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Extraño como un pato en el Manzanares

Cuatro mil kilómetros en dos semanas siguiendo al Athletic para volverte con un saco repleto de seis goles minan la moral de cualquiera. Eso, unido a los sesenta y tres encuentros que el Athletic ha disputado esta temporada, llegan al punto de saturar hasta a aquellos que somos unos yonkis rojiblancos, por lo que se antojan necesarios unos días de descanso para poder tomar distancia, olvidar lo sucedido en ambas finales y apreciar en su justa medida todo lo que el Athletic nos ha hecho disfrutar, que ha sido mucho a pesar de que ahora cueste ponerlo en valor.

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Que el fracaso no deteriore nuestra autoestima

Hay veces que un vídeo, breve, es suficiente para emocionarte, para hacerte reflexionar y para motivarte. Lo que le espera al Athletic el viernes es difícil, muy difícil, más aún que lo de Bucarest. Cierto. Es David contra Goliath, la cantera local que abarca una circunferencia de radio de poco más de cien kilómetros con origen en el centro de Euskal Herria, contra la cantera global que adereza sus carencias con fichajes de relumbrón.

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El Firulete (haga uso pero no abuso)

Mayo, casi acercándonos al ecuador del año - ¡que rápido! - y en todos los países de este lado del mar se aproxima el final de los torneos.
Al argentino le quedan 5 fechas para definir, no solo el campeón, sino los que perderán la categoría e irán a jugar la temporada próxima a la “B” Nacional. Categoría que a partir del descenso de River, muchos comunicadores pretenden hacernos creer que tiene más brillo que la Premier League...
Si no fuesen tan ridículos algunos de los comentarios y los titulares de algunos periódicos que se han visto en estos meses, les juro que los reproduciría en este espacio… pero correría el riesgo de que pensaran que exagero.

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Toca recuperar el ánimo. Sí se puede.

Las declaraciones tras lo sucedido en Bucarest y antes de viajar a Valencia, esas en las que los jugadores hacían propósito de enmienda, calificaban como oportunidad para reivindicarse, ocasión para olvidar lo sucedido o minutos para demostrar que la debacle rumana se trataba tan solo de un tropiezo, quedaron en mera palabrería. El Athletic, demasiado flojo en lo anímico y carente de ideas de línea de tres cuartos en adelante, volvió a preocupar por la fragilidad de su ánimo, por la vulnerabilidad de una zaga que ha convertido la portería en una red de enmalle a la deriva que no hace sino pescar cualquier balón que merodee su área.

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Crónica de un viaje a ninguna parte

Pues sí, recuperado mínimamente en lo físico, que en lo anímico está costando algo más de la cuenta, habrá que intentar pasar los apuntes a limpio, aunque el concepto de libreta forofogoitia tenga dueño y no pretenda, ni mucho menos, tener problemas de derechos con nadie ni intentar emular al bueno de Iñaki.

A diferencia de lo que suelo hacer tras cada partido, ni me molestaré en analizar el encuentro, la final, porque qué más dará ahora quién jugó mejor o quién peor. Poco arreglaremos ya, y a nada bueno contribuyen algunas de las críticas -pocas, es cierto- más aceradas que he podido leer, que ha sido escaso, quizás por la necesidad de coger cierta distancia ya sobre lo sucedido e intentar cargar la batería del ánimo y las ganas, de reverdecer sensaciones, volver a pensar que queda otra final, que tampoco será sencilla, pero que en fútbol todo es posible.

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Emoción y esperanza

Si el partido del sábado resultó un trámite tras quedar el tren liguero en vía la muerta en Zaragoza, donde los menos habituales cuajaron actuaciones dispares, las horas hasta el miércoles empiezan a hacerse eternas. No hay conversación en calle, oficina, medio de transporte o taberna que no se centre en el asunto de las entradas, de los viajes, de las probabilidades de volver con la copa o de cómo quedar para verse en Bucarest.

El Athletic ha despertado a Bizkaia como hacía años que no lo hacía, recuperando el orgullo por el equipo a niveles inéditos desde los ochenta. Las tiendas oficiales arrasadas, las gentes, los balcones, las ventanas repletas de distintivos zurigorris y, lo más importante, con los más pequeños orgullosos de portar la rojiblanca y de ser del Athletic.

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El nuestro, en Bucarest

Tenía razón Marcelo Bielsa cuando afirmaba el pasado martes que el Madrid era el equipo que había merecido ganar la Liga, el más regular, el que menos había fallado, no con el fútbol que más enamore, sobre todo en contraposición al del Barcelona, pero con una efectividad y una pegada suficientes como para sentenciar la Liga a falta de dos jornadas, y de la que volvió a hacer gala anoche en San Mamés.

El Madrid superó al Athletic, fue superior, le bastó con esperar los fallos de los rojiblancos y sentenciarles a la contra. La bisoñez se paga, más frente a fieras futboleras como la que ha confeccionado Mourinho, y las entregas inocentes, los fallos no forzados como los protagonizados por Iñigo Pérez en el segundo gol, por ejemplo, rompen a un equipo definitivamente. Que alguien lo anote para dentro de pocos días.