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Toca ser optmistas

Ya lo dejamos aquí escrito cuando la eliminación copera y los argumentos sirven para analizar lo del sábado, seguramente el mayor fiasco de la temporada de un Athletic al que todos esperábamos en su versión más competitiva y nos tuvimos que conformar con un equipo al que le faltaron dosis importantes de personalidad.

No hay más cera que la que arde y el Athletic, que es cuarto porque es el mejor equipo de su liga, está en un escalafón inferior, a años luz de la capacidad para competir que tienen los tres primeros de la tabla.

Afortunadamente los perseguidores no aprovecharon el tropiezo de los de Valverde y, otra vez, lo que podía haber supuesto sentir el aliento en el cogote de donostiarras, sevillanos o castellonenses, se quedó en un exiguo punto de ventaja perdido que si bien a priori parece poco, situaría, por ejemplo, a los txuriurdin a dos victorias a la espera de dilucidar el goal-average particular.

La tentación de echar cuentas cada jornada es comprensible, pero de poco vale y menos en una competición en la que se tarda tres días en completar la jornada, con análisis que van variando a medida que se producen los goles en los campos. Por ejemplo, ayer, cuando la Real preocupaba hasta que Osasuna salió en auxilio, como luego sucedió con el Elche, del actual propietario de la cuarta plaza.

No lo va a tener fácil el Athletic, a pesar de que la próxima jornada, rindiendo visita a Caparrós, saldrá al campo sabedor del resultado de sus rivales, pero sí parece adivinarse en los pupilos de Valverde menos brillo del que llegaron a tener a finales de la primera vuelta o entre enero y febrero. Por eso fue decepcionante la derrota frente a los colchoneros, máxime después de ponerse el viento de popa tras el tanto de Muniain.

Y los fallos fueron colectivos y también individuales. Porque para maniatar a los de Simeone tocaba bregar, luchar y acertar con el balón, pero los nuestros no supieron. Superados en intensidad y personalidad casi todos, quizás haya que salvar a Aduriz, Rico o Laporte, únicos supieron a qué tocaba jugar, mientras que Muniain, a pesar del gol, Susaeta y de Marcos parecían mantequilla futbolera para gentes con los espolones que poseen los raulesgarcías que pueblan el centro del campo colchonero.

Hablando de de Marcos, poco aprovechó la ocasión para reivindicarse como alternativa en un puesto en el que algunos aún creemos que es donde mejor puede rendir. Decepcionó el de Biasteri, aunque fue todo algo generalizado. Iturraspe, ancla y compás, se vio superado por la presión y protagonizó pérdidas de balón (verbigracia el primer gol) en él ya poco habituales.

Ahora, además, se junta la ausencia de la pareja de centrales que ha venido siendo eje y base del gran comportamiento del Athletic. Sin Gurpegi y, circunstancialmente, sin Muniain, preocua ver el rendimiento de una zaga que padece demasiado con San José de central e Iraola de lateral, ambos carentes de la velocidad que el equipo necesita. Qué tendrá el central navarro más allá de un incuestionable manejo de balón para ser la opción preferida de Valverde o Bielsa para el eje de la zaga es otro de esos expedientes X zurigorris.

Txingurri, al que se le ve consciente de no estar pudiendo administrar el banquillo con el acierto que sí tuvo durante tantas semanas, en gran medida por el bajo rendimiento de las alternativas a los jugadores lesionados, deberá apretar a los suyos para seguir en la línea de las últimas jornadas.

Porque a pesar de la falta de brillantez, el Athletic sigue siendo cuarto por méritos propios y lo tiene fácil –o mucho más fácil que sus rivales, al menos- para quedarse con la plaza en propiedad. Ahora puede ser momento para ver la garrafa medio vacía, basado en todo lo dicho anteriormente, o ser consciente de la importancia de ser tuerto en el país de los ciegos aspirantes a viajar por Europa la próxima campaña.

Debe quedar claro que a lo largo de una temporada hay todo tipo de situaciones y altibajos, por lo que saber mantenerse ahora contra viento y marea es la principal prueba de fuego del equipo. Dos tropiezos como los sufridos contra el Espanyol, verdadera sorpresa, y el más lógico contra el Atlético no deben impedir valorar en sus justa medida lo realizado hasta ahora. Y sí, nada es sencillo, pero si no lo es para el Ahtletic, al que podrían bastarle doce puntos para conseguir el objetivo, qué no pensarán en Sevilla o Donostia con seis puntos menos y sendas salidas a San Mamés.

Toca militar en el optimismo, no generar alarmas innecesarias y confía en quienes tan bien lo han hecho hasta ahora. Un tropiezo contra el líder, contra nuestra particular bestia negra, con quien provocó el siniestro total de Bucarest puede resultar hasta asumible.


Y sí, claro que sí, claro que me acuerdo de Teixeira… es malo, malísimo, un incompetente. Y quien le consiente trotar por los terrenos de juego pito en mano cada semana un sinvergüenza.

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Un tedioso empate de los que consolida

Puede que el punto sea bueno, que ya ha quedado más que acreditado a lo largo de la temporada que los resultados son buenos o malos en función de lo que hagan los rivales aunque en estas jornadas maratonianas de tres días, en las que los partidos se suceden a modo de las sesiones continuas de las salas de cine de antaño, tan pronto se celebra un lunes un tropiezo de la Real y toca resetear la calculadora para volver a hacer cálculos un martes.

Insisto, seguramente el punto sea bueno, desde luego no se hizo acreedor el Athletic a nada más, pero el espectáculo –dejémoslo en presunto- fue, francamente, lamentable. Entre el viento, que contribuía a hacer impracticable el despliegue de un mínimo de sentido en el juego, el ritmo del Elche, rozando la hiperactividad cuando no la histeria, y el desatino generalizado, en especial en los tres de la media punta, con especial mención a un Herrera desnortado que Valverde incomprensiblemente mantuvo contra viento y marea, hicieron que el Athletic saliese movido en la fotografía del Martínez Valero.

Cierto que no ayudó el árbitro de turno, navarro como Undiano, el colegiado de moda, que se ha debido de fijar como medida autodisciplinaria no superar el número de cuatro tarjetas por partido y dejó campar a Botía por el campo como si tuviese el pedigrí que los referee suelen reconocer a un tal Xabi Alonso, un futbolista brillante con el balón en los pies que se disfraza de guillotinador cuando lo pierde.

Mientras se suceden el resto de encuentros de esta jornada, habrá que convenir que, como decía el Valverde, el punto es bueno. Los perseguidores, en el mejor de los casos, y está por ver, recortarán dos puntos al Athletic lo que les obligaría a ganar un partido más que los zurigorris una vez consigan salvar la actual diferencia de puntos. Y como no se trata de ser más papista que Jagoba Arrasate, que empieza a entregar la cuchara de la Champions para indignación de recaldes, fanos, becerriles o irazustas, habrá que abrazar el optimismo, llenar la Catedral el sábado y procurar que no se escapen los tres puntos.

Porque la remada, aunque sea corta como la de Elche, ayuda a llegar a la orilla. Claro que para eso será necesario mejorar mínimamente el juego, sobre todo en una medular que borda lo táctico gracias a Iturraspe y Rico, pero que falla estrepitosamente en la creación, en la precisión, en las entregas en el momento oportuno. Sucedió contra el Getafe, donde una abusiva posesión de balón no se tradujo en ocasiones y mucho menos en goles por los problemas en la definición, seguramente el problema estructural más insalvable de ese equipo.

La definitiva vendetta contra el Atlético de Simeone debiera ser un acicate suficiente como para que San Mamés se vista las pinturas de guerra zurigorris, porque nada más contribuiría a dar un puñetazo en la mesa europea que una victoria. Sin Herrera, que cabe penar que será reemplazado por de Marcos, el comodín que ayer jugó de centrocampista un rato y de lateral otro, toda vez que Beñat no parece gozar de galones en el escalafón de Txingurri, el Athletic deberá destapar el tarro de las mejores esencias, el de la presión y velocidad, el de la paciencia ante un equipo que se acoraza, el de la precisión en el pase y más aún en el remate.

El reto se presenta apasionante, aunque no debería perderse la perspectiva. El Atlético se juega tanto como el club del que procede, por lo que no será mala oportunidad para que el equipo ponga en práctica la zorrería que su entrenador demuestra en banda, salas de prensa y en la vida en general.

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Ya no le hacen un traje por la Comunidad Valencia

No puede decirse que se haya saldado la tourné por tierras levantinas toda vez que el Athletic, tras uno de los exámenes más complicados de la temporada, sale reforzado en la tabla del doble enfrentamiento contra equipos contra los que, tradicionalmente, siempre ha tropezado. Si el punto de Valencia fue bueno por las formas y, además, lo hicieron aún mejor los perseguidores con sus tropiezos, en Vila Real se trataba de evitar, como fuese, que el submarino amarillo recortase distancias en la oportunidad más propicia.

No empezó nada bien la cosa y tampoco es que finalizase como para molestarse en archivar el encuentro en la videoteca, pero esto de la cuarta plaza tiene su aquel y para conservarla hay que saber pelear y sufrir. Lo supo hacer el Athletic como también lo supo hacer el Villarreal, no nos confundamos. Los de Marcelino, un caballero de esto del fútbol, sabedores de las virtudes de los rojiblancos salieron a presionar como si no hubiese un mañana con objeto de no dejar maniobrar con soltura a la sala de máquinas zurigorri. Así, Rico y Herrera firmaron uno de los peores encuentros de los últimos meses e Iturraspe se vio incómodo y superado por momentos, a pesar de ser en todo momento quien procuró que imperase un mínimo criterio.

Al músculo del Villarreal se le contraponía un Athletic voluntarioso que no encontró su sitio, lastrado por los fallos forzados por la presión castellonense y los errores en las entregas, constantes en Rico, impropios en Herrera y desesperantes en un Muniain al que cada vez queda menos margen para justificar en el campo la reivindicación deportiva que justifique la cifra que pretende poner sobre la mesa de Josu Urrutia.

El partido estaba complicado, el Athletic tenía el balón, de forma apabullante, pero no conseguía hacer nada meritorio con él, y al Villarreal no le fructificaba la fuerza. En partidos como ese la calidad cobra más impotancia que nunca. Los detalles, la precisión, son claves. Y que Aduriz marrase el penalti claro que González González apreció por mano de Gabriel, seguramente, pudo ser la razón principal por la que el Athletic ayer no pegase un puñetazo clasificatorio en el mostrador del ambigú en que ha convertido Tebas esta liga.

El Athletic marchó al vestuario desquiciado, como protagonizando un sketch del programa de Benny Hill, y la reanudación no deparó nada mejor toda vez que en un minuto a Balenziaga le faltó decisión para frenar a Óliver Torres y permitir que diese su primer pase de gol en primera. A partir de ahí, más de lo mismo, el Athletic pasaba un bache del que no tardó demasiado en recuperarse, principalmente cuando Rico se vio algo más adelantado.

Con todo, a pesar de que el Athletic mejoró cuando se vio obligado a ello, con un Villarreal agazapado que renunciaba al balón y aguardaba la contra, el decorado no cambió en exceso ni tan siquiera con la expulsión de Gabriel por saltar con el codo ante Aduriz. Trabado el juego, con pérdidas de tiempo constantes, con las asistencias desaparecidas y los camilleros viajando a Vila Real desde las playas de Alicante cada vez que eran requeridos, las huestes de Marcelino recibieron el peor de los castigos, perder dos puntos que creían tener amasados en los últimos minutos del partido, en una jugada, esa sí, en la que el Athletic demostró la razón por la que se encuentra acomodado en la cuarta plaza. Al pase templado de Iturraspe respondió Aduriz, al que se echará en falta el sábado, con un cabezazo de los que a final de temporada pueden suponer un pasaporte para la máxima competición continental.

Ladró Marcelino, como era de esperar, y pagó su frustración con Valverde, demostrando una vez más su catadura moral, su deportividad y su saber estar. Es lo que queda, seguir padeciendo esa leyenda del villarato, aunque nadie se moleste en contrastar si en las últimas jornadas, y salvo en Sevilla contra el Betis, el Athletic se ha beneficiado de algún regalo.

Por aquí, a lo nuestro, que bramen en la Comunidad Valenciana –allá por dónde antes al Atheltic le hacían un traje cada vez que iba de visita- y que vean oscuras conspiraciones en Donostia, donde ni los profesionales del fútbol parecen ver los partidos, pero todos tocan de oído. Por el odio, claro.


P.D. Recuperado y reincorporado retomo las líneas del blog, que siete años de historia no se abandonan sin previo aviso de la noche a la mañana.