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Sin demasiadas señales para el optimismo

El edificio con problemas de estructura en que se ha convertido el Athletic volvió a ser sostenido por Aduriz -que seguirá siendo, para algunos, un albañil del fútbol- con la inestimable colaboración, esta vez sí -quizás primera en la temporada-, de un Iraizoz que fue clave en una victoria inmerecida, obtenida con una total ausencia de fútbol, sobre todo en la primera hora de partido, con un naufragio defensivo que no fue trascendente por la racha que atraviesa un Mallorca absolutamente negado cara a puerta.

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Y ahora, ¿qué?

Podíamos empezar por hacernos los graciosos, hablar de que los mayas hablaban del Athletic cuando se referían al doce del doce del doce. Sí, ya. Ni puta gracia. O subirse a una caja de San Miguel y a grito pelado arengar a la masa para acudir guadaña en mano a Lezama y posteriormente a Ibaigane. Exigir el cese de Bielsa, la salida inmediata de Llorente y la dimisión posterior de Urrutia sería lo que al calor de lo de ayer pide, aún, el cuerpo.

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¿Regreso al pasado?

Se trataba de ganar, de obtener los tres puntos, de poner cierta distancia con respecto a las posiciones de descenso. Y se consiguió. De manera sufrida, trabajada, sin brillo, con un fútbol trabado, aburrido, más propio de otra época. Pero se consiguió. No es poco para una entidad que en verano decidió tomarse en el sentido más literal aquello de vivir a lo loco.

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Hasta nunca, Fernandito

Qué quieres que te diga, Fernando, para este viaje mejor sin alforjas. Porque no has dicho casi nada nuevo, y lo novedoso ha resultado pobre, poco creíble, te deja en peor lugar aún y eso que no era fácil socavar más la tumba que tu entorno te ha preparado.

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En esta Liga de puente aéreo en la que el reparto de millones, puntos, récord de goles o favores arbitrales viaja sin remedio de Madrid a Barcelona y viceversa, a nadie sorprendió la goleada en el Camp Nou. Lo que no esperaba -o no deseaba- el aficionado rojiblanco era, de nuevo, un Athletic timorato, acomplejado, entregado, que sobrevivió futbolísticamente veinte minutos a base de una correcta circulación de balón en zona intrascendente hasta que llegó la primera situación de peligro. De córner, disciplina en la que el Barça no destaca y en la que el Athletic naufraga.
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