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Viguera maquilla el ridículo del Athletic

Fue indigno. Lamentable. Y se debe, una vez más, mirar más hacia el campo que hacia el banquillo. Porque se podrá debatir acerca de la idoneidad o conveniencia de las rotaciones, de lo acertado de los nombres elegidos, de si debía jugar fulano o mengano. Vale. Pero una vez el entrenador decide unos nombres, estos deben rendir acorde al nivel que se le supone a un futbolista que, aunque sea para hacer bulto, completa una plantilla de primera división.

Y, si no, es mejor una plantilla de veinte y tirar de chavales del filial, para no llamarse a engaños y, además, recortar en gastos superfluos. Porque resulta que entre el equipo de meritorios que alineó Valverde estaban unos tales Laporte, Gurpegi, Iraola, Aurtenetxe, Ibai, Rico y Susaeta. Seis tipos que acumulan algún partido liguero en primera, participaciones en combinados internacionales y disputa de competiciones europeas. Y que enfrente estaba el Alcoyano, unos tipos que tienen tanta moral como telarañas la caja fuerte de su sede social.

Y resultó que esos chicos de segunda B, con un poquito de ilusión, agresividad y ganas debieron doblegar por más de un gol a los desganados profesionales zurigorris. El desolador panorama no lo refleja el marcador, que resulta un milagro, porque se alineó Júpiter con Saturno y el pinturero Herrerín bien debiera permanecer una semana en Begoña a modo de Barnetegi para agradecer el manto protector de la patrona de Bizkaia.

Los chicos de Cano, que dio una lección de motivación a Valverde -cierto es, también, que suele resultar fácil en el torneo del KO para los entrenadores de los modestos- superaron en todo al Athletic. Y que necesitaron menos control, muchísimo menos, y hacer menos faltas, para poner el partido donde querían. El Athletic tuvo la posesión, claro, pero eso, como ya suele venir siendo habitual, ni se tradujo en verticalidad, ni en llegadas, ni en ocasiones, ni en nada positivo.

El bajo rendimiento, además, no se debe achacar al partido gris, una vez más, de Morán, o a la inexperiencia de Aketxe. Susaeta e Ibai, que ni están ni parece que quepa esperarles, justificaron por qué el entrenador lleva tiempo enviándoles señas. No parecen buenos jugadores de Mus. O no cazan los guiños de ojo y movimientos de cejas de Valverde, o los cazan pero no saben qué significan. Su actuación ayer, catastrófica, pone de manifiesto el porqué de la escasez de ocasiones del Athletic. Sus entregas, pases y finalizaciones no son, hoy por hoy, aptas para la competición de primer nivel.

Otro tanto sucede con Gurpegi, al que las lesiones y el tiempo abocan a participaciones muy puntuales, alejado de la titularidad de un puesto de central. Lo mismo que Aurtenetxe, que debe lamentar como nadie la marcha de Bielsa, no tanto por aquello de ser el afortunado en el sorteo del coche que regalo a la plantilla el rosarino, sino porque desde su marcha todo son nubarrones sobre su fútbol. Romo en ataque, timorato en lo defensivo.

El encuentro de Alcoi fue un calco del fiasco de Borisov. Un equipo desganado, al que solo le faltaron bolsillos en los pantalones cortos en los que meter las manos como símbolo máximo de la falta de interés.

Si la fortuna fue la aliada en defensa, el maquillaje del resultado se le debe atribuir a Viguera, que situado en la zona del campo donde justificó en segunda su llegada a la élite, se inventó un gol tras controlar un melón de espaldas a la portería y lo transformó en gol de zurdazo a la media vuelta. No deja de ser significativo que el riojano empiece a dar pinceladas de lo que creíamos que podía ser en cuanto Valverde decide dejarle rondar la zona en la que se siente cómodo. Pero como Txingurri es tozudo como él solo, habrá que resignarse a verle de nuevo escorado por la banda de babor, alejado del área y condenado a hacer los deberes de Ibai o de ese exasperante Muniain que cada partido que pasa se empeña en demostrar que lo suyo fue fuego de artificio.

El inaceptable partido acabó con un resultado que allana el pase de ronda, pero poca ilusión cabe depositar en esta competición o en la Europea, toda vez que la sensación que plantilla y entrenador , y duele mucho lo del entrenador, es son competiciones accesorias y que sólo hay plantel para apostar por la Liga.

Si hay razones sobradas para pensar que se ha dejado pasar una oportunidad histórica en Champions, si caben dudas más que razonables de cómo y para qué afrontará el equipo la Europa League, si las ganas de llegar lejos en Copa son las que los meritorios de anoche demostraron, da la sensación de que este grupo, con los jugadores en primer lugar, pero con lectura de cartilla a Valverde incluida, necesita que alguien le ponga los puntos sobre las íes.

Son ya demasiadas las veces que fallan en cuanto creen haber alcanzado un mínimo éxito. Aunque quizás la culpa también la tengamos los aficionados, que contribuimos a celebrar los logros parciales con las alharacas propias de las llegadas a meta. Puede que haya que reservar la entonación de la Marcha Triunfal de Verdi para cuando se ganen las finales o se logren clasificaciones en la fase de grupos de la Champions. Porque empieza a parecer que el objetivo es, simplemente, poder viajar a una ciudad lejana a vivir una fiesta diurna en lugar de acudir a disputar una final, o que solo queremos al Athletic como excusa para hacer turismo por Europa.
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