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La copa fuerza la primera reválida

Pues son ganas de complicarse la vida, la verdad. No buscado, puesto que el Athletic tuvo opciones más que claras para haber podido obtener algo positivo en Balaidos que encarrilase la eliminatoria, pero la dichosa falta de pericia, aquel concepto tan bien definido como mal resuelto por Bielsa, evitó que los rojiblancos evitasen seguir engrandeciendo esa leyenda urbana por la cual tienden siempre a las primeras de cambio a aguar el vino. Si la victoria frente al Barcelona permitió a la afición sacar pecho por aquello de ver al Athletic como líder de su Liga durante quince días, la ilusión copera, que desde el sorteo estaba bajo mínimos, ha durado lo que los peces de hielo en las canciones de Sabina.


Es cuestión de esperar, de momento, para ver si el tropiezo es o no enmendable en el partido de vuelta. De momento, lo de ayer sábado sirvió para ver que Valverde se tomaba en serio el asunto  tirando de los más habituales –facilitado, no nos engañemos, por aquello del parón de Liga y no existir necesidad de oxigenar a los titulares- y le respondieron con una primera parte, al menos los primeros cuarenta minutos, más que aceptables. Tuvo el Athletic sus opciones, pero o bien falló la puntería –en el caso de San José- o, como ya es habitual, la técnica a la hora de disparar –porque lo del golpeo a puerta de Muniain o Herrera parece como de carencia futbolística no resuelta en alevines-.

El caso es que a la buena circulación de balón, con una nueva actuación destacada de Iturraspe, con un Muniain activo, un Susaeta haciendo lo que mejor sabe, el Athletic puso contra las cuerdas a un Celta que se tomaba el partido en serio pero sin presiones de ningún tipo por considerar el torneo copero como algo que puede distraerle de su único objetivo: la salvación. Pero no supo el equipo rojiblanco rentabilizar su mejor juego y lo acabó pagando. El descanso pasó factura, tanto antes, los últimos cinco minutos permitieron al Celta sacar algo de pecho e irse al túnel de vestuarios viendo que con algo de intensidad podían poner en aprietos a Herrerín, como después, y tras la reanudación así fue como decidieron atajar el encuentro, con algo más de plomo en las botas, con unas dosis de ambición.

La pena no fue tanto que el Celta se creciera como que el gol llegara en una jugada sin trascendencia, en la que Gurpegi cometió el doble error de golpear un balón que no era necesario atajar y, encima, hacerlo de manera defectuosa. Lo de después, lo de casi siempre, Herrerín que atajó como pudo la jugada posterior y San José volviendo a mostrar la falta de tensión que se requiere en un central para ser titular en primera.

Debió puntuar el Athletic, pero no pudo, ni con los once que salieron de inicio ni con los retoques de Valverde en forma de cambios. Y ahora debe esperar unos días, antes viajará a Sevilla, para protagonizar la primera prueba  de fuego del reinaugurado San Mamés. Veremos la ambición de la plantilla, la seriedad con la que se toman el encuentro, si esas declaraciones sobre lo ilusionados que se mostraban con la Copa son unas nuevas afirmaciones de esas de manual de futbolista de primera o bien denotan el ánimo de un vestuario que prefiere vivir en la comodidad más absoluta. Y es que no cabe engañarse. Suena a quimera que hablen de finales coperas cuando se revuelven al señalárseles la cuarta plaza como objetivo a alcanzar. Ahí está Iturraspe, como elemento de muestra, que ha sido quien más contundentemente ha alzado la voz contra poner el listón en la clasificación para la Champions mientras vendía ilusión para el torneo del K.O. en una entrevista de hace un par de días.

Sería una pena caer tan pronto, pero han sido los caprichos del sorteo de una competición chapucera, organizada en la línea del desastre en que se están convirtiendo las competiciones estatales, con unos partidos que han pasado absolutamente desapercibidos, con unos estadios más vacíos que en los entrenamientos a puerta abierta y entre los que el Celta-Athletic sobresalía, por enfrentar a dos primeras, y porque la entidad de Ibaigane, a pesar de los continuos desprecios a su historia y  potencial que recibe de Federación y Liga, volvió a demostrar que allá donde compite genera ilusión y arrastra afición (y televidentes, Tebas, televidentes).
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