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La película de todos los años

Es una sensación similar a la que se sentía al poner TVE y ver Verano Azul. Así, como de reposición, que conoces sintonía, inicio, desenlace y final. Y siempre es parecido, similar, sean los actores los mismos, distintos, el sistema uno u otro, la defensa zonal o al hombre. Un Athletic blandengue, acobardado, de circunstancias, que aguanta como puede, con la mejor cara posible, hasta que encaja el primer gol. Y a partir de ahí, la cuesta abajo merengue.

Tampoco hoy se ha variado el guión, con retoques con respecto a los partidos anteriores, con la presencia del fichaje Rico como hecho más relevante para dar –bueno, intentarlo-consistencia al centro del campo. El timorato Athletic no ha sido, una vez más, rival para un Madrid que al tran-tran, sin grandes dosis de juego ni de ambición, ha sentenciado cómodamente el partido.

No es para rasgarse las vestiduras, ni mucho menos, de hecho acumular seis de nueve puntos no es mal bagaje. Pero siempre se espera más, bastante más, porque todos los años algún equipo da la campanada en el Bernabéu, pero casi nunca le toca al Athletic, que se ha transformado en un cómodo visitante para los madridistas.

Ahora, con el parón, mucho deberá mejorar el equipo. Porque en Chamartín, en horario de misa mayor, con calor -eso que dicen querer evitar cuando justifican los partidos de las once de la noche de los sábados-, los rojiblancos han aguantado veinte minutos dignamente, hasta despertar la fiera, hasta que el arriesgadísimo planteamiento de tirar la defensa buscando el fuera de juego de la delantera madrileña lo ha arruinado Iraola. Y, claro, para delirio local, no ha perdonado Isco, nuevo héroe merengue hasta mañana, que presentarán, por fin -qué coñazo-, a Bale.

A partir de ese momento, el del gol, y hasta el descanso el Athletic ha subsistido como ha podido, con una buena actuación de Laporte, al que sobran algunas confianzas, un encuentro más que aseado de un Herrerín que da argumentos a los muchos detractores de Iraizoz y la labor de destrucción de un centro del campo blandito en la destrucción y desconectado en la creación. Arriba bastante tenía el tocado Aduriz con pelearse con el tigre de Camas, con el salvaje Pepe y con el desatado Marcelo, desasistido por unas bandas con escasa proyección, que han protagonizado pocas llegadas y todas ellas carentes de convicción. Merece la pena volver a llamar la atención sobre la labor de un Muniain más centrado en labores defensivas que en brillar en el aspecto ofensivo. Se le puede aplicar aquello de la manta, pero de él se espera lo que se espera.

Tan poco le ha gustado a Valverde la interpretación del centro del campo de su planteamiento que ha decidido retirar a los dos principales encargados de la labor de destrucción: los que para muchos son incompatibles, Rico e Iturraspe, han sido reemplazados por Morán y de Marcos. Poco ha variado a pesar de las buenas intenciones la segunda parte, lo que el Madrid ha tardado en matar el encuentro, otra vez mediante Isco, hasta que Ibai, que sustituía a Muniain, ha vuelto a marcar un gol intrascendente, algo a lo que se está empezando a abonar.

En ningún momento ha dado el Athetic sensación de casi nada, si bien duelen los goles, los dos iniciales, los que han roto el encuentro, por producirse por sendos despistes, el mencionado de Iraola y el colectivo en el descuento de la primera mitad, con todo el equipo dormido en el lanzamiento de una falta que ha aprovechado un Ronaldo que siempre agradece los regalos.

Se puede hablar del arbitraje, claro que sí, como siempre en el Bernabéu. No para responsabilizarle al trencilla de la derrota, sino para volver a mostrar el hastío que se siente, la impotencia con que te quedas tras finalizar el partido, por ver beneficiado a un equipo con un presupuesto desproporcionado, al que se consiente un endeudamiento incontrolado, que gasta en fichar un único futbolista más dinero que el presupuesto anual de cualquier equipo de primera.

El fútbol necesita otras reglas, otro reparto de la riqueza, pero, sobre todo, que se erradique la impunidad de los marcelos, ramos, pepes y compañía. Y valentía. Valentía para que un árbitro que es capaz de hacer gala de vista de halcón para situar una mano a dos centímetros de la frontal, sea valiente para señalar las coces de Marcelo, un manotazo de Ramos sobre Susaeta a un metro del asistente o un penalti tan innecesario como de libro entre estos mismos protagonistas.

Son todos esos detalles los que te hacen perder la ilusión por una competición cada vez menos interesante, menos competida, más previsible. Claro que tampoco llegaba el Athletic, se quiera o no, en la mejor de las situaciones. A un Club tan particular como el nuestro, cualquier situación le causa un efecto mariposa.

Tras unos meses de tranquilidad, cuando todo parecía tomar velocidad de crucero, el jueves la rumorología se desataba por una información en la Cadena Cope sobre el interés del United en Herrera. Con más o menos escepticismo, por aquello de que lo publicase un medio madrileño a las puertas de un enfrentamiento contra el Real, la cosa fue cogiendo forma el viernes, principalmente desde el momento en que Urrutia reconoció la oferta en Rueda de Prensa.

A partir de ahí, se desataron las especulaciones, al punto de que incluso fuentes próximas a Ibaigane daban la tarde del viernes por perdido al jugador. A día de hoy, domingo por la tarde, parecen volver las aguas a su cauce toda vez que el pago de 36 millones de euros (más 1,8 para el Zaragoza) por un futbolista prometedor que aún no ha hecho casi nada (baste recordar su irregularidad la pasada campaña) parece una barbaridad.

El único problema será ver si la presión que parece existir sobre el United (más tras su derrota frente al Liverpool) no acabará en una huida hacia adelante de sus dirigentes abonando la cláusula de un Ander Herrera que, siempre listo y bien asesorado, permanece callado –e inédito hoy en lo futbolístico- a la espera de que se produzca una salida deseada por él y su entorno.

Quedan veinticuatro horas para despejar la incógnita. Y después, por desgracia, un parón liguero para llenar demasiado tiempo y espacio debatiendo sobre un jugador que generará debate decida o marcharse o quedarse, una opción esta última que se daría no por la voluntad del  futbolista sino por no ser una apuesta suficientemente clara en Manchester.

Sea como sea, volveremos a debatir sobre qué es lo que estamos haciendo mal, qué está pasando, si al Athletic los nuevos tiempos le están pillando con el pie cambiado. Porque que en tan poco tiempo tantos futbolistas con orígenes tan dispares, y tan solo unidos por el maldito Cola-Cao, decidan que este Club no colma sus expectativas debe hacernos pensar, debatir con serenidad –complicado en el Athletic- y buscar soluciones para reinventarnos para resultar atractivos a las nuevas generaciones.

Tiremos de optimismo. Alguien cuyas opiniones valoro me rebatía el pasado viernes. Algo estaremos haciendo bien para que nuestros futbolistas se estén revalorizando tanto. Eso, que tenemos seis puntos sobre nueve posibles y que en dos semanas estrenamos un campazo.

Optimismo en domingo por la tarde, tiempo habrá para hablar sobre el asunto Herrera. Pase lo que pase.
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