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Cuando siempre falla el abecé

Oficio. Fue lo único que necesitó el Espanyol de Aguirre para que el Athletic se viese superado de principio a fin del encuentro. Todo ello acompañado de una intensidad marca de la casa del mexicano, que ya pudo verse y conocerse desplegada en aquel digno Osasuna que entrenó. Y esa simple mezcla de colmillo retorcido y sudor fue suficiente para desarbolar a un Athletic tiernito, inocente, que se caracteriza tan solo por hacer bien lo que en fútbol es fácil –pases horizontales en el centro del campo- pero que falla irremisiblemente en lo complicado, en lo que da el valor añadido: la defensa contundente y la materialización de las ocasiones.

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Herrera nos quiso vender un tranvía

Cuentan, e incluso Berlanga lo reflejó en un corto, Se vende un tranvía, que en el Madrid de mediados del siglo ya pasado se dieron supuestos casos en los que avispados habitantes de la capital llegaron a dar timos consistentes en vender un tranvía a gentes de pueblo –prepotentemente calificados como paletos, término que todavía hoy se usa en la capital española- que llegaban a la ciudad para realizar gestiones.

Tras visionar la rueda de prensa que Ander Herrera concedió a los medios el pasado miércoles, no pude evitar la comparación. El futbolista, sereno, seguro de sí mismo, buen orador para lo que el mundo del fútbol acostumbra a presentar en las comparecencias, intentó salir con dignidad de la rocambolesca situación  –por calificarla de manera generosa- que se dio el lunes en el edificio donde Tebas sigue campando a sus anchas.

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La profesionalidad, Ander, la profesionalidad

La profesionalidad. Acordémonos del concepto. La profesionalidad. Fue la razón por la que los carriles de la vasco-aragonesa le vieron llegar a Ibaigane y la que a puntito ha estado de situarle en Manchester. Ahora verse jugando en el Teatro de los Sueños puede que lo considere una pesadilla. Cosas del fútbol, que diría aquel.

La profesionalidad, esa a la que todos nos remitimos para justificar un cambio de trabajo, salvo en el caso del fútbol, donde el concepto sólo lo aplican los del gremio, por corporativismo, por el hoy por ti y mañana por mi.

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La película de todos los años

Es una sensación similar a la que se sentía al poner TVE y ver Verano Azul. Así, como de reposición, que conoces sintonía, inicio, desenlace y final. Y siempre es parecido, similar, sean los actores los mismos, distintos, el sistema uno u otro, la defensa zonal o al hombre. Un Athletic blandengue, acobardado, de circunstancias, que aguanta como puede, con la mejor cara posible, hasta que encaja el primer gol. Y a partir de ahí, la cuesta abajo merengue.

Tampoco hoy se ha variado el guión, con retoques con respecto a los partidos anteriores, con la presencia del fichaje Rico como hecho más relevante para dar –bueno, intentarlo-consistencia al centro del campo. El timorato Athletic no ha sido, una vez más, rival para un Madrid que al tran-tran, sin grandes dosis de juego ni de ambición, ha sentenciado cómodamente el partido.

No es para rasgarse las vestiduras, ni mucho menos, de hecho acumular seis de nueve puntos no es mal bagaje. Pero siempre se espera más, bastante más, porque todos los años algún equipo da la campanada en el Bernabéu, pero casi nunca le toca al Athletic, que se ha transformado en un cómodo visitante para los madridistas.