+ 2

Para el Athletic se acaba la liga

Tras la tempestad del pasado jueves, esa que ha tenido a la Bizkaia futbolística sobrecogida, orgullosa, soñando, vino ayer la calma en forma de decepción y constatación de que el difícil objetivo Champions quedaba definitivamente en vía muerta. Por segunda vez en la temporada, Bielsa, según dijo tras consultar con los propios jugadores, decidió aplicar una rotación masiva por lo que media docena de los menos habituales formaron la alineación inicial. Con Ekiza y San José en la zaga por decisión técnica, forzado a que el lateral zurdo lo ocupase Iñigo Pérez por lesión de Aurtenetxe, y dando la oportunidad en el centro del campo a Gabilondo, Iñigo Pérez,

+ 3

Corazón de tango

A estas horas, por fin, el pulsómetro comienza a mostrar un funcionamiento normalizado del corazón y el cerebro a procesar, poco a poco, fotograma a fotograma, lo vivido en San Mamés, un cúmulo de sentimientos, de emociones, de sensaciones y de orgullo, de mucho orgullo por pertenecer a un Club distinto, especial, por tener la suerte de poder gozar de un asiento en La Catedral en una noche gloriosa como la de ayer.

El Athletic de Bielsa, al que ya nadie escatima elogios, se plantó ayer por méritos propios en una final europea por segunda vez en su ya bastante más que centenaria historia y lo hizo, como Sinatra, a su manera, combinando un fútbol de toque con las esencias de lo que San Mamés siempre ha aplaudido: entrega, velocidad y agresividad bien entendida. Una plantilla joven, jovencísima, con escasos recorrido y experiencia en la máxima categoría del fútbol, reivindicó con su juego una manera de ser, de vivir, de concebir el deporte. Se la ha contagiado un loco del fútbol, al que le costó explicar su idea, pero que una vez entendida sus pupilos han hecho propia.

+ 4

Una victoria de trámite

El de Santander, que parecía a priori más un partido de transición, propicio para dar descanso a bastantes de los jugadores que acumulan ya más de cincuenta partidos en sus piernas, no deparó excesivas sorpresas. Bielsa, que ha traído una nueva manera de concebir el fútbol a Bilbao, con la ambición en todo su esplendor por bandera, demostró que su objetivo por luchar por la Champions hasta el último segundo que la clasificación lo permita es más que sincero.

+ 7

Se puede. Estaremos en Bucarest

Quedan seis días para revertir la situación, para generar un ambiente de victoria, para hacer historia. Ahora, lo sé, parece complicado. No por el resultado, que no es el peor, aunque hasta digerir del todo el partido de ayer quizá no se valore en su justa medida. El Athletic nos ha malacostumbrado y los encuentros de vuelta de las dos últimas eliminatorias han resultado de trámite, al punto de hacer anecdótico el hecho de tener el factor cancha a favor. En esta ocasión jugar en San Mamés cobrará especial relevancia.

Cuesta aferrarse al optimismo por la mala imagen cosechada por el Athletic en Lisboa, de donde pudo salir sentenciado tras ser atropellado. Como a un melón, bastó abrir el partido para saber que no venía bueno. El primer minuto fue un avance, un tráiler, que resumió a la perfección la película que estrenaban Marcelo Bielsa y el joven grupo de actores que dirige, y que fue la peor de la saga europea.

Comenzó el Sporting desde el pitido inicial del casero Eriksson -que tiene más cara dura que dinero- a presionar, a buscar un juego acelerado, algo trabado, y de mucha intensidad, basado en movimientos rápidos aunque no muy precisos. Sa Pinto, esa fashion victim que gesticulaba constantemente en banda quién sabe si para atraer a las cámaras, decretó sitiar a Iturraspe como lo hacían los romanos con la aldea gala de Astérix y el de Abadiño se vio superado para gestionar la salida del balón, con innumerables y constantes pérdidas. Para buscar a Herrera y Muniain, desaparecidos, debía utilizar prismáticos, porque más que en Lisboa sus compañeros de medular parecían estar en Faro. Tampoco de Marcos está en racha, y se le pudo apreciar desde el inicio acelerado, desacertado, poco metido en el encuentro, obligado a hacer faltas y a ver, incluso, una tarjeta que le privará jugar la vuelta.

El juego del centro del campo, inusual, inconexo, eclipsaba a Llorente, forzaba las llegadas de los portugueses a la retaguardia rojiblanca que sustentaban brillantemente Ekiza y el mejor Amorebieta, por lo que, afortunadamente, el número de ocasiones claras del Sporting escasearon, sin intervenciones meritorias de Iraizoz. Llegar al descanso con empate fue lo mejor de la primera parte, lo máximo a lo que por juego y ocasiones se hizo acreedor el cuadro zurigorri, en la esperanza de ver un Athletic menos calamitoso tras la reanudación.

Y así comenzó la segunda mitad, con el equipo más reconocible, con algo más de posesión, hilando pases, con un Herrera reaparecido, un Susaeta más activo pero muy desacertado, y un Sporting de Portugal al que parecía pasarle factura el derroche físico de los primeros cuarenta y cinco minutos. A balón parado antes del cuarto de hora consiguió Aurtenetxe adelantar a los  leones vizcainos, pero el discurrir del partido invitaba a la cautela. El Athletic se creció y pudo dar el zarpazo definitivo si Amorebieta, chutando con la tonta y con toda la portería para él, no hubiese cruzado en exceso el balón hasta hacer que diese en la parte interior del poste. En esa jugada cambió la suerte de la eliminatoria, el Sporting volvió a tocar a rebato y los de Bielsa se transformaron en una caricatura de sí mismos.

Una intolerable falta de concentración de Susaeta permitió a Insúa aferrar a los lisboetas a la esperanza de sacar aquello adelante. Ahora el eibartarra padecerá diecinueve días y quinientas noches de láser verde por una falta de concentración impropia de una eliminatoria en la que el equipo se juega lo que se juega.  

Cuando el objetivo parecía defender el empate, que tampoco era mal marcador, el piscinero Diego Capel, en uno de los pocos instantes que permaneció en posición verticial sobre el campo, justificó por qué jugaba alineado en banda derecha. Su internada le permitió chutar con la zurda -su pierna- ajustado al palo, en un tiro en el que siempre quedará la duda de si con un portero de verdad se hubiese podido hacer algo más que presenciar una estirada para cubrir el expediente.

Que entrara San José por Herrera no fue más que la muestra de una plantilla que se queda en mínimos en cuanto falta algún jugador clave, léase Javi Martínez, de la misma forma que el cambio de Susaeta por Ibai -algo tardío quizás- fuera de manual, o de no resultar muy entendible la presencia de Toquero.

Toca ahora pasar el mal trago, intentar juzgar la derrota en su justo término, porque el hecho de que la imagen fuese muchísimo peor que el resultado obtenido no debe empañar las posibilidades reales, que existen.

La noche del próximo jueves puede ser, con mucha probabilidad, la última gran cita del vetusto San Mamés antes de ser derribado. Toca engalanar balcones y ventanas, aún más; hacer piña, hablar de fútbol y no de petroleras expropiadas, que los medios ayuden a concienciarse de que la victoria y estar en Bucarest depende de un resultado asequible contra un rival aguerrido pero al que no parece sobrarle gol. Si la peor versión del Athletic de la era Bielsa, con Muniain desaparecido, salió con vida del José Alvalade es porque toca estar en Bucarest y… rotar en Santander.

Así que tranquilidad y a esperar. Y si alguien desea saber cómo se puede llegar a Bucarest, que pregunte. Se le darán en este txoko respuestas de todo tipo: de posibles enlaces aeroportuarios, de número de escalas, de dónde coger el vuelo más barato, de qué compañías operan, del número de aeropuertos que existen en cada ciudad europea… sí, una muestra de euforia ahora frenada. ¿O ejercemos de bilbainos y vamos reservando? No descartemos nada… todavía.

+ 6

Objetivo cumplido. Próxima parada: Lisboa.

Ni tan mal. Que el Athletic consiguiese sumar los tres puntos en un encuentro plagado de emociones y homenajes previos, algo que no suele ser preludio de nada bueno en el caso de los rojiblancos, y que con ello sustente vivos aún, a falta de escasas cinco jornadas, los objetivos ligueros es para estar satisfechos.

La tarde no invitaba en lo meteorológico más que a sestear, preferiblemente en casa, y el enrarecido ambiente que lleva viviéndose en torno al Athletic desde el triste fallecimiento de Iñigo Cabacas acabó por enfriar la atmosfera de San Mamés. Al emotivo e impresionante minuto de silencio siguió un periodo de otros nueve que sumió La Catedral en una especie de velatorio, pero los jugadores, que habían hecho su particular memorial al chaval fallecido, entraron en el partido con ganas, moviendo el balón y buscando al Mallorca. Fueron de más a menos, con una primera parte en condiciones que fue perdiendo gas, como el encuentro, hasta dar con una reanudación que perfectamente podría no haberse disputado.

Para cuando el público dejó de mirar el reloj del marcador y acabó con los aplausos decretados por las peñas, el Athletic se adelantó, allá por el trece de encuentro, con un gol de Llorente, otra vez de cabeza, que no despreció una falta muy bien tocada por Ibai Gómez, sustituto de Muniain, y que aprovechó la oportunidad para seguir reivindicando minutos a un Bielsa dispuesto a atender solicitudes de ese tipo.

Nada cambió con el gol. El Athletic siguió a lo suyo, a trenzar fútbol desde la salida del balón, liderado por Iturraspe, y solo la falta de precisión de Iraola, Susaeta, Herrera y, sobre todo, de Marcos, que lo intentó todo pero que no le salió nada, evitó que pudiese llegar un segundo tanto. Cierto que el Mallorca envió un balón a la base del palo de Iraizoz, tras coger un tiro de Bigas un efecto que sorprendió también al portero local, pero no se hizo el Mallorca acreedor a nada, aunque bien sabido es que si por algo se caracterizan los equipos de Caparrós es por sacar un rendimiento máximo a sus escasas incursiones ofensivas.

La segunda mitad varió algo el panorama. Hasta a Joaquín Jesús debió parecerle sonrojante el escaso bagaje ofensivo de los suyos y tiró de banquillo dando entrada a Chori Castro, por aquello de intentar demostrar que Iraizoz estaba en el campo. Tuvo Castro el empate, pero tiró flojo sin obligar a Gorka a nada, y ahí acabaron las opciones de los insulares que vieron más cerca el segundo del Athletic que la posibilidad del empate. No estuvieron finos, con todo, los rojiblancos. Cuando no se falló el último pase faltó calidad en el remate, bien de Llorente, bien de Susaeta.

Para la anécdota quedó la vuelta a San Mamés de Gabilondo, en los que seguramente puedan ser los últimos minutos de su carrera en San Mamés, o el tiro al larguero de Toquero, en lo que hubiese supuesto el acierto en mi pronóstico a mi compañero de localidad –con lo que eso luce- cuando vimos cojear a Gaizka tras pelear fiel a su estilo un balón en defensa.

Los dos partidos disputados en casa en una semana se han cerrado con victoria por la mínima y en ambos ha maniobrado desde el banquillo Bielsa para dar solidez al equipo, con objeto de evitar que se volviera a dilapidar en los últimos instantes lo atesorado con bastante trabajo. Ayer aprovechó para dar entrada a Ekiza, otro que ha recuperado crédito a base de buenas actuaciones, y dejar a Javi Martínez ligeramente adelantado pero sin llegar a ser un mediocentro al uso. Ello obligó a Iturraspe a adelantarse, pero aunque sea Ander no es Herrera y la distribución del cuero en la recta final no fue la misma.

En lo no meramente deportivo, San Mamés se llenó de pancartas aludiendo al aficionado fallecido, y Llorente tuvo un bonito gesto tras brindarle el gol, le honra. Sí llamó la atención, sin embargo, una pancarta en el fondo sur que, en euskera, preguntaba al Club cuál es su estilo. Puede que la entidad no haya sido todo lo ágil que debiera en mostrar en público –importante matiz- su duelo a la familia, pero resulta kafkiano escuchar reivindicaciones de estilo, de educación, a integrantes de ciertos grupos que callaron los cuatro años anteriores no porque les gustasen las formas o la gestión, pero sí porque fueron debidamente favorecidos.

El Athletic cierra el ciclo de tres encuentros de Liga con siete puntos de nueve posibles antes de afrontar el que será el partido más trascendente de lo que va de temporada. Volver de Lisboa con la eliminatoria abierta es el objetivo, para lo que habrá que conseguir mantener la firmeza defensiva y marcar. Vaya semana de emociones para los athleticzales, porque si lo del Sporting de Portugal se espera con ansia, el sorteo dominical de entradas coperas ocupa mucho tiempo de las conversaciones. Que haya suerte. Y justicia.

+ 6

La inteligencia, un valor agregado (también en el futbol)



Cierta vez le preguntaron a Carlos Bianchi, el más exitoso de todos los entrenadores que hayan pasado por el Club Atlético Boca Juniors (y han pasado varios) porqué sus equipos eran tan ganadores, el “Virrey” respondió con simplicidad: “Porque tengo buenos jugadores, pero fundamentalmente, porque tengo jugadores inteligentes que no se confunden. Mientras no se confundan, seguirán ganando cosas”
Traigo este recuerdo a superficie, dos horas antes de que Boca Juniors salte a la grama del estadio del C.A. Tigre a defender el liderazgo del campeonato argentino y con el pasaje a 8vos. de final de la Copa Libertadores de América en el bolsillo, porque en este fútbol cambiante e impredecible y en donde el cielo y el infierno quedan a tiro de piedra uno del otro, la actualidad xeneize es bien distinta de la que se había generado hace un mes, por -según mi entender, que no es mucho- malicias ajenas y estupideces propias.
Me explico mejor:
Boca Juniors fue el ganador del último torneo argentino de un modo más que brillante. Invicto y con 12 puntos de ventaja sobre el segundo… si, si doce.
Basado en la solidez de una defensa férrea que solo encajó 6 goles en todo el torneo, y una efectividad notable, el equipo cantó el alirón con absoluta justicia y sin demasiados cuestionamientos (es sabido que si ponemos el “metro patrón” del Barcelona de Guardiola, todo sabrá a poco)
Ocurre que en el receso, durante el verano argentino, el Técnico del equipo Julio César Falcioni, tuvo la idea de no querer hablar más con un personajillo de los medios, periodista deportivo, tan escuchado como despreciable, y entrar a sufrir la típica campaña rastrera que estos personajes del micrófono saben ejercer contra quienes “osan” no darles notas.
Haciendo gala de toda la hipocresía y la mala fe que estos roedores parlanchines pueden aplicar, el equipo -cuando aún no se estaba en competencia oficial- entró a sufrir todas las criticas que no había sufrido durante la competencia: “Juega mal” … “aburre” … “es mediocre”
Yo -que por una cuestión de higiene mental- escucho poco a estos lenguaraces, me preguntaba que si Boca Juniors era mediocre, que quedaría para el resto, desde el segundo a 12 puntos de distancia hasta el último!
La cuestión es que este charlatán de radio es muy escuchado y tiene mucha influencia sobre colegas y sobre protagonistas.
Él lo sabe y lo utiliza.
Y así fue que el Boca Campeón invicto, se convirtió en apenas unas semanas EN LAS QUE NO HABIA FUTBOL , en el peor de los equipos de la historia vernácula. Hasta aquí, todo bien… pero ocurrió lo que me temía, lo que no puede ocurrir, lo que se buscaba con esta campaña mediática encabezada y liderada por un vil y seguida por una corte de abominables: SE CONFUNDIERON LOS JUGADORES y comenzaron a declarar frases tales como: “tenemos que mejorar”… “No jugamos a nada”… “algún día la suerte se nos va a acabar”
¿Es que alguien en su sano juicio puede creer que se están 36 partidos y un año entero sin conocer la derrota a la grupa de la suerte?
¿Se puede sacarles un campo de ventaja a los otros 19 participantes con la fortuna como único argumento?
Naturalmente que se puede discutir el modo y el sistema empleado por un equipo, que esto es fútbol en definitiva… lo que no se puede es menoscabar un logro avalado por números por demás elocuentes!
Y fue así que los jugadores que se hicieron carne de esa campaña, disfrazada de “critica objetiva” y que declaraban que debían cambiar su manera de jugar, perdieron en una semana solamente, un invicto de 36 partidos , comprometieron seriamente su clasificación a la próxima fase del torneo que más anhela el hincha de Boca, como que ya está en nuestro ADN y recibió en dos partidos –los dos como local- 7 goles … (uno más que los recibidos en todo un torneo disputado solo dos meses antes)
Seguramente, esas dos semanas negras, con amague de renuncia incluidas por parte del entrenador (que agarró por el pescuezo al periodista de lengua bífida en el aeropuerto de Ezeiza) fueron de mucha charla interna, de mucho limpiar los trapos sucios dentro del grupo, de mucho fortalecer precisamente eso: El equipo.
De acordarse de Carlos Bianchi y ejercitar aquello de: “si los jugadores son inteligentes y no se equivocan, seguirán ganando cosas”
Afortunadamente, Boca Juniors alcanzó nuevamente la cima de las posiciones en el campeonato local y ha ganado por Copa sus dos partidos ante el siempre duro Arsenal de Sarandí (el equipo fundado por “The Godfather”) y también a vencido a Fluminense en Brasil, devolviéndole las gentilezas y cortándole una racha de 35 partidos sin perder por torneos internacionales.
Ahora nuevamente los diarios y los periodistas hablan de lo bien que juega Boca, de lo sólido que es, de que es un club ganador por genética y de que es el principal candidato a ganar la Libertadores … y pasaron solo dos meses!

¡Periodistas! … ¿será que de cuando en vez, hay que tomar a alguno por el cuello y apretujar? … yo prefiero la “no violencia” y contar con jugadores inteligentes.
Finalmente… Bill Shankly tiene su estatua en Anfield... Matt Busby la propia en Old Trafford… para cuando la de Carlos Bianchi en Brandsen 805! (Parafraseando al tango: “no habrá ninguno igual… no habrá ninguno”)

+ 4

Un empate que supo a derrota

No hay manera. El Athletic no termina de engancharse a posiciones europeas, no quiere ser el tuerto en ese país de ciegos que es la lucha por la cuarta o quinta plaza, esas que posibilitan librarse de jugar previas en agosto. Quien busque la lectura positiva, exclusivamente, deberá conformarse con la capacidad de reacción, con un equipo que no ceja en su empeño hasta conseguir algo positivo. También con que es muy difícil que este Athletic pierda. Pero hasta ahí. Poco más.

Porque el empate arrancado in extremis en Granada supo a derrota. Por numerosos motivos, el más claro la imposibilidad de arrancar los tres puntos ante un equipo llamado a luchar por mantener la categoría hasta el último suspiro liguero. Los de Bielsa acumularon tal número de errores que la igualada, el menor de los males, no libró a los aficionados de un regusto amargo tras el encuentro.

No había terminado de acomodarse el personal en sus butacas (o en el taburete del bar) cuando Mikel Rico, hipermotivado, un producto en venta, aprovechó un garrafal movimiento defensivo del Athletic para poner a prueba los defectuosos despejes de Iraizoz. El portero navarro detuvo su tiro, cierto, pero una vez más desvió hacia dentro del área, donde Romero no perdonó. Si en el partido de la primera vuelta, en el de San Mamés, el Athletic ya padeció las consecuencias de un Granada ultradefensivo que atesoraba ventaja en el marcador, en Los Cármenes, a las primeras de cambio, se autoinfligía lo que ya se conoce como un froilán, o sea, un tiro en el pie.

Se sucedieron unos minutos de desconcierto hasta que las aguas volvieron a su cauce: el Granada a acumular futbolistas en su campo, hasta dos líneas de cuatro, y el Athletic a intentar practicar su fútbol, liderados por Iturraspe, una vez que consiguió entrar en juego, y las asociaciones de Iraola y Susaeta. Hubo algunos momentos de fútbol trenzado, del habitual, pero no conseguían los rojiblancos percutir el área rival. Desesperados andaban por la falta de efectividad de la posesión, cuando un buen movimiento de Muniain y el posterior pase dejaron solo a Iraola frente a Julio César para que fuese derribado por Romero, de nuevo protagonista, y Undiano, ese hombre, señalase el consiguiente penalti y expulsión.

Pena máxima y Athletic no son sinónimos de alegrías, por lo que Llorente, que lo lanzo más por obligación que por convicción –la cara, el espejo del alma, lo decía todo-, marró su cuarto penalti consecutivo en Liga. No es cuestión de avivar un debate que lleva abierto demasiados años, ni de cargar contra el riojano, porque lo cierto es que en este equipo no es que nadie dé un paso al frente, es que todos huyen de la responsabilidad, desde Muniain, que se dio la vuelta, hasta Iraola, veterano y otrora especialista que ya nada quiere saber. El comentario, generalizado, es que es un problema importante que urge una solución, puesto que huelga recordar la importancia de los lanzamientos desde los once metros en las semifinales y final que se deberán afrontar en breve.

Con desventaja en el marcador más el mazazo del penalti fallado se iban al descanso los leones y poco tardó tras la reanudación Bielsa en cambiar el planteamiento. Contra un rival en inferioridad consideró que sobraba un defensa y sacrificó a Aurtenetxe para dar entrada a un Ibai que va ganado enteros entre los considerados por el rosarino. No es que el Athletic notase demasiado el cambio, puesto que a pesar del dominio total, la posesión, abrumadora, no se traducía en llegadas claras ni en tiros a puerta.
Sí hubo, sin embargo, una jugada clave, que pudo cambiar el devenir de la segunda parte, cuando Muniain, que recibió en ventaja para romper a la zaga del Granada en velocidad, decidió tirar de protagonismo, de militar en el egoísmo cristiano –de Ronaldo, no se me enfaden los comulgantes- y tirar de manera patética ante Julio César en lugar de regalar un gol cantado a Llorente o Ibai, puesto que, para más inri, tenía donde elegir.

Con ese panorama, habiendo puesto la respiración asistida al Granada por dos veces, volvió a aplicar el bisturí Marcelo Alberto, dando entrada a Toquero, para buscar la agitación, y sustituyendo a Herrera, un cambio que todo el mundo espera ya hacia la hora de encuentro. Y en otro desmán táctico, en otra muestra de una palmaria falta de concentración, de lectura errónea del encuentro, una jugada de ataque mal llevada acabó en falta a favor del Granada, en la que concurrieron la pillería de los locales, la falta de astucia de un Susaeta que no evitó el saque y la laxitud de Undiano, quién sino él, que obvió que el balón estaba en movimiento. La falta se convirtió en un pase de gol y el Granada, ver para creer, transformaba el dos a cero.

Rozaba el ridículo el Athletic, cuando supo sacar ese orgullo y capacidad de pelea que es el único denominador común con el equipo de los últimos cuatro años, por lo que a base de insistir los últimos minutos, de dominar y de empujar, logró maquillar el marcador, puntuar y salvar los puntos. Pudo ser mejor, pero no era el día. Los fallos de todo tipo, en portería, en defensa, en los movimientos del centro del campo, en las asistencias desde las bandas, en las llegadas al área por el centro, unidos a la ya famosa falta de pericia en el remate, dejaron la imagen de uno de los peores Athletics de la temporada.

Merece la pena detenerse a reflexionar sobre la actuación de Muniain. Preocupa su actitud. Una cosa es la personalidad, que bien entendida es un activo impagable en el fútbol, y otra el macarrismo mal entendido. Las cámaras de televisión mostraron que una vez más, y la constante reincidencia preocupa, se enzarzó en una de sus habituales reyertas sin balón de por medio. Acumula demasiadas esta temporada, todas ellas sin que los colegiados las hayan apreciado, afortunadamente. De verla Undiano hubiese abandonado el campo, puesto que concurrían en Iker dos circunstancias golosas para don Alberto: ser jugador del Athletic y haber nacido en navarra, algo que no suele perdonar el trencilla, vengador justiciero de ese navarrismo rancio que tiene Ibaigane como eterna obsesión.

Porque del arbitraje podría hablarse. No es normal lo de este colegiado. Hubo varias jugadas que le retrataron, pero la principal fue la impunidad con la que pudo actuar Siqueira, con una entrada a Llorente merecedora de expulsión y que quedó impune, para que acto seguido una falta incluso discutible de Iturraspe mereciese tarjeta amarilla. Para la anécdota la posible roja para Nyom, por un golpe en la cara a Susaeta, resuelta con cartulina amarilla, o la amonestación a Amorebieta, que ni tan siquiera cometió falta, y en la que a Undiano le traicionó su ímpetu.

A la espera del enfrentamiento contra la troupé de Caparrós el próximo domingo, algo descafeinado e intrascendente tras el empate cosechado en Granada, el entorno rojiblanco sigue conmocionado por la muerte de Iñigo Cabacas e indignado por la respuesta del Departamento de Interior. A falta de respuestas concretas, de medidas, de que esa investigación ordenada por Rodolfo Ares determine algo, la manipulación ordenada por la Consejería y difundida por EITB empieza a sonrojar. Que se intente justificar la carga policial, desproporcionadísima, por una pelea entre dos personas, escandaliza. Que se presente la detención de esas dos personas como muestra de la buena labor policial mientras nada se sabe de los responsable de la acción, sonroja. La Ertzaintza está haciendo el ridículo, perdiendo toda credibilidad. Lo sucedido es gravísimo, no ya sólo por la lamentable e irreparable muerte de Iñigo, sino por las actuaciones de los dispositivos de seguridad que venían desplegándose en San Mamés. A este respecto, me quedo con las reflexiones de Josu Orbe en su blog. Debemos reflexionar sobre el modelo de seguridad que queremos en San Mamés y, como indicaba Juan Carlos Latxaga en un comentario de ese post, señalar con el dedo el comportamiento de algunos de los nuestros dentro del propio campo. Es una asignatura pendiente que después de lo sucedido en jueves santo se encuentra en convocatoria de gracia. 

+ 0

El Athletic se viste de luto

La muerte de Iñigo Cabacas, aficionado zurigorri que cometió el tremendo error de estar en el sitio inadecuado en el peor momento, me ha pillado de sorpresa mientras pensaba cómo resumir los últimos dos partidos disputados en plena Semana Santa. Los tópicos, esos recursos fáciles para los que, como yo, nos dedicamos a escribir con mucha voluntad pero poco don, hubiesen dado, seguramente, como titular algo así como Resurrección liguera del Athletic o algún titular facilón semejante que ahora, tras la tragedia, podría, incluso, parecer de mal gusto.

La desproporción policial, presuntamente -seamos generosos-, ha imposibilitado que una persona que decidió el pasado jueves prolongar por las calles de ambiente rojiblanco el disfrute de lo vivido en el campo, no pudiera presenciar ayer una más de esas faenas de los pupilos de Bielsa que encandilan ya a toda Europa.

Postrado en una cama de una habitación de la UCI de Basurto, a escasos metros de donde el jueves, seguramente, especularía con viajar a Lisboa o soñar con estar en Bucarest mientras presenciaba como el Athletic plantaba cara a un Schalke 04 que prentendía vender cara su piel, ha luchado por mantenerse con vida, hasta fallecer hoy por no poder resistir al boquete que tenía en la cabeza, expresión de su madre que resultó muy gráfica para describir su estado.

Las redes sociales arden de indignacion ahora. Gran parte sincera y otra parte, la menor, interesada, que intenta mezclar asuntos de interés político. En cualquier caso, un clamor que exige explicaciones puesto que las ofrecidas hasta ahora por la Ertzaintza parecen insuficientes además de inverosímiles. Los testimonios de los amigos de Cabacas resultan concluyentes y dejan traslucir una carga salvaje, excesiva, propia de otros tiempos que creíamos afortunadamante superados.

Dicen las fuentes oficiales que se llegará hasta el final, que habrá una investigación de lo sucedido. ¿Y qué más da?, ¿qué se arregla con que el autor o autores abandonen el cuerpo, vayan unos meses a la carcel? Lo verdaderamente importante, la vida de una persona, no se soluciona. El exceso de celo policial ha vuelto a pasar una factura no ya cara, sino impagable. Y llama la atención, porque ese mismo cuerpo policial, bajo las órdenes de sus actuales rectores, ha tenido actuaciones que han sorprendido por condescendientes con ultras de otros equipos. Y es, además, reiterada, porque hace unas semanas la propia prensa vizcaina ya denunció una brutal actuación policial que hirió a un fotógrafo de El Mundo.

Ahora que en Bizkaia sólo cabe disfrutar, que en plena crisis económica existe un equipo que sirve de alegría a una provincia que llena balcones y ventanas con sus colores, un pelotazo de goma lanzado a menos de veinte metros, salvajemente, ha paralizado la euforia que rodeaba al fútbol.

La increíble mejoría de Susaeta, jugador en el que pocos creían hasta hace poco, el fútbol de batuta de Iturraspe, la magia de Muniain, los ya habituales goles de Llorente, la genialidad intermitente de Herrera, los eternos desmarques de de Marcos, un Amorebieta que destaca también con Ekiza de pareja, las subidas de un Iraola que transforman la banda derecha del Athletic en la de Brazil... fueron algunos de los detalles que la brutalidad policial impidieron disfrutar al pobre Iñigo el domingo.

Un Athletic que va camino de convertir la temporada en histórica, que acumula veinticinco victorias, que marca fechas en rojo en el calendario con finales y semifinales, pondrá una nota negra en su inmaculado expediente deportivo por razones ajenas al fútbol. Pero si la familia rojiblanca se precia de ser distinta -lo es-, no debería dejar caer en en olvido lo sucedido. La situación exige una respuesta por parte del Club, algún gesto.

El silencio que desde la Consejería de Interior están intentando conseguir, además, avergüenza. A nadie escapa quién es Rodolfo Ares, qué representa, cómo maneja los medios. A nivel estatal ya ha logrado que informativamente lo sucedido resulte anecdótico. Lamentable La Sexta, prebostes de la progresía, con una reseña en tiempo de deportes, por ejemplo. Que no nos engañen, que no lo silencien, que no intenten confundir. La brutalidad policial, la carga desproporcionada, han acabado con una vida. Pero es más. Esa misma brutalidad, aplicada sobre quienes pedían una ambulancia, amigos de la víctima, retrasó la presencia de las asistencias sanitarias.

A la familia de Iñigo, a sus amigos, la solidaridad, el abrazo y el pésame más grande desde este blog. Le ha ocurrido a él, como pudo pasarle a cualquiera que se hubiese cruzado con ese puñetero pelotazo de goma. Esperemos que en la gabarra vaya un recuerdo para él. Goian Bego.

+ 1

Los deberes del Athletic

Aunque no es habitual hacer balances cuando quedan por disputarse los partidos más trascendentes de la temporada, no parece ahora mal momento para reflexionar sobre algunos aspectos, antes de que los resultados deportivos condicionen y contaminen cualquier idea, máxime en el entorno del Athletic, donde tan dados somos a la exageración, capaces de celebrar por todo lo alto una derrota sin paliativos en una final copera como de echar mano de la calculadora y pensar en evitar el descenso por haber tropezado en cinco encuentros ligueros consecutivos.

Alcanzados los cincuenta partidos de competición oficial, la sensación para quienes vivimos la gabarra siendo niños es la de estar disfrutando de una de las temporadas más ilusionantes que hemos vivido, con un equipo que, salvo muy improbable catástrofe, alcanzará por segunda vez en su historia la semifinal de una competición continental y, por tercera vez después de la histórica del 84, la final copera. Todo ello, sin embargo, en medio de un debate interesadamente enrarecido, en el que algunos siguen siendo reticentes al reconocimiento.

A pesar del enfriamiento por el parón sufrido tras una buena marcha en la Liga, con la sensación, siempre subjetiva, de acumular menos puntos de los merecidos por el fútbol  practicado, el Athletic se encuentra a las puertas de tener que tomar decisiones importantes.

La principal pasa por la necesidad de renovar a algunos de sus jugadores, de atarlos, con objeto de blindar la base de un equipo con potencial y futuro, algo para lo que se antoja necesario maximizar los ingresos, que llegarán vía cuotas de socio del nuevo campo y de la casi obligación de participar con mayor frecuencia en competiciones europeas. Esto último no debiera ser excesivamente difícil, visto el nivel deportivo de una Liga que, poco a poco, y salvo los dos primeros clasificados, demuestra un debilitamiento del potencial deportivo medio, con clubes rayando la quiebra o sumidos en procesos concursales.

Para ello, sin embargo, parece más que claro que el actual plantel de jugadores resulta insuficiente. Si bien es cierto que Bielsa ha sido especialmente reacio a explorar las posibilidades de su ya de por sí corta plantilla, la herencia recibida no era todo lo equilibrada que debiera.

La línea defensiva parece ser la mejor cubierta, con las dudas de la alternativa para el lateral derecho, ya cubierta como solución de urgencia desde la etapa de Caparros con de Marcos, pendiente de una alternativa que pasaría por la esperanza de que Jonas Ramalho llegue a ser el futbolista que se espera; la otra, la izquierda, depende de la recuperación de un Xabi Castillo que parecía en pretemporada gozar del plácet del entrenador. El descubrimiento de Javi Martínez como central ha posibilitado, además, tener cuatro jugadores para dos puestos, una nómina más que suficiente, si se le añade la posibilidad de contar para el eje con Aurtenetxe o un Gurpegi recuperado.

Más problemas presenta el centro del campo, no tanto por número de efectivos, que también, sino por las peculiaridades de la forma de jugar del rosarino y las exigencias técnicas que los que ocupen la parcela ancha deben tener. Los Herrera, de Marcos e Iturraspe parecen incuestionables y cuando las circunstancias obligan a tirar de Iñigo Pérez el nivel parece resentirse. Beñat, jugador del Betis, aparece como un hijo pródigo de interés para llenar el armario de prendas que merezcan la pena, pero nadie habla de importes económicos que no parece que puedan asumirse fácilmente. El ya mencionado Gurpegi, un comodín al que a buen seguro Bielsa hubiese dado muchos minutos, es una incógnita cuyo rendimiento dependerá de una recuperación complicada por la tipología de lesión y la edad que ya acumula.

En bandas, ante la segura baja de Gabilondo, la solución económicamente asumible podría pasar por una oportunidad para Ismael López, que con 21 años destaca en el Lugo, y que podría servir como alternativa para, por ejemplo, poder suplir a Muniain o dejar que éste actúe más centrado, dando más versatilidad a una plantilla donde Ibai ya aparece como relevo para ambas bandas, tanto en la izquierda como en esa derecha que Susaeta se ha apropiado para dejar a David López como eterno suplente. Por otra parte, faltaría el lesionado Igor Martínez, rápido y dotado de mucha movilidad, que seguro hubiese tenido alguna oportunidad con Bielsa.

Pero el verdadero problema de la plantilla, el trascendental, pasa por lo que se ha denominado la prueba del nueve. La constatación de que la ausencia de Llorente provoca que el equipo pase de ser puntero a mediocre. No existen alternativas, Toquero luce como jugador de primera como segunda punta y cayendo a bandas, pero evidencia todas sus carencias como referencia. Aduriz parece una opción imposible por el alto coste que supondría incorporar a un jugador de ya 31 años y en el Bilbao Athletic no se atisba ningún goleador, principal carencia del equipo de Ziganda. La última opción pasaría por la repesca de un Urko Vera que no convenció a Bielsa en su momento. En este punto, la tarea de Urrutia y su junta es complicada. No solo por tener que renovar sí o sí a Llorente en términos asumibles por la entidad, sino por la necesidad, además de buscarle suplente.

No acaban ahí los problemas del presidente. Le queda por delante gestionar el sorteo de las entradas para la Copa. Tiene mucho que perder, pero también una oportunidad de ganar puntos, de demostrar que el silencio existente es para preparar un sistema claro y transparente, en el que se describa claramente cuál será el número de tickets para compromisos, cuál el destinado a socios y, sobre todo, que se pueda constatar que no han existido tratos de favor ni asignaciones opacas.

El resto de asuntos, importantes también, pasan por una necesaria reforma estatutaria o solucionar asuntos que han generado dudas del peso de la entidad en la Federación y LFP. Horarios, arbitrajes y fecha o sede para la Copa no han dejado una imagen de firmeza de la entidad de Ibaigane en ambos foros.

+ 8

El guión estaba escrito, el Athletic tenía que perder

Cuando el verano pasado el malayo José María del Nido, abyecto personaje cuyas frases esconden más mentiras que palabras, afirmó aquello de que ésta era una liga de mierda, ni tan siquiera él era consciente de que a falta de siete jornadas para el final el tercer clasificado, con la posición para la Champions prácticamente asegurada, estaría más cerca del descenso que del segundo clasificado. El detalle, que no es sino la plasmación en números del desequilibrio en que está sumida la competición, tuvo su culmen el sábado en el Camp Nou.

Nadie quitará a la afición zurigorri la sensación de que de haberse disputado ese encuentro en condiciones distintas, con un Athletic algo más descansado y sin las apreturas de calendario en que está sumida su corta –por número de jugadores- plantilla, algo muy distinto se hubiese disfrutado.

Bielsa, que para bien o para mal, nunca pone excusas a las derrotas ya previno que el cansancio no serviría como pretexto, aunque los hechos evidenciaron que sí lo temía, razón por la que decidió dar descanso de inicio a cuatro de los futbolistas que conforman su once base, o sea, Amorebieta, Herrera, Muniain y Llorente.

Quienes entraron en su lugar, Ibai, Iñigo, Toquero y Ekiza, junto al resto de habituales, salieron al campo a darlo todo, a frenar al Barcelona e intentar emular el partido de la primera vuelta, pero medió un mundo. El Athletic estuvo a merced de los culés, sin prácticamente llegadas al área de Valdés, con la posesión más pobre de la temporada y, por primera vez este curso, corriendo detrás del esférico como en ejercicios anteriores. Con todo, la presencia de Ekiza, al que las malas actuaciones recientes de San José hicieronn gozar de una oportunidad, junto a Javi Martínez y el buen trabajo de Iturraspe permitió amarrar a un Messi al que no se vio cómodo en todo el encuentro.

El Barcelona, que llegó con frecuencia a la portería de Iraizoz no generó excesivo peligro, bien porque se topó con Gorka, portero que conoce el verbo parar pero que aún no conjuga bien blocar, o incurrieron en fuera de juego. Pasaban los minutos y el dominio abrumador barcelonista no se traducía en goles, hasta que allá por el cuarenta una garrafal e infantil pérdida de balón de Ibai acabó en tanto del rostro pálido de Fuentealvilla.

Marcelo Alberto, en un gesto más de cara a la galería que creíble para la afición del Athletic -e, incluso, de su propio vestuario-, optó en la reanudación por dar entrada a los que había dado descanso. Muniain y Herrera ocuparon sus posiciones habituales, pero el juego no mejoró en exceso. Fue un gesto controvertido, que ha desatado el debate, por lo innecesario de acumular más minutos en unos futbolistas que serán más necesarios en otros momentos de la temporada, pero el rosarino es así, guste o no guste. No obstante, sí queda la sensación de que pudo ser víctima de los siempre tramposos halagos de un Guardiola cuyas comparecencias dan la sensación de no esconder nunca demasiada sinceridad.

Por si el asunto del horario del partido era poca ayuda para los locales, la designación arbitral tampoco había caído con agrado en Bizkaia, y Mateu Lahoz, el profeta del sigan, sigan volvió a demostrar ser un fraude, una mentira, un personaje inventado, una caricatura de juez, un cobarde que sólo luce pito en su mano, un despropósito. Él, que no quiso ver ni faltas ni contactos en el centro del campo, señaló a Javi Martínez otro de esos penaltis con que ya acostumbra a castigar a los rojiblancos y el dos a cero subió al marcador cuando el Athletic parecía haberle cogido algo más de aire al encuentro.

Que acto seguido Llorente saltase al terreno de juego o que Muniain marrase una ocasión más que clara fueron anécdotas en una tarde de monólogo local. Este show está montado para lo que está montado y las protestas morirán ahogadas ante el interés mediático, dominado en Madrid y Barcelona, porque esto siga igual de desequilibrado o más. El guión estaba escrito, el Athletic tenía que perder.

Quedémonos, pues, con el juego de un Ekiza que reivindicó un sitio dando su mejor versión, que el entramado defensivo permitió anular a Messi o que, a pesar del dominio, los blaugranas no bombardearon a unos leones diezmados por la falta de descanso. Es importante de cara al veinticinco de mayo.

Pero no debiera el Athletic seguir en la dinámica liguera en que se halla inmerso, con un punto de quince posibles, y que le ha dejado enclavado en la clasificación en zona de nadie. Si bien es cierto que con lo realizado podría tener, al menos, hasta cuatro puntos más a nada que la pericia –vocablo que Bielsa ha dejado en herencia para el diccionario futbolero local- se hubiese dado con cuentagotas, ganar al Sevilla el próximo domingo debe ser obligación para recuperar posiciones, orgullo y moral.

Mientras, San Mamés se dispone a vivir el jueves otra noche espectacular que esperemos algunos no intenten ensuciar esta noche desde ciertas tertulias con aquello de que a estas alturas de campaña el pasado año, a estas alturas, se sumaron siete puntos más en liga. Porque al margen de poder discutirse el cómo o la fortuna, el hito de alcanzar la final de Copa o unas semifinales de UEFA sólo se ha dado en este Club en la temporada 77-78. Disfrutemos de algo histórico y dejémonos de debates interesados e impostados por aquellos que desean abrir heridas en base a intereses personales. Bucarest bien vale un salvoconducto liguero.