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Una salvación al nivel de la temporada


El Athletic cerró la temporada de manera significativa, en lo que fue un compendio, un reflejo en un solo partido, del despropósito iniciado en Bucarest y que salvo hecatombe, salvo broma macabra del destino, finalizó ayer de manera angustiosa como no podía ser de otra forma.


En un partido en que todo se puso de cara, contra un rival que pareció el muerto vivo de Peret, el Athletic desplegó un fútbol calamitoso, que vino a denotar que este grupo de futbolistas no saben dar el callo en las ocasiones importantes, y ya se ve que da lo mismo jugarse un título que tres míseros puntos frente al colista de primera. Diga Bielsa lo que quiera, apele a la juventud de unos futbolistas que ya acumulan en sus piernas más kilómetros que la furgoneta del anuncio de los Donuts, no hay excusa que valga.

Tiempo habrá para debatir sobre cómo enderezar el rumbo de este Athletic tras un año a la deriva, pero dio la sensación de que contra el Mallorca el proyecto Bielsa recibía su epitafio. No solo por la división que se vivió cuando desde el fondo norte entonaban el Bielsa quédate y era respondido con el silencio mayoritario y algunos silbidos puntuales, en contraste con el respaldo masivo que hace casi un año sí recibió ese mismo slogan en el Calderón, sino por las sensaciones generales transmitidas, la lamentable situación del nueve, la mezcla de descontento y decepción del público, la necesidad de volver a ilusionar con algo diferente…

Porque no se pudo gestionar peor un encuentro que se puso viento en popa muy muy pronto, con el gol –por fin- de Aduriz tras un buen centro de Aurtenetxe, algo casi milagroso. Y por verse contra diez y con el segundo penalti a favor de toda la temporada. Pero este Club, que se ha convertido en el rigor de la desdichas, se ha abocado al sufrimiento, al estrambote, por lo que Aritz marró la pena máxima y a Muniain le anularon el gol marcado en la jugada que se generó tras el rechace.

Cuando lo que tocaba era circular el balón con tranquilidad y criterio, moverlo a la espera de que la desesperación mallorquinista diese lugar a alguna circunstancia que propiciase poder ampliar la renta, se dio la paradoja de que el partido pasó a estar controlado por el Mallorca o, al menos, entrar en una vorágine de juego que no iba con los intereses del Athletic. El demérito fue de los rojiblancos, hipermétropes, incapaces de dar un pase al pie al compañero de al lado, miopes, sin poder asistir en largo a Aduriz. Gurpegi ponía en cuestión la decisión de Bielsa de devolverle al centro del campo tras insistir desde agosto en alinearle como central, mientras San José, se supone que el dotado de los defensas para intentar jugar el balón empataba con Ekiza en los desatinos a la hora de decidir qué hacer con el cuero.

Afortunadamente, y a pesar de que un Mallorca al límite lograba marcar el tempo de un juego terrorífico, se alcanzaba el descanso sin sobresaltos en la portería de un Iraizoz que solo se vio obligado a intervenir una vez.

La reanudación, sin embargo, no trajo demasiada variación. Cierto que Iturraspe mejoró el centro del campo, toda vez que a Herrera le dio por firmar uno de los peores partidos que se le recuerdan, pero no fue ni mucho menos suficiente para hacer lo que tocaba, que no era otra cosa que hacerse con la posesión y distribuir la bola con criterio. Ni por esas.

Así siguió Bielsa, hasta que tiró de receta de diario para hacer los cambios. Ibai por Muniain, algo habitual, y antes el otro esperable, el de un delantero centro por el otro. La situación de la entrada del chico del pueblo de las peras conferencia volvió a poner de manifiesto la esquizofrenia colectiva de los que formamos la familia Athletic. Desde el reflejo del error y la falta de cintura de la directiva que optó por mantenerlo y por no rectificar después una decisión equivocada, pasando por la cabezonería de un entrenador al que no le importa someter a su equipo a un continuo plebiscito, y la de un sector del público que prioriza manifestarse a hacer lo que el equipo necesita.

Fue precisamente Llorente quien marcó el segundo, el que todos creímos equivocadamente que sería el de la tranquilidad. Otras opciones tuvo antes el nueve, pero no se puede decir de él que salga a comerse el campo, ni mucho menos. El abrazo de sus compañeros, esos besos, caricias, abrazos y palmadas en la espalda habrá que enmarcarlas en la amistad, en el cariño y en que conciben el asunto desde la comprensión del profesional, frente a la vena romántica de quienes llenan las gradas.

El Mallorca vendió cara su piel, como suele corresponder a los equipos que desde septiembre saben que la subsistencia en primera es su meta, y Giovanni, que por algo se apellida Dos Santos, homenajeó de golazo de falta a Mamés. Por si la ventaja por un solo gol no era suficientemente angustiosa de por sí, el Mallorca decidió acongojar al personal con otro par de llegadas. Hasta que el árbitro pitó y toda la Catedral suspiró.

El peor espectáculo posible ponía fin a una temporada a la que le restan tres partidos de escasa trascendencia. Contra el Levante tampoco cabe esperar que a estos chavales les dé por homenajear al centenario campo con el partido que se merece. Eso, al parecer, tampoco va con ellos.

Afortunadamente para la anécdota quedará el arbitraje perpetrado por Hernández Hernández, un tipo con apellidos con poco glamour para ser colegiado de primera, con nombre que más parece escapado de un tebeo de Tintín, y que el CTA rescató tras un mes de nevera para un encuentro intrascendente, ya se sabe, en el que los contendientes se juagaban el pellejo, permanecer en la categoría. Dos goles mal anulados, tarjetero a más no poder, sin criterio, con errores graves de apreciación, sin saber aplicar la ley de la ventaja… O a don Victoriano se le fue la mano en el proceso de descongelación, algo complicado toda vez que el tipo del tal Arminio denota que domina la técnica del microondas, o con esto de los colegiados será mejor, si es que la solución pasa por que sientan el frío, deportarlos a Islandia. Hay un indicador claro. Si Urizar Azpitrte destaca un arbitraje es que el desastre ha sido total. Y ha vuelto a ser el caso.
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