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Mayday

Cuando un coche da síntomas de avería pero no se acude al taller, puede ocurrir que el coste final de la avería sea inasumible o que, incluso, haya que tirarlo al desguace. Con este Athletic sucede lo mismo. Y no es que el último tropiezo contra el Rayo haya variado demasiado el punto de vista o el diagnóstico. De hecho, la mayoría de las ideas que aquí se exponen estaban redactadas desde el viernes, pero no tuve tiempo de publicarlas antes del partido.

La derrota contra los de Vallecas, desgraciadamente, no sorprendió en exceso. Era previsible que pudiese suceder, máxime con la dinámica deportiva en la que se encuentra un equipo roto y desquiciado que tan solo logró algo de aire -con más fortuna que otra cosa- contra Celta y Mallorca. Cierto es que la derrota del viernes bien pudo haber sido un empate o, incluso, una victoria a nada que se hubiesen aprovechado algunas de las ocasiones de que se dispuso. Pero Aduriz no estuvo al nivel de otras tardes, comprensible, y el resto del equipo siguió en la tónica habitual.

Reiterar lo que se lleva destacando casa semana aburre ya. Que si la incapacidad para defender, que si las pérdidas absurdas en el centro del campo, la falta de acierto en los metros finales, la ausencia de juego por bandas, la posesión en zona intrascendente… Si se le quiere poner nombres propios se vuelve a la preocupación por Muniain; a la desesperación por lo complicado que hace el fútbol Herrera en muchos momentos; la desaparición de Oscar de Marcos, intrascendente en el centro del campo y estrambótico en el lateral, el lamentable rendimiento de los centrales…

Pero no merece la pena insistir en los análisis, todo el mundo coincidimos en que el equipo no funciona, que presenta aspecto depresivo y muy preocupante. Y de que es necesario un cambio de rumbo inmediato. Pero no parece que quienes deben poner remedio a la situación estén en disposición de hacerlo. Se ha jugado con fuego y el incendio está ya alcanzando cotas demasiado altas.

No es sencillo, además, poder hacer ahora mismo un diagnóstico objetivo del Athletic. La influencia mediática, siempre clave, ha contribuido a sembrar una sensación de desgobierno en el Athletic que prácticamente todo el mundo comparte. Y, seguramente, no sea justa. Esta Junta, avalada hace año y medio por una mayoría histórica de socios, está más que legitimada para regir el Club, pero debe tomar decisiones –se supone que lo hace- y –lo más importante- dar la sensación de que lo hace.

Con los problemas de verano no se pudo actuar con mayor torpeza. Ahora se continua por el mismo camino, el de la incomunicación, el de creer que por no salir a atajar la rumorología los “runrunes” acaban por desaparecer. Es cierto que una directiva no puede estar desmintiendo todas y cada una de las tonterías que se escuchan, pero Ibaigane debe de pasar a una política activa de comunicación, a poner los puntos sobre las íes. Me consta que destacados profesionales de la comunicación, que conocen bien el Club desde dentro, comparten esta tesis. La de que una cosa es la prudencia y otra la de callar ante bulos destructivos y mal intencionados.

Este fin de semana han vuelto a salir dos a la palestra. Uno sobre la supuesta agresión de Bonini a Iturraspe, publicado -como no- por la Cadena Ser, y otro, con origen en un hilo del foro de Aupa Athletic y ya desaparecido, en el que un forero -con bastante credibilidad para mi-afirmaba que Herrera había solicitado a la finalización del partido salir del Club.

En una era en la que las noticias vuelan, en la que los propios periodistas se ven muchas veces superados por las redes sociales a la hora de dar noticias, la velocidad de respuesta es vital. Porque un desmentido rápido puede paliar el daño de un rumor, pero la ausencia de desmentidos sólo contribuye a enconar un ambiente excesivamente crispado, a afianzar leyendas urbanas de escaso crédito.

No es fácil. Los enemigos mediáticos de esta Junta son poderosos. Pero se les ha dado argumentos. Demasiados. Por ejemplo, últimamente, la gestión de la renovación de Amorebieta, sobre lo que no volveré puesto que ya lo hice el martes en GARA. Hoy, en ese mismo diario, Joseba Vivanco realiza una buena cronología de cómo se ha gestionado un asunto que apunta a la salida del central del Athletic. Máxime tras la humillación a la que le sometió Bielsa al futbolista el pasado viernes.

El Athletic da la sensación de estar roto. La Junta dice estar tranquila, lo que a estas alturas es más sinónimo de inconsciencia que de prudencia. El divorcio caseta-cuerpo técnico parece más que evidente. Las decisiones de Bielsa, decretando sustituciones para poner a ciertos futbolistas en la picota, tienen que estar crispando a algunos.

Y es más que evidente que en la cuota de responsabilidad de todo lo que está pasando, la parte más pequeña es la que le corresponde al entrenador. Que está demostrando falta de cintura es más que cierto. Que no está liderando la recuperación, incapaz de ilusionar o volver a sacar aquello que los futbolistas llevaban dentro, también.

Pero la decepción mayor por parte de la afición, en general, se centra en una plantilla inmadura y caprichosa, a la que las salidas (una física y otra “virtual”) de dos de sus compañeros ha afectado de mala manera. Y aquí se vuelve a la rumorología, que apunta a que cierto sector del vestuario recibió de la directiva la promesa de que Bielsa no continuaría, y por ello, dicen, se han producido las salidas de algunos y la incomodidad de otros.

Un desastre, en cualquier caso. Una situación que creíamos que era de callejón sin salida, pero que cada vez toma más tintes de ser un callejón estrecho por el que viene de frente, y a toda velocidad, un tren de mercancías. La salida de Bielsa, ahora mismo, la doy por descontada. Hace tiempo que volaron muchos puentes. Basta con ver hacia donde se está apuntando, por ejemplo, desde el diario DEIA desde hace unas semanas a esta parte. La estrella del rosarino se va apagando. Y es que el mejor planteamiento, la más atractiva intención o propuesta, muere si la clasificación no acompaña. A Marcelo solo le sostiene el aprecio de una afición que está con él al margen de pequeños reproches.

El Athletic es desde hace semanas un barco a la deriva. A la deriva porque quien debía haber corregido el rumbo prefirió mirar hacia otro lado. Desconozco el papel real de Urrutia, si es quien manda en la nave o tan solo el timonel de una embarcación patroneada, como dicen las malas lenguas, por el tal Andrés Arana. Pero a los armadores se nos está acabando la paciencia. Somos varios los que se lo llevamos advirtiendo y no desde la animadversión, precisamente, sino desde el aprecio de quienes vimos en el lekeittarra una persona con mucho más que perder que ganar en la misión. Así que Josu, coge la emisora y lanza el aviso: mayday, mayday, mayday. Tiene una ventaja. Es un término internacional, así que lo entenderá hasta algún periodista de El Mundo.
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4 comentarios

  1. Gontzal, a día de hoy el Athletic parece el Costa Concordia, del que ayer se cumplió un año de su triste y evitable accidente.

    Al principio, il capitano Schettino, responsable de la nave, no prestó atención al embarrancamiento, ni le dio importancia, ocupado como estaba sosteniendo entre sus muslos a una joven de origen moldavo.La tripulación del crucero hacía llamamientos a la calma al pasaje, "quédense en sus camarotes, es un pequeño problema eléctrico" decían. Al poco tiempo, el buque se escoró y allí quedó varado en un fondo rocoso junto a la tranquila isla de Giglio. El pasaje empezó a tener serios problemas para mantener el equilibrio en la cubierta y comprendió que para salvar la vida lo que debía hacer era justo lo contrario de lo indicado y bajo ningún concepto quedarse en los camarotes; quienes así lo hicieron, no nos lo pudieron contar. La evacuación del buque fue un completo caos, tripulación y pasaje se mezclaban para conseguir como fuera un bote salvavidas que les acercase al muelle de un pequeño puerto distante apenas unos centenares de metros. Otros, más osados, saltaron desde el buque a tierra, a unas rocas que fueron con las que chocó el barco. Una hora y pico después de embarranacar en Giglio, Il capitano Schettino avisó a la Comandancia Naval de Livorno de lo sucedido, no estaba en su barco, no, dentro del caos existente había salido del buque para estar en tierra firme. El responsable de guardia en la Comandancia Naval de Livorno le preguntó si estaba en el barco, Schettino le dijo que no.
    Entre sorprendido e indignado, desde Livorno le ordenó a Schettino: "Vada a bordo, cazzo".

    Así estamos hoy en el Athletic: "Urrutia, vada a bordo, cazzo".

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  2. Pues sí, Contini. Y un calendario inmediato que pone los pelos de punta. La salida al Villamarín es complicada, y el Atlético de Simeone un rival muy complicado para nuestra actual propuesta.

    Pero más allá de lo que se ve en el terreno de juego, me preocupa lo que suceda en la caseta, porque ahí están las claves. Las actitudes de Amorebieta o Muniain, por poner dos ejemplos, no son las más adecuadas sobre el campo, pero lo peor es su gestualización cuando se les cambia.

    No recuerdo en el Athletic ese tipo de gestos, salvo de forma muy puntual. Menos aún la cantidad de dimos y diretes que hay que escuchar cada día.

    Me deprime en lo que entre todos hemos convertido un proyecto ilusionante

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  3. Es evidente que existe un "mal de vestuario" desde finales de mayo, no se ha aplicado ningún tratamiento para curarlo, a lo sumo algún remedio casero que no ha funcionado como era de esperar. Los equipos que nos acompañan abajo reaccionan, ayer mismo el Sevilla cambió de entrenador, el resto busca fichajes que apuntalen la plantilla. Nosotros seguimos esperando a Godot...¿Hay que esperar a tener el agua en el cuello para ponerse un salvavidas?

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  4. Gontzal, poco hay que añadir a la actual situación y tu la has resumido bastante bien. Algo hay que hacer pero el que lo tiene que hacer ni está ni se le espera

    sin embargo me preocupa y mucho lo que has escrito de que Herrera quiere salir del Club. Puedes dar mas detalles? El Athletic se desangra y nadie para la hemorragia

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