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Hernández y Griezmann, a pares

Empecemos por hablar de fútbol, que el resto encabrona. Para alabar la intensidad del Athletic en la primera mitad, importante, y para lamentar la ausencia de la misma los días en que verdaderamente te puede aportar opciones de ganar. O sea, contra Granada, Córdoba, Eibar… Y para volver a destacar la dependencia excesiva que este equipo tiene de Aduriz, su intrascendente centrocampismo, la manifiesta incapacidad para transformar posesión en llegadas con peligro, en ocasiones, en lo verdaderamente útil en esto del fútbol.

Marea el Athletic el juego. Toca y toca, mueve y mueve, pero sin llegar a ningún lado. El control del balón se traduce en una horizontalidad en la medular de la que poco puede aprovecharse. Se echa en falta velocidad. En las piernas y en las ideas. Puede que ayer no fuese el día, lastrado el equipo con dos ausencias hoy por hoy importantísimas. Pero resulta exasperante la falta de fruto a tanta llegada hasta línea de tres cuartos, en un equipo que rara vez progresa, que ni sabe chutar con potencia ni penetra en el área para provocar quebraderos de cabeza a la defensa rival.

Por eso, al descanso, y pese a haber protagonizado una buena primera mitad, nadie en San Mamés las tenía todas consigo. Y existían ciertos temores a qué podía de dar de sí el colegiado de turno, que ya había enfadado al público sin haber existido jugadas polémicas. Pero se intuía por dónde iban a ir los tiros.

Y sucedió, otra vez más. Y van demasiadas, porque el Athletic es el único animal futbolístico que tropieza cuantas veces sean necesarias en las piedras del Manzanares. A la vuelta del descanso, tras una pérdida de balón y la consiguiente de posición de Balenziaga, además de cierta falta de tensión defensiva, Juanfran ponía un balón en el área rojiblanca que Griezmann, que no es Urzaiz, remataba sin oposición.

Era la primera llegada de peligro del Atlético y la rentabilizaba al máximo, para desesperación local. Por mucho que diga Valverde, además, no se puede hablar ni de justicia ni de injusticia, y sí parece claro que algo falla cuando siempre contra el mismo equipo se repite la historia. Quizás no sea falta de tensión, quizás. Pero lo parece. Como también parece claro que la pérdida de balón está relacionada con esa excesiva querencia del equipo hacia los pases intrascendentes que, unidos a la falta de precisión de algunos, llevan a pérdidas muy comprometidas en zonas del campo en las que los fallos se pagan demasiado caros.

Y cabe, otra vez más, preguntarse por la coherencia con que se están elaborando alineaciones e, incluso, convocatorias. Méritos de unos y deméritos de otros. Por qué Viguera, por ejemplo, paga con su caída de la convocatoria haber resuelto a base de goles la bochornosa actuación copera. Máxime en un equipo en el que pocos parecen capacitados para anotar. O qué pasa con Beñat, de nuevo desaparecido en una ocasión en que había hueco para poder formar en la sala de máquinas, superado por San José en las preferencias del entrenador. O para qué se mantiene en plantilla a un chaval como Morán, al que flaco favor se hace no posibilitando su salida.

Hace tiempo que no se entienden las apuestas de Valverde. Principalmente la de Gurpegi, facilitador del tercer gol colchonero con una caída por resbalón que lleva a preguntarse si iba debidamente calzado, y que acumula excesivos errores en esta campaña puesto que el tiempo y las lesiones no pasan en vano. Como difícilmente se explica que con tanto debut intermitente de meritorios, no se pruebe nada para el lateral derecho que permita rescatar el dinamismo de de Marcos para el centro del campo.

Tiene deberes el Athletic para estas vacaciones. Demasiados. Porque llega vivo en las tres competiciones y, sin embargo, la ilusión no está en los niveles que debiera. Los cuatro meses de liga han dejado muchos interrogantes, malos resultados y peor juego. En la Copa se ha pasado de mala manera frente a un Segunda B y en Europa League quedan dudas de la seriedad con que se afronte toda vez que en Champions, mucho más motivante, se ha dejado pasar la oportunidad de competir.

Y ahora, ahora sí, se puede hablar de Hernández Hernández, ese atolondrado canario con nombre artístico de detective de Tintín y que deja de manifiesto que las letales consecuencias de que tus padres sean primos llegan más allá de los borbones. Lo más peligroso de un árbitro son los prejuicios, mejor dicho, la premeditación, cuando se sale a un campo con las ideas claras de lo que se va a hacer. 

Fue el caso. Pronto se vio la fijación del trencilla por Aduriz, al que no señaló faltas a favor y corrió a amonestar en la primera oportunidad que tuvo. Significativo. Como lo fue con el juego subterráneo del Atlético, con ese juego barriobajero que solo da frutos cuando cuenta con la pasividad arbitral. En eso se basa eso que el chorrismo ha dado en llamar cholismo: jugar más allá del reglamento con la aquiescencia de los que debieran repartir justicia. Y es que en poco tiempo el Atlético de Madrid ha pasado a gozar de la bula arbitral que antes solo tenían otros equipos capitalinos, con el patrocinio y el jaleo de la prensa madrileña, que tan solo brama cuando la agresividad colchonera topa con alguna estrella merengue.

Es más de lo mismo, una de tantas decisiones extradeportivas que condicionan la liga. Porque el Atlético de Madrid es el ejemplo más claro de la basura en que se convierte una competición cuando a un equipo con una deuda galopante, que lo hace inviable económicamente, se le consiente seguir dilapidando dinero en fichajes. Si a eso se une la permisividad arbitral con un juego fuera del reglamento, con un entrenador que fomenta como nadie la trampa, la pérdida de tiempo y la agresividad mal entendida, se tiene como resultado un equipo que acumula títulos como paradigma de la antideportividad.

Pero la culpa no es de quien aprovecha lo que le consienten. La responsabilidad está en quien hoy no decidirá que el tal Hernández se pase una temporada larga sin pitar, en quien acabará premiando la faena de aliño del impresentable canario. Porque hay decisiones que no se pueden entender como errores. El árbitro de ayer estaba esperando. Se le vio desde el inicio. Y el ímpetu le traicionó en el momento de pitar el penalti a San José. Estaba bien situado y le pudieron las ganas. Como antes le habían podido al amonestar a Aduriz. O cuando debió ver que el cuarto gol colchonero de la noche no podía subir al marcador, por mucho que su asistente no lo viese, puesto que en el campo, incluso desde la tribuna contraria, pareció claro que el Francés estaba adelantado. Pero hay que querer. Y Hernández no quería. Estaba loco por la música. Sabe demasiado bien qué tiene que hacer para sobrevivir en la jaula. Nadie en Madrid cuestionará hoy su labor, pasará desapercibido en la prensa capitalina, y eso es clave para no ser candidato al descenso.

Este show está lleno de cinismo, pero es lógico, hay demasiados intereses en juego. Por eso el Athletic lo tiene complicado si no compite siempre como lo hizo ayer en la primera mitad. Y también lo tiene difícil si los jugadores fallan estrepitosamente o si el entrenador no contribuye con sus decisiones a una apuesta coherente, que pasa por tener las ideas bastante más claras. De con quiénes sacar adelante esto y, sobre todo, de apostar por otra forma de jugar a fútbol.
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4 comentarios

  1. Gontzal,
    Yo en mi comentario sólo me revolvíbamos la tripas hablando del trencilla, no toque el fútbol. Sobre lo que comentas de fútbol de acuerdo.
    Me pareció inexplicable que Viguera no estuviese ni convocado. Sigo sin entender que un nombre juegue. Nombre no me he confundido. Me refiero a Iker. Esta jugando porque seguimos esperando su versión buena. Ya está bien. No está y no puede seguir en el campo. El día que juegun bien igual Valverde dice, ¿veis?, ya sabia yo. Pero ¿ y los otros 25 partidos.? Que le de esos todos los 25 partidos a Ibai? NO O O O O O O. A Ibai no, que falla el primer pase y ya esta recibiendo estopa. En una radio oí ayer que Ibai estuvo fatal contra el Atlético. Ala. Toma ya. Le dio tiempo a verle....
    Pero tampoco me olvido de los jugadores como equipo y lo que comentas... por qué se juega así contra el Atlético y contra los otros no?
    A saber.
    Besarkada bat

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  2. Me llama la atención que en los errores arbitrales se cargue exclusivamente contra el árbitro, cuando yo creo que el mayor culpable, y el tramposo, es el jugador, en este caso Tiago en el penalti o Gabi a la hora de fingir que Aduriz le había dado con el codo.

    Lo triste es que el 90% del forofo celebra alborozado cuando un jugador de su equipo engaña al árbitro y consigue un penalti a favor o saca una tarjeta injusta de un contrario. Están por lo tanto muy poco legitimados para censurar que un contrario realice tal acción.

    Me encantaría que en esta liga se aplicara mano dura contra los tramposos, pero sé que en este país de "listos", pedir eso es perder el tiempo. Mientras tanto, cada vez se le pone todo más difícil a los trencillas y se carga contra ellos cuando caen en la picaresca del espabilado de futbolista de turno.

    Por cierto, ni un pito a Tiago ni a Gabi cuando tocaban el balón, ¿San Mamés no pitaba a los tramposos?

    Manolo el del Bombo

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  3. En cualquier lance del partido el arbitro siempre iba para el mismo lado, cuando todos sabemos a qué juegan los del SiMeone y como se las gastan....
    Lo que teníamos que haber hecho era irnos todos del campo o darnos la vuelta. No se puede competir en esas condiciones.
    El Athletic hizo un buen primer tiempo y más teniendo en cuenta los impedimentos arbitrales, si ellos juegan fuera del límite, el arbitro les deja y encima les regala dos goles contra ese equipo hay poco que hacer.
    De todas formas, no me extraña la actitud del árbitro después de lo que le ha pasado al que expulso el año pasado a “Cristiano” Ronaldo en San Mamés… Si les pita a favor no pasa nada, eso si, si se equivoca y les pita en contra… A SEGUNDA…

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  4. Poco que objetar a tu crónica, Gontzal.
    A mí este juego horizontal que no aporta nada... Y es que no se ganan partidos por % de posesión de balón, como si fuera boxeo a los puntos en caso de empate.
    Txingurri... hay decisiones que no entiendo; algunas ya las apuntas tú.

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