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El Athletic se aficiona al harakiri

Pues no nos vamos a abonar al buenismo de la crítica general sobre el partido del Villarreal porque lo visto el sábado es, a todas luces, insuficiente para casi todo. Si a estas alturas algo más de músculo y presión pretenden bastar como base para huir de la quema del descenso, aviado está el Athletic.
Suele ser el final de la primera vuelta momento de hacer balance, y el de los rojiblancos es desolador. 

Por sí mismo, por atragantarse el desayuno de los lunes al constatar las consecuencias de prolongarse la media de puntos actual, y más en comparación con los guarismos de hace un año, cuando la cifra de puntos obtenido en la primera vuelta daba, prácticamente, para garantizar la salvación aun declarándose en huelga durante la segunda.

Nadie atiende a identificar las causas, aunque sí los síntomas de la enfermedad, que aqueja no solo al grupo de jugadores que salta al campo, sino también a un entrenador al que se ve superado hasta el punto de trasladarlo vía gestos en el banquillo y declaraciones cada vez menos afortunadas en ruedas de prensa.

Mientras un medio se apresura a dar al entrenador por amortizado, más por interés en revolver que porque existan decisiones tomadas a estas alturas, el aficionado zurigorri comienza a sacar la receta contra el sufrimiento guardada desde hace siete años y que creía que no volvería a utilizar.
Porque mucho debe cambiar este Athletic no ya para ser el equipo que fue, sino para poder competir con opciones contra algún equipo de la Liga. No era El Madrigal un campo propicio para nada, toda vez que no es un terreno al que los rojiblancos viajen con confianza y que pasaba el rival por una racha que no invitaba a pensar en que fuese a poner fáciles las cosas. Y celtas de Vigo dadivosos te los encuentras de pascuas a ramos.

Así que la puesta en escena dio de sí lo que el Villarreal tardó en destapar el tarro de las esencias en las botas de Cheryshev, que controló un gran pase lanzado desde cuarenta metros, orientó mejor y transformó con una calidad que hoy por hoy nos suena lejana a los seguidores del Athletic. Con esas, y dada la imposibilidad de este equipo para casi todo, sea remontar, sea administrar la ventaja, sólo quedaba esperar a la reacción de equipo y cuerpo técnico, para constatar, por desgracia, que todo sigue donde estaba, con unos jugadores sin fútbol y un entrenador sin ideas ni recursos para sorprender a nadie.

La alineación de inicio sorprendió, por aquello de que la revolución pasase -además de la obvia suplencia de Iturraspe- porque Unai ocupase la media punta y Viguera volviera a campar por una banda izquierda en la que se ha demostrado que no puede jugar, solución probada en ya demasiadas ocasiones y que solo contribuye a hacer de ese costado la más siniestra de las bandas.

Con estas, con tal variación de matices, con San José haciendo tándem con Rico, el Athletic tan solo opuso algo más de resistencia que en otras ocasiones, llegó en escasas ocasiones a área rival y falló, como casi siempre, las pocas oportunidades de que dispuso. Después, cuando para el segundo acto se necesitaba algo más, tan solo algo, esos gestos que permiten renovar la fe en que el equipo está en otro modo, la fortuna a modo de tres postes en la portería de Gorka permitieron albergar alguna esperanza hasta que Estrada Fernández regalaba al Villarreal su primer penalti en esta Liga. Mención aparte merece el apartado de las manos, toda vez que el Athletic ha visto como en una semana dos manos eran interpretadas por los colegiados de manera antagónica y siempre en contra de sus intereses. Tanta charla arbitral, tanto presidente y asesores en el Comité Técnico de Árbitros y tan solo han conseguido que, hoy por hoy, nadie sepa cuál es el criterio a la hora de considerar como falta una mano.

No tiene suerte el Athletic. En el juego porque no la busca y con los árbitros porque estos siempre se ensañan con los débiles y los rojiblancos lo son hoy por hoy en el campo y, parece, en los despachos federativos, otro de los aspectos que algunos empiezan a poner en el debe de Urrutia.

Y precisamente él, el presidente, es quien -supongo que contra su voluntad- ha pasado a estar en el centro del huracán. Por las críticas a no haber querido, podido o sabido reforzar el plantel en verano, y por haber convocado un proceso electoral en mitad de una temporada. Es justo decir que a muchos no nos parece una mala opción la elegida, y seguro que el actual máximo mandatario ni soñaba con esta situación cuando en vísperas de nochevieja convocó elecciones contra todo pronóstico y para sorpresa de todos.

Si hace diez días casi nadie daba un duro porque Urrutia no fuese a seguir otro cuatrienio sin necesidad de pasar por las urnas, los fiascos que el equipo ha acumulado en tan pocos días están animando la rumorología. Movimientos parece que existen, aunque a dos meses de la fecha de las votaciones no parezca que exista nada concreto. Y cuesta pensar que en tan poco tiempo alguien pueda conseguir enhebrar un programa electoral que represente un proyecto realista y atractivo.

Pero la arriesgada decisión del presidente y, sobre todo, la paupérrima actuación del equipo han permitido generar un caldo de cultivo idóneo para oportunistas sin escrúpulos que calibran la idoneidad de presentar candidatura, con todo lo que conlleva de coste económico y desgaste en caso de no tener serias opciones de ganar. De momento, parece que algunos medios, los que más beligerantes han sido con el actual presidente, están dispuestos a apoyar a ojos ciegos.

De celebrarse preocupa pensar que, en pleno mes de febrero y con el equipo necesitado de unidad, el entorno del Club se sumerja no ya en un debate sobre la gestión del Club, que eso poco podría influir en el asunto deportivo, sino en qué modelo de cantera aplicar, quién debe liderarlo o cómo debe el Athletic afrontar su futuro.

Si lo anterior es preocupante, lo que sí pondría los pelos como escarpias es pensar que como lo anterior aburre y no moviliza votos, el debate se oriente hacia qué hacer con el hijo del peñista de Bailén que despunta en un equipo juvenil de Jaén; sobre qué refuerzos compromete cada candidato -obviamente sin cuantificar qué subidas de cuota deberán afrontar los socios los siguientes cuatro años una vez pagada la ocurrencia a peso de oro-; sobre quién sustituirá a Larrazabal al frente de Lezama y, lo que es peor, debatir embutido en un disfraz la noche de carnaval quién debe dirigir al Athletic el próximo año.


Esto es lo que podemos encontrarnos, lo que hemos buscado, lo que merecemos, toda vez que parece que disfrutamos más con los harakiris que procurando perpetuar los buenos momentos. 
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4 comentarios

  1. Mi pregunta es, ¿qué beneficios tiene para el club convocar elecciones en marzo y que se debata en el fragor de una temporada? Los beneficios para Urrutia los veo claros, había muchas menos posibilidades de que se presentara otro candidato.

    Es una pena que tenga que haber un descalabro deportivo para que se pueda debatir.

    Me imagino que con un par de victorias Josu volverá a tener el camino despejado.

    Manu

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    1. Si se atienden a las razones dadas por Urrutia para la convocatoria en marzo, los argumentos parecen fundados. El problema radica en que todos pensamos que responde al tacticismo de la Junta y no a los intereses del Club, y en ese caso sí parece que lo que se busca es pillar a quien pretendiese presentarse a pie cambiado.

      No obstante, esto no es como cuando Arrate convocó elecciones con un año de antelación, por lo que dudo que un adelanto de tres meses frene el proyecto de nadie, que debiera esta mínimamente perfilado.

      El problema surge a quienes teniendo dudas, habiéndolo descartado, por cálculos que les eran desfavorable, hayan decidido probar suerte por el hecho de que las aguas se hayan revuelto hasta límites insospechables hace tan solo tres semanas.

      Creo que el debate es bueno siempre, pero los precedentes en el Athletic son deprimenetes. El tono de las campañas es pobre a más no poder, debates superficiales, se olvida la gestión, que queda en segundo plano, y se entra en debates en los que la mayoría de los socios no tiene elementos de juicio: el asunto Lezama. Todo se traduce en nuevos rostros para la cantera, que entran a promover nuevos modelos que no dan tiempo a que los anteriores se demuestren buenos o malos, y en caras para el primer equipo, tanto banquillo como fichajes, que no refuerzos.

      Visto el precedente de hace ocho años, cuando Fernando García presentó el mismo entrenador que su rival en las urnas pero ofreciéndole un año más de contrato y a más ficha que Ercoreca, que se fichase todo lo que convenía al precio que fuese con tal de aparentar músculo, sinceramente, si eso es lo que se quiere que se dé en marzo, prefiero que no haya elecciones.

      Además, tengo la sensación de que por mucho que haya movimientos, decidirán esperar cuatro años más.

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    2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Recuerdo hace 4 años el mismo argumento, que lo mejor era que no hubiera elecciones porque todo lo que salía en las mismas hacía mucho daño al club.

    ¿nos hubiese agradado 4 años más del Sr. García en el sillón presidencial? ¿Fue bueno para el Athletic que el Sr. Arrate fuera presidente durante 7 años porque nadie se presentó contra él porque justo aquel año entró la bolita?

    Urrutia ha puesto esa fecha porque era la que más le conviene a él y porque estaba convencido de que no se iba a presentar nadie. Con 2 años de 3 exitosos en lo deportivo, para que arriesgarse a que este año sea malo, adelanto al canto y me quito cualquier rival. Todos sabemos que el criterio casi exclusivo porque se vota es la marcha deportiva del primer equipo, por lo tanto presentarse en estas circunstancias no te da ninguna opción.


    Atentamente,

    Antonio Quismondo

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