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El roscón lo pagaron los de casa

Parece que todo pasa por mencionar los regalos en los comentarios sobre el partido del día de Reyes que disputaron Athletic y Celta ayer, utilizar los manidos símiles, sobre todo el del carbón, aunque después del fiasco de Coruña, aún, el que más ganas tenga uno de usar sea el de cabrón, que aún escuece la ausencia de espíritu combativo por parte de las huestes rojiblancas.

No es que el decorado variase en exceso en Vigo, al menos sobre el tapete, que sí en el luminoso, y eso, claro, ya sabemos que, por desgracia, condiciona todos los análisis. Habrá que conformarse, aunque no parezca demasiado honesto el salvoconducto que se le aplica al bueno de Txingurri, al que se le perdona mucho más que a otros que el equipo desprecie el fútbol.

A algunos, a los que tan solo nos falta ya escucharle al de Viandar de la Vera verbalizar aquello del clasificación amigo para parapetarnos en la barricada al son del no pasarán se nos abren las carnes al ver que este Athletic lo fía todo a la suerte, a la casualidad, a la improvisación, al a ver cómo sale hoy la cosa. No parece haber plan previo, ni receta, tan siquiera. Lo mismo da que juegue Juana, que su hermana. Salvo Aduriz, claro. Con Aritz en el campo, todo es distinto. Para sus compañeros, por aquello de ser el que soluciona los problemas incluso cuando no hay recursos, todo un Mc Gyver del balón, y también para los rivales, a los que saca de quicio.

Sólo hay un problema. Bueno, una ristra de ellos. El primero, que no tiene relevo. El segundo, que llegó al mundo en los días en que Tejero perfilaba el asalto al Congreso de los Diputados. O sea, que tiene más años que un loro. El tercero, que sólo él concibe esto del fútbol como una batalla permanente, independientemente de que el rival sea poderoso o una ruina. Y cuarto, que acaba contrato, y que bien haría Urrutia en ofrecerle, ahora que no se estila -gracias a Mariano y a Montoro, los stoppers de los derechos de la clase trabajadora-, un contrato indefinido, para jugar a fútbol mientras el cuerpo aguante o para dar ejemplo a las pusilánimes generaciones venideras, cuando el fútbol le abandone. Podríamos seguir, pero mejor dejarlo, que pone los pelos como escarpias.

Así, el partido de Balaídos fue un despropósito de cabo a rabo, un correcalles, el kamasutra del arte de defender de puta pena –con perdón-, con la fortuna de que la peor parte se la llevó el suicida equipo vigués que, entre ausencias forzosas y otras forzadas por Berizzo, desplegó un equipo tan tierno como despistado.

Las defensas, empeñadas en parecer una más generosa que la otra, regalaron errores al rival y a aprovechamiento ganó el Athletic, que para eso tenía a Aduriz en el campo y éste, a diferencia del generoso Balenziaga, no entiende de quedar bien con el rival. Pero no deja de ser significativo que un Celta que no marcaba ni al arco iris desde casi la época en que Fernando Vázquez corría con histeria por la zona de banquillos, transformara dos tantos, uno por cortesía del ayer mediocentro San José, para devolver el equilibrio al marcador que él mismo había roto pocos minutos antes, y el otro tras el mejor centro al área –a la propia- de Balenziaga en todo el año.

Gracias a quien sea –elija cada quien si a Dios o al fetiche que antoje-, el espíritu de lo peor bielsismo campeó por Galicia y el correcalles se decantó en favor del Athletic. Además, y como el jienense Pérez Montero no estaba de humor, que el hombre parecía mosqueado con Díaz Vega por aquello de mandarle en día festivo desde la cálida Andalucía a la fría Galicia el día en que apetecía gozar en casa de la ingesta masiva de roscón y chocolatito mientras disfrutaba, pongamos, de un recién estrenado Exin Castillos o Scalextric, no se anduvo con chiquitas. Amonestaciones por aquí, expulsión por allá y penalti tras abrazo fraternal de Cabral a Aduriz.

Todo ello el día en que Valverde daba descanso a Iturraspe, vaya usted a saber si por oxigenarlo o para que espabile, y el vicepitxitxi San José formaba en la sala de máquinas junto al destajista Rico para desesperación, se supone, de un Beñat que cada día parece pintar menos.

Así las cosas, y pese a lo declarado, Valverde decidió apostar seriamente por la Copa. Y es que por mucho que todo el mundo entienda que la Liga es lo prioritario, máxime ahora que los puntos más bien faltan, la apuesta por el torneo del KO es siempre una obligación. No sólo ya en el Athletic, donde esta competición parece algo propio, sino en cualquier lado toda vez que no implica demasiados riesgos ni sobrecarga excesiva de partidos salvo que se llegue lejos. Y en este último caso queda siempre la duda de qué prevalece en la balanza, si el estado de ánimo de un equipo enrachado o la acumulación de minutos en las piernas. Ante la duda, parece evidente la opción a elegir.


Porque nadie duda que el Athletic llega al encuentro frente al Elche con algo más de crédito que tras el fiasco contra el Depor. Y eso ha pasado por obtener, prácticamente, el pase frente al Celta en Copa 

Así que no nos engañen. La Liga es la competición por antonomasia, pero en el Athletic es obligatorio competir en Copa. Máxime cuando se ha hecho el hortera en la Champions y se debe a la afición un mínimo de ilusión más allá de una excursión a Turín. Así que bienvenido sea que en Balaídos la sorpresa la diese el Athletic y que, sin embargo, el roscón lo pagase el Celta.
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