+ 2

El Athletic vuelve a perdonar

Fue un partido perfecto el del Villamarín para seguir manteniendo el mismo rictus que tras la finalización del de Anoeta. De tonto. Porque cuesta digerir, y más por segunda vez consecutiva en tres días, que un equipo que baila al rival, que lo maniata, que le quita el balón y lo somete a su juego, pueda acabar perdiendo los encuentros. Pero así volvió a ser, otra vez, y por los mismos motivos, la incapacidad para traducir en goles un dominio sonrojante.



A pesar de las analogías, hasta en el minuto de encajarse el gol en la primera mitad, hubo ciertos matices. Y es que a diferencia de lo padecido en Gipuzkoa, en el Villamarín el Athletic gozó de más de media docena de situaciones claras en las que debió conseguir algún gol. Valverde, que hizo una apuesta importante, con los riesgos que eso conlleva, decidió rotar para oxigenar a algunos de los hombres claves y, se supone, para motivar a aquellos que disponen de menos minutos y, de paso, demostrar con hechos que el fondo de armario del que suele presumir es algo más que palabrería.

Sorprendió bastante la alineación, aunque ahora lo fácil pueda resultar criticar la decisión, principalmente por la entrada de Erik Morán en el puesto de Iturraspe y de los noventa minutos de titular de Kike Sola. También entró, por fin, un tal Beñat en la alineación, un héroe en Sevilla que tuvo una actuación gris a más no poder, destacando tan solo en el golpeo de algún balón parado.

Las presencias de Ibai, algo más habitual en el equipo, o de San José, como central, fueron rotaciones que sorprendieron algo menos, pero que contribuían a elevar el número de no habituales en la alineación. No lo notó el Athletic, que se marcó una gran primera mitad, dominando a un Betis que si creo peligro fue tan solo por pérdidas absurdas de Susaeta, Rico o Morán.

Si el desenlace fue como el de Donostia, al menos esta vez queda el consuelo de que hay posibilidad de enmienda el próximo miércoles contra un equipo de nivel paupérrimo. Puestos a ser positivos y a no entrar en el debate de la falta de gol, que flaco favor le puede hacer al equipo iniciarlo ahora, lo cierto es que se llegó más a portería rival, aunque Sola demostrara que a su incuestionable trabajo y lucha acompaña una puntería más propia de vendedor de cupón de los ciegos.

La parte negativa, además de la ya manida falta de pegada, concepto que ya se repite en boca de periodistas y aficionados zurigorris como los estribillos de las canciones de verano, fue la forma en que se encajó el gol, con un Balenziaga driblado con tan solo un gesto de cabeza, incapaz de evitar el centro en carrera del Betis, la media salida a ninguna parte de un Herrerín que demuestra tener más futuro como guitarrista que de cancerbero y la pasividad de Gurpegi para evitar que rematara de cabeza Rubén Castro, un tipo que en sus ratos libres, junto a sus seis hermanos, rueda películas de Blancanieves.

La segunda mitad, y tras un susto por la caraja inicial, siguió por derroteros similares. La entrada de Muniain, de Marcos y, principalmente, Herrera (que según se rumorea ahora se pasa las horas cantando aquello de Un inglés vino a Bilbao) dio algo más de movilidad al equipo, pero no contribuyó a mejorar ni el acierto cara a puerta ni el criterio a la hora de finalizar el juego o de realizar entregas con sentido.

El Athletic, más bullicioso que preciso, pudo y debió al menos empatar el encuentro, pero la falta de acierto dieron vida a un Betis más que pobre, al punto de que hasta Garrido, un apuñalador por la espalda que algunos se empeñan en denominar entrenador, reconoció el valor de lo obtenido.

No hay tiempo para más. Bien haría el Athletic en centrarse en el partido de pasado mañana a las cuatro, contra el Almería, y bien vendría que el entorno no exagere el debate en torno a la capacidad goleadora. Es cuestión de rachas y no parece que jugando como el equipo lo hace, bastante mejorado a domicilio con respecto al principio de temporada, haya demasiados motivos para la duda. En Liga la posición es difícilmente mejorable y en Copa las críticas deberán llegar si no se es capaz de dar vuelta a la eliminatoria. Hasta entonces, sigue habiendo muchas más razones para la esperanza que otra cosa.
Si te ha gustado o te ha parecido de interés esta entrada, cómpartela y ayuda a difundirla. Eskerrik asko.

2 comentarios

  1. Creo que fue en Radio Euskadi donde escuché ayer que nos hemos convertido en unos "pagafantas" del fútbol y no les falta razón. Hasta Garrido reconoció que lo justo hubiese sido el 1-1. Solo queda remontar sin salir a lo loco, un poco lo que se hizo contra el Celta en circunstancias parecidas. Y el gol encajado, en fin, como diría alguno "un cúmulo de despropósitos".
    El que nos marcó el gol no es Diego Castro, gallego e hijo del entrenador Fernando Castro Santos, sino Rubén Castro, canario, 1.74 de estatura. Más que en Blancanieves, le pega más salir como "prota" masculino en "Te doy mis ojos".

    ResponderEliminar
  2. Jajaja acepto la moción, Contini.

    Por cierto, corregido el error, se me ha ido la pinza... Es lo que tiene escribir y no releer...

    ResponderEliminar

Este blog lo hacemos entre todos, por lo que no sólo se agradece tu opinión, sino que es necesaria para enriquecerlo. Los comentarios, una vez enviados, se publican automáticamente, no están moderados y aunque en cinco años no ha sido necesario, nos reservamos el derecho de eliminar y/o modificar los comentarios que contengan lenguaje inapropiado, spam o resulten ofensivos.

Aldez aurretik, eskerrik asko. Gracias por anticipado.