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Vacaciones con buena nota

Sacó adelante el envite el Athletic, que es de lo que se trataba, y sigue encaramado a la cuarta plaza, el objetivo, por mucho que algunos miembros de la plantilla prefieran vivir de espaldas a la realidad que impone ser deportista profesional, y se va de vacaciones navideñas con la conciencia tan tranquila como lleno el orgullo.

No era un encuentro sencillo, acostumbrados estamos a petardazos de este equipo, tradicionalmente, cuando el viento de popa es propicio para dar saltos de calidad, pero el Athletic de Valverde se ha convertido en una máquina firme inasequible al desaliento e inalterable, en lo anímico, a los cambios en el guión.

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Athletic y Muniain se regalan autoestima

Sopla viento de popa para el Athletic de Valverde, es indudable. La derrota sufrida en Balaídos ponía al equipo en la tesitura de remontar una eliminatoria en este San Mamés, además de ser una piedra de toque evidente para comprobar la madurez del equipo, que era aparente hasta ayer, y la personalidad de una plantilla joven, sí, pero con un grado de experiencia que le obliga a dar un salto.

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La copa fuerza la primera reválida

Pues son ganas de complicarse la vida, la verdad. No buscado, puesto que el Athletic tuvo opciones más que claras para haber podido obtener algo positivo en Balaidos que encarrilase la eliminatoria, pero la dichosa falta de pericia, aquel concepto tan bien definido como mal resuelto por Bielsa, evitó que los rojiblancos evitasen seguir engrandeciendo esa leyenda urbana por la cual tienden siempre a las primeras de cambio a aguar el vino. Si la victoria frente al Barcelona permitió a la afición sacar pecho por aquello de ver al Athletic como líder de su Liga durante quince días, la ilusión copera, que desde el sorteo estaba bajo mínimos, ha durado lo que los peces de hielo en las canciones de Sabina.

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Victoria para prestigio y orgullo

No pudo salir mejor la apuesta de Valverde ni tener mejor homenaje Beti Duñabeitia. Un Athletic convencido y convincente certificó, por fin, que su aspiración a optar a uno de los puestos europeos no es ninguna quimera y que si la plantilla decide demostrar en el campo lo que procura esquivar en ruedas de prensa, es decir, su candidatura a la cuarta plaza, la cosa, aunque complicada, puede ser alcanzable.

Porque si bien es anecdótico que el Athletic duerma esta semana como líder de la que es su liga, no lo es el hecho de haber alcanzado esa posición tras ganar de manera merecida a un Barça que no es lo que era, cierto, pero que dobló la rodilla en San Mamés por los aciertos de un equipo que supo, de principio a fin, a qué debía jugar.

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La remontada como costumbre y recurso

Aburre, por recurrente, seguir mencionando que el Athletic vence pero no convence, que su juego insulso no encandila, cuando sigue encaramado a las posiciones nobles de la tabla y con la sensación de que, a pesar de tener muchos más puntos que juego, ha sido superior en la mayoría de los partidos a sus rivales.

Adolece el Athletic de juego, indiscutiblemente. El equipo ni combina con acierto ni tan siquiera aprovecha las bandas para, al menos, suministrar balones en condiciones a sus delanteros. Sin embargo, destaca por estar más asentado en defensa, a pesar de que la tendencia a conceder regalos de los últimos años se mantiene, y reforzado en el centro del campo merced al rendimiento de un madurado Iturraspe, clave en los aspectos más destacables del equipo en la medular. Ander, acompañado de un Mikel Rico –algo más apagado ayer en Málaga- que aporta una mordiente desconocida en el Athletic, manejan con soltura al equipo, conectando defensa y medias puntas con acierto.

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El Athletic pierde crédito

Dos decepciones consecutivas en un mismo fin de semana han servido para enfriar la euforia, por mucho que el Athletic siga sosteniéndose en los puestos nobles de la clasificación, lo que sólo refleja el nivel de una competición más que pobre. A ello ha contribuido no solo el pusilánime comportamiento de la plantilla sino los ataques de entrenador de que ha sido víctima un Valverde cuyas decisiones técnico-tácticas resultan incomprensibles.

A estas alturas casi todo el mundo sabe cuál es el rendimiento de Toquero como nueve, por lo que su titularidad frente al Elche fue tan extraña como incomprensible. Si el cuerpo técnico consideraba necesario un toque de atención a Aduriz hubiese parecido más lógico justificar la suplencia de este con el debut de un Guillermo cuya presencia en las convocatorias sólo parece entenderse como una forma de acallar la campaña de promoción del joven delantero por parte de El Correo Español.

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Victoria tediosa basada en detalles positivos

El nuevo navajazo al fútbol que se perpetró esta vez en Getafe, otra vez de la mano de una de las televisiones de Berlusconi, la complicidad del inefable presidente de la LFP y con el Getafe y el Athletic (un fijo) como estrellas del cartel, no pudo resultar más rentable para los intereses de los rojiblancos. A un fútbol que invitaba al bostezo, a ponerse el pijama y empiltrarse en el descanso, se unía el aspecto desolador de un estadio que simboliza como nada en qué están convirtiendo los dirigentes la competición.

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Solvencia económica y honestidad

No se puede decir, desde luego, que el Athletic pase por un mal momento. Con el mejor arranque liguero en veinte años –indiscutible desde el punto de vista cuantitativo-, y con una situación económica envidiable para lo que se estila no ya en el arruinado mundo del fútbol, sino en la coyuntura económica mundial, muy mal debería hacerlo la actual Junta Directiva para no dejar una brillante herencia dentro de dos años.

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Un Athletic que no transmite

Cuando se pierden la intensidad y las ganas, cuando se juega a verlas venir, pasa lo que pasa. Que, con suerte, se empata. Y es que no termina, a medida que pasan las jornadas, de parecer que este nuevo Athletic de Valverde, debidamente reforzado, al menos en función de las capacidades del Athletic, de dar el paso al frente que se esperaba. Cierto que ocupa posiciones europeas, a priori el objetivo, pero la sensación que transmite no es la de un bloque que sepa a qué juega, que tenga las ideas y los conceptos claros.

Y ahí el primero que parece tener dudas es el propio técnico, que jornada tras jornada continua con probaturas y ensayos. El domingo, sin ir más lejos, tocó invento en punta con de Marcos de referencia ofensiva, motivado por que el de Biasteri presenta tarjeta de goleador y Aduriz pasa por una racha francamente preocupante. Tocó retoque, también, en el costado izquierdo, una banda, donde Saborit no parece ni valorar ni agradecer la arriesgada apuesta del míster al convertirle en jugador de primera; Laporte volvió a su posición natural, la de central, donde volvió a cometer un error de bulto por esa peligrosa suficiencia –quizás su único pero importantísimo defecto- de la que hace gala; y Muniain completó, de nuevo, un partido gris en el que colaboró haciendo trabajo para el equipo pero que le sigue manteniendo alejado de aquel estilo que hizo que fuese etiquetado como crack demasiado pronto.

Y eso que el Athletic comenzó el partido mandando, pero mandando a su estilo, con un dominio intrascendente y con llegadas de las que no meten el miedo en el cuerpo al rival, hasta que el Valencia decidió estirarse y hacer daño con poco, con muy poco. Ello le bastó para dominar el encuentro hasta los veinte minutos de la segunda parte, con un equipo rojiblanco que hacía algún que otro amago por banda derecha con un activo pero, como casi siempre, desacertado Susaeta.

No lo pasó bien el Athletic tras volver a encajar un gol de penalti tan claro como absurdo e innecesario, cometido esta vez por Laporte. El asunto de las penas máximas no deja de ser curioso: mientras los colegiados pasan por alto los cometidos sobre los leones, se muestran inmisericordes a la hora de señalar cualquier cosa punible en área bilbaina, otro detalle más, como el de los horarios, que ilustra el respeto que despierta la entidad de Ibaigane en los estamentos del fútbol.

Pudo salvar un punto el Athletic tras costarle sostener al Valencia, que ocasiones tuvo para aumentar la ventaja, pero se topó con la actuación de un Iraizoz bien plantado o de su propia falta de puntería. Así las cosas, con el movimiento de banquillo de Valverde la cosa varió algo, no tanto por el acierto de unos cambios que denotaban cierta enmienda al planteamiento  inicial, sino porque el Athletic, por fin, decidió darle a su juego un marchamo más propio de los encuentros de casa.

Con poco, con muy poco, se consiguió empatar, con tan solo una jugada en la que Susaeta centró bien, de Marcos anduvo listo en la peinada y Mikel Rico aprovechó para marcar lo que no se puede perdonar. El problema fue que hasta entonces costó hilar una jugada de ese tipo. Y ya tocó, una vez más, y van demasiadas, la heroica, algo que no siempre es sinónimo de conseguir la victoria, puesto que si en fútbol alguien decidió que los partido duren noventa minutos parece ridículo empeñarse en resolverlos en los últimos quince tras desaprovechar el resto.


A pesar de lo que indique la clasificación, siguen existiendo demasiados interrogantes. La posición de un Rico que fue de menos a más y que agradeció que alguien tomase en su lugar la posición de medio centro; que Beñat, un lujo lo pagado para tan solo aprovecharlo a balón parado, en cuanto a la duración de la pila no parece ser el conejo de Duracell; que Herrera sigue con la mente alejada del Athletic, en algún lugar entre Zaragoza y Manchester; que Aduriz necesita marcar un tanto como sea para salir de una situación que le mantiene bloqueado; y que el equipo necesita recuperar otra versión de Muniain que permita equilibrar un juego por bandas demasiado escorado a la derecha. En definitiva, muchos aspectos en los que mejorar pero al menos tranquilidad desde el punto de vista clasificatorio.

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Un preocupante paso atrás

Ni tan siquiera una actuación digna del Athletic podrá alegrar mínimamente hoy a Beñat Zarrabeitia, en cuyo pellejo no me gustaría ver a nadie, ahora que le ha tocado ser coyuntural víctima de la reminiscencia por el pasado que tanto pone a la carcunda cavernaria española, esa capaz de diseñar operaciones policiales que no caben en la lógica de los nuevos tiempos, salvo que coincida con el interés por la estrategia del palo y zanahoria al españolito medio, es decir, a ese ciudadano que el día en que le vuelven a robar la cartera a modo de presentación de presupuestos neoliberales y cercenadores de derechos, celebra alborozado una macrooperación contra el abertzalismo.

Se le echa de menos a Beñat, con quien de vez en cuando tengo la suerte  de compartir espacio en GARA, y cuyos tuits sobre el Athletic, el fútbol en general o la cultura de este país tanto interés despiertan. En un día en que estuve, por motivos profesionales, bastante desconectado de las redes sociales, fue un tuit, precisamente, lo que me alertó de que no estaría esa noche opinando, como casi siempre, sobre los avatares de este nuestro Athletic.

Y mucho hubiese podido decir del paupérrimo juego, de la escasa actitud, del decepcionante comportamiento del equipo rojiblanco. Claro que esas cosas, con este grupo, pasan casi siempre. La ventaja competitiva que otorga jugar con la tranquilidad de conocer los resultados ajenos, único aspecto positivo de esa condena mediática de tener que trasnochar los lunes –padeciendo, además, a los carrascos, carreños, Kikos o ramosmarcos-, no solo no fue aprovechada por los zurigorris, sino que lejos de eso los noventa minutos desplegados en Granada fueron una pesadilla futbolera que siembran demasiadas sombras tras verse algo la luz el pasado jueves contra el Betis.

Repitió alineación Valverde, señal inequívoca de que el camino que busca se había iluminado en el último partido, pero los mismos once que entonces convencieron consiguieron cuatro días después acabar de golpe con las ilusiones. Un Athletic desastroso, impreciso, lento, descentrado, fue desarbolado por un Granada que se mueve en la nada futbolística, pero al que, como una semana antes el Espanyol, le bastó el músculo para vencer a una troupe pusilánime.

Sustentados por una actuación más que digna de Gorka, sobre todo cuando el encuentro se convirtió en un correcalles con el dos a cero, incapaz de aprovechar las opciones que hubo, cierto que más en la primera mitad que en la segunda, incapaz de trenzar dos pases, de mantener la posesión del esférico, lo cierto es que el Athletic firmó una actuación triste que pone en evidencia la ausencia de tensión competitiva (irresistible la comparación, en estos casos, con un Atlético de Madrid que en este aspecto está en las antípodas) y la escasa ambición de un plantel que no parece consciente de la oportunidad que le brinda una competición de nivel lamentable.

En medio de esa vorágine de balones perdidos, de juego directo que recordaba épocas que creíamos superadas, el Athletic tuvo unas cuantas opciones de gol en la primera, pero Aduriz sigue perdido en su particular niebla futbolera, Susaeta sobresalió en entrega pero sigue siendo el rey del casi y a Ibai se le atragantaron las entrevistas y portadas que se le dedicaron por tan solo una buena actuación contra el Betis. Eso, y que a ese Herrera que pasa por ser la cabeza amueblada del fútbol –insisto, con muebles de Ikea- le debió de pesar saberse observado desde la grada por emisarios del United –eso dice, al menos, el de casi siempre en el medio católico que publica noticias deportivas tras los anuncios de contactos- cometiendo un penalti absurdo e innecesario que se cobró rápida y diligentemente el mismo linier que pasó por alto uno más claro sobre Aduriz con el área menos poblada.

No sé qué recorrido tendrá este desconcertante Athletic a corto. Es de suponer que Valverde volverá a coger la podadora, y no estaría de más que le dé por cerrar la tijera en el lateral izquierdo, toda vez que el parche Laporte en esa posición naufraga jornada tras jornada, que repase la titularidad de unos centrales que parecen voluntarios de Cáritas y que enmiende un centro del campo donde el trío Rico-Beñat-Herrera se entienden tan bien como Rajoy con los periodistas anglosajones.


Porque si alguna certeza existe a día de hoy es que de las jornadas disputadas solo se puede salvar el encuentro frente al Betis, prometedor pero no tan brillante como se pretendió vender, pero que el equipo en general, y todos los futbolistas a nivel individual, se encuentran a años luz del nivel que se esperaba de ellos.  

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Cuando siempre falla el abecé

Oficio. Fue lo único que necesitó el Espanyol de Aguirre para que el Athletic se viese superado de principio a fin del encuentro. Todo ello acompañado de una intensidad marca de la casa del mexicano, que ya pudo verse y conocerse desplegada en aquel digno Osasuna que entrenó. Y esa simple mezcla de colmillo retorcido y sudor fue suficiente para desarbolar a un Athletic tiernito, inocente, que se caracteriza tan solo por hacer bien lo que en fútbol es fácil –pases horizontales en el centro del campo- pero que falla irremisiblemente en lo complicado, en lo que da el valor añadido: la defensa contundente y la materialización de las ocasiones.

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Herrera nos quiso vender un tranvía

Cuentan, e incluso Berlanga lo reflejó en un corto, Se vende un tranvía, que en el Madrid de mediados del siglo ya pasado se dieron supuestos casos en los que avispados habitantes de la capital llegaron a dar timos consistentes en vender un tranvía a gentes de pueblo –prepotentemente calificados como paletos, término que todavía hoy se usa en la capital española- que llegaban a la ciudad para realizar gestiones.

Tras visionar la rueda de prensa que Ander Herrera concedió a los medios el pasado miércoles, no pude evitar la comparación. El futbolista, sereno, seguro de sí mismo, buen orador para lo que el mundo del fútbol acostumbra a presentar en las comparecencias, intentó salir con dignidad de la rocambolesca situación  –por calificarla de manera generosa- que se dio el lunes en el edificio donde Tebas sigue campando a sus anchas.

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La profesionalidad, Ander, la profesionalidad

La profesionalidad. Acordémonos del concepto. La profesionalidad. Fue la razón por la que los carriles de la vasco-aragonesa le vieron llegar a Ibaigane y la que a puntito ha estado de situarle en Manchester. Ahora verse jugando en el Teatro de los Sueños puede que lo considere una pesadilla. Cosas del fútbol, que diría aquel.

La profesionalidad, esa a la que todos nos remitimos para justificar un cambio de trabajo, salvo en el caso del fútbol, donde el concepto sólo lo aplican los del gremio, por corporativismo, por el hoy por ti y mañana por mi.

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La película de todos los años

Es una sensación similar a la que se sentía al poner TVE y ver Verano Azul. Así, como de reposición, que conoces sintonía, inicio, desenlace y final. Y siempre es parecido, similar, sean los actores los mismos, distintos, el sistema uno u otro, la defensa zonal o al hombre. Un Athletic blandengue, acobardado, de circunstancias, que aguanta como puede, con la mejor cara posible, hasta que encaja el primer gol. Y a partir de ahí, la cuesta abajo merengue.

Tampoco hoy se ha variado el guión, con retoques con respecto a los partidos anteriores, con la presencia del fichaje Rico como hecho más relevante para dar –bueno, intentarlo-consistencia al centro del campo. El timorato Athletic no ha sido, una vez más, rival para un Madrid que al tran-tran, sin grandes dosis de juego ni de ambición, ha sentenciado cómodamente el partido.

No es para rasgarse las vestiduras, ni mucho menos, de hecho acumular seis de nueve puntos no es mal bagaje. Pero siempre se espera más, bastante más, porque todos los años algún equipo da la campanada en el Bernabéu, pero casi nunca le toca al Athletic, que se ha transformado en un cómodo visitante para los madridistas.

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Más puntos y esperanza que buen juego

Arrancar curso bloguero un 26 de agosto y llevar ya dos jornadas de Liga consumidas sólo sirve para seguir retratando una competición calamitosa, de inicio cada vez más cercano a julio, con parones posteriores absurdos para dejar tiempo de preparación mundialista a la cosa de del Bosque, con la única emoción de resolver el descenso y los puestos europeos del tercero hacia abajo, con horarios más absurdos, si cabe, para hacer huir a los aficionados de los estadios.

Es lo que tiene la competición bipolar, esa que se pretende que solo tenga interés en lo mediático vía puente aéreo, con dos equipos endeudándose de forma intolerable, con el equipo de Madrid dispuesto a cometer una tropelía económica que no se sabe si volverá a financiar la rescatada Bankia. Es el pan y circo en el que hemos decidido militar y aunque concibamos el deporte de manera distinta también acabamos por formar parte de él.

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Un arranque de temporada esperanzador

No deja de tener su cosa, su gracia, que de la noche a la mañana el Athletic haya pasado de ser un frenopático rojiblanco a un balneario petado de miembros de actitud flower power. Los medios, que hace cosa de un mes apretaban y apretaban para sembrar la discordia por la no renovación de Marcelo Bielsa, venden ahora la normalidad alcanzada de la mano de Valverde con una naturalidad sonrojante.

Es divertido, francamente. Leer hoy en el diario correoso y español -ese que para cubrir las vacaciones de su intoxicador de cabecera vuelve a dejar de guardia al mismo novillero al que el año pasado le quedó tan grande la faena- glosar a Valverde por la metamorfosis lograda en tiempo récord, resulta hilarante. Como si los medios fuesen meros testigos de la crispación, se limitasen a recogerla en sus páginas, en sus minutos de radio, y no fuesen los primeros contribuyentes en su generación, se refieren a la tensión del último año como algo ajeno, lejano a su acción. Tampoco tiene desperdicio que en el mencionado diario, y tras destacar la paz lograda por un Txingurri al que presentan como el apagafuegos de Ibaigane, se deje caer que Urrutia, que ha dejado de estar en la diana de las críticas, será el primer señalado en caso de que los resultados no avalen la acción del entrenador cacereño. A algunos les pueden las ganas.

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Dejen salir antes de entrar

La presentación de Valverde no ha causado sorpresa ni en la estación espacial MIR toda vez que nadie en Bizkaia dudaba de la identidad del inquilino del banquillo para la próxima campaña incluso desde antes de conocerse en boca de Urrutia que Bielsa no continuaría vistiendo el chándal rojiblanco.

Urrutia, dicen que asesorado por Arana, aunque bien podía estarlo por el propio Pedro Arriola, cabeza pensante de un Rajoy con el que el lekeittarra guarda demasiadas similitudes (comunicación desastrosa, mensajes vacíos de contenido y que aguanta hasta que amainen los temporales cuando toma decisiones polémicas cuyas justificaciones procura ocultar) ha esperado dos semanas para anunciar lo obvio. Durante ese periodo hemos podido observar una hilarante campaña por parte de Vocento intentando abrir la brecha entre afición y directiva.

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Bielsa merecía formas propias del estilo Athletic

A nadie pilla ya por sorpresa casi nada en este Athletic, por lo que el anuncio de rueda de prensa de Urrutia, para un viernes y a la hora de empezar a tomar vinos, que ya son ganas de meter el dedo en el ojo a los periodistas, no deparó demasiadas sorpresas. Ni en la decisión comunicada –o algo parecido-, ni en las formas, ni en la riqueza de los mensajes, ni en la frialdad de lo transmitido.

Todos dábamos por amortizado a Bielsa desde hacía ya meses, así que huelgan ahora todas estas muestras de dolor impostado, que en la mayoría de los casos obedece a intereses bastardos más que a una admiración real por Marcelo Bielsa, que bien la merece. Se está utilizando al rosarino más como excusa para abofetear a Urrutia, ganada a pulso, que como merecedor de una salida por la puerta grande de Ibaigane. Pero este Athletic, más cainita a medida que con los años acumula procesos electorales, lleva en campaña electoral dos años y aún le aguardan otros dos por delante.

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San Mamesen heriotzean

"Azken hatsa huela bertsoik sakonena"

Ahora que resulta fácil dejarse llevar por la nostalgia, que las emociones están a flor de piel tras el homenajea lo que no deja de ser una construcción de hierro y hormigón, pero que tan dentro llevamos como escenario de muchas de las ilusiones vividas durante mucho años, no está de más recordar, como bien decía ayer Iñaki Murua, que tenemos futuro, intentar dar la importancia justa al momento y al hecho, quedarse con que todo es un punto y seguido, para seguir con la historia prácticamente en el mismo sitio.

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Se abre el telón para la rumorología

Pues terminó la pesadilla en Vallecas, dejando el partido el mismo sabor agrio de toda la temporada tras un encuentro voluntarioso de los rojiblancos, incluso meritorio por haber dado la cara en inferioridad numérica, pero que no acabó en victoria por lo de casi siempre, los incorregibles fallos individuales que han sido una constante y el principal lastre de un año aciago.

Para la anécdota queda el encuentro de Vallecas toda vez que nada se jugaba el equipo y después de que no sirviese ni tan siquiera para haber maquillado algo la clasificación final. Aduriz, hipermotivado, pagó el peaje a su exceso de ímpetu ante una hiena como Muñiz, ese colegiado con aspecto de oficial de las SS alemanas y que tiene la misma simpatía por el Athletic que los germanos de esa época por los judíos. Reventado el partido para los diez minutos por esa lacra para el fútbol que es el hijo del linier amigo y acompañante de Manolo Diáz Vega, otrora árbitro, ahora mandamás en la Federación, el Athletic no se deshizo y procuró aplicar el recetario Bielsa de la mejor manera, quizás como homenaje de despedida al que algunos dan ya como sustituido por Valverde.

No va más en lo deportivo, se acercan las vacaciones para la plantilla a falta de la disputa de la pachanga del miércoles, y comienza la hora de rellenar durante casi dos meses los espacios deportivos de los medios con balances y análisis, en aquellos medianamente serios, y de rumorología barata en los malintencionados o los militantes en el frikismo periodístico.

Se despide, por fin, Llorente, sin lágrimas como en San Mamés, agasajado por aficionados rayistas, que algo habrá hecho bien el del pueblo de las peras para que en Madrid volviesen a aplaudirle, esta vez no los Ultra Sur, pero sí los sobrinos de Ramoncín.

En estas andamos cuando Valverde anuncia que no renueva por el Valencia, para alegría de Vocento, que ya da por hecho el fichaje, no porque tengan fuentes en Ibaigane que lo confirmen, que a estos, además, las confirmaciones de las noticias les importan un bledo, ya se vio con el asunto del Nacional de Montevideo, sino porque de esta forma meten algo más de presión a Urrutia, enfadan a los defensores a ultranza de Bielsa y hacen que el entorno zurigorri sufra las mismas consecuencias que la aldea gala de Astérix tras el paso de Detritus en el genial álbum La Cizaña.

Ya sabemos que a estas alturas nadie da puntada sin hilo en la defensa de sus intereses, y los de Vocento, encargados los remiendos al novillero Juanma Mallo, cuyas puntadas parecen dadas con las amarras del buque Muñatones, son tan creíbles como las informaciones que han ido dando para el banquillo. Recordemos que en el último mes El Correo Español, en sus páginas de deportes, esas que van situadas tras los anuncios con fotos de meretrices –lo primero es lo primero-, han afirmado que la opción era Ziganda, para apostar después por Valverde, a la vez que tampoco descartaban que siguiese Bielsa. Una estrategia maravillosa para ir al casino y jugar a la ruleta, apostar por todos los números, y luego vanagloriarse de haber acertado el número. Cara, sí, pero con un ciento por ciento de efectividad. Unos genios estos tipos que en sus informaciones mentan más, directa o indirectamente, a Andrés Arana que a cualquier otro miembro del Club. Obsesiones mezcladas con estrategias desestabilizadoras. ¿Alguien recuerda cuántas veces mencionaron a Jabyer Fernández el primer año de la era Macua?. Ya, sí, lo sé, qué preguntas más absurdas se me ocurren. Será que es lunes.

Mientras, Urrutia permanece callado, algo en lo que reincide a pesar de que son legión los que le recomiendan bienintencionadamente que se mueva, que sea ágil, claro y transparente, puesto que ni Bielsa merece ese trato ni parece adecuada la sokatira estratégica que se vislumbra en las ruedas de prensa. No pasa nada por defender un cambio de entrenador, por mucho que Bielsa guste, es legítimo que lo haga puesto que las urnas aún avalan su mandato y a la mayoría nos faltan datos en clave interna, aunque la rumorología sí apunta a la difícil convivencia con el rosarino dentro del Club.

Sea porque se vea que el ambiente es irrespirable, porque no convence la apuesta del argentino de no reforzar el equipo con fichajes externos, porque se considere que el ciclo ha finalizado, que Valverdo o el propio Ziganda son opciones más acordes con la opinión de caseta… sean cuales sean las razones, lo único que se le pide a Josu es agilidad, valentía y que evite en la medida que pueda que algunos sigan utilizando cualquier situación con ánimo desestabilizador, que es lo que está sucediendo, máxime con un volcán ante los medios como es Bielsa, un personaje quizás más valorado por la envolvente – me refiero a algo más que al chándal- que por los méritos exclusivamente deportivos de su bienio.

Por si las cosas no estaban suficientemente enredadas ha tenido que surgir el inoportuno de turno, el perejil de muchas salsas, un yonki de la atención mediática. No seré yo, en coherencia, quien desde un blog afee a otro socio lo que afirma en el suyo, ni mucho menos quien cercene su derecho a opinar. El problema radica, como ya sucediera con José Luis Bilbao en su momento, en que Iñaki Anasagasti vuelve a utilizar su relevancia pública para asestar un rejonazo a Urrutia camuflado en el derecho que tiene como socio. Lo hace torpemente, fiel a su estilo, mezclando en su texto, precisamente, la política, demostrando que el Partido Nacionalista Vasco no ha sido ajeno a los procesos electorales. Dice que últimamente ya no es así, aunque creerlo depende de la voluntad de cada uno.

Tan es así que el guante lanzado por Anasagasti enseguida fue recogido por los frikis de la teletienda, esos que salen en la más local de nuestras televisiones, la de pantalla tocada con txapela, para -esta vez desde Twitter y no desde esa especie de bazar chino que usan como plató- buscar la notoriedad parapetados en su condición de afiliados al partido de Anasagasti y chapoteargustosos en el charco creado por el manguerazo del desmelenado senador.

Así pues ya tenemos diversión para toda la semana, que el fútbol es lo de menos, lo del miércoles un bolo y lo que vende son la división, la tensión, los debates estériles y deliberadamente dirigidos (como las encuestas en portada de algunos medios digitales). Lo único que se debe lamentar de todo esto es que el Athletic esté situado en medio de las vías, con tanto tren avisando de que llegan y con un conductor que no parece tener reflejos suficientes como para sacarlo del cruce antes de que bajen las barreras.


Me encantaría conocer en detalle qué opina el parlanchín Anasagasti sobre la gestión del Bilbao Basket, por ejemplo, aunque quizás no sea aficionado al basket ni socio de ese Club. Podríamos plantear poner un pequeño escote entre el autor de este blog y sus dos o tres lectores para pagarle la cuota al senador y leer con interés cómo define la gestión de Arrinda, los oscuros patrocinios, los vaivenes de la Diputación y los equilibrios argumentales en el trapecio del Diputado General para justificar las ayudas a un club profesional con la caja de Hacienda petada de telarañas. De eso, ni mu. Parece más sencillo atizar a Urrutia, ahora que todo el mundo se anima, o convertirse en martillo de herejes de la monarquía después de años de besamanos. El loro viejo que no aprende a hablar, al que aparcaron en el senado y ha resultado allí tan molesto como un armario ropero en mitad del pasillo, es difícilmente silenciable. Que se lo pregunten a algún conocido periodista, que ya sufrió las consecuencias de su acertada decisión de dejar de publicarle al senador socio del Athletic sus homilías dominicales. Entonces los dirigentes de Deia de la época pasaron a ser unos urrutias cualquiera. Son las formas y maneras de este hombre y de algunos otros. 

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Bielsa vuelve a poner al club en evidencia

Reconozco que escuché fragmentos de la rueda de prensa de Marcelo Bielsa de ayer y ya me pareció interesante el mensaje que se desprendía. Después, animado por los comentarios de un amigo, de diversos tuits, y el definitivo texto de Juan Carlos Latxaga en juegodecabeza.com, hicieron que al llegar a casa me pusiera a visionar el vídeo. Porque más allá del mensaje, merece la pena observar la escenografía.

La comparecencia fue de enmarcar, otra de esas joyas que deja el rosarino para el futuro. Lejos de esconderse se mostró valiente y claro, exponiendo su versión de varios asuntos y realizando un balance de la temporada con el que se estará o no de acuerdo, pero que fue riguroso. Para la opinión quedará si su apreciación sobre la temporada es acertada o no, si su valoración sobre el juego de Gurpegi, al que juzgó como el mejor jugador de la temporada, es comparable a la de Javi Martínez el pasado año, de si resulta razonable medir a un equipo por algo más que los puntos que acumula en la tabla al terminar la jornada 38, etcétera.

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Un agur doblemente triste

Ya ha quedado vista para sentencia La Catedral, así, casi sin darnos cuenta, como quien no quiere la cosa, de forma discreta, solapado el agur con una retahíla de avatares desagradables que han hecho que para el recuerdo, para el año de su cierre, queden en la memoria momentos francamente amargos y desagradables.

Lo de menos era el partido, que no significa que no fuese importante, y el equipo volvió a no estar a la altura. Esta vez no se trataba de finales, ni de esas que se pierden por goleada ni de esas otras que en los últimos años han estado constantemente en boca de los futbolistas pervirtiendo el concepto. En un epílogo acorde con el discurrir de la temporada, con un fútbol plano, intrascendente, plagado de errores no forzados y que no conduce a nada, la Catedral, plagada de esperanzados aficionados vestidos de rojiblanco que tenían la ilusión de cerrar la historia a la altura que un campo mítico como San Mamés merecía, se llevó una nueva decepción.

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Las matemáticas fuerzan la salida a escena de Urrutia

Una vez más tras un mal encuentro, pero puntuando de tres en tres, alejando fantasmas, y ante un rival necesitado que se pasó de frenada en su intento de marcarle un ritmo asfixiante al partido. El Athletic volvió a ser víctima de sí mismo, de su lacerante forma de defender y de sus imprecisiones, de sus fallos en la entrega, de los errores no forzados. Marcó Llorente, para alimentar el morbo, de los que le defiende a capa y espada, pero también para quienes aún justifican la decisión de Urrutia de que cumpliese contrato y aportase en la faceta deportiva.

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Una salvación al nivel de la temporada


El Athletic cerró la temporada de manera significativa, en lo que fue un compendio, un reflejo en un solo partido, del despropósito iniciado en Bucarest y que salvo hecatombe, salvo broma macabra del destino, finalizó ayer de manera angustiosa como no podía ser de otra forma.

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Nada nuevo bajo el sol de mayo

No ha sido, desde luego, el mejor fin de semana para el Athletic en su conjunto, aunque a lo del primer equipo hace tiempo que nos hayamos acostumbrado. Siguiendo con la inercia de dar la peor de las despedidas posibles a la vetusta Catedral, el traslado de los encuentros del filial y del femenino siguió con la misma tónica, disgusto tras disgusto, como si alguien se hubiese conjurado para mancillar la historia del centenario campo antes de su definitiva demolición.

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Punto a punto

Por mucho que el regusto tras el partido fuese dulce, de casi victoria, de salvar un punto, un premio difícilmente celebrable frente a cualquier otro rival, lo cierto es que la sensación fue de que era el día para haber podido ganar al Barça. El Athetic lo hizo bien, muy bien por momentos, en la primera mitad, pero volvió, como acostumbra, a fallar en los últimos metros, a perdonar  a quien no lo hace.

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Resultado excesivo, buena actitud y reacción

Pues no, no pudo ser, tal y como todos temíamos, pero el Athletic aguantó el tipo en un partido que tenía todos los condicionantes para haber acabado en una goleada sonrojante. Si bien no se le pueden poner peros a la victoria del Madrid, sí resulta exagerada la diferencia de goles que no hace sino resumir la diferencia de pegada entre un equipo con una tasa de efectividad salvaje, que no perdona, y otro que naufraga en prácticamente todas sus acometidas ofensivas y defensivas.

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Imperdonable

Si alguien cree que el Athletic mereció mucho más de lo obtenido en el Pizjuán es que vio otro partido. Porque los rojiblancos se hicieron acreedores a la derrota por cometer, una vez más, otra retahíla de los habituales desatinos, algo que finalizando la temporada resulta inadmisible.

Si malo fue encajar un gol en el primer balón colgado al área tras una falta innecesaria de Gurpegi, peor fue el colofón que se puso al encuentro dejando, de nuevo, con cara de tontos a quienes contemplábamos el partido mientras padecíamos la transmisión de la cadena que la progresía mediática española vendió a Berlusconi.

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Tres puntos angustiosos para la tranquilidad

A falta de fútbol, porque este Athletic no juega ni a tabas, las ganas de ganar, el trabajo y la constancia hicieron al Athletic merecedor de tres puntos complicados de obtener y que acercan, por fin,  la tranquilidad en la temporada más convulsa de los últimos años. Sin brío en el juego, con tres centrales contra todo un granada y con San José en la creación –mejor, en el intento de creación-, un equipo con problemas desde la salida del balón hasta el remate al menos fue capaz de sumar de tres en tres, que es de lo que se trataba.

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La triste realidad cuando la suerte te da la espalda

Aunque eso de que Getafe es un campo maldito sólo sea un recurso útil para llenar líneas en los periódicos o rellenar las estadísticas, que siempre me han parecido ridículas aplicadas al fútbol, la verdad es que es complicado presenciar un encuentro en condiciones por parte del Athletic en el Alfonso Pérez.

Como si los puntos obtenidos contra Osasuna o Valencia, esos que se han aupado al casillero más como consecuencia de una conjunción astral que por méritos deportivos, hubiesen finiquitado la temporada, la actitud del Athletic fue, además, mucho más preocupante que la aptitud demostrada, de por si ya impropia de un equipo que aspira a salvar la categoría.

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Militando en el resultadismo más extremo

Con tan solo dos goles a favor, sin prácticamente disponer de ocasiones, sin encajar tanto alguno y con eso que se denomina suerte, un concepto etéreo e incuantificable, el Athletic huye de una situación que hace tan solo ocho días tenía a la parroquia zurigorri al borde del ataque de nervios.

Como no hay quien entienda de esto, como el fútbol solo atiende a sus leyes, alejadas de la lógica, de la previsibilidad, la explicación es sencilla: la suerte se ha puesto de cara. Y así, con una frase, los que seguimos este deporte nos quedamos tan tranquilos. Se puede entrar en el debate de los merecimientos, de los merecimientos acumulados en partidos anteriores y en los dos últimos, comparar, entrar en debates estériles. Incluso alguien bastante objetivo y racional, un tipo extraño como Bielsa, osó entrar a la discusión y decir que a su equipo hasta hace dos jornadas la suerte, esquiva, le había hurtado veinte puntos. Ayer el balance, siempre según el Loco, se quedaba en catorce.

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Las matracas de Vocento

Inasequibles al desaliento, apretando el acelerador. Alguien se conjuró en algún despacho de la calle Pintor Losada el día de San Fermín de 2011 para no ponerle las cosas fáciles a la directiva de Josu Urrutia tras la osadía de éste de encabezar el grupo que desbancó al que había sido el presidente que más exclusivas filtró a El Correo Español en veinte años, y en ello siguen.

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Tres puntos para frenar la caída libre

No había sido una semana propicia como para esperar una victoria. La bipolaridad inherente al entorno zurigorri había decretado que tocaba activar el modo autodestructivo y depresivo, por lo que todos nos pusimos a decir que olía a bienio negro, a debatir sobre responsabilidades y a discutir sobre la conveniencia de aplicar la ley del fútbol a un Bielsa al que algunos desean ver fuera del Club desde antes de que cogiese el primer vuelo hacia Loiu desde Argentina. Por si afición y medios no somos suficientemente hábiles en alimentar el peor de los caldos de cultivo, desde el Club todo un vicepresidente decidió coger el destornillador para desmontarle la red a un Bielsa obligado a hacer el más difícil todavía sobre el trapecio.

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Las leyes del fútbol, el miedo y la preocupación

No sé cuántas veces me habré sentado delante del ordenador desde el viernes para intentar completar este post y lo he acabado dejando. Cuesta a estas alturas volver sobre lo ya escrito, intentar analizar a un Athletic que incurre partido tras partido en los mismos errores, que se lanza a tumba abierta hacia las posiciones peligrosas de la clasificación. Todo ello, además, desde la previsibilidad, porque a estas alturas nadie se sorprende de que los rojiblancos volviesen a perder a pesar de haber superado, desarbolado incluso por momentos, a su rival, en este caso una Real a la que le bastó esperar los clamorosos fallos locales para llevarse tres puntos sin ningún esfuerzo.

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Más de lo mismo. Y una jornada menos.

Para agarrarse fuerte, porque vienen curvas. Echar la vista al retrovisor clasificatorio y ver a Osasuna, por ejemplo, al que dábamos la extremaunción futbolera hace unas semanas, no tantas, a un punto como que… dejémoslo en acongoja. El Athletic sigue donde estaba, en la práctica de un fútbol voluntarioso pero intrascendente, con sus futbolistas militando entre profesionales mientras demuestran el mismo espíritu altruista de los más entregados voluntarios de una ONG.

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De reír por no llorar

No hay más cera que la que arde. Por mucho que haya conjuras de vestuario, estrategia de distensión por parte del entrenador, que se procuren alejar las manzanas podridas del cesto, este Athletic no acaba de certificar una mejoría, una vuelta a las andadas, por más que algunas de las señales de las últimas jornadas fuesen más que esperanzadoras. Cuando las cosas se tuercen desde el inicio de temporada no es sencillo darles la vuelta, tomar una inercia positiva.

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De periodistas, medios y plañideras con rizos

El fin de semana ha resultado entretenido a pesar de jugar el Athletic el viernes. En lo deportivo parece constatarse que el equipo de Bielsa, con todas sus virtudes y casi todos sus defectos, ha vuelto definitivamente para quedarse. El partido contra el Valladolid bien podría intercambiarse por alguno de la pasada temporada, con la exasperante endeblez defensiva por bandera, la catástrofe de portero, el agujero negro en el lateral zurdo y centrales que se mueven al mismo ritmo que los tractores en Andosilla.

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La directiva acierta retirando la oferta


Ni una sola semana, ni una comparecencia. No habrá paz para los malvados debió idearla Enrique Urbizu para referirse al tiempo de mandato de la directiva que osó presentarse a las elecciones y derrotar por goleada al patilludo sujeto que era el presidente favorito de Vocento en el Athletic.

Es aburrido, pero nuevamente un titular de periódico vuelve a decir bastante. Con Urrutia le enseña la puerta a Amorebieta, abre portada hoy el diario en un juego de palabras que encierra bastante más mala leche y ganas de desinformar que arte o ingenio.

Pues se pongan como se pongan, manipulen lo que manipulen, lo cierto es que la decisión tomada por la Junta no puede ser más acertada. Algunos ya lo pedimos hace tiempo, alarmados por la estrategia que llevaba el central, parapetado tras el affaire Llorente, y liderada por otro hermano representante. El nacido en Cantaura ha jugado a que pase el tiempo, a poner contra la pared a la directiva con objeto de asegurarse una oferta fuera de mercado y una vez con ella encima de la mesa, esperar a ver si alguna otra le satisfacía más.

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¿Cerrando el paréntesis abierto en Bucarest?

Así, sí. El triunfo del Athletic, necesario tanto para coger aire con respecto a las posiciones complicadas de la tabla como para recuperar la autoestima, no pudo ser más contundente. En lo cuantitativo, goles y puntos, como en lo cualitativo, aspecto en el que se volvió a ver a aquel Athletic que se perdió el nueve de mayo.

El juego agresivo, rápido, contundente, ambicioso, volvió a caracterizar a los pupilos de Bielsa. Fue significativo que para el minuto dos de Marcos ya pudo adelantar a los rojiblancos locales, pero tanto Oscar como Susaeta siguen necesitando de demasiadas ocasiones para transformar un gol. Con todo, ayer ambos volvieron por sus fueros, a protagonizar el dinamismo que les caracterizó el pasado año y que fue clave en convertir al equipo en una máquina de fabricar desmarques.

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No me amenaces

No merece la pena. El anuncio de ayer no fue sino un paso más en la estrategia diseñada para forzar la salida del Club cuanto antes, esa que comenzó con filtraciones interesadas allá por junio y que se redobló en agosto. De Fernando Llorente poco más se puede decir que no se haya ido diciendo estos últimos seis meses y nada hay que añadir a lo escrito en diciembre.

Una vez tomada la decisión, a Urrutia tan solo le queda aguantar la presión hasta el próximo jueves. Y ya desde el viernes Llorente sólo tendrá que esperar cinco meses, que seguirán siendo de vacaciones, como los que han trascurrido de agosto de 2012 hasta ahora.

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Sí, pero…

Sería ridículo no reconocer una notable mejoría en el Athletic de ayer, mucho más parecido en todos los aspectos –también en los negativos- al de la pasada campaña. Seguramente el partido de Heliópolis fuese uno de los pocos en los que el equipo ha dejado un buen sabor de boca, no solo porque hizo méritos para hacerse acreedor a la victoria, sino porque lo hizo con mucho mejor fútbol y sabiendo rehacerse de un importante golpe moral. Eso, contra un Betis que se ha convertido en equipo de moda, hace destacar el mérito.

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Mayday

Cuando un coche da síntomas de avería pero no se acude al taller, puede ocurrir que el coste final de la avería sea inasumible o que, incluso, haya que tirarlo al desguace. Con este Athletic sucede lo mismo. Y no es que el último tropiezo contra el Rayo haya variado demasiado el punto de vista o el diagnóstico. De hecho, la mayoría de las ideas que aquí se exponen estaban redactadas desde el viernes, pero no tuve tiempo de publicarlas antes del partido.