evidenciando cada vez más que la falta de Llorente es un problema de orden mayor, con un Toquero que fracasa como referente atacante y al que solo se le ve cómodo en las caídas hacia banda, la espesura a partir de la línea del centro del campo fue tal que no obligó al portero local a protagonizar ninguna intervención. La ocasión del encuentro fue, sin duda, la que protagonizó Iraola, con un tiro que se fue al palo por la parte externa, tras brillante pase de Iturraspe, en la mejor jugada del partido. Ahí estuvo una de las claves, pero es una constante que este equipo desperdicie ocasiones, y el problema se convierte en drama cuando sólo se es capaz de generar una ocasión clara.

No gustó a Bielsa la disposición de su equipo en la primera parte, por lo que retocó el once inicial con dos sustituciones, las de de Marcos y Susaeta, y dio entrada a San José e Ibai, quien poco a poco comienza a ganar presencia. El dibujo también varió, pasando a los tres centrales y buscando la profundidad de los carrileros. Las intenciones, sin embargo, no solo se quedaron en eso, en mera buena voluntad, sino que el equipo se espesó más aún. Iturraspe, que no hizo mal partido, vio como Ander Herrera desaparecía y que Muniain no acababa de encontrar un hilo de juego, lo que ya no puede achacarse a la falta de frescura. Conduce en exceso Iker y no acierta a la hora de soltar el balón, ni en tiempo ni en forma.

El marcador deja demasiado abierto el encuentro de vuelta, más de lo deseable, pero parece evidente que el futuro en la Copa sigue siendo asequible si de lo que se trata es de ganar en San Mamés a un rival de segunda B por la mínima. Sólo preocupa, y no es baladí el asunto, el problema con la referencia en ataque. Si la lesión de Llorente no evoluciona de forma inmediata, es más que necesario buscar alguna formula alternativa a la actual.

Poco tiempo queda para probaturas y no existe, además, mucho donde elegir pues tampoco en el filial parece que despunte nadie. Tiempo y partido de sobra hay para comprobar si el entrenador idea alguna variante con los mimbres que ya tiene. A priori, parece claro que Muniain presenta más peligro centrado y cerca del área, que Toquero aporta más con libertad para caer hacia los costados o que la estrategia, otro gran déficit, sólo aparece con David López e Iñigo Pérez sobre el campo.

Por destacar lo poco positivo, al menos en tierras albaceteñas la defensa estuvo a la altura, con un Amorebieta sobresaliente, que no solo ha recuperado sus virtudes, sino que presenta una calma y un poso hasta ahora desconocidos.

Pero esto no para. Aparcada la copa hasta el próximo jueves, toca ahora capitulo liguero en el Alfonso Pérez de Getafe, campo incómodo donde los haya, y en el que se comprobará la viabilidad de aguantar vivos en tres competiciones. Porque en Liga urge seguir puntuando y de tres en tres.