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Cuando siempre falla el abecé

Oficio. Fue lo único que necesitó el Espanyol de Aguirre para que el Athletic se viese superado de principio a fin del encuentro. Todo ello acompañado de una intensidad marca de la casa del mexicano, que ya pudo verse y conocerse desplegada en aquel digno Osasuna que entrenó. Y esa simple mezcla de colmillo retorcido y sudor fue suficiente para desarbolar a un Athletic tiernito, inocente, que se caracteriza tan solo por hacer bien lo que en fútbol es fácil –pases horizontales en el centro del campo- pero que falla irremisiblemente en lo complicado, en lo que da el valor añadido: la defensa contundente y la materialización de las ocasiones.

Y no es que el equipo perico sea nada del más allá, todo lo contrario. Pero, en general, sabe competir y ayer demostró que es consciente de que debe emplearse  a fondo para ganar los partidos. En el lado contrario el Athletic de Valverde sigue dejando las mismas dudas que cuando los resultados han aparcado el debate para otro día.

Ernesto, del que ya se sabe que en su libreto no existe especial apego por un once tipo, parece no dar con la tecla. Ni de esquema, ni de hombres para cada disposición. Cada alineación, incluso cada convocatoria, parece una caja de sorpresas. Bien es cierto que no hay un solo futbolista que destaque por estar en un momento especialmente dulce, pero da la sensación que Txingurri tampoco parece tener claro qué hacer ni con quién contar para sacar el máximo rendimiento al plantel.

Un ejemplo es la portería, donde cada apuesta del técnico es derribada por los protagonistas, empeñados en cada partido en salir al campo guitarra en mano. Dos minutos, dos, fueron los que ayer tardó Iraizoz en cometer un error de bulto por intentar emular a Christopher Reeve pero sin ‘S’ serigrafiada en la pechera. 

Ni era el mejor momento para sentar a Herrerín ni Gorka hizo demasiado para cerrar el debate que él mismo ha contribuido a crear con actuaciones deportivas y empeños en debuts prematuros.
Otro ejemplo es Aduriz. Una caricatura del jugador que fue la primera vuelta de la liga pasada, cuando se convirtió en sostén del equipo. Trabajador infatigable, algo que siempre se le puede agradecer, se encuentra en una de esas rachas que contagian al equipo. Y el problema radica en que la única alternativa, Sola, al que a priori se supone una capacidad goleadora escasita, está lesionado y por debajo la opción Guillermo no parece convencer en exceso.

Pero el verdadero problema del equipo se encuentra en que la línea llamada a marcar diferencias, el centro del campo -e independientemente de los nombres que lo pueblen- no acaba de dar el plus que se espera y las lagunas defensivas, desastrosas y desesperantes, ligadas a fallos individuales impropios de equipos que pretenden asaltar Europa, una obligación para este Athletic.

El problema no es de esquemas, ni de marcajes individuales, zonales o mixtos. El talón de Aquiles defensivo se encuentra en la forma de defender, incluso de entender el fútbol, de la mayoría de quienes ocupan las posiciones de la retaguardia rojiblanca. Porque a los tres goles encajados con el Espanyol caben ponerles peros, responsables, nombres de futbolistas que pudieron y debieron hacerlo mejor. Y no es nuevo. Porque pasó, por ejemplo, hace siete días también contra el Celta.

Y es ahí, precisamente, donde no se entiende que a un Valverde al que parece no temblarle la mano a la hora de escribir el once en la pizarra no se le ocurra variar los nombres del centro de la zaga. Gurpegi, al que en actitud no gana nadie, es un jugador lento y muy justo para jugar de central. Y San José, el mejor dotado técnicamente de los defensas, hace con su falta de contundencia –lamentable el pase de ballet en el segundo gol encajado ayer- cuestionar por qué es opción preferencial frente a otros. Lo contrario pasa con Laporte, circunstancial y lamentablemente desplazado al lateral zurdo, esa zona en la que el Athletic está condenado a asumir que juegue quien juegue fracasa, que a unas condiciones envidiables y muy prometedoras une una exasperante suficiencia que le hace no terminar de progresar definitivamente. Porque antes del mencionado fallo de San José, gran parte de la responsabilidad del segundo tanto españolista fue debido a un doble fallo del francés, primero con un despeje excesivamente corto y después por llegar tarde a obstaculizar el centro al área.

Y llegamos al centro del campo, donde Valverde volvió a variar introduciendo –o intentándolo- cemento en los dorsales de Iturraspe y el fichaje Rico. Y no resultó acertada la apuesta, con un Ander desaparecido y un Mikel –Fran para la España audiovisual- que combinó empuje con excesivos defectos de entrega y demasiada precipitación en la presión. La presencia de ese doble pivote forzó la baja de Herrera del once y el adelanto de Beñat a una posición en la que a pesar de ser el mejor –algo sencillo ayer- no resultó tan determinante en la dirección del juego.

La presencia de De Marcos, máximo goleador del equipo, en la parcela central, en el puesto en que Susaeta parece haber sacado plaza por oposición, resultó poco reseñable toda vez que el de Biasteri tendió más a caer al centro, seguramente motivado por dos años de militancia en la libertad táctica más absoluta, lo que provocó que un Iraola que a su edad pretende no quedar muy expuesto tuviese que ocupar prácticamente todos los metros del carril diestro.


En definitiva, que este Athletic, tras cinco jornadas, dispone de más puntos que solvencia y juego, mientras que solo quedan un par de días para intentar repasar lo ocurrido en Barcelona para no repetirlo en casa frente al Betis. La receta, a la hora de escribir, resulta sencilla: concentración, un poco de contundencia y algo más de presión y velocidad. El problema es que a los que se ponen al frente de los fogones siempre se les acaba por quemar el ajo o la cebolla. Sí, el abecé.
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1 comentario

  1. Aupa Gontzal
    Desanimado acabé ayer con la falta de actitud de muchos jugadores. Porque el español ganó a base de intensidad, y como decía Bielsa, es imperdonable que en eso se pueda ganar al Athletic. No entiendo lo que pasa con el portero, salga quien salga. Desde que se fue Zubizarreta (¡en el 86!), con aquella genialidad de Aurtenetxe propia del aldeanismo mas rancio, no tenemos un portero de fuste, quitando a Biurrun. A este paso, la espera del mesias (Arrizabalaga o quien sea) va a durar como el exilio de los hebreos en Babilonia, que duró 70 años.
    No entiendo tampoco como en este equipo los defensas son incapaces de despejar con un poco de contundencia. La imagen del segundo gol es de traca, pero la del tercero es para echar a la puta calle a toda la linea defensiva. Qué es lo que se le pasa por la cabeza a un defensa para ser incapaz de despejar un balon en su propia área como hizo San José varias veces. Si es que pasa algo. Si fuera la primera vez lo podría entender, pero esto es un clásico. Y no solo de Mikel, a quien tengo por un fenomenal proyecto de futbolista que está empeñado en convertirse en un jugador mediocre. Con Iturraspe pasa lo mismo. Son mis dos debilidades, pero me jode verles con esa falta de actitud, precisamente porque creo que son dos de los mejores jugadores del Athletic. Me alegro por Muniain que me parece que por lo menos lo intentó y no se arrugó en ningún momento. Rico me dió la sensación de tratar de hacer mas cosas de las que en teoría debe hacer, pero se agradece su presencia en la presión. Y De Marcos, siempre está allí. Aportando esa profundidad.
    Por cierto, lamentable aparte de los nombres inventados de los tontolabas de cuatro, el tufo antiathletic de Ramos Marcos y los recordatorios a Llorente y a Ander Herrera de Carroñas, Carrasco y Cia. Ay, que importante es tener padrino en Madrid y hombros en los que llorar.

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