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Empitonados en casa

Ahora que los políticos se afanan en legislar no sé qué de segundas oportunidades, el Athletic se afanó en demostrar que pasa de aprovechar la que la UEFA le había concedido. Si su paso por la Champions fue efímero, lo de la Europa League ha durado una semana, lo que va del partido en Turín al fiasco de anoche.

Todo era propicio para el pase. Encuentro de vuelta en casa, con lo que eso supone para la afición, que tuvo la ilusión y actitud de las grandes noches, un resultado propicio que daba margen para poder pasar hasta con un empate a un gol… pero ni por esas. Este Athletic no está para casi nada, a cada pequeño paso que se pretende pueda ser un punto de inflexión le sucede otro fiasco, con lo que no hay manera de encadenar una racha positiva, de ilusionar mínimamente.

Valverde prefirió no tener que enmendarse a sí mismo, como había sucedido contra el propio Torino o el mismo Rayo Vallecano, apostó por el esquema que tan buen resultado le dio en Itailia tras el descanso, y no reservó prácticamente nada de lo que él considera lo mejor que tiene en la plantilla.

El Athletic, impulsado por el griterío de la grada, salió bien plantado, agresivo, pero inane en ataque. Si los vascos somos quienes popularizamos el deporte del frontón, los italianos tienen la patente de saber cómo convertir su retaguardia en un frontis. Y al bullicioso pero intrascendente dominio y acoso rojiblanco, pronto respondió el Torino con peligro. Para el cuarto de hora, en cuanto se sacudió la incómoda presión rojiblanca, demostró que esto del fútbol es más cuestión de precisión, de saber qué hacer, de aprovechar, que de intenciones.

A la tercera llegada turinesa fue la vencida. Gurpegi, que debía aportar cuajo y experiencia, cometió un doble error que acabó costando la eliminatoria y, me da la sensación, su más que probable retirada del fútbol. Por el intento de control defectuoso en el área estando como estaba el campo, primero, y por no medir al ir al suelo dentro del área para enmendar su error, después. El incuestionable penalti rompió a equipo, a público y a entrenador local. Nadie lo esperaba. Puede que ni el propio equipo italiano, que se encontraba en ventaja en el marcador sin haberlo tenido que buscar en exceso.

Se fue abajo el Athletic, a la vez que los transalpinos se encontraban como pez en el agua, gestionando un marcador a favor, ellos sí lo saben hacer, rompiendo el poco ritmo local a base de todo tipo de faltas y disfrutando del beneplácito arbitral a su estrategia al límite del reglamento. Pero ya sabemos lo que hay. Esto es una competición UEFA. Y ahí te puede tocar en suerte como referee un tiparraco israelí que lo más parecido a un partido de fútbol que haya dirigido antes sea un concurso de belenes.

Cuando llegar al descanso se antojaba una necesidad para un equipo desbordado, incapaz de saber cómo hincar el diente al partido, cómo desatascar el embotellamiento del centro del campo, Beñat impartía un curso de lo que debe ser un balón en largo al área como recurso, e Iraola escribía el manual de cómo se controla un esférico y cómo se golpea con calidad para enviar a la red. San Mamés explotaba. Y salivaba. Pensando en comer el bocadillo sin nudo en la garganta y con el pase certificado, al menos de momento.

Pues tampoco. El día estaba para lo que estaba. La defensa continuaba en su afán de aguar el vino, otro desajuste por el flanco zurdo permitía percutir a los italianos a segundos del descanso y llegar no solo para dejarles centrar, sino rematar a placer. Ver para creer.

La segunda parte fue otro ejercicio de impotencia, de trabajo baldío, de esfuerzo no recompensado, de espejismo, de constatación de que este grupo no sabe competir, que le falta calidad para saber cerrar los partidos. Pudo encajar el uno a tres, otra vez por la débil defensa, salvó Herrerín, y cuando de Marcos volvió a llevar la esperanza al marcador, el premio de consolación de la prórroga, aún con media hora por delante, en lugar de saber contemporizar, dar algo de pausa, de cuajo, muestras de saber leer el encuentro, el equipo continuó por la senda de los despropósitos, de las autolesiones.

El dos a tres, golpe definitivo que llegó demasiado rápido, que demostraba que los de Turín sí tenían claro qué debían hacer, cómo y para qué -se marcaron un partidazo los tíos, justo es reconocerlo-, vino nuevamente por una pérdida tras no saber sacar el balón de la cueva como es debido y con unos desajustes por ambas bandas absolutamente inaceptables.

Y ya está. El principal argumento de los más optimistas, el de seguir vivo en tres competiciones, ya se encuentra neutralizado. Tan solo ha sido necesario esperar a que se reanudara la competición europea para acabar con las ilusiones. Puede que para el próximo miércoles el sueño de la otra competición caiga en saco roto, porque es difícil ser optimista y pensar que el equipo pueda extraer lecciones para aplicar en beneficio propio contra el Espanyol.

Al fin y al cabo, este equipo, si algo demuestra, es que más allá de sus virtudes, que las posee, tiene poca capacidad de limar aristas, de corregir errores, de minimizar fallos. No contribuyeron, tampoco, las decisiones tácticas del entrenador, que va a muerte con sus ideas.

La entrada de Susaeta no aportó nada a un equipo necesitado de algo más que juego intrascendente y tiros al muñeco, que para eso, para disparar contra la diana que te pongan delante, ya están en agosto los puestos de las barracas del parque Etxebarria. El cambio de Beñat, por habitual, por previsible, no sorprendió. El entrenador piensa que la gasolina le dura poco, a pesar de que por pequeño que tenga el depósito el de Igorre, para sacarlo a dar una vueltita corta los domingos tampoco parezca necesario llenarlo tras tan solo una hora de uso. Pero a don Ernesto le parece que siempre marca la reserva.
No era fácil revitalizar desde el banquillo a un equipo desfondado para la hora de juego, pero las decisiones desde el banquillo parecieron poco adecuadas. De hecho, tras los cambios, el Torino se encontró aún más cómodo en su planteamiento.


Lo peor del agur a la esperanza europea es, además, el desgaste a pocas horas de un partido importante en Ipurua contra un Eibar que, a buen seguro, saboreó el golpe moral y el derroche físico de unos leones a los que sabe que tiene más fácil doblegar en domingo planteando un partido de alto ritmo. Y es que hemos hecho un pan como unas tortas. Más vale puntuar por lo civil, por lo penal o por lo que se quiera. 

Porque el sábado siete de marzo aterriza el Real Madrid por San Mamés y recupera para ese día a su jugador más desequilibrante. Undiano Mallenco.
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2 comentarios

  1. La verdad es que yo he llegado a un punto en el que el Athletic me importa un pito, sólo lo siento por gente como tú Gontzal.

    Me alegré de que recuperaras algo de alegría el domingo, y yo la verdad es que no pensaba caer eliminado ayer, pero con la calamidad de entrenador que tenemos todo es posible. El cambio de Susaeta por Beñat ayer, o la inclusión en la alineación de un Sr. de Andosilla que está ya más para jugar a la petanca que al fútbol profesional lo dice todo.

    Para mí, sin duda, el domingo en Ipurua deben jugar muchos suplentes, el partido importante es el del miércoles, no hay riesgo de descenso ni por asomo.

    Ánimo Gontzal y enhorabuena por tus fabulosas crónicas y tus acertadas intervenciones en "La Hora del Athletic".

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  2. Me alegro de volver a leerte por aquí, estimado Manolete, ya veo que es poner un titular en argot taurino y entras a matar. Lo celebro.

    No es que recuperase la alegría, sino que pensaba que la victoria del domingo y, como tú, el previsible pase de ronda podrían hacer que el equipo recuperase un mínimo de nivel. Me equivoqué, y la sensación, además, no puede ser peor.

    Es cierto que los fallos principales de ayer son achacables a los jugadores, pero también que estos son los que el entrenador decide alinear. Gurpegi hace tiempo, empezó en Málaga, que dio muestras de que los años y las lesiones no pasan en balde. Ahora, que dicen que reflexiona sobre su posible continuidad, creo que partidos como el de ayer aconsejan que se haga a un lado. Y me cae tan bien como al que más, agradezco sus servicios y valoro su aportación, la deportiva, muy positiva, y la personal, un gran tipo que ha sabido reponerse a demasiadas zancadillas, que sería un buen ejemplo para la formación de los chavales.

    Valverde acertó en Turín y contra el Rayo, pero falló catastróficamente ayer. El planteamiento no resultó, mandó a Aduriz a pelear con tres centrales y desapareció como nunca, y fue incapaz de explicar a sus jugadores, por si no lo saben, que parece que no, cómo se debe jugar un partido como ese.

    Imperdonable. Imperdonable el 1-2, Ahí murió el partido. Pero inaceptable el 2-3.

    Y en los cambios, más de lo mismo.

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