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Decepción en el momento clave de la temporada

Perdiendo credibilidad a cada partido disputado, con una evidente incapacidad de competir, de tan siquiera imponer la teórica superioridad frente a rivales llamados a luchar por mantener la categoría. Un equipo que, en Liga, tan solo ha ganado un encuentro de diez, que el sábado empató a duras penas contra un Granada en inferioridad numérica y que ya le aventaja en el goal average particular al haberle ganado cuatro de los seis puntos ligueros en juego.

Esta es la triste realidad de un Athletic en el que los optimistas militantes prefieren poner sobra la herida la cataplasma de seguir vivos en tres competiciones, parapeto que, muy probablemente -ojalá me equivoque-, solo valdrá como refugio el tiempo que resta hasta que se disputen los partidos pendientes.

Porque este Athletic es incapaz de competir en estos momentos. Principalmente por el eclipse de juego e ideas que sufren sus jugadores, en especial los llamados a marcar la diferencia frente a planteles teóricamente más débiles. Al fin y al cabo, y por muy enrachados que estén los veteranos Iraizoz y Aduriz, un equipo no puede sostener el rumbo con tan poco. Y es que si la actuación colectiva es pobre, la individual de jugadores como Susaeta y Muniain, máximos exponentes de la incapacidad rojiblanca, además de la de De Marcos o Beñat, no puede ser más decepcionante. Por no mencionar a un Iturraspe ahora lesionado que ha echado por tierra la revalorización futbolística del pasado curso.

Aun teniendo claro que el principal problema está motivado por el rendimiento de los futbolistas, muy inferior al teórico nivel que se les supone, no puede escapar a las críticas Ernesto Valverde, como responsable tanto de lo bueno (la sensacional temporada 2013-14) como de lo malo. Y es que a Txingurri se le nota desde hace tiempo superado. Comenzó a vérsele en Borisov, con aquellos ya famosos resoplidos, y las decisiones erráticas, las elecciones sorprendentes, la excesiva confianza en unos y la rapidez con que se castiga a otros futbolistas han sumido al equipo en el desconcierto.

Todas esas decisiones, además, basadas en cambios de jugadores posición por posición, sin prácticamente alteraciones en el dibujo táctico, sin tomar decisiones que posibiliten jugar mejor, generar peligro, ver más arropado a un Aduriz que cabalga demasiado solo, obligándole a fabricar goles de la nada, y confiando, como única alternativa a Aritz, en que el equipo saque petróleo de la estrategia.

Ahora que ha llegado la hora de la verdad de la temporada, que el calendario –como ya se preveía- ha querido que se concentren todos los partidos trascendentes en pocas semanas, el Athletic evidencia tener una plantilla excesivamente corta, tanto por la desigual valía de los veintitantos de Ernesto, como por la gestión de éste, que no ha contribuido a homogeneizarla mínimamente.

El desgaste del equipo en tan solo siete días para cosechar un mísero punto liguero y un empate a todas luces insuficiente en Copa no se justifican, desde luego. Y parece lógico pensar ahora que para el partido de Turín deba oxigenarse a aquellos que sí o sí deberán vencer al Rayo el próximo domingo, verdadero y único objetivo a corto plazo. Porque a pesar de que el Athletic debe salir a competir en todas las competiciones, no deberíamos seguir engañándonos a estas alturas de temporada. El listón del nivel competitivo ya se bajó hace demasiado tiempo, cuando habiendo margen todavía para todo se justificaban los fiascos de la Champions. Ahora parece ya claro que en Liga no queda margen. Y que el objetivo es únicamente ese. No significa “tirar” nada, tan solo dar la oportunidad en los torneos del KO a los menos habituales y reservar a los teóricamente mejores –así lo ha considerado el entrenador- para evitar problemas en Liga.

Porque cinco puntos sobre el descenso para un equipo que no vence en San Mamés desde noviembre son muy muy pocos. Porque ahora parece ya tarde para hablar de pelear por todo cuando ya en septiembre se consideró que la Champions tan solo era una oportunidad para hacer turismo. Y porque silbar al Borbón Barria es muy tentador siempre que no suponga seguir pagando peajes en Liga. Y estos chicos parecen incapaces de hacer varias cosas a la vez.
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