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Vacaciones con buena nota

Sacó adelante el envite el Athletic, que es de lo que se trataba, y sigue encaramado a la cuarta plaza, el objetivo, por mucho que algunos miembros de la plantilla prefieran vivir de espaldas a la realidad que impone ser deportista profesional, y se va de vacaciones navideñas con la conciencia tan tranquila como lleno el orgullo.

No era un encuentro sencillo, acostumbrados estamos a petardazos de este equipo, tradicionalmente, cuando el viento de popa es propicio para dar saltos de calidad, pero el Athletic de Valverde se ha convertido en una máquina firme inasequible al desaliento e inalterable, en lo anímico, a los cambios en el guión.

Porque el de ayer era de esos partidos que en la historia hemos visto muchas veces: día propicio para afianzarse en la tabla, frente a un equipo teóricamente más débil. Y, generalmente, se solía salir de La Catedral con sabor amargo.

Los avisos de la plantilla, tan duchos los chavales en la identificación de partidos trampa como Mayor Oreja en treguas de la misma categoría, no cayeron en saco roto y salieron concienciados. A aplicarle al Rayo la misma receta que les cocinaban a ellos hará cosa de más de dos años, cuando con más buenismo e inocencia que otra cosa se empeñaban en poner en práctica la receta Bielsa y les daban detrás de las orejas en forma de goleada. Así que si el Rayo quería seguir los dictados de Jémez y jugársela a salir a hombros o en camilla de la enfermería, debía saber que ellos iban a presionarle para forzar a que pintasen bastos.

Para ello nada mejor que los dos calvos, Rico y Toquero, que son una pesadilla para cualquier rival, el rigor táctico y el orden de Iturraspe y aguardar a que alguien estuviese inspirado arriba, que las ocasiones suelen llegar, aunque la responsabilidad de transformarlas esté tan repartida.

Pudo marcarse más o menos rápido, pero no es el acierto lo que caracteriza a este equipo, así que debió ser San José, al que se le da mejor el área rival que la propia, el que tuvo que demostrar cómo se debe estar atento y bien situado para aprovechar rechaces. Antes, la presión asfixiante al bienintencionado Rayo pudo haber dado sus frutos, pero no era el día de quienes acompañaban por detrás a Gaizka. Ni Susaeta destilaba acierto – en la medida que Susaeta puede acertar, claro-, a Muniain se le iba el gas demasiado pronto y Herrera se empeña en destilar un decepcionante aroma que sólo deben saber apreciar allá por Manchester.

La reanudación trajo un Athletic algo más bajo de intensidad y un Rayo que empezó a probar a Iraizoz de lejos, aunque respondía bien el paciente del coaching. Hasta que a San José, dadas las fechas, le dio por organizar un Belén, sacó la partitura en una de sus clásicas lagunas defensivas y a Iraizoz, guitarra en mano, le dio por acompañar. Bueno, de chilena, no perdonó.

Valverde, una vez más, aplicó acertadamente el bisturí. Y van ya muchas a lo largo del ejercicio, lo que indica que de esto del fútbol algo sabe, aunque no sea un entrenador de esos a los que los popes de la comunicación deportiva, los que dictan quienes son los grandes técnicos, le tengan como referencia.
Rico, cómo no, aprovechó una jugada no muy estética iniciada por Aduriz e Ibai para devolver al marcador el resultado que correspondía. El Athletic, con todo, no conseguía aplicar el sentido común, imponerse en el centro del campo. Y sufría. Sufría por lo exiguo de la ventaja y porque en lugar de optar por la contundencia, por administrar la ventaja con cabeza, susaeteaba, es decir, amagaba pero no daba. Más bien desesperaba.

Las ocasiones de sentenciar se escapaban con la misma facilidad con que llegaban, al punto de que el descuento se convirtió en un sinvivir en el lanzamiento de un par de córneres tan mal puestos en circulación por el Rayo como mal gestionados después por el Athletic toda vez que la portería vallecana estaba vacía.
El final llegó con la preciada victoria ante un Rayo inocente, meritorio, que dignifica el fútbol de primera y más si te disfrazan con ese uniforme amarillo. A uno lo atavían así y le pasa como a Bob Esponja, que te da por pegarte una paliza con Hello Kitty en plena plaza de Sol.

Buenas vacaciones, dulces, le aguardan al equipo a la espera de acometer una exigente prueba en enero. Mientras, la directiva se afana en normalizar situaciones y cerrar renovaciones. Laporte, uno de los que despertaban dudas, renueva hasta que tenga veinticuatro, edad en la que se intuye será una pera en dulce. No era fácil y se ha conseguido atar al francés. Algo más difícil de gestionar se antoja el asunto Muniain. Ya lo decía aquí el pasado viernes Contini, que no suele dar puntada sin hilo. Si Urrutia no consigue hacerle firmar antes de fin de año, con una fiscalidad más favorable, a partir de enero se iniciará la cuenta atrás de un culebrón que puede no tener un final muy feliz para los intereses zurigorris. Veremos.
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