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San Mamesen heriotzean

"Azken hatsa huela bertsoik sakonena"

Ahora que resulta fácil dejarse llevar por la nostalgia, que las emociones están a flor de piel tras el homenajea lo que no deja de ser una construcción de hierro y hormigón, pero que tan dentro llevamos como escenario de muchas de las ilusiones vividas durante mucho años, no está de más recordar, como bien decía ayer Iñaki Murua, que tenemos futuro, intentar dar la importancia justa al momento y al hecho, quedarse con que todo es un punto y seguido, para seguir con la historia prácticamente en el mismo sitio.

Ahora que tanto se mitifica el arco, que se habla de que el nuevo teatro zurigorri será distinto, basta con hacer un repaso de las imágenes que ayer se reprodujeron por los videomarcadores para darse cuenta que desde hace cien años San Mamés ha recibido decenas de reconstrucciones hasta que desde hace treinta, y exceptuando la reforma de los fondos, se quedase anclado en la que ayer quedó retratado como definitivo.

El éxito, el carisma de San Mamés, ese cuya construcción parcial se ultima, dependerá de la capacidad de la afición para traspasar el espíritu del viejo al nuevo, ese espíritu que no sé bien si se ha ido perdiendo o, como la sociedad, se ha ido transformando, pero que con el paso de los años sigue manteniendo un mínimo común denominador.

El espectáculo que ayer pudo vivirse resultó más que exitoso, al margen de las opiniones y gustos que cada uno pueda tener, algo que iba más allá de lo deportivo, mucho más allá, y que era un homenaje de los de casa y para los de casa. Lo deportivo, de hecho, era la anécdota, de ahí que se comprenda mejor aún ahora la apuesta por un combinado de personas que entendieran y compartieran el contexto de lo que se pretendía hacer. Porque ningún equipo de otras latitudes entendería, por muy concienciado que se esté de lo que es un encuentro amistoso, que el rival finalice un encuentro -en el que además va perdiendo- con un rosario de cambios que acaben dando con un septuagenario en la portería ante el delirio general.

Fue estremecedora la música, puso los pelos de punta el himno, el desfile de muchos de los que tantos aplausos han arrancado en centenares de partidos permitió tomar conciencia del hueco que cada uno de ellos tiene en la historia; el reconocimiento de la afición a la fidelidad –personificada, mayoritariamente, en la persona de Julen Guerrero-; el respeto a los más mayores con la ovación a Rafa Iriondo, representante de los que definitivamente asentaron la leyenda…

El partido quizás sobró, se hizo largo, careció de emoción, aunque Bielsa se lo tomase, como no podía ser de otra forma en él, de manera muy seria, aprovechando para probaturas tácticas incluso. Después ya, cuando la perenne falta de pericia certificó que el Athletic no iba a ser capaz de darle a la historia un final distinto del triste discurrir de la temporada, entonces ya sí, las sorpresas fueron emocionando a todos, desde los propios futbolistas, sorprendidos al ver a Orbaiz, Guerrero, Andrinua, Dani o el Txopo vestidos de corto para formar alineación con ellos.

Preocupaba antes del encuentro que se aprovechase la ocasión para que algunos se dejasen llevar por las apetencias desestabilizadoras de ciertos grupos de interés, pero el público de San Mamés supo, como no podía ser de otra forma, estar a lo que había que estar en cada momento. Por ejemplo, a acallar a los vecinos intelectuales del bajo con jardín, que ni han entendido, ni entienden ni nunca entenderán en qué consiste el fútbol, qué es el respeto, que no es necesario insultar a alguien para glosar la figura de otro, o que los fuegos artificiales en Bizkaia los lanza la familia Astondoa, con gusto, con profesionalidad y cuando toca. El coste de recordar todo esto ya está descontado, hace tiempo que tenemos asimilado ser unos tribuneros hijosdeputa.

El descanso dio lugar a que la Coral de Bilbao y la BOS amenizasen la ingesta del último bocata, para encontrar otro momento para que el bello se pusiese de punta, con la interpretación de Xalbadorren heriotzean, esa canción sobrecogedora que Xabier Lete dedicara a Fernando Aire Etxart, Xalbador, allá por el año setenta y seis.

Conforme terminaba el partido, según se certificaba la derrota, mientras seguían las sorpresas, ante la ausencia de un espectáculo que requiriese una atención propia de un partido de fútbol, la mirada se perdía por los diferentes rincones, por las vallas publicitarias, que hacían evocar a antiguos anunciantes; hacia esos detalles de los remates de tribuna principal con los escudos pintados; mirar el videomarcador y evocar algunos de los resultados que ha reflejado; dedicar un instante a grabar un video de San Mamés haciendo la ola, algo afortunadamente difícil de ver, reservado para ocasiones puntuales; mirar en diferentes sentidos para ubicar a esos conocidos que no sabes si volverás a tener en las cercanías; para ver flashes de imágenes de treinta años, con tu aitite, tu aita, tu hermano como protagonistas;  ver que estéticamente un collage de hormigón como San Mamés puede ser más que atractivo analizando por última vez cómo la tribuna principal es abrazada por sus hermanas de ingenieros y misericordia , mirar hacia la tribuna este, contemplar su aire británico, sus curiosas columnas, la ubicación de las cabinas de radio, con las cabezas de los periodistas distribuidas de izquierda a derecha…

Hasta que empezó el espectáculo final, con los cambios, y el de los fuegos, las luces, la música y el pase de imágenes que evocaban la historia del campo y, en una proporción casi total, la propia de la entidad. Sólo cabe felicitar a la Junta, por el qué y por el cómo, por haber sabido guardar en secreto qué era lo que sucedería y que el elemento sorpresa fuese constante. Da gusto cuando todo el mundo está en su lugar. Como Bielsa, que dicen los que le pudieron observar de cerca que parecía despedirse, y que no dio ni un paso al frente cuando a la finalización del encuentro fue avalado por la inmensa mayoría al grito de Bielsa, quédate.

Ahora sólo queda mirar al futuro, recordar lo dejado atrás y procurar que San Mamés siga siendo lo que ha sido. Dependerá de la actitud de los que lo llenemos, de romper con la inercia fría de los últimos años que puede ser letal en un entorno distinto, quién sabe si con la sonoridad del actual.

Confiemos en mantener hábitos y costumbres, tradiciones, cánticos, la magia de los partidos de noche, llevar el bocata, seguir gritando ese eup! que eriza el bello, ponerse de pie cuando la ocasión lo requiera, aplaudir al rival si es que lo merece…

Y sobre todo, que perdure tener alguien con quien compartir café, copa y puro. Porque ir a San Mamés es mucho más que acudir a un partido de fútbol. Y pensar que ayer me planteaba no acudir…
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2 comentarios

  1. Hola Gontzal,

    Ayer tuve un sentimiento parecido al tuyo. Viendo el partido me arrepentí de haber ido. Parecía más una patxanga de verano que una verdadera despedida de San Mamés. No me pareció que nuestros jugadores, al igual que en muchos partidos de esta temporada dieron la talla, tanto por aptitud como por actitud.

    Allá por el minuto 60, un comentario de un vecino de localidad me hizo reflexionar, "y pensar que hay gente que ha pagado 80 euros por esto...". Yo en mi sitio me estaba arrepintiendo del esfuerzo que me habia supuesto coger el metro e ir a Bilbao.
    Hasta que ocurrió algo que no sé si todo el mundo pero yo no me esperaba, la salida al campo de Pablo Orbaiz.
    Debo confesar que lo primero que vino a mi mente (llamame malpensado) fue que era el segundo fichaje para el año que viene de Valverde y que salía para volver a encontrarse con su afición, pero cuando salió Julen Guerrero volví a sentir lo que es ser Athletic(llevaba un año sin tener ese sentimiento).

    A continuación el carrousel de leyendas de nuestro club y ya con grito de Iribar Iribar es cojonudo antes de que se anunciase el cambio, los sentimientos ya pasaron a una emoción por la que no habría apostado nunca.
    Conste que nunca le ví jugar, pero verle llegar a la portería vestido de negro hizo que se me pusieran los pelos de punta.
    A continuación el espectáculo final de luces, imagenes, sonidos e himnos. Muy muy bonito a mi parecer. Digno de una despedida a este grandioso estadio.
    Cuando estaba abandonando San Mamés por última vez volví a pensar, pero todo de manera diferente, menos mal que cogí el metro para ir a Bilbao y qué afortunados habían sido aquellos que sin ser socios habían podido vivir todo aquello por apenas ochenta y pico euros.
    En fin, ya sabes por alguna vez que he escrito por aqui y por algunas charlas que hemos tenido personalmente que soy muy crítico con nuestro presidente, pero esta vez no tengo más que hacer que felicitarle. Felicidades y gracias Señor Urrutia.
    Ya habrá tiempo y otros post para hablar del resto de su gestión, pero esta vez, chapeau. Al final, fue uno de esos días que te hacen sentir más Athletic, como la semifinal contra el Sevilla o lo vivido la temporada pasada. Una familia de 40.000 personas despidiendo a alguien querido.
    De los de herri norte no voy a decir lo que pienso, solo que hoy me ha tocado elegir localidad para el nuevo estadio y he preferido pagar un poco más sólo para tenerlos más lejos.

    Por último, quiero dar un mensaje de ánimo a todos. He tenido la suerte de poder entrar a las obras del nuevo campo y la impresión que me llevé fue de que vamos a tener otro estadio no sé si para los siguientes 100 años, pero del que vamos a disfrutar a tope.
    Al final lo que hace grandes a las cosas no es el lugar, sino las personas que lo componen y todas esas nos desplazaremos unos metritos para disfrutar de nuevo de nuestro club.

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  2. Pues, como he titulado mi post de hoy, no me quedo en heriotzean sino en oroitzapen den geroa, que ese recuerdo nos dé futuro, un mañana próximo... y rojiblanco.

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