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Un punto. Sólo un punto.

Cuestión de actitud y de intensidad. Y no es nuevo. De siempre, pero ha cobrado especial relevancia esta temporada. Pasó en Borisov, y no se espabiló, se tiró la Champions y aquí no pasó nada. Beti zurekin. Pasó contra el Córdoba, como antes sucedió contra el Granada, y tampoco pasó nada, al fin y al cabo se venía de maquillar el ridículo contra el Alcoyano y tampoco parecía que nadie tuviese la necesidad de reivindicarse. Posteriormente el equipo se aplicó el maquillaje contra el BATE y casi  todos contentos, porque ahora parece un éxito salir a la calle Ledesma por la puerta trasera después de haber tenido la oportunidad de entrar a los grandes almacenes de la UEFA por el espectacular escaparate de Gran Vía.

Lo que sucede en el Athletic sólo es cuestión de conformismo, de pulso competitivo, de ilusión, de motivación. Y a ello contribuimos todos, desde los aficionados, que generamos ídolos con pies de barro ascendiéndolos al olimpo del fútbol con diecisiete años ,para crear después muñecos rotos muy bien pagados que deambulan por la banda siniestra dejando constancia a los veintipocos que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Cuando se salta al campo creyendo que se está a un nivel superior y se olvida la importancia de la pelea para demostrar la superioridad, el Córdoba te vence sin remisión. Cuando se salta al campo de un rival que siempre se toma esto de los ya mal llamados derbis como si no hubiese un mañana, pasa lo que pasa casi siempre en los partidos de Donostia, que se lleva el gato al agua el único que parece tener interés en vencerlo. Salvo que, como ayer, se te pongan los elementos de cara, el rival falle cara a puerta como tú sueles acostumbrar, y después de que decidas ponérselo cuesta abajo con una autoexpulsión (en la que el sobrado jugador tiene la culpa y el entrenador una parte importante de responsabilidad), rezar para que Canales no te ajusticie cuando más duele.

Y es que molesta ya la actitud del Athletic, que obtuvo un punto en Gipuzkoa, el mejor resultado al que pudo aspirar con su despliegue timorato y juego ramplón. Porque empatar hubiese sido un gran resultado de haber vencido al Córdoba, de no recibir la próxima jornada al Atlético de Madrid, la antítesis futbolística de los nuestros.

Y es evidente que hay que mirar al césped, a esos futbolistas Guadina que dan una de cal y tres de arena, que acumulan excesivos fiascos, no por los fallos derivados de las carencias futbolísticas, que esas se deben perdonar, sino por los déficits de entrega, de motivación, de concentración, de pulso competitivo, en definitiva.

Y se debe mirar al banquillo, claro está. Porque a Valverde a estas alturas no le comprende ni el propio Ernesto. Semana tras semana, partido tras partido, acumula decisiones extrañas, cuestionables, incoherentes. Apuestas de quita y pon, debuts que recuerdan a épocas pasadas, cuando la alineación de canteranos parecía más buscar el objetivo de poder algún día afirmar que tal futbolista debutó bajo las órdenes de tal entrenador.

Porque el principal cometido de un entrenador es hacer que funcione lo que no lo hace. Es decir, contribuir en el caso del Athletic a que exista una mayor finalización de jugadas de ataque. Primordialmente. A conseguir dinamizar el juego por bandas, a conseguir que exista movimiento en la línea de vanguardia, donde el equipo maquilla su inoperancia en base al gran momento que vive un tal Aduriz, un chaval de nada más y nada menos que treinta y cuatro años. Un riesgo en toda regla.

No hay apuestas claras. Ni tan siquiera conceptos claros, al menos. Porque hoy se opta por un perfil de jugador para ocupar posición de banda y mañana otro. Hoy confío, por ejemplo, en Unai López y mañana ni tan siquiera lo convoco. Cierto es, y hay que ser justo, que el nivel de los centrocampistas del Athletic está siendo absolutamente decepcionante, ninguno aprovecha el tropiezo ajeno para opositar a una plaza en propiedad.

Claro es que tampoco Valverde perdona igual los fallos de unos y otros. Así, Beñat se convierte en sospechoso habitual mientras que Muniain acumula tantas oportunidades como Platanito.  Puede que la política de volantazos de Ernesto se deba al rendimiento y actitud de los futbolistas, puede. O puede que el rendimiento de los que visten de corto no sea el que se les supone por la asimétrica política del palo y la zanahoria que aplica Don Ernesto.

En cualquier caso, los problemas ahí siguen, sin solución. Un equipo de cantera no tiene más alternativa a Iraola que de Marcos, el futbolista que a cada oportunidad que se le ofrece demuestra que es la mejor opción para dinamizar la media punta zurigorri. No es baladí el asunto, porque el de Laguardia fue, con diferencia, una de las mejores consecuencias del paso de Bielsa por el Athletic, que dejó como regalo un futbolista desequilibrante de entre los despojos que había dejado Caparrós como desguace futbolístico. Algo similar a lo que pasó con Iturraspe.

El caso de Ander, por cierto, no deja de ser también sintomático. Alejado de su mejor versión, le sucede como a Muniain, que el cuerpo técnico parece perdonarles casi todo. Y el de Abadiño acumula excesivos lunares en lo que va de temporada. No solo por eso de los regalos a equipos andaluces, que han hecho que el buen chaval tenga al sur de Despeñaperros más simpatizantes que Susana Díaz, sino por el rendimiento general de su fútbol, por la importancia de su papel en el juego colectivo. Y es que cuando Iturraspe falla, el equipo lo acusa en exceso, y las carencias de Rico, como pudo verse ayer durante el primer tiempo de Anoeta, quedan en evidencia a la luz de los focos.


Aun dando por supuesto que el equipo se clasificará para la siguiente ronda copera este jueves, que es bastante suponer, el partido del próximo domingo, con el veneno adicional de ser el último antes del parón navideño, será un examen de órdago para el colectivo. Porque se antoja complicado con las virtudes mostradas hasta ahora vencer a los del Manzanares, un equipo que no regala nada y sí aprovecha cualquier resquicio para sacar el máximo provecho, y porque sería muy perjudicial acabar año futbolístico dejando para los balances navideños tantas incertidumbres.
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2 comentarios

  1. Kaixo Gontzal,
    Estamos muy de acuerdo. Como tú en mi comentario también reparto a diestro y siniestro porque hay pocos que se salvan de la quema. Valverde por pesado e InSistir hasta el aburrimiento en cosas que no funcionan y a los jugadores según a quién. .. por sus distintas razones. También estoy cansada de las sobradas del sobrado... Muy bueno sí, pero ya le vale...
    Muniain... ya volverá. .. pero ahí sigue de titular. ¿?¿?
    Iturraspe... Otro misterio.
    San José defiende fatal.
    El pase de gol de Susaeta sobresaliente pero... los otros 25 pases últimos del mismo jugador para cortarse las venas...
    En fin... y también estoy cansada de que regalen uno de los dos tiempos del partido.

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  2. Aupa Euup, claro que te leí, directa y clara, como siempre.

    El sobrado es bueno, sí, pero no tan bueno como él se cree, que observe a Muniain, claro ejemplo de lo arriesgado de parecer un astro del fútbol demasiado pronto, que te conviertes en estrella, pero fugaz.

    San José es blandito, muy blandito, pero sinceramente, a estas alturas creo que tampoco las opciones pasan por Gurpegi, al que tengo en la mejor de las consideraciones, pero al que los años, las lesiones y todos los avatares pasan factura.

    Y Susaeta, efectivamente, a mi me enerva, pero a sus 27 no va ya a mejorar, ya sabemos que con él lo que aplica es la ley del embudo, es decir, que tiene que insistir e insistir para que le salga algo aprovechable. Eso sí, es de los que más dinamismo aporta al equipo. Y no se esconde.

    Pena me da lo de Iturraspe, que hace una campaña buena y otra mala...

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Aldez aurretik, eskerrik asko. Gracias por anticipado.